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Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone llegó a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<¡Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumpleaños. Y, aunque no tenía idea de la fiesta que le habían organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entregó una copa de champán. Y un sorbo del burbujeante líquido después… Walter estaba muerto.
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
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– Puedo ayudar en algo?

Roarke. Ante el sonido de su voz, Eve forcejeó para volver a la superficie.

– No, shh. Quédate ahí. -le dijo él. -Estoy aquí.

Porque él estaba, ella se dejó ir otra vez.

Cuando volvió a despertarse, estaba oscuro. Por un terrible momento pensó que se había quedado ciega. Mientras trataba de sentarse, vió moverse una sombra y supo que era él. -Que hora es?

– Tarde. -El se sentó en el costado de la cama. -Tienes que descansar. Luces, diez por ciento.

El leve brillo la inundó de alivio. Lo bastante para no saltar hacia él, cuando se acercó para examinarle las pupilas. -Que día es?

– Depende. Es antes o después de la medianoche?

– Chica lista.

– Sé donde estoy y enn que día. Y que tenemos un aniversario en un par de días. Y, Carlo, yo nunca te amé más que ahora.

– Yo siento exactamente lo mismo, Miranda. -El le tocó la frente con los labios, una delicada forma de controlar si tenía fiebre. -Si te sientes mejor tal vez pueda hacer entrar a los niños. Carlo junior, Robbie, Anna y la pequeña Alice están ansiosos por ver a su mamá.

– Tratando de asustar a una inválida. Eres un bastardo vicioso.

– Vuelve a dormir. -El le tomó la mano y la llevó a su cara, frotándola contra su mejilla.

– Lo haré si tú lo haces. No voy a dormir contigo merodeando alrededor y husmeando sobre mi.

– Quiero que sepas que yo estaba valientemente parado observando a mