Los 36 hombres justos
- Автор: Bourne Sam
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los 36 hombres justos». Краткое содержание книги:
– Ya sé que suena raro, pero me han dicho que examinara cuidadosamente la biografía de la víctima.
– No era más que un tío rico. Un hombre de negocios.
– Ya lo sé, pero mi informador -un «informador» era mejor que una «fuente» y resultaba más convincente- me ha dicho que si investigamos a fondo puede que demos con algo interesante, con algo relevante.
– ¿Como qué? ¿Que era un ladrón? En esta ciudad la corrupción está por todas partes. Eso no sería ninguna novedad.
Will se lanzó.
– No. Lo que he oído es más bien todo lo contrario. Me han dicho que si investigamos con atención es probable que encontremos en la vida de ese sujeto algo muy poco frecuente, y no me refiero a una corrupción poco frecuente.
– Bueno, y ¿a qué te refieres? ¿Qué es eso tan poco frecuente que vamos a encontrar?
– No lo sé, John. Solo te estoy contando lo que los hasidim me dijeron. «Búscalo y eso lo explicará todo.» Eso fue lo que dijo mi informador. Solo quería pasarte la pista.
– Son las diez de la noche.
– Lo sé, pero puede que alguno de los parientes de la víctima, del señor Samak, esté levantado. No sé, alguno de sus amigos…
– Tengo algunos números de teléfono a los que podría llamar. Enviaré todo lo que tengo a la sección de Internacional.
Se despidieron, y Will dejó escapar un suspiro de alivio. Solo faltaba que le hiciera perder el tiempo a uno de los corresponsales del periódico en el extranjero. Iba a acabar sus días en el Bergen Record, y eso suponiendo que lo admitieran allí.
Volvió a llamar a Andy y le dio instrucciones para que le mandara por e-mail cualquier archivo que Bishop pudiera enviar a partir de ese momento. No tenía la más remota idea de qué podría encontrar el hombre de Bangkok.
– Bueno, gracias por el desayuno -lo interrumpió TC, que llevaba un papel en la mano.
– Mierda. Lo siento, estaba hablando por teléfono. ¿Lo has conseguido?
Ella se lo enseñó. Solo se leía «fOrtY».
– ¿Sí?
– Al principio he creído que se trataba de un error tipográfico, pero ese tipo es muy preciso. Todo lo ha hecho con un propósito.
– ¿Y?
– Pues que ha destacado dos letras, la segunda y la quinta. Empecé leyéndolas en voz alta, pero no tenía sentido.
– Escucha, TC…
– Ya sé. En cualquier caso, es mucho más sencillo. Quiere decir «cuarenta», «segunda» y «quinta». En otras palabras, la Cuarenta y dos con la Quinta.
– Ahí está la Biblioteca Pública.
– Exacto, lo cual indica que…
TC se puso tensa de repente, y Will se volvió. Su padre acababa de entrar vestido con ropa de fin de semana.
– ¿Alguna novedad?
– Sí. Acabamos de recibir un nuevo mensaje de texto que nos manda a la Biblioteca Pública.
– ¿Crees que ese hombre te está diciendo que te reúnas allí con él? Por Dios, Will, ten cuidado.
– No. No ha dicho nada de eso todavía. Solo ha enviado la dirección: la Cuarenta y dos con la Quinta. Es todo lo que tenemos.
– Bueno, al menos dejad que os acompañe a la estación.
Se oyó un zumbido.
Un nuevo mensaje:
ATRÉVETE A SER DANIEL.
Will lo mostró a su padre y a TC.
– Ah, creo que sé de qué va -dijo aquel unos segundos más tarde-. ¿Qué fue lo que hizo Daniel? -Entró en la guarida del león.
– Y la Biblioteca Pública de Nueva York…
– Está vigilada por dos leones en la entrada; dos estatuas, claro.
– Paciencia y Fortaleza. Así se llaman. Quizá te está diciendo que eso es lo que necesitas.
– No -intervino TC-, creo que nos está indicando que entremos en la biblioteca, que nos atrevamos a ser como Daniel, que nos atrevamos a entrar en la guarida del león. Es eso.
El móvil zumbó de nuevo.
