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La guerra de la paz [The Peace War - es]

Электронная книга - «La guerra de la paz [The Peace War - es]». Краткое содержание книги:

Paul Hoehler, un brillante científico, descubre el principio del funcionamiento de las “burbujas”, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables. Gracias a ellos, sus usuarios se harán con el poder e impondrán una “paz” forzada y un estancamiento científico-tecnológico en un mundo diezmado por los conflictos y las plagas.
“La guerra de la paz” es la primera obra de la serie de las “burbujas” en la que un brillante autor de sólida formación científica nos narra un futuro posible y la rebelión contra una autoridad despótica en medio de una intriga política de gran alcance. Una interesante y dinámica exploración de cómo un nuevo y maravilloso artilugio científico todavía incomprendido puede alterar el destino del mundo.
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—Y además está Della Lu —dijo Allison.

Los ojos de Mike se abrieron más, y Wili vio que aquel comentario le había sobresaltado. Después, pareció que se daba cuenta de la importancia que aquello tenía.

—Sí, está Lu. Yo siempre había estado convencido de que este sitio estaba más próximo a Santa Inés que a las otras ciudades comerciales. A Della le di una buena ración de pistas falsas, pero es muy lista. Lo va a descubrir a pesar de todo. Lo importante es que, en un próximo futuro, van a concentrar el acoso en esta parte de California. Y no será cuestión de un único avión en días alternos. Si tienen bastante gente, darán batidas sobre el terreno.

—Así, ¿qué es lo que sugieres, Mike? —otra vez era Allison.

—Que nos marchemos de aquí. Que cojamos el carro grande, lo llenemos con todo el equipo que podamos necesitar y nos vayamos. Si estudiamos sus métodos de búsqueda y calculamos bien el momento oportuno, creo que podremos irnos de California Central, tal vez a algún lugar de Nevada. Debemos escoger un lugar de destino adonde podamos llegar sin encontrar a nadie en el camino. Y ha de estar bastante lejos de aquí, porque si encuentran esta mansión intentarán seguir nuestra pista. Ya sé que es muy arriesgado, pero es nuestra única oportunidad si queremos durar más de un mes.

Ahora le había llegado a Paul el momento de sobresaltarse.

—¡Maldición! No podemos trasladarnos. Ahora no, por lo menos. Suponiendo que nos lleváramos todo el equipo importante, cosa que no podemos hacer, seguiría siendo imposible. No puedo perder este tiempo, Mike. Los Quincalleros necesitan las mejoras que les estamos enviando. Necesitan estos generadores de burbujas, si es que han de luchar. Si ahora nos tomamos un mes de vacaciones la revolución estará perdida. Estaríamos a salvo en algún agujero de Nevada, pero a salvo para poder ver cómo todo aquello, por lo que hemos luchado, se perdería en la cloaca —pensó durante un momento y añadió otra objeción—. ¡Demonio! No creo que pudiéramos ponernos en contacto con los Quincalleros si nos vamos de aquí. Llevo años montando enlaces de comunicación con ellos que no puedan ser localizados. Gran parte de ellos dependen de un exacto conocimiento del terreno local y del clima. Si nos vamos, las comunicaciones se perderán.

Durante toda la discusión, Wili había callado. Estaba sentado al borde de la terraza, donde la luz del sol llegaba con más intensidad a través de la red de camuflaje. En la trastienda de su mente, Jill le iba actualizando, al minuto, las transmisiones radiofónicas de la Autoridad que vigilaba sin cesar. Mediante la vigilancia a los satélites de reconocimiento, sabía la localización exacta de todas las aeronaves que se encontraban dentro de un radio de dos mil kilómetros. Podrían capturarles, pero no sería por sorpresa.

Aquellos conocimientos eran poco útiles para el presente debate. Por un lado «sabía» millones de pequeños hechos que, puestos juntos, determinaban su situación; por otro conocía las teorías matemáticas que gobernaban aquellos hechos. Pero en el fondo, en materia de apreciación, se daba cuenta de que era incompetente. Miró a Allison.

—¿Qué piensa usted? ¿Quién tiene tazón?

Dudó sólo un momento.

—Lo que yo conozco bien, es lo que se refiere a los reconocimientos desde el aire.

Mirar a Allison era algo fantástico. Era una Jill a quien se le había concedido una vida corporal real.

—Si los de la Paz son competentes, no es posible que Mike se equivoque —miró a Naismith—. Paul, acabas de decir que la revolución de los Quincalleros fracasaría si perdemos tiempo en trasladarnos. No lo sé. Me parece que hay muchos condicionantes. Desde luego que si los dos tenéis razón, tenemos una salida —miró hacia los rayos de luz solar que se filtraban a través de la red verde y parda—. Sabes, Paul, casi desearía que tú y Wili no hubieseis estropeado el sistema de satélites de la Autoridad.

—¿Qué? —dijo Wili incrédulamente. Aquel sabotaje había sido su contribución más importante. Además, no lo había «estropeado», sino que tan sólo lo había hecho inaccesible para la Autoridad—. Si yo no lo hubiera hecho, haría ya mucho tiempo que nos habrían localizado mediante los satélites.

Allison levantó una mano.

—Lo creo. Según lo que he visto, no tienen los medios o la estructura administrativa para hacer un reconocimiento aéreo extenso. Yo sólo quería decir que si hubiésemos tenido tiempo, podríamos haber saboteado su anticuado sistema de comunicaciones y de reconocimiento, de manera que los de la Paz pensaran que seguía funcionando bien —se sonrió al ver sus caras atónitas—. Durante estas últimas semanas he estudiado todo lo que sabéis de su viejo sistema. Es exactamente el sistema de reconocimiento y comunicaciones automatizado de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos. Es el mismo que usábamos antes de que todo explotara. En teoría, podía ocuparse de todas nuestras funciones de mando y control. Todo lo que necesitaba era un sistema de satélites, los aparatos de recepción en tierra y sus ordenadores y, tal vez, un centenar de especialistas. En teoría, significaba que no necesitábamos reconocimiento aéreo ni líneas de comunicación en tierra. En teoría. Los administradores siempre nos estaban retorciendo el brazo para que nos olvidáramos de los otros sistemas y en su lugar nos fiáramos de este sistema automatizado. Aquello les hubiera permitido reducir nuestro presupuesto a la mitad.

Se sonrió.

—Claro que nunca estuvimos de acuerdo. Necesitábamos los otros sistemas. Además, sabíamos que el sistema automatizado era muy frágil. Era rápido, era completo, pero una o dos manzanas podridas en los equipos de mantenimiento podían echarlo a perder al provocar interpretaciones y comunicados falsos. Pedíamos un presupuesto que cubriera los otros sistemas que, en el fondo, eran más fiables.

»Ahora resulta evidente que los de la Paz no hicieron más que ponerlo en uso. No sabían, o no les importaba, que hubiera peligros. Apostaría a que no tenían los recursos para utilizar los otros sistemas de la Fuerza Aérea. Si hubiésemos podido infiltrar un par de individuos en su plantilla técnica, podríamos conseguir que viesen todo aquello que quisiéramos. No podrían localizarnos nunca —se encogió de hombros—. Pero tienes razón, tal como estamos, esto es hablar por hablar. Tardaríamos meses o años en conseguir algo como esto. Y vosotros necesitáis resultados inmediatos.

—¡Maldición! —dijo Paul—. Todos estos años de minuciosos preparativos, y nunca se me ocurrió…

—¡Oh! Paul —dijo ella en voz baja—, tú eres un genio. Pero no puedes saberlo todo de todas las cosas. No podrás hacer una revolución tú solo.

—Ya —dijo Mike— y no podrá convencernos a los demás de que vale la pena intentarlo otra vez.

Wili no hacía más que mirar fijamente con los ojos desorbitados y con la boca entreabierta. Sería mucho más difícil que todo lo que había hecho hasta entonces, pero…

—Tal vez no necesite espías, Allison. Tal vez podamos… Tengo que pensarlo bien. Todavía tenemos unos días. ¿Verdad, Mike?

—A menos que tengamos muy mala suerte. Con un poco de suerte podemos tener hasta semanas.

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