La guerra de la paz [The Peace War - es]
- Автор: Виндж Вернор (Вернон) Стефан
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-0022-1
- Переводчик: Jose Maria Garcia
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La guerra de la paz [The Peace War - es]». Краткое содержание книги:
“La guerra de la paz” es la primera obra de la serie de las “burbujas” en la que un brillante autor de sólida formación científica nos narra un futuro posible y la rebelión contra una autoridad despótica en medio de una intriga política de gran alcance. Una interesante y dinámica exploración de cómo un nuevo y maravilloso artilugio científico todavía incomprendido puede alterar el destino del mundo.
—Perdóneme por la conferencia, señorita Lu. Esto es una cuestión de principios. Baste decir que Paul Hoehler debe seguir siendo uno de nuestros primeros objetivos. Por favor, siga con sus recomendaciones.
—Sí, señor —volvía a ser muy respetuosa—, Estoy segura de que usted ya sabe que los técnicos han desmontado por completo el generador de Hoehler. Conocen ya perfectamente el proyector. Por lo menos los científicos han hallado teorías que pueden explicar lo que antes habían considerado imposible. —(¿Había algo de sarcasmo en este comentario?)—. Lo que no podemos reproducir es la parte del ordenador que lo hace funcionar. Si se desea que el generador de potencia sea portátil, es necesario un procesador de alta velocidad y muy complicado a fin de que la burbuja se produzca en el lugar deseado. Y no conseguimos compaginar las dos cosas. Pero los técnicos han descubierto la posibilidad de calibrar nuestros generadores. Ahora podemos proyectar burbujas que duren lo que queramos, mientras sea entre diez y doscientos años. Parece ser que encuentran límites físicos que no permiten mejorar esta alternativa.
Avery hizo un gesto afirmativo. Había seguido todo aquello muy de cerca.
—Señor, esto tiene una gran importancia política.
—¿Cómo?
—Podemos actuar tal como los Quincalleros hicieron en Los Ángeles. Encerraron en una burbuja a sus amigos que estaban en la Torre de Contrataciones a fin de protegerles. Eso quiere decir que saben exactamente lo que ésta va a durar, y nosotros no. Fue muy inteligente. Hubiéramos parecido locos si poníamos una guarnición en la burbuja para esperar a que los prisioneros «retornaran». Pero esto también funciona al revés. Ahora todo el mundo sabe que las burbujas no son permanentes, que no resultan fatales. Esto nos abre el camino para sacar de la circulación a todos los sospechosos. Algunos nobles principales de Aztlán estuvieron involucrados en el rescate. Hasta ahora no podíamos vengarnos de tales personajes. Si fuésemos matando a tiros a todos los que suponemos capaces de traicionarnos, acabaríamos como el Dictador Europeo. Pero ahora…
»Recomiendo que detengamos a los que sean sospechosos de formar parte seriamente de los Quincalleros, montar unas «vistas» muy breves, no hemos de llamarlas «juicios», y luego encerrar en burbujas a todo aquel que pueda ser una amenaza. Nuestros servicios informativos pueden hacer que el sistema parezca muy razonable y nada amenazador. Ya hemos dejado establecido que los Quincalleros se han lanzado a la investigación de armas de alta energía y, muy verosímilmente, también de la biociencia. Digamos, de paso, que mucha gente teme más a esta última que a las primeras. Pude infiltrarme entre los Quincalleros al valerme de este temor.
»Estos hechos deberían bastar para que el resto de la población no discuta el impacto económico de la eliminación de los Quincalleros. Al mismo tiempo, no nos temerán tanto como para unirse contra nosotros. Hasta en el caso de que en alguna ocasión actuáramos contra personas populares o poderosas, el público sabría que se hace sin causar daño a los prisioneros, y que es sólo por un espacio de tiempo limitado, que rostros podríamos anunciar por anticipado. La idea es que vamos a actuar en esta emergencia temporal con humanidad, con una humanidad mucho mayor que la que podrían esperar de unos gobiernos ordinarios.
Avery asintió, ocultando su admiración. Después de haber leído sus hazañas en Mongolia, él había temido que Della Lu fuera una versión femenina de Christian Gerrault. Pero sus ideas eran correctas, sutiles. Cuando era necesario, no descartaba la fuerza, pero también se daba cuenta de que la Autoridad no era todopoderosa y que algunas veces era necesaria una actuación equilibrada para mantener la Paz. En la nueva generación, había gente que realmente podía continuar sus esfuerzos. Aunque hubiera preferido que no fuera una mujer.
—Estoy de acuerdo, señorita Lu. Quiero que me siga informando directamente. Voy a comunicar a la sección norteamericana de que usted tiene una autorización temporal para todas las operaciones en California y Aztlán y, si las cosas van bien, ampliaremos el ámbito de actuación. Mientras tanto, hágame saber si alguno de los «veteranos» no coopera con usted. No están los tiempos para posibles celos.
Avery dudaba entre dar por terminada la reunión o bien por hacer entrar a Lu en el círculo más restringido. Por fin, tecleó una orden para su pantalla y la pasó a Lu. Además de él mismo, y tal vez Tioulang, ella era la única persona capacitada para manejar la Operación Renacimiento.
—Esto es un resumen. Quiero que usted estudie los detalles después. Sus consejos pueden ser muy útiles para desglosar la operación en subproyectos aislados que puedan ser efectuados por personas de clasificación menor.
Lu recogió la pantalla y observó que la clasificación de Material Especial brillaba en su parte superior. No había más de diez personas vivas que hubieran visto materiales especiales. Sólo los agentes de mayor categoría sabían que existía aquella clasificación, y sólo como una posibilidad teórica. Los materiales especiales nunca se confiaban al papel o eran transmitidos. La comunicación de aquellos temas se hacía mediante correos, en memorias ROM cifradas, con bombas trampa para intrusos y un soporte que se autodestruía después de su lectura.
Los ojos de Lu brillaban mientras leía el resumen de Renacimiento. Hizo gestos afirmativos con la cabeza cuando leyó la descripción del Reducto 001 y del generador de burbujas que había que instalar allí. Apretó la tecla de cambio de página y, de repente, sus ojos se agrandaron. Había llegado al debate que había dado nombre a Renacimiento. Palideció mientras leía la página.
Terminó y, sin decir nada devolvió el aparato.
—Es una posibilidad terrible. ¿No es cierto, señorita Lu?
—Sí, señor.
Y ahora Avery estaba mucho más seguro que antes de haber tomado una decisión correcta. Renacimiento era una responsabilidad que debía aterrorizar.
—Una victoria con Renacimiento puede ser, en muchos aspectos, tan mala como la destrucción de la Paz. Está concebido como una última contingencia, pero, ¡por Dios!, debemos ganar sin ella.
Avery estuvo en silencio durante unos instantes y de pronto sonrió.
—Pero no se preocupe. Considere esto como una precaución que está al borde de la paranoia. Si hacemos un trabajo competente, no hay la menor probabilidad de que podamos perder —se levantó y dio la vuelta alrededor de su mesa para acompañarla hasta la puerta.
Lu se puso en pie, pero no fue hacia la puerta. En vez de hacerlo, se acercó a la amplia pared de cristal y miró hacia las doradas colmas que formaban el horizonte.
—Todo un panorama, ¿no es verdad? —dijo Avery, un poco perplejo. Ella se había mostrado tan determinada, tan militarmente precisa, y ahora se emocionaba por un poco de paisaje—. Nunca he sabido qué prefiero, si cuando las colinas muestran el oro del verano o el verde de la primavera.
Ella hizo una seña afirmativa, pero no parecía estar atenta a aquellas palabras intrascendentes.
—Hay otra cosa, señor. Otra cosa de la que quería hablarle. Tenemos el poder para aplastar a los Quincalleros en Norteamérica. Aquí la situación no es como la de Europa. Pero ya en otras ocasiones la maña ha ganado a la fuerza. Si yo estuviera en el lado contrario…
—¿Sí?
—Si yo estuviera dirigiendo su estrategia, atacaría Livermore y trataría de encerrar a nuestro generador dentro de una burbuja.
—Sin disponer de fuentes de alta energía, no pueden atacarnos desde tanta distancia.
Ella se encogió de hombros.
—Esto es lo que aseguran nuestros científicos. Hace seis meses habrían llenado volúmenes enteros de informes que aseguraban la imposibilidad de originar las burbujas sin energía nuclear… Pero supongamos que tienen razón. Incluso en este caso, yo intentaría algún plan de ataque, alguna manera de acercarme para encerrar el generador de la Autoridad.