El retorno de los dragones
- Автор: Уэйс Маргарет, Хикмэн Трэйси
- Серия: Cronicas de la Dragonlance #1
- Язык: испанский
- Переводчик: Tere Casanovas
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El retorno de los dragones». Краткое содержание книги:
Y ellos, menos que nadie.
—Nunca te había oído pronunciar estas palabras —le dijo sonriendo para sí, satisfecho de que ella no pudiera verle la cara.
—Nunca las había pronunciado —dijo entrecortadamente sin levantar la cabeza—. Amado mío, no sabes cómo me dolería el que a la vuelta de tu largo viaje encontraras a la princesa en lugar de a Goldmoon. Pero he pasado tanto miedo.
—No. Soy yo el que debería pedir disculpas. —Levantó la mano para secar las lágrimas que caían por las mejillas de la mujer—. No me daba cuenta de todo lo que te había pasado. Sólo podía pensar en mí mismo y en los peligros que había corrido. Ojalá me lo hubieses dicho, querida, amada mía.
—Ojalá me lo hubieses preguntado. He sido princesa durante tanto tiempo que realmente es lo único que sé hacer. Es lo que me sostiene, me da coraje cuando me siento asustada. No creo que pueda dejar de serlo nunca.
—No quiero que dejes de serlo. Me enamoré de la hija de Chieftain la primera vez que te vi. ¿Recuerdas? En aquellos juegos que se celebraban en tu honor.
—Tú te negaste a bajar la cabeza para recibir mi bendición. Reconocías el liderazgo de mi padre pero negabas que yo fuese una diosa. Decías que el hombre no puede crear dioses de otros hombres. Parecías tan fuerte y te mostrabas tan orgulloso al hablar de los antiguos dioses a los que yo, por aquel entonces, ni siquiera conocía.
—Y qué furiosa te pusiste —recordó él—, ¡Y qué bella! Para mí, tu belleza por sí sola ya era una bendición, no necesitaba otra. Y quisiste que me expulsaran de los juegos.
Goldmoon sonrió con tristeza.
—Tú pensaste que me había enojado porque me habías avergonzado delante de tanta gente, pero no era por eso.
Miró directamente al guerrero con sus claros ojos azules y se ruborizó.
—Me enfadé porque cuando te vi allí, en pie, negándote a arrodillarte ante mí, supe que había perdido una parte de mí misma y que no la recuperaría hasta que tú la reclamases.
Como respuesta, el guerrero la apretó contra sí, besando tiernamente sus cabellos.
—Riverwind, la princesa está todavía en mí. No creo que pueda irse nunca. Pero debes saber que Goldmoon está tras ella y que, si algún día finalizamos este viaje y encontramos finalmente la paz, entonces Goldmoon será tuya para siempre y haremos que a la princesa se la lleve el viento.
Sonó un portazo en el cuarto de al lado y todos se sobresaltaron. La puerta se abrió y entró un enano gully que dijo:
—Mapa —y le entregó a Tanis un trozo de papel arrugado.
—Gracias —dijo el semielfo— dale también las gracias al Gran Bulp.
—Su Majestad el Gran Bulp —corrigió el guardia dirigiendo un temerosa mirada al tapiz que cubría la pared. Agachando la cabeza, salió torpemente en dirección a los aposentos.
Tanis extendió el mapa. Todos se agruparon en torno a él, incluso Flint. No obstante, después de echarle una mirada, el enano resopló burlonamente y se apartó del grupo.
Tanis no pudo evitar reírse.
—Era de imaginar. Me pregunto si el Gran Fudge recuerda dónde está la «gran cámara secreta».
—Por supuesto que no —Raistlin se incorporó, abriendo sus extraños ojos dorados y mirándoles con los párpados entornados—. Es por ello que nunca ha regresado en busca del tesoro. De todas formas, hay uno de nosotros que sabe dónde está la guarida del dragón. —Todos siguieron la mirada del mago.
Bupu le miró desafiante.
—Tener razón. Yo sé —dijo enfurruñada—. Yo conozco lugar secreto. Voy allá, encuentro piedras bonitas. ¡Pero no decir Gran Bulp!
—¿Nos dirás dónde es? —le preguntó Tanis. Bupu miró a Raistlin y éste último asintió con la cabeza.
—Yo decir —masculló——. Dar mapa.
Raistlin, viendo que los demás estaban distraídos mirando el mapa, le hizo una seña a Caramon.
—¿Habéis cambiado de plan?
—No —Caramon frunció el ceño—. Es el mismo. Y no me gusta, yo debería ir contigo.
—Tonterías, ¡lo único que harías sería estorbarme! No correré ningún peligro, te lo aseguro —posando su mano sobre el brazo de Caramon, se acercó más a él y miró a su alrededor—. Además, hay un favor que debes hacerme, hermano mío. Me has de traer un objeto del cubil del dragón.
La mano de Raistlin ardía, sus ojos relampagueaban. Caramon, no le había visto así desde lo sucedido en las Torres de la Alta Hechicería. Inquieto, quiso apartarse de él; pero la mano de Raistlin se aferraba a su brazo.
—¿Qué es lo que he de traerte?
—¡Un libro de hechizos!
—¡Así que éste es el motivo por el que querías venir a Xak Tsaroth! Sabías que aquí lo encontrarías.
—Leí algo sobre este libro hace años. Sabía que estaba en Xak Tsaroth antes del Cataclismo, todos los de la Orden lo sabíamos, pero supusimos que se habría perdido en la destrucción de la ciudad. Cuando supe que Xak Tsaroth no estaba totalmente derruida, pensé que había una posibilidad de encontrarlo.
—¿Cómo sabes que está en la cueva del dragón?
—No lo sé. Solamente lo supongo. Para los magos, éste es el mayor tesoro de Xak Tsaroth. Puedes estar seguro de que si el dragón lo ha encontrado... ¡debe estar utilizándolo!
—Y quieres que yo te lo traiga... ¿Cómo es?
—Es como mi libro de encantamientos, sólo que en lugar de estar encuadernado en pergamino, lo está en piel azul oscuro, y las runas son de color plateado. Cuando lo toques, notarás un frío mortecino.
—¿Qué dicen las runas?
—Es mejor que no lo sepas...
—¿A quién pertenecía ese libro?
Raistlin se quedó callado, su mirada dorada parecía abstraída, como si estuviese intentando recordar algo.
—A Fistandantilus. Tú nunca has oído hablar de él, hermano. y no obstante, fue uno de los hechiceros más notables de mi orden.
—Tal como describes el libro... —Caramon dudó, temiendo la respuesta de Raistlin. Tragó saliva y comenzó de nuevo—. Este Fistandantilus... ¿vestía la Túnica Negra? —No se atrevió a mirar a su hermano directamente a los ojos.
—¡No me hagas más preguntas! ¡Eres tan desconfiado como los demás! ¡Ninguno de vosotros me comprende! —Ante la mirada de tristeza de Caramon, el mago suspiró—. Caramon, confía en mí. El libro no contiene poderes especiales, de hecho es uno de los primeros libros de magia que Fistandantilus escribió cuando era muy joven... Pero de todas formas, para mí es muy valioso. ¡Debes conseguirlo! Debes... —comenzó a toser.
—Desde luego Raistlin. No te preocupes. Lo encontraré.
—Bien, Caramon. Magnífico —susurró Raistlin cuando pudo hablar. Volvió a tenderse en el suelo y cerró los ojos—. Ahora déjame descansar, debo estar preparado.
Caramon se puso en pie, miró a su hermano durante unos segundos y luego se volvió, casi tropezando con Bupu que le miraba con los ojos abiertos de par en par.
—¿De qué hablabais? —preguntó Sturm cuando Caramon se reunió con el grupo.
—Oh, de nada.
Sturm miró alarmado a Tanis.
—¿Qué ocurre, Caramon? —preguntó Tanis mirándole a los ojos tras enrollar el mapa y colocárselo en el cinturón—. ¿Algo va mal?
—N-no... —titubeó Caramon—. No es nada. Bueno, hum, he intentado convencer a Raistlin de que me dejara ir con él, eso es todo. Pero dijo que lo único que haría sería estorbarle.
Tanis observó a Caramon. Sabía que decía la verdad, pero no toda la verdad. Sabía que Caramon perdería gustoso hasta la última gota de su sangre por cualquiera de ellos, pero también, que era capaz de traicionarlos a todos si Raistlin se lo pedía. El gigante miró a Tanis, suplicándole en silencio que no le hiciese más preguntas.