Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Memorias De Una Geisha». Краткое содержание книги:

En esta maravillosa novela escuchamos las confesiones de Sayuri, una de las más hermosas geishas del Japón de entreguerras, un país en el que aún resonaban los ecos feudales y donde las tradiciones ancestrales empezaban a convivir con los modos occidentales. De la mano de Sayuri entraremos un mundo secreto dominando por las pasiones y sostenido por las apariencias, donde sensualidad y belleza no pueden separarse de la degradación y el sometimiento: un mundo en el que las jóvenes aspirantes a geishas son duramente adiestradas en el arte de la seducción, en el que su virginidad se venderá al mejor postor y donde tendrán que convencerse de que, para ellas, el amor no es más que un espejismo. Apasionante y sorprendente, Memorias de una geisha ha batido récords de permanencia en las listas de superventas de todo el mundo y conquistado a lectores en más de veintiséis idiomas. Su publicación en Suma coincide con el estreno en España de la superproducción basada en esta novela.
1 ... 58 59 60 61 62 63 64 65 66 ... 135
Перейти на страницу:

– Bueno, no soy distinto de los demás. La belleza me impresiona. Sin embargo, cuando se trata de los luchadores de sumo soy incapaz de distinguirlos.

Mameha se inclinó hacia mí y delante del Presidente me susurró:

– Lo que el Presidente quiere decir es que no le gusta especialmente el sumo.

– A ver, a ver, Mameha, si estás intentando buscarme problemas con Nobu…

– Presidente, hace años que Nobu-san sabe cuál es su opinión al respecto.

– Sea como sea. ¿Es ésta la primera vez que asistes a una exhibición de sumo, Sayuri?

Yo había estado esperando una oportunidad para hablar con él; pero antes de haber cogido aire para contestar, todos dimos un respingo, pues una tremenda explosión sacudió el gran edificio. Giramos la cabeza, y la multitud se quedó en silencio, pero sólo era que habían cerrado una de las inmensas puertas. Un momento después oímos chirriar los goznes y vimos a dos de los luchadores empujando la segunda puerta, que se cerraba con dificultad debido a su peculiar alabeo. Nobu tenía la cabeza vuelta, y yo no pude resistir mirar las terribles quemaduras que tenía a un lado de la cara y en el cuello, y también en la oreja, que estaba deformada. Luego vi que la manga de su chaqueta estaba vacía. Había estado tan preocupada por otras cosas que no me había dado cuenta antes; la llevaba doblada por la mitad y sujeta al hombro con un largo alfiler de plata.

Te diré también, si es que no lo sabes, que siendo joven alférez de navio de la marina, Nobu había sido gravemente herido en un bombardeo a las afueras de Seúl, en 1910, cuando la anexión de Corea a Japón. Yo no sabía nada de su heroísmo, aunque, en realidad, la historia era conocida en todo Japón. Si no se hubiera asociado con el Presidente y hubiera llegado a ser director de la Compañía Eléctrica Iwamura, probablemente habría sido un héroe de guerra olvidado. Pero tal como sucedió, sus espantosas heridas hicieron su éxito en los negocios mucho más notable; así que se los solía mencionar juntos.

No sé mucho de historia, porque en nuestra pequeña escuela nos enseñaban sólo las artes de la geisha, pero creo que el gobierno japonés se hizo con el control de Corea al final de la guerra ruso-japonesa, y unos años después se decidió a incorporar Corea al nuevo imperio. Por supuesto, a los coreanos no les gustó nada. Nobu fue allí como parte de una pequeña fuerza cuya función era mantener las cosas bajo control. Un atardecer, acompañó al oficial al mando a girar visita en un pueblo cercano a Seúl. Al volver al lugar donde habían dejado los caballos, la patrulla fue atacada. Cuando oyeron el espantoso silbido de un proyectil, el oficial al mando intentó tirarse a una zanja, pero era un hombre de edad que se movía a la velocidad de un percebe entre las rocas. Unos momentos antes de que el proyectil estallara seguía buscando un sitio seguro donde apoyarse. Nobu se tiró sobre el oficial en un intento de salvarle, pero él no lo entendió y trató de escapar. Logró alzar la cabeza; Nobu intentó volvérsela a bajar, pero entonces estalló el proyectil, matando al oficial e hiriendo gravemente a Nobu. Más tarde, ese mismo año, hubo que amputarle el brazo hasta el codo.

La primera vez que vi su manga agarrada con un alfiler, aparté la vista, asustada. Nunca había visto a nadie que hubiera perdido un miembro -aunque de niña había visto a un obrero del Señor Tanaka que había perdido la yema del dedo índice limpiando el pescado-. En el caso de Nobu, mucha gente pensaba que la amputación era el menor de sus problemas, pues toda su piel era como una enorme herida. Resulta difícil describir su aspecto, y probablemente sea incluso cruel por mi parte intentarlo. Me limitaré a repetir lo que en cierta ocasión oí decir a otra geisha hablando de éclass="underline" «Siempre que lo miro, se me viene a la cabeza la imagen de una batata asada».

Cuando las grandes puertas se cerraron, me volví hacia el Presidente para contestar a su pregunta. Como aprendiza que era tenía la libertad de sentarme con ellos sin decir palabra, como un florero; pero estaba decidida a no dejar pasar esta oportunidad. Aunque no le causara sino una leve impresión, no mayor a la del pie de un niño en un suelo cubierto de polvo, al menos sería algo.

– El Señor Presidente me preguntaba si era ésta la primera vez que veía una exhibición de sumo -dije-. Sí que lo es, y le quedaré muy agradecida por todas las explicaciones que tenga la gentileza de darme.

– Si quieres saber lo que pasa -dijo Nobu-, mejor habla conmigo. ¿Cómo te llamas, aprendiza? No lo oí antes con todo el vocerío.

Yo me volví hacia él, dándole la espalda al Presidente con la mismas pocas ganas que un niño hambriento dejaría un pastel de chocolate.

– Me llamo Sayuri, señor -respondí.

– Eres la nueva hermana pequeña de Mameha, ¿no? ¿Por qué no te llamas «Mame algo», entonces? -continuó Nobu-. ¿No es ésa una de vuestras costumbres?

– Sí, señor. Pero todos los nombres con «mame» resultaron ser poco propicios, según el vidente.

– ¡El vidente, el vidente! -dijo Nobu con cierto desprecio-. ¿Fue él quien eligió tu nombre?

– Yo lo elegí -dijo Mameha-. El vidente no elige los nombres; sólo nos dice si son aceptables.

– Una día, Mameha -replicó Nobu-, madurarás y dejarás de hacer caso a esas tonterías.

– Bueno, bueno, Nobu-san -dijo el Presidente-, quien te oyera creería que eres el hombre más moderno del país. Sin embargo, no conozco a nadie que crea más en el destino que tú.

– Todo hombre tiene su destino. Pero ¿quién necesita ir a un vidente para saberlo? ¿Es que acaso yo voy a un cocinero para descubrir que tengo hambre? -dijo Nobu-. En cualquier caso, Sayuri es un nombre muy bonito, aunque los nombres bonitos y las chicas bonitas no siempre van juntos.

Empecé a preguntarme sí su siguiente comentario sería del tipo de: ¡Pero Mameha! ¡Qué hermana pequeña más fea has tomado! O algo por el estilo. Pero para mi alivio dijo:

– Aquí tenemos un caso en el que el nombre y la chica van juntos. ¡Incluso creo que puede llegar a ser incluso más bonita que tú, Mameha!

– ¡Nobu-san! A ninguna mujer le gusta oír que no es la criatura más hermosa del mundo.

– Especialmente a ti, ¿eh? ¡Pues más vale que te vayas acostumbrando! Sobre todo tiene unos ojos maravillosos. Vuélvete, Sayuri, déjame que vuelva a verlos.

No podía mirar al suelo, pues Nobu quería verme los ojos. Ni tampoco podía mirarlo directamente sin parecer demasiado atrevida. Así que tras deslizar la mirada a mi alrededor, como intentando guardar el equilibrio sobre una placa de hielo, finalmente la fijé a la zona de su barbilla. Si hubiera podido hacer que mis ojos dejaran de ver, lo habría hecho; pues los rasgos de Nobu parecían malamente modelados en arcilla. No debemos olvidar que entonces yo todavía no sabía nada de la tragedia que lo había desfigurado. Cuando empecé a hacer conjeturas sobre lo que podría haberle pasado, me inundó una terrible pesadumbre.

– Te brillan los ojos de una forma sorprendente -dijo.

En ese momento se abrió una puertecita a un lado del pabellón, y entró un hombre vestido con un kimono excepcionalmente formal y tocado con un casquete negro; parecía directamente salido de una pintura de la corte imperial. Avanzó por el pasillo dirigiendo una fila de luchadores tan gigantescos que tenían que agacharse para pasar por la puerta.

– ¿Qué sabes del sumo, jovencita? -me preguntó Nobu.

– Sólo que los luchadores son grandes como ballenas, señor -contesté yo-. En Gion trabaja un hombre que fue luchador de sumo.

– Te debes de referir a Awajiumi. Está ahí, ¿sabes?

Con su única mano Nobu señaló hacia la grada donde estaba sentado Awajiumi, riéndose de algo junto a Korin. Ella me había visto, pues esbozó una sonrisa y luego se inclinó a decirle algo a Awajiumi, que miró entonces hacia donde estábamos nosotros.

1 ... 58 59 60 61 62 63 64 65 66 ... 135
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)