Tiene un nuevo mensaje.
Will pulsó los botones oportunos ante las miradas ansiosas de TC y de su padre, que esperaban impacientes.
PRIMERS' DOMAIN DESCUBIERTO EN EL HUERTO FRUTAL.
– ¡Cielos! ¿Qué demonios significa esto? Justo cuando creíamos que estábamos en el buen camino…
– Está escrito igual que la clave de un crucigrama. O puede que en la biblioteca haya una sala que tenga una pintura de un huerto frutal.
– ¿Tú qué opinas, TC?
– Tu padre tiene razón. Es la clave de un crucigrama, pero no llego a entender…
– Será mejor que nos marchemos -dijo el padre de Will interrumpiendo las disquisiciones-. Debemos darnos prisa si no queréis perder el tren.
Una vez a bordo del vagón, Will vio que TC se ponía manos a la obra. Se mordió las uñas, dobló las piernas y finalmente se masajeó las sienes una y otra vez; luego, cogió la libreta de notas de Will y se lanzó a una serie de intentos de descifrado, escribiendo las palabras al revés, invirtiendo su orden. Nada.
De vez en cuando preguntaba a Will y, entre los dos, intentaban desentrañar el hilo lógico de los acontecimientos y los enigmas que habían recibido. Fueron adelante y atrás, intentando hallar alguna pista que se les hubiera pasado por alto.
Al final, mientras traqueteaban entre Flatbush Avenue y Forest Hills, a TC se le ocurrió algo.
– Funciona como las claves de los crucigramas que a mí me gustaba resolver cada vez que venías con uno de tus periódicos. -Will tuvo una visión momentánea de ellos dos en su cuarto de la universidad, desperezándose una mañana cualquiera de domingo-. Cuando dice «descubierto en» se refiere a un código para un anagrama, una de esas desfiguraciones de palabras, como cuando significa «escondido en». Por lo tanto, el huerto frutal de alguna manera está en el «Primers' domaim.
– ¿En esas dos palabras?
– Sí. «Primers' domain» es un anagrama.
– Un anagrama ¿de qué?
– De «Pardes Rimonim». Significa en hebreo el «jardín de las granadas», un huerto frutal. -TC sonreía.
– Vale, pero ¿dónde demonios está?
– Eso lo averiguaremos enseguida.
Capítulo 37
Domingo, 14.23 h, Manhattan
Como de costumbre, paciencia y fortaleza miraban a lo lejos. Desinteresados de las fuentes de la sabiduría que custodiaban y de las multitudes hambrientas de conocimiento que avanzaban hacia ellos, mantenían sus respectivas posiciones imperturbablemente: centinelas de piedra, silenciosos guardianes del templo de la razón.
A Will siempre le había gustado aquel edificio. Como a todos los jóvenes, descubrir su propio conservadurismo lo había sorprendido, pero poco después de su llegada a Estados Unidos había descubierto que sentía un gran cariño -no, más que eso: casi necesidad- hacia los edificios antiguos. Era más inglés de lo que creía y le hacía falta la firmeza y solidez de los viejos muros de piedra. Había crecido en un país donde hasta el pueblo más insignificante podía presumir de tener una iglesia con más de dos, cuatro y hasta ocho siglos de antigüedad. Cuando lo tenía a su alrededor no reparó en ello, pero tras llegar a un país donde todo era reciente, la falta de aquella antigüedad casi lo aturdía, como al marinero que pone pie en tierra tras una larga navegación.
Nueva York era distinto. Al igual que Boston o Filadelfia, tenía suficientes ladrillos antiguos para que Will se sintiera a gusto. Y la Biblioteca Pública era un ejemplo perfecto: una estructura que podría haber sido arrancada de Londres u Oxford y depositada intacta, desde el aire, en Manhattan.
Mientras entraban, el teléfono de Will sonó de nuevo anunciando un mensaje:
3 VECES BESO LA PÁGINA.
Parecía obvio que se trataba de las últimas instrucciones que necesitaban. Si, según había averiguado TC, Pardes Rimonim era el nombre del libro, esas palabras podían indicar el lugar donde debían buscar e incluso el número de la página.