Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La voz - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La voz

Электронная книга - «La voz». Краткое содержание книги:

Gulli, el viejo portero de uno de los más conocidos hoteles de Reykjavik, aparece desnudo y acuchillado hasta morir en su miserable habitación en el sótano. Pero Gulli es mucho más que un simple portero que se disfrazaba de Papa Noel todas las navidades, es un completo misterio. Veinte años en el hotel y nadie le conoce realmente. Erlendur Sveinsson decide alojarse en el mismo hotel en busca de la asesina, que, también de eso cree estar convencido, aún debe permanecer muy cerca, pese a que las vacaciones de Navidad están ya encima y el hotel completo. Mientras que al director tan sólo le importa que el asesinato permanezca oculto y su reputación intacta. Erlendur, sin embargo, recibe la visita de su hija, que de nuevo se adentra entre las brumas de la droga y el alcohol, dejando al inspector al borde de la desesperación y la impotencia.
1 ... 52 53 54 55 56 57 58 59 60 ... 69
Перейти на страницу:

– Decía que había perdido la voz -respondió Baldur.

– ¿Y lo lamentaba mucho?

– Terriblemente. Sucedió en el peor momento, pero no quiso contármelo. Decía que en el colegio se burlaban de él porque era famoso, y que eso le hacía sentirse muy mal. Pero él nunca usaba la palabra «famoso». Él no pensaba en ser famoso. Pero su padre sí quería que lo fuese, y desde luego estuvo a punto de conseguirlo. Pero se sentía incómodo, y encima empezó a percibir ese rasgo suyo: el homosexual que había en él empezó a aflorar. Pero no tenía muchas ganas de hablar de ello. Y no quería hablar de su familia de ningún modo. Toma otra galleta.

– No, gracias -dijo Sigurdur Óli-. ¿Sabes de alguien que hubiera querido matarlo? ¿De alguien que le quisiera mal?

– ¡No, por Dios! Era terriblemente comedido y nunca le hizo daño ni a una mosca. No sé quién puede haberlo hecho. El buen hombre, acabar así. ¿Habéis avanzado en la investigación?

– No -dijo Sigurdur Óli-. ¿"Has escuchado sus discos, o los tienes?

– Eso sí -respondió el hombre-. Es maravilloso. Canta de una forma divina. Creo que no he oído nunca a un niño cantar mejor.

– Y de mayor, cuando lo conociste, ¿estaba orgulloso de su voz?

– Nunca se escuchaba. No quería oír los discos. Jamás. No lo conseguí, por mucho que lo intenté.

– ¿Por qué no?

– Fue absolutamente imposible. Nunca me dio una explicación, solo que no quería escuchar sus discos.

Baldur se levantó y se dirigió a un armario del salón, sacó dos discos de Gudlaugur y los puso en la mesa, delante de Sigurdur Óli.

– Me los dio cuando lo ayudé a mudarse.

– ¿A mudarse?

– Perdió la habitación que tenía en Vesturbaer y me pidió que le ayudara con la mudanza. Había conseguido otra habitación y se llevó todos sus trastos. En realidad no tenía más que los discos.

– ¿Tenía muchos?

– Sí, un buen montón.

– ¿Escuchaba algún tipo de música en particular? -preguntó Sigurdur Óli, por preguntar algo.

– No, entiéndeme -dijo Baldur-. Todos los discos eran los mismos. Estos -señaló los dos discos de Gudlaugur-. Tenía un buen montón de estos discos. Dijo que había comprado todas las copias sobrantes de los dos.

– ¿Tenía cajas enteras de esos discos? -dijo Sigurdur Óli sin ocultar su excitación.

– Sí, al menos dos.

– ¿Sabes dónde pueden haber ido a parar?

– ¿Yo? No, no tengo ni idea. ¿Tienen algún interés esos discos hoy en día?

– Conozco a un inglés que habría podido matar por ellos -dijo Sigurdur Óli, y el rostro de Baldur dibujó una señal de interrogación.

– ¿Qué quieres decir?

– Nada -dijo Sigurdur Óli mirando su reloj-. Tengo que marcharme -dijo-. Quizá necesite volver a ponerme en contacto contigo más adelante si necesito algún detalle más. Y no estaría mal que me llamaras si recuerdas algo, por insignificante que sea.

– A decir verdad, en aquellos tiempos no había mucho donde elegir -dijo el hombre-. Todo lo contrario que hoy, cuando uno de cada dos hombres es gay o siente deseos de serlo. -Sonrió a Sigurdur Óli, y a éste se le atragantó el té.

– Perdón -dijo Sigurdur Óli.

– Es un poco fuerte.

Sigurdur Óli se puso en pie, Baldur lo imitó y lo acompañó a la puerta.

– Sabemos que se burlaban de Gudlaugur en el colegio -dijo Sigurdur Óli cuando se estaban despidiendo-, y que le pusieron un mote. ¿Recuerdas si alguna vez te habló de ello?

– Era muy evidente que lo acosaban porque estaba en un coro, cantaba muy bien y no jugaba al fútbol, y porque en muchas cosas era como una niña, claro. Por lo que me decía, colegí que quizá nunca se había sentido muy seguro en sus relaciones con los demás. Me hablaba de eso como si le pareciesen comprensibles los motivos por los que se burlaban de él. Pero no recuerdo que mencionara ningún mote especial… -Baldur vaciló.

– ¿Sí? -dijo Sigurdur Óli.

– Cuando estábamos juntos, ya sabes…

Sigurdur Óli sacudió la cabeza sin comprender.

– En la cama…

– ¿Sí?

– A veces quería que lo llamase «mi pequeña princesa» -dijo Baldur, y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

Erlendur clavó la mirada en Sigurdur Óli.

– ¿Mi pequeña princesa?

– Eso dijo -Sigurdur Óli se levantó de la cama de Erlendur-. Y ahora tengo que marcharme. Bergthóra estará furiosa. ¿Así que pasarás las navidades en tu casa?

– ¿Y qué fue de los discos de las cajas? -dijo Erlendur-. ¿Dónde podrían haber ido a parar?

– Ese hombre no tenía ni idea al respecto.

– ¿La pequeña princesa? ¿Cómo la película de Shirley Temple? ¿Qué tiene que ver? ¿Te lo explicó el individuo ese?

– No, él tampoco sabía lo que significaba.

– No tiene por qué significar nada especial -dijo Erlendur, como hablando consigo mismo-. Jerga de gays que nadie entiende. A lo mejor nada especialmente extraño. Así que, bueno, ¿resulta que se odiaba a sí mismo?

– Baja autoestima -dijo su amigo-. Contradictorio.

– ¿Por sus inclinaciones homosexuales o por alguna otra cosa?

– No lo sé.

– ¿No se lo preguntaste?

– Siempre podemos hablar otra vez, pero no parece saber demasiado de Gudlaugur.

– Y nosotros tampoco -dijo Erlendur con voz apagada-. Si hace veinte o treinta años quería ocultar que era homosexual, ¿habrá seguido ocultándolo después?

– Buena pregunta.

– Aún no he hablado con nadie que dijera que él fuera gay.

– Sí, bueno, tengo que decirte adiós -dijo Sigurdur Óli poniéndose en pie-. ¿Algo más por hoy?

– No -dijo Erlendur-. Perfecto. Gracias por la invitación, dale recuerdos a Bergthóra y trata de portarte bien con ella.

– Siempre lo hago -dijo Sigurdur Óli, marchándose a toda prisa. Erlendur miró su reloj y vio que ya era hora de la cita con Valgerdur. Sacó del aparato la última cinta de vídeo y la puso en lo alto del montón. En ese momento empezó a sonar el móvil.

Era Elínborg. Dijo que había hablado con el fiscal del caso del padre que agredió a su hijo.

– ¿Cuántos años creen que le caerán? -preguntó Erlendur.

– Creen que hasta pueden absolverlo -dijo Elínborg-. No lo condenarán si mantiene su historia. Basta con que lo niegue todo. No tendrá que pasar ni un minuto encerrado.

– ¿Y las pruebas? ¿Las huellas de la escalera? ¿La botella de Drambuie? Todas apuntan a…

– No sé para qué nos dedicamos a esto. Ayer juzgaron un caso de agresión con violencia. Un hombre fue apuñalado varias veces con un cuchillo. Al agresor le cayeron ocho meses de prisión, cuatro de ellos en libertad bajo palabra, lo que quiere decir que pasará dos meses en la cárcel. ¿Quién puede entender algo así?

– ¿Y le devolverán la custodia del niño?

– Seguramente. Lo único positivo, si se puede llamar positivo, es que el chico parece echar realmente de menos a su padre. Es lo que no consigo entender. ¿Cómo puede estar tan colgado de su padre si le golpea de ese modo? No lo entiendo. Tiene que faltar algo. Algo que hayamos pasado por alto. Esto carece de sentido.

– Hablaré contigo más tarde -dijo Erlendur mirando el reloj. Ya había pasado la hora de su cita con Valgerdur-. ¿Podrías hacerme un favor? Stefanía dijo que había estado en el hotel con una amiga, el otro día. ¿Quieres hablar con esa mujer y confirmarlo? -Erlendur le dio el nombre de la mujer.

– ¿No piensas dejar el hotel e irte a casa? -preguntó Elínborg.

– Deja ya de darme la tabarra -exclamó Erlendur, y colgó.

1 ... 52 53 54 55 56 57 58 59 60 ... 69
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)