Las naves del tiempo [The Time Ships - es]
- Автор: Бакстер Стивен М.
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6788-4
- Переводчик: Pedro Jorge Romero
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Las naves del tiempo [The Time Ships - es]». Краткое содержание книги:
—Bien…
—El pobre Wallis no puede acostumbrarse a mi hábito de escribir y reescribir mi correspondencia —me dijo Gödel—. En ocasiones escribo doce borradores e incluso más, y aun así acabo abandonando la carta por completo, como ha visto. ¿Es eso raro? Bien. ¡Que así sea!
—Debe de tener algunas dudas sobre haber abandonado su hogar —dije.
—Ninguna. Ninguna. Debía alejarme de Europa —me dijo en una voz baja como la de un conspirador.
—¿Por qué?
—Por el Káiser, por supuesto.
Barnes Wallis me lanzó una mirada de advertencia.
—Tengo pruebas —me dijo Gödel intensamente—. Tomé dos fotografías, una de 1915 y otra de este año, del hombre que pretende ser el Káiser Wilhelm. Si mide la longitud de la nariz y calcula la proporción con la distancia desde la punta de la nariz hasta la barbilla, descubrirá que es diferente.
—Yo… ah… ¡Gran Scott!
—Sí, y con ese simulacro en la jefatura, ¿quién sabe hacia dónde va Alemania? ¿Eh?
—Eso —dijo Wallis con rapidez—. De cualquier forma, no importan los motivos, estamos contentos de que aceptase nuestra oferta, de que eligiese Gran Bretaña como su hogar.
—Sí —dije—, ¿no podía haber buscado algún lugar en América?. Quizás Princeton, o…
Pareció sorprendido.
—Supongo que podría. Pero sería por completo imposible. Por completo imposible.
—¿Por qué?
—¡Por la constitución, por supuesto! Y se lanzó a un largo monólogo sobre cómo había descubierto un fallo lógico en la constitución americana que podría permitir la creación legal de una dictadura en aquel país.
Wallis y yo lo aguantamos sentados.
—Bien —dijo Gödel cuando terminó—, ¿qué opina?
Recibí más miradas severas de Wallis, pero decidí ser honesto.
—Su lógica es impecable —le dije—, pero su uso me parece de lo más extravagante.
Bufó.
—Bien, ¡quizá!, pero la lógica lo es todo. ¿No opina así? El método axiomático es muy potente. —Sonrió—. También tengo una prueba ontológica de la existencia de Dios, bastante sólida por lo que veo, y con antecedentes honorables que se remontan ochocientos años en el pasado hasta el arzobispo Anselmo. Verá…
—Quizás en otro momento, profesor-dijo Wallis.
—Ah… sí. Muy bien. —Nos miró alternativamente, su mirada era penetrante y desconcertante—. Vaya. El viaje en el tiempo. Le tengo mucha envidia, ¿sabe?
—¿Por mis viajes?
—Sí. Pero no por todos esos tediosos saltos por la historia. —Sus ojos eran acuosos; brillaban bajo la potente luz eléctrica.
—Entonces, ¿por qué?
—Por la posibilidad de ver los otros mundos… las otras posibilidades… ¿me entiende?
Sentí un escalofrío; su comprensión era extraordinaria, casi telepática.
—Dígame qué quiere decir.
—La realidad de otros mundos, que contienen un significado más allá de nuestra breve existencia, me parece evidente. Cualquiera que haya experimentado la emoción del descubrimiento matemático debe saber que las Verdades matemáticas tienen existencia independiente de las mentes que las albergan… que las Verdades son fragmentos de pensamiento de una Mente superior…
Mire: nuestras vidas, aquí en la Tierra, tienen un sentido dudoso. Por tanto, su verdadero significado debe estar fuera de este mundo. ¿Me sigue? Hasta aquí es pura lógica. Y la idea de que todo en el mundo tiene un significado último es el análogo exacto del principio de que todo tiene una causa, un principio sobre el que descansa toda la ciencia.
»Se sigue inmediatamente que en algún lugar más allá de nuestra historia está el Mundo Final, el mundo en el que todos los significados están claros.
»El viaje en el tiempo, por su propia naturaleza, produce la perturbación de la historia, y por tanto genera, o descubre, mundos distintos a éste. Por tanto, la tarea del viajero en el tiempo es buscar, seguir buscando hasta que encuentre el Mundo Final.
Para cuando dejamos a Gödel, mi mente corría como loca. Decidí no volver a reírme jamás de los filósofos matemáticos, ¡ya que ese extraño hombrecillo había viajado más en el Tiempo, el Espacio y la Comprensión, sin salir de su despacho, que yo en la Máquina del Tiempo! Y sabía que pronto debería visitar nuevamente a Gödel… ¡estaba convencido de que había visto un frasco de plattnerita dentro de una de las cajas!
11. EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
Me llevaron a nuestros alojamientos a las seis. Entré lanzando bolas y me encontré al resto en la sala de estar. El Morlock todavía seguía estudiando sus notas —parecía intentar reconstruir la ciencia futura de la Mecánica Cuántica por completo a partir de su memoria imperfecta—, pero se enderezó en cuando entré.
—¿Lo encontró? ¿Gödel?
—Sí. —Le sonreí—. Y… ¡sí!… tenía usted razón. —Miré a Filby, pero el pobre tipo estaba dormido sobre una revista y no podía oírnos—. Creo que Gödel tiene algo de plattnerita.
—Ah. —Como siempre, el rostro del Morlock era inexpresivo, pero golpeó con un puño en la otra mano en un gesto muy humano—. Entonces hay esperanza.
Moses se me acercó; me alcanzó un vaso que resultó ser de whisky con agua. Bebí agradecido, ya que el día había sido tan cálido como la mañana.
Moses se me acercó algo más, y los tres inclinamos las cabezas para hablar en privado.
—Yo también he llegado a una conclusión —dijo Moses.
—¿Qué es?
—Que debemos salir de aquí, ¡por cualquier medio!
Moses me relató su día. Aburrido de su encierro, había empezado a hablar con uno de los guardias soldados. Algunos eran soldados rasos, pero otros eran oficiales; y todos los destinados a protegernos o a atender otras necesidades de aquel campus científico eran por lo general inteligentes y educados. Parece que Moses les había caído bien, y le habían invitado a un hostal cercano —el Queen's Arms en Queen's Gate Mews— y más tarde habían ido al West End. Después de varias bebidas, aquellos jóvenes disfrutaban discutiendo sus ideas —y los conceptos del nuevo estado moderno— con aquel extraño del pasado.
Por mi parte, me agradaba que Moses estuviese deshaciéndose de su timidez, y que mostrase interés por el mundo en que nos encontrábamos. Escuché con fascinación lo que tenía que decir.
—Esos jóvenes son agradables —dijo Moses—. Competentes, prácticos, y claramente valientes. ¡Pero sus puntos de vista…!
El gran concepto del futuro —había descubierto Moses— era la planificación. Cuando llegase el estado moderno, establecido por la victoriosa Gran Bretaña y sus aliados, un Control del Aire y el Mar tomaría posesión efectiva de todos los puertos, minas de carbón, pozos de petróleo, estaciones energéticas y minas. De la misma forma, un Control de Transportes se apropiaría de los astilleros del mundo y haría que dejasen de producir naves de guerra para pasar a fabricar barcos de carga de acero. El Control de Suministros Aliado organizaría la producción de hierro, acero, goma, metales, algodón, lana y sustancias vegetales. Y el Control de Alimentos…
—Bien —dijo Moses—. Ya coges la idea. El fin de la propiedad; todos los recursos serán propiedad del nuevo Estado Mundial Unido-Se hará que los recursos mundiales cooperen juntos, finalmente, para reparar la tierra castigada por la guerra, y más tarde, para la mejora de la humanidad. Todo planificado por una Hermandad sabia y omnisciente, ¡que se elegirá a sí misma!
—Exceptuando eso último, no suena tan mal —comenté.
—Puede… pero esa planificación no se detiene en los recursos físicos del planeta. Incluye también los recursos humanos.