Reunion in Death Traducido
- Автор: Робертс Нора
- Серия: Eve Dallas and husband Roarke #16
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
Mira mantuvo sus manos juntas en su regazo, su cuerpo rígido. -Crees que te haría pasar por eso? Conociéndote, entendiendo las circunstancias, que yo usaría esta confidencia y jugaría con el reglamento? Pienso que tú y yo tenemos más que eso.
Ella escuchó el dolor, y el desacuerdo, y tuvo que enfrentarlo. -Tal vez estoy más sacudida de lo que pensaba. Lo siento. -Presionó sus manos contra las sienes. -Maldita sea.
– Oh, Eve. -Mira se levantó, pero cuando se acercó, Eve dio un rápido paso al costado.
– Sólo necesito recuperar un poco de control. Enfocarme en el trabajo, y poner esto… Me estaba entrenando, -soltó- Entrenándome para venderme a otro hombre. -Lentamente bajó sus manos y miró el rostro de Mira. -Tú sabías.
– Lo sospechaba. Era un horrible presentimiento. El podía haberse movido rápido, fácil y barato sin ti. No le servías para un propósito real. Por lo que sé, lo que has podido decirme, no era un pedófilo común. Tenía relaciones con mujeres normalmente. Tú eras la única niña de la que él abusaba por lo que sabemos. Y si las niñas eran lo que quería, podía habérselas proporcionado sin el inconveniente de tener una bajo los pies todo el tiempo.
– Me mantenía encerrada. Es como entrenas algo, lavándole el cerebro. Lo mantienes encerrado, totalmente dependiente de ti. Lo convences de que no hay elección más que quedarse ahí porque cualquier otra cosa afuera es peor. Lo mantienes hambriento, incómodo, y atemorizado, mezclado con pequeñas recompensas. Lo castigas con severidad y rapidez por cualquier infracción, y lo acostumbras a cualquier tarea que quieras que haga. Lo obligas con miedo, y es tuyo.
– Tú nunca serás como él. Con todo lo que él hizo, por todos esos años, nunca te alcanzó realmente.
– Nunca se fue tampoco. -dijo Eve. -Tengo que vivir con eso también. Como lo hará Roarke. Esto lo desestabilizó, tal vez más que a mi. Estamos bien, pero… diablos, le estalló en la cabeza.
– Te gustaría que hable con él?
– Sí. -La tensión que martilleaba en la base de su cuello cedió. -Sí, sería bueno.
Apenas volvió a encerrarse en su oficina, agregó los comentarios de Mira al archivo de Julianna Dunne. Eso le dio tiempo para tranquilizarse y actualizar y copiar todos los nuevos datos para su equipo y su comandante.
Cuando terminó y escuchó fuera de la oficina el parloteo general que indicaba el cambio de turno, se programó una última taza de café y fue a beberlo junto a la ventana.
El tráfico, visto de arriba, pensó ella, era una mierda.
En una pequeña oficina cruzando la atascada calle y cielo, Julianna Dunne estaba sentada ante un escritorio de metal de segunda mano. La puerta en la que se leía el nombre de Empresas Daily estaba con cerrojo. La oficina consistía en una habitación que era poco más que una caja y un baño del tamaño de un armario. Los muebles eran escasos y baratos. No veía razón para que su alter ego de Justine Daily, bajo el cual el acuerdo de renta había sido firmado, tuviera gastos elevados.
No se iba a quedar ahí mucho tiempo.
El alquiler era tan caro como podía serlo, y el baño perdía constantemente. La delgada y desgarrada alfombra olía mal.
Pero la vista era preciosa.
A través de sus binoculares tenía una vista perfecta de la oficina de Eve, y de la teniente misma.
Tan sobria, tan seria, reflexionó. Tan dedicada y devota, rindiendo culto en el altar de la ley y el orden. Un verdadero desperdicio.
Todo ese cerebro, esa energía, ese propósito, al servicio de una placa. Y un hombre. Bajo diferentes circunstancias, ellas hubieran hecho un equipo asombroso. Pero no era así, pensó Julianna con un suspiro, se habían hecho adversarias desafiantes.
Ocho años y siete meses le habían dado a Julianna abundante tiempo para examinar sus errores, rehacer sus movimientos. No dudaba en su mente que ella hubiera sido más lista que los policías, los masculinos, y gastado esos ocho años y siete meses haciendo lo que adoraba hacer.
Pero una mujer era una bestia de presa. Y la entonces recientemente promovida Detective Dallas había sido seguidora ciertamente. Implacablemente.
Más aún, no había tenido la normal cortesía de reconocer a su oponente sus victorias y méritos.
Pero ahora las cosas eran diferentes. Ella misma había cambiado. Era físicamente fuerte, mentalmente clara. La prisión tendía a afilar los excesos. Durante el mismo tiempo sabía que Eve había afilado los suyos también. Pero había una diferencia vital entre ellas, un defecto esencial en la policía.
Ella se preocupaba. Por las víctimas, por sus amigos policías, por la ley. Y lo más importante, por su hombre.
Era ese defecto, en lo que Julianna consideraba una máquina casi perfecta, lo que podía destruirla.
Pero no todavía. Julianna puso los binoculares a un lado, controlando su unidad de muñeca. Ahora era el momento de un poco de diversión.
Eve chocó con Peabody justo fuera de la guarida de detectives.
– Teniente. Pensé que estabas en Texas.
– Estaba. Acabo de regresar. Tienes nuevos datos esperando. Dejaste el uniforme, Oficial -agregó cuando notó el vestido negro de coctél de Peabody y los tacones de una milla de alto.
– Sí, tengo una salida. Me cambié aquí. Iba para tu casa, en realidad, para recoger a mis padres. McNab nos invitó a una cena de lujo. No quiero pensar lo que significa eso. El no es lujos, y estoy casi segura de que está asustado de ellos. No son de cenas lujosas, mis padres. Quieres que le diga algo sobre el caso?
– Lo dejaremos para mañana. Haremos una conferencia en mi oficina en casa. A las ocho.
– Seguro. Tú, ah, te vas a casa ahora?
– No, pensaba ir a Africa por una hora y ver las cebras.
– Ja, ja. -Peabody trotó detrás de ella lo mejor que pudo con los zapatos de coctel. -Bueno, sólo estaba pensando que podría aprovechar el paseo, ya que vamos al mismo lugar y enn el mismo tiempo.-
– Vas a Africa, también?
– Dallas.
– Sí, sí, seguro. -Se abrió paso a codazos en el atestado elevador y recibió maldiciones de todos lados.
– Te ves un poco desvaída. -comentó Peabody cuando aprovechó la distración y se metio a duras penas.
– Estoy bien. -Escuchó el toque de irritación en su propia voz e hizo el esfuerzo de aflojarse. -Estoy bien. -repitió- Un día largo, es todo. Le dedicaste tiempo a Stibbs?
– Sí, señor. -El elevador se detuvo y una cantidad de pasajeros fue expulsada como corchos fuera del apretado cuello de una botella. -Estaba esperando para hablar contigo sobre eso. Me gustaría traerla para una entrevista formal mañana.
– Estás lista para hacerlo?
– Creo que sí. Si. -se corrigió. -Estoy lista. Hablé con algunos de los primeros vecinos. La sospechosa no tenía una relación en marcha. Tuvo una, pero rompió unas pocas semanas después de haberse mudado al mismo edificio de los Stibbs. Cuando una de las testigos lo recordó, me dijo que no se había sorprendido de que Boyd Stibbs se casara con Maureen. Como Maureen se había movido hacia él, tan rápido, después de la muerte de su esposa. Llevándole comidas, acomodándole el departamento, ese tipo de cosas.
El elevador se detuvo ocho veces, vomitando pasajeros, levantando más.
Un detective de Ilegales, encubierto como un durmiente de la calle, se arrastró dentro totalmente vestido con trapos manchados con lo que parecían variados fluídos corporales. El hedor era espeluznante.
– Jesús, Rowinsky, porque no usas un maldito deslizador o al menos te paras a favor del viento?
El sonrió, mostrando dientes amarillentos. -Realmente logrado, no? Es pis de gato, con un poco de jugo de pescado muerto. Más aún, no me he bañado en una semana, así que el olor corporal es tremendo.