La voz
- Автор: Индридасон Арнальд
- Год: 2010
- Язык: испанский
- Год: C
- ISBN: 978-84-672-3886-0
- Переводчик: Enrique Bern
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La voz». Краткое содержание книги:
– ¿Eso es hachís? -dijo.
– Yo debería saberlo, creo -dijo Eva Lind mientras seguía olisqueando.
– Alguien ha estado fumando hachís aquí, y no hace mucho tiempo -añadió.
Erlendur sabía que habían iluminado el final del pasillo cuando estuvieron investigando el escenario del crimen, pero no estaba seguro de que lo hubiera registrado a fondo.
Miró a Eva Lind.
– ¿Hachís?
– El mismo olor -dijo ella.
Volvió a entrar en la habitación, cogió una silla y la puso debajo de una de las bombillas del pasillo que funcionaban, y la desenroscó. La bombilla quemaba, así que tuvo que usar la manga de la chaqueta para sacarla. Encontró una bombilla estropeada en la zona oscura del final del pasillo y la cambió. De pronto, la oscuridad se iluminó y Erlendur saltó de la silla.
Al principio no vieron nada que les llamara la atención, pero luego Eva Lind señaló a su padre lo cuidadosamente limpio que parecía aquel rincón en comparación con el resto del pasillo. Erlendur asintió. Era como si alguien se hubiera dedicado a limpiar hasta la más mínima mancha del suelo, e incluso hubiera fregado las paredes.
Erlendur se puso en cuclillas y examinó el suelo con detenimiento. Los tubos del agua caliente pasaban junto a la pared cerca del suelo, y se puso a cuatro patas para mirar bajo los tubos y entre ellos.
Eva Lind lo vio detenerse y pasar la mano bajo los tubos para coger algo que le había llamado la atención. Se puso en pie, se acercó a ella y le enseñó lo que había encontrado.
– Al principio creí que era una gran caca de rata -dijo sosteniendo un pequeño objeto marrón entre los dedos.
– ¿Qué es? -preguntó Eva Lind.
– Es una bolsita -dijo Erlendur.
– ¿Una bolsita?
– Sí, con tabaco de mascar, del que se pone por debajo del labio. Alguien ha tirado o escupido su tabaco en el pasillo.
– ¿Quién? ¿Quién ha estado en el pasillo?
Erlendur miró a Eva Lind.
– Alguien que es más puta que yo -dijo.
Vísperas De Navidad
30
Le informaron de que Ösp estaba trabajando en la planta de encima de su habitación y subió por la escalera después de tomar café y pan con mantequilla en el bufé del desayuno.
Se puso en contacto con Sigurdur Óli para que averiguara cierta información que necesitaba y llamó a Elínborg para saber si se había acordado de hablar con la mujer con la que Stefanía dijo haber tenido una cita en el hotel el día que la grabaron con las cámaras de vigilancia. Elínborg no estaba en su casa y no contestó al móvil.
Erlendur se había pasado la noche despierto, metido en la cama, en total oscuridad. Cuando por fin se levantó, miró por la ventana del hotel. Este año sí que habría navidades blancas. Se había puesto a nevar en serio. Lo vio a la luz del alumbrado de la calle. La nieve, al caer, entraba en los conos de luz de las farolas y formaba una especie de telón muy apropiado para la víspera de Navidad.
Eva Lind se despidió en el pasillo del sótano. Iría a verlo a su casa esa misma noche, Nochebuena. Pensaban cocinar tasajo ahumado, y al despertar, Erlendur se puso a pensar en qué podría ofrecerle como regalo de Navidad. Siempre le había regalado chucherías sin importancia cuando iba a pasar las navidades a su casa, y ella le regalaba calcetines, que confesaba haber robado, y en una ocasión unos guantes, que dijo haber comprado, y que él no tardó mucho tiempo en perder. Ella nunca le preguntó por ellos. Quizá lo que más le gustaba de su hija era que nunca preguntaba nada que no fuera realmente importante.
Sigurdur Óli le devolvió la llamada con las informaciones solicitadas. No eran gran cosa, pero sí suficiente. Erlendur no sabía exactamente lo que estaba buscando, pero le pareció conveniente verificar su hipótesis.
Miró cómo trabajaba, igual que hizo la otra vez, hasta que ella se percató de su presencia. No le dio la impresión de que se sobresaltara lo más mínimo al verlo.
– ¿Ya estás levantado? -dijo la muchacha, como si fuera el huésped más dormilón de todo el hotel.
– No podía dormir -dijo Erlendur-. En realidad me pasé toda la noche pensando en ti.
– ¿En mí? -dijo Ösp, metiendo un montón de toallas en el cesto de ropa sucia-. Espero que no fueran guarrerías. Ya he cubierto mi cupo de guarrerías en este hotel.
– No -dijo Erlendur-. Nada de guarrerías.
– El Gordo me preguntó si te había estado metiendo gilipolleces en la cabeza. Y el cocinero me gritó como si estuviera robando de su bufé. Saben que hemos hablado tú y yo.
– De una forma u otra, en este hotel todo el mundo lo sabe todo sobre todo el mundo -dijo Erlendur-. Pero luego, en realidad, nadie dice nada sobre nadie. Es muy difícil tratar con gente así. Como tú, por ejemplo.
– ¿Como yo? -Ösp entró en la habitación que estaba arreglando y Erlendur la acompañó como la vez anterior.
– Tú le dices a uno todo lo que sabes y uno se cree hasta la última palabra porque pareces sincera y parece que dices la verdad, pero luego resulta que solo has contado una pequeña parte de lo que sabes, lo que también es una forma de mentira. Muy seria, sobre todo para nosotros. Para los maderos. Ese tipo de mentira. ¿Sabes de lo que te estoy hablando?
Ösp no respondió. Estaba concentrada en cambiar las sábanas. Erlendur la observó. No era capaz de saber en qué estaba pensando. Hacía como si él no estuviera en la habitación. Como si se lo pudiera quitar de encima simplemente haciendo como si no existiera.
– Por ejemplo, no me dijiste que tenías un hermano -dijo Erlendur.
– ¿Por qué iba a decírtelo?
– Porque tiene un problema.
– No tiene ningún problema.
– No conmigo -dijo Erlendur-. Yo no le he causado ningún problema. Pero tiene un problema y a veces acude a su hermana, cuando necesita ayuda.
– No tengo ni idea de adonde quieres ir a parar -dijo Ösp.
– Te lo voy a decir. Ha estado en prisión dos veces, no mucho tiempo, por asalto y robo. Algunas cosas se saben, otras no, naturalmente, como siempre. Es un caso típico de pequeño delincuente que actúa cuando necesita dinero. Un caso típico de drogadicto que roba cuando se le acumulan las deudas. Consume las drogas más caras y nunca tiene suficiente dinero. Pero los traficantes no se andan con chiquitas. Le han pegado más de una paliza. Una vez le amenazaron con romperle la rodilla a mazazos. Así que tiene que hacer otras cosillas, además de robar para conseguir la droga. Para pagar sus deudas.
Ösp dejó la ropa de cama.
– Utiliza diversos métodos para cubrir sus necesidades -dijo Erlendur-. Probablemente ya lo sabes. Como hacen todos esos chicos. Los chicos que son yonquis sin remedio.
Ösp no respondió.
– ¿Comprendes lo que te estoy diciendo?
– ¿Fue Stína quien te contó todo eso? -dijo Ösp-. La vi ayer en el hotel. La he visto muchas veces por aquí, y si aquí hay una puta, es ella.
– Ella no me contó nada de esto -dijo Erlendur, que no estaba dispuesto a permitir que Ösp cambiara de tema-. No hace mucho tiempo que tu hermano estuvo en el pasillo del sótano donde vivía Gudlaugur. Incluso es posible que haya estado allí después del crimen. En lo más profundo del pasillo reina la oscuridad y allí no va nadie. Es posible que haya estado allí hace poquísimo tiempo. Aún queda el olor que dejó, un olor que reconocen los que entienden de eso. Los que entienden de fumar hachís, tomar speed y pincharse heroína.
Ösp se quedó mirándolo. Erlendur no tenía muchos elementos cuando fue a verla. Solo que aquel rincón del pasillo había sido fregado con mucho esmero, pero en el rostro de la joven vio que lo que le había dicho no andaba muy desencaminado. Se preguntaba si debería arriesgarse un poco más. Estuvo un momento sin saber qué hacer hasta que se decidió a intentarlo.