Un Amor Escondido
- Автор: Д'Алессандро Джеки
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Amor Escondido». Краткое содержание книги:
Su guardián es Andrew Stanton, el mejor amigo de su hermano, un plebeyo.
Pero, sin saberlo, está obligando a la hermosa e independiente Catherine, que reniega del amor, a reconsiderar su posición. Así los secretos, pasiones y un amor escondido están convirtiendo al hombre que ha prometido proteger a la vizcondesa, en el más dulce de los peligros…
– No pienso darle elección. Él sabe perfectamente, tan bien como tú, que no tengo intención de volver a casarme. E, incluso si deseara atarme a otro marido, desde luego no elegiría a un hombre cuya vida está en Londres. No tengo la menor intención de apartar a Spencer de la seguridad de nuestra casa, de la vida que hemos creado aquí, en Little Longstone, de los manantiales de aguas termales. Y si mi esposo y yo tenemos que vivir separados y llevar vidas separadas, ¿qué sentido tiene que nos casemos? Spencer y yo ya hemos sufrido una situación semejante, y te aseguro que con una vez es suficiente.
Genevieve se recostó sobre el respaldo del sofá y arqueó las cejas.
– ¿Acaso el señor Stanton te ha pedido que te cases con él?
– Bueno, no, pero…
– ¿Ha insinuado algo que te haga pensar que te lo va a pedir?
Catherine frunció el ceño.
– No, pero…
– Quizá te estés preocupando por nada. Quizá lo único que desee sea una aventura prolongada.
– Lo cual no deja de ser desafortunado pues yo sólo estaba, y estoy, dispuesta a mantener una breve aventura.
Genevieve asintió despacio.
– Sí, bueno, quizá sea lo mejor. Al fin y al cabo, una aventura prolongada implicaría pasar más tiempo juntos, lo cual a su vez podría terminar provocando esos sentimientos que podrían dejarlos destrozados cuando la aventura tocara a su fin.
– Exactamente.
– Es preferible cortar las cosas antes de correr cualquier riesgo de desarrollar una implicación más profunda.
– Precisamente.
– Después de todo, salvo por el sentido bíblico, apenas conoces al señor Stanton.
– Correcto.
– ¿Y qué sabes de su pasado? ¿De su familia? ¿De su educación? ¿De su vida en Norteamérica?
– Nada -respondió Catherine, relajándose un poco. Finalmente la conversación había tomado el rumbo adecuado.
Genevieve frunció el ceño.
– Aunque… conocías perfectamente a lord Bickley antes de que pidiera tu mano, ¿o quizá me equivoco?
Un timbre de advertencia tintineó en las profundidades de la mente de Catherine.
– Nuestras familias se conocían bien, sí -admitió.
– Si mal no recuerdo, en algún momento mencionaste que le conocías prácticamente de toda la vida, ¿me equivoco acaso?
– No, no te equivocas.
– Y le creías un hombre decente, gentil y cariñoso.
Catherine frunció el ceño.
– Me doy perfecta cuenta de lo que intentas hacer, Genevieve, pero lo que dices no hace más que reforzar mi postura. Sí, me casé con Bertrand, un hombre al que había conocido durante toda mi vida. Y sí, creía que hacíamos una buena pareja. Creí que era un hombre gentil y decente. Y, a pesar de no albergar por él ningún sentimiento profundo ni conmovedor, sentía respeto y un afecto que confié en ver florecer hasta transformarse en un amor duradero. Sentía por él un cariño sincero. Y mira lo desastroso que resultó ser mi matrimonio. Si soy capaz de juzgar tan equivocadamente a un hombre al que conocía desde hacía años, ¿cómo sé que juzgaré adecuadamente a un hombre al que apenas conozco?
Genevieve buscó su mirada durante varios segundos y luego dijo:
– Te daré una respuesta sincera a esa pregunta, Catherine. Lord Bickley fue un hombre mimado y malcriado a lo largo de su privilegiada vida. Apuesto a que si Spencer hubiera nacido perfecto, tu vizconde y tú habrías mantenido una unión formal y amistosa, sin que ninguno de los dos hubiera desarrollado «profundos» ni «conmovedores» sentimientos el uno hacia el otro. Fue en el momento en que tu marido tuvo que hacer frente a la adversidad cuando mostró su verdadero carácter.
– Estoy sinceramente de acuerdo contigo. Mi padre ha dicho a menudo que el modo en que un hombre se enfrenta a las dificultades es la auténtica prueba de su valía.
– Y mira el modo en que el señor Stanton se ha comportado desde su llegada a Londres. Se ha mantenido inquebrantable y leal a tu hermano y a su proyecto del museo. Ha mantenido la cabeza fría y calma, protegiéndote y ofreciendo su ayuda cuando fuiste herida. Dejó sus preocupaciones a un lado para acompañarte a Little Longstone y asegurarse de que estabas a salvo. Se tomó tiempo para establecer una relación con tu hijo. No es ningún aristócrata malcriado, sino un hombre que se ha hecho a sí mismo. En el corto plazo de tiempo que hace que le conoces, has compartido con él más intimidades que con tu marido en diez años. Es así como sabes la clase de hombre que es.
Catherine cerró los ojos y se llevó las yemas de los dedos a las sienes.
– ¿Por qué me dices todo esto? Vine con la esperanza de que me ayudaras a ver las cosas más claramente.
– Y eso es precisamente lo que estoy intentando. Creo que el problema es que no te estoy diciendo lo que a ti te gustaría oír.
Catherine apoyó las manos en sus rodillas y esbozó una débil sonrisa.
– Sí, es cierto.
– Porque soy tu amiga. Porque no quiero que cometas un error que lamentarás el resto de tu vida. Porque no hacer frente a la verdad, no escuchar a tu corazón, es mucho más dañino, más perjudicial que cualquier otro dolor. Y me parece que no has examinado tu corazón en este asunto, Catherine. Te da miedo hacerlo, lo que, a juzgar por tu pasado, es algo completamente comprensible. También yo estaría asustada si estuviera en tu lugar. Pero debes intentar dejar tus miedos a un lado. Se te negó la felicidad durante mucho tiempo, querida mía. No vuelvas a negártela.
– Pero ¿es que no ves que no me la estoy negando? Quería un amante y me hice con uno. No quiero un marido, de modo que no lo tendré. Hay exactamente cuatro motivos por los que una mujer debería casarse. -Fue contando los motivos con los dedos al tiempo que los enumeraba-: Aumentar su fortuna, mejorar su posición social, tener un hijo o la necesitad de que alguien cuide de ella. Puesto que mi situación económica está perfectamente asegurada, gozo de una buena posición social, ya tengo un hijo y no necesito que nadie cuide de mí, no tengo la menor necesidad ni el menor deseo de tener marido.
– Hay una quinta razón para que una mujer decida casarse, querida.
– ¿Y es?
– El amor. Aunque puesto que es obvio que no estás enamorada…
– No, no lo estoy.
– Bien, pues no hay nada más que hablar.
– Ya lo creo que sí. Soy feliz, Genevieve. -En cuanto a lo de examinar su corazón, lo había hecho ya con suficiente detalle. Sin duda había investigado tan profundamente como era su intención.
Durante varios segundos, Genevieve no dijo nada, limitándose a dedicar a Catherine una mirada inescrutable. Luego sonrió.
– Me alegro de que seas feliz, querida. Y no sabes cuánto me alivia saber que no corres el peligro de que te rompan el corazón. Y, obviamente, sabes muy bien lo que más te conviene. Y también a Spencer.
– Gracias. Y sí, así es. -Aun así, incluso mientras pronunciaba esas palabras, Catherine tuvo la sutil sospecha de que estaba mostrándose de acuerdo con algo con lo que no debería estar de acuerdo.
– Y ahora dime, querida, ¿quién crees que será tu próximo amante?
Catherine parpadeó.
– ¿Cómo dices?
– Tu próximo amante. ¿Te parece que preferirás a un hombre mayor y más experimentado? ¿O quizá al tipo espectacular y joven al que puedas doblegar a placer tuyo?
Una sensación de lo más desagradable le recorrió la piel al pensar en otro hombre tocándola. Antes de poder dar una respuesta, Genevieve caviló en voz alta:
– Y me pregunto qué clase de mujer calentará después de ti la cama del señor Stanton. Estoy segura de que no estará sólo mucho tiempo. Cielos, ¿no viste cómo las sobrinas del duque salivaban al verle? Y Londres está sin duda plagado de mujeres hermosas y sofisticadas a la búsqueda de distracción de sus monótonas vidas. El señor Stanton les ofrecerá a buen seguro una maravillosa distracción.