El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #1
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino». Краткое содержание книги:
—Cuenta conmigo —le dijo Randy, súbitamente serio. Incapaz de decidir qué hacer con las manos acabó por metérselas en los bolsillos—. No permitiré que nadie se acerque a ellos. —Nuevamente retrocedió hacia la puerta de espaldas y cuando ya sólo tenía dentro la cabeza, añadió—: Quiero que sepas que no creo ni una sola palabra de lo que esos hombres de abajo están diciendo sobre ti. Y así se lo he hecho saber.
—Gracias. —A su pesar, Kahlan no pudo evitar sonreír—. Pero no quiero ponerte en peligro. Por favor, mantente alejado de esos hombres y no menciones que has hablado conmigo, porque eso los envalentonaría.
Randy sonrió, hizo un gesto de asentimiento y se marchó. Bill puso los ojos en blanco y meneó la cabeza. Acto seguido miró a Kahlan con una sonrisa en los labios.
—Supongo que no te plantearías la posibilidad de quedarte y casarte con el chico. No le iría nada mal tener pareja.
En los ojos de Kahlan centelleó una fugaz mirada de dolor y pánico. La mujer se sentó en la cama y clavó los ojos en el suelo.
—Sólo era una broma —se disculpó Bill—. Os traeré algo de cena —dijo, dirigiéndose a Richard—. Patatas hervidas y carne.
—¿Carne? —inquirió Richard, suspicaz.
—No te preocupes, no me atrevería a servir a esos camorristas carne de mala calidad. —El tabernero soltó una risita—. Serían capaces de cortarme la cabeza.
A los pocos minutos regresó con dos platos humeantes que dejó encima de la mesa.
—Gracias por tu ayuda —dijo Richard.
—No me lo agradezcas. —Bill enarcó una ceja—. Lo anotaré todo en mi libro de cuentas. Por la mañana te lo traeré para que firmes. ¿Hay alguien en la ciudad del Corzo que pueda reconocer tu firma?
—Sí —contestó Richard con una sonrisa—. Me llamo Richard Cypher. Mi hermano es el Primer Consejero.
—Lo siento. —El tabernero se encogió y súbitamente flaqueó—. No que tu hermano sea Primer Consejero, sino no haberlo sabido antes. Me refiero a que, si lo hubiera sabido, os hubiera ofrecido mejores alojamientos. Podéis quedaros en mi casa. No es gran cosa pero sí es mejor que esto. Llevaré vuestras cosas allí ahora mismo y...
—Bill, no pasa nada. —Richard se acercó al tabernero y le puso una mano en la espalda para tranquilizarlo. De pronto Bill ya no parecía tan temible—. Es mi hermano quien es Primer Consejero, no yo. Este cuarto está bien. Todo está bien.
—¿Estás seguro? ¿Todo? No vas a enviarme al ejército, ¿verdad?
—Nos has ayudado mucho, de verdad. Además, no tengo nada que ver con el ejército.
—Pero viajas con el jefe de los guardianes del Límite —insistió Bill, que aún no estaba convencido.
—Chase es un amigo mío de hace muchos años. —Richard sonrió cálidamente—. Y el anciano también. Son amigos, nada más.
—Bueno, si eso es cierto, ¿qué tal si anoto un par de habitaciones más en mi libro de cuentas? —Los ojos de Bill se iluminaron—. En su estado no sabrán si las ocuparon o no.
—Eso no estaría bien, y yo no pienso firmarlo —replicó Richard, sin dejar de sonreír y dando unas palmaditas en la espalda al tabernero.
—Sí, realmente eres amigo de Chase. —Bill soltó el aire en un gran suspiro y sonrió burlón, asintiendo para sí mismo—. Ahora te creo. En todo el tiempo que lo conozco no he logrado que Chase engordara un poco mi libro de cuentas.
Richard entregó al tabernero algunas monedas de plata y le dijo:
—Pero esto no está mal. Te agradezco lo que estás haciendo por nosotros y también te agradecería que esta noche aguaras la cerveza. Los borrachos no suelen apreciar demasiado sus vidas. —Bill esbozó una sonrisa cómplice—. Tienes unos clientes muy peligrosos.
—Por esta noche lo haré —accedió el tabernero, después de estudiar los ojos de Richard, echar una rápida mirada a Kahlan y posarlos de nuevo en el joven.
—Si alguien traspone esa puerta esta noche, lo mataré sin hacer preguntas —le advirtió Richard, lanzándole una dura mirada. El tabernero se la devolvió.
—Haré lo que pueda para evitar que eso ocurra, aunque tenga que golpear algunas cabezas. Comed la cena antes de que se enfríe —agregó, dirigiéndose a la puerta—. Y cuida bien de la mujer; tiene una buena cabeza sobre los hombros. Una cabeza muy bonita, sí señor —apostilló, volviéndose hacia Kahlan y guiñando un ojo.
—Una cosa más, Bill. El Límite se está derrumbando. Caerá dentro de pocas semanas. Ten mucho cuidado.
El tabernero tomó aire y el pecho se le hinchó. Sostuvo el pomo de la puerta con la mirada fija en Richard.
—Me parece que el consejo se equivocó de hermano. Pero si se preocuparan por hacer lo correcto, no serían consejeros. Vendré a despertaros por la mañana, cuando el sol haya salido y sea seguro.
Cuando se marchó Kahlan y Richard se sentaron muy juntos en el pequeño banco y comieron la cena. El cuarto que ocupaban estaba situado en la parte trasera del edificio y el bar se encontraba delante, por lo que había más silencio del que Richard había esperado. El único ruido que les llegaba era un zumbido ahogado. La comida también era mejor de lo que había esperado, o tal vez sólo estaba hambriento. Se sentía tan agotado que la cama también le parecía maravillosa. Kahlan se dio cuenta.
—Anoche sólo dormiste una o dos horas, de modo que yo haré la primera guardia. Si los hombres de abajo deciden subir no será hasta más tarde, cuando hagan acopio de coraje. Si vienen, será mejor que te encuentren descansado.
—¿Es más fácil matar cuando estás bien descansado? —Richard se arrepintió de sus palabras apenas las hubo pronunciado. No había sido su intención que sonaran tan duras. El joven se dio cuenta de que agarraba el tenedor con tanta fuerza como si fuera una espada.
—Lo siento, Richard, no quería decir eso. Lo que quería decir es que no quiero que te hagan daño. Si estás cansado no podrás defenderte. Temo por ti.
Kahlan jugueteó con una patata que había en el plato. Su voz apenas era un susurro.
—Siento tanto haberte metido en este tremendo lío. No quiero que tengas que matar a nadie. No quería que mataras a esos hombres de abajo. Ésta es la única razón por la que me comporté como lo hice: para que no tuvieras que matarlos.
Richard la miró. Kahlan tenía la vista clavada en el plato, y le dolió ver la expresión de dolor en su rostro. Juguetón, la empujó con un hombro.
—No me hubiera perdido este viaje por nada. Me da la oportunidad de pasar algún tiempo con mi amiga. —Kahlan lo miró por el rabillo del ojo, y él sonrió.
La mujer le devolvió la sonrisa y apoyó la cabeza en el hombro de Richard un momento, antes de comerse la patata. La sonrisa de la mujer lo reconfortó.
—¿Por qué quisiste que pidiera al chico que cuidara de los caballos?
—Como tú misma dijiste, lo importante son los resultados. El pobre chico está loco por ti y, puesto que tú se lo pediste, vigilará a los caballos mejor que nosotros mismos. —Kahlan lo miró como si no pudiera creerlo—. Ejerces un efecto devastador en los hombres —le aseguró.
La sonrisa de la mujer vaciló y su expresión se tornó angustiada. Richard sabía que se estaba aproximando a sus secretos, por lo que no dijo nada más. Al acabar de cenar, Kahlan sumergió el extremo de una toalla en el agua de la jofaina, fue hacia Zedd y le lavó el rostro con ternura. Entonces miró a Richard.
—Sigue igual, no ha empeorado. Por favor, Richard, deja que yo haga la primera guardia. Tú duerme un poco.
El joven asintió, se tendió en la cama y a los pocos segundos ya dormía. De madrugada Kahlan lo despertó para que la relevara. Mientras la mujer se echaba en la cama, Richard se lavó la cara con agua fría para despejarse y después se sentó en el banco y se apoyó en la pared, esperando. Mientras vigilaba, chupaba un pedazo de fruta seca para quitarse el mal sabor de boca.
Una hora antes del amanecer hubo una apremiante llamada a la puerta.