Reunion in Death Traducido
- Автор: Робертс Нора
- Серия: Eve Dallas and husband Roarke #16
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
– De acuerdo, y gracias.
– Sala de Tratamiento tres. -agregó y salió.
Cuando él entró unos pocos minutos después, Eve estaba tratando y fallando en la tarea de ponerse las botas. -Cuando pueda ponérmelas, las voy a usar para patearte las bolas hasta la garganta.
– Querida, no es momento de pensar en sexo. -Fue hacia la mesa de examen, levantándole la barbilla con un dedo. La mejilla derecha era una pesadilla de moretones que iban palideciendo. El ojo derecho era una rendija hundida en una hichazón rojiza. Su boca estaba despellejada.
– Teniente. -El la besó en la frente. -Has sido verdaderamente golpeada.
– Los dejaste que me dieran drogas.
– Lo hice.
– Y que me arrastraran hasta aquí.
– Culpable. -Deslizó los dedos por la parte de atrás de la cabeza, midiendo cuidadosamente el chichón. -Tu cabeza tal vez sea dura, pero todo tiene sus límites. Y déjame decirte que perdí la mía cuando te vi yaciendo ahí, golpeada y sangrando.
– Peabody se va ir a freír por haberte llamado.
– No lo hará. -En esa sencilla declaración la voz de él se volvió firme y con mandato. -Ella se ha estado paseando con sus pobres pies doloridos, preocupàndose por ti. Así que te vas tranquilizar con ella.
– Me dices mi trabajo ahora?
– No, sólo apelo a tu corazón. Ella cree que si hubiera sido más rápida, tú no estarías aquí ahora.
– Eso es una mierda. Yo iba adelante, pero ella mantenía la persecución, aún con esos zapatos idiotas.
– Exactamente. Tú no sabes que medida calza?
– Huh?
– No importa, me voy a ocupar de eso. Lista para ir a casa?
Ella se bajó de la mesa, pero no objetó tener la mano de él sosteniéndola. -Donde está mi helado?
– No te portaste bien, así que no hay trato.
– Eso es mezquino.-
Se puso furiosa cuando se enteró que él había llamado a Louise, pero cuando sopesó eso contra la posibilidad de que Roarke enlistara a Summerset en el equipo de los TM, fue más fácil de tragar.
Especialmente cuando Louise entró en el dormitorio llevando un enorme bol de helado con trozos de chocolate.
– Dame eso.
– Lo tendrás despúes de que me des tu palabra de que no me vas dar problemas durante el examen.
– Ya tuve un examen.
Sin decir nada, Louise tomó una cucharada y le deslizó entre sus labios.
– Okay, okay. Diablos. La mano fuera del helado y nadie saldrá lastimado.
Louise le pasó el bol, y se sentó en la cama, apoyando su maletín médico en el regazo. Frunció los labios mientras estudiaba el rostro de Eve. -Ouch. -dijo.
– Esa es tu opinión médica, doc?
– Es un comienzo. Por lo que se ve, diría que tienes suerte de no tener roto el pómulo.
– Yo sabía que éste era mi día de suerte. No está tan mal ahora. -agregó con la boca llena de chocolate. -Esas vendas frías pican como la mierda, pero funcionan. Roarke se puso loco con esto y es más grande que yo. Así que si me dejas entonces puedo levantarme y hacer un poco de trabajo…
– Seguro. -Louise le indicó con gestos que lo hiciera.
Sospechando, Eve sacó sus piernas fuera de la cama, tratando de pararse sobre ellas. Lo hizo por alrededor de tres segundos antes de que su cabeza y empezara a girar. Louise atrapó el bol de helado con las manos cuando Eve se derrumbó en la cama.
– Buen médico eres tú.
– Sí, lo soy, y eficiente. Esto nos evitó a ambas un rato de discusión.
Ofendida, Eve frunció sus labios doloridos. -No creo que sigas agradándome.
– No se como voy a seguir con mi vida sabiendo eso. Te vas a quedar aquí hasta que yo diga otra cosa. – Sacó una palm de su bolso, y pidió la copia de la carta médica de Eve. -No sabes cuanto tiempo estuviste inconsciente?
– Como demonios podría saberlo? Estaba inconsciente.
– Buen punto. Voy a hacer algunos escaneos, y darte una segunda ronda de vendas frías. Puedo darte algo para la incomodidad.
– No quiero químicos. El trato se acaba si sacas una jeringa.
– Esta bien. Prefiero no darte nada con la conmoción. Vamos a usar bloqueadores externos para aflojar ese enorme dolor de cabeza que debes tener.
Volvió a buscar en su bolsa, respondiendo con un “entre” al llamado a la puerta del dormitorio.
– Discúlpeme. -Sam se paró en el umbral. -Roarke dijo que podía subir si podía ser de alguna ayuda.
– Usted es médico? -preguntó Louise.
– No, no soy médico. Soy Sam, el padre de Delia.
– Estamos bien aquí. -dijo Eve cuidadosamente, y puso a un lado el bol. -Ella está haciendo lo que debe hacer.
– Si, por supuesto. -El retrocedió torpemente.
– Un sanador entonces? -preguntó Louise, estudiándolo con interés.
– Soy un sensitivo. -Su mirada fue atraída por el rostro de Eve, y la pena por el dolor creció en él.
– Empático?
– Un poco. -El desvió sus blandos ojos hacia Louise, sonriendo. -Los médicos raramente tienen algún interés en sensitivos o empaticos.
– Me gusta mantener mi mente y mis opciones abiertas. Louise Dimatto. -Se levantó y bajó de la plataforma y le ofreció la mano. -Encantada de conocerlo, Sam.
– Porque ustedes dos no van a tomar un trago abajo. -dijo Eve secamente. -Para conocerse.
– Infortunadamente… -Louise miró hacia atrás sobre su hombro. -No puedo decir que su rudeza sea el resultado de sus heridas. Ella nació de esa forma. Obviamente un defecto genético más allá del alcance de la ciencia médica.
– Si no puedes ser rudo en tu propio dormitorio, entonces donde? -Eve levantó el bol de nuevo, excavando en él.
– Puedo tener una palabra en privado con ella? -preguntó Sam.
– Seguro. Voy a estar afuera.
Cuando quedaron solos, Sam fue hacia el lecho. -Usted tiene un considerable dolor.
– He estado peor.
– Sí, estoy seguro de que lo ha estado. -Se sentó en el costado de la cama. -Usted no quiere bloqueadores químicos, y aunque estoy seguro de que la Dra. Dimatto puede aliviarle algo del dolor externamente, yo puedo hacer más. No va suceder otra vez, Eve. -dijo antes que ella pudiera hablar. -Porque estoy preparado. Sé que no está segura de que pueda confiar en eso, pero puede hacerlo. No le miento, y no se lo ofrecería si no pudiera asegurarle su privacidad.
Ella empujó la cuchara en el helado. No, él no mentiría. -Puede hacer que me levante más rápido?
– Lo haré, especialmente en conjunción con el médico.
– Okay. Vamos a hacerlo. Tengo que trabajar.
Era mortificante que ni el sanador y la médica se hubieran molestado en mencionar que tenía que desnudarse hasta la piel para el examen y tratamiento. Ellos discutieron su anatomía como si fuera un droide científico en un laboratorio, hasta que finalmente ella cerró los ojos en defensa. Se estremeció ante el primer toque de dedos, ante la propagación de frescura, y luego tibieza a lo largo del corte de la cadera, que había chocado rudamente contra el pavimento dos veces.
La palma de otra mano presionó su mejilla herida, y ella apretó los dientes. Pero el ardor pasó, y se sintió flotando. No como lo hacían los bloqueadores que era como una mareante vuelta en un carrusel, sino como vagar sin peso en una nube.
Podía escucharlos hablando, pero sus voces eran insustanciales.
– Se está durmiendo, -dijo Louise suavemente. -Usted es muy bueno.
– Su cadera le está causando mucho dolor. La mayoría de las personas estarían gritando.
– Ella no es como la mayoría de las personas, no? Si usted se ocupa de eso, yo me encargo del golpe en la cabeza, Creo que podemos reducir la hinchazón un poco más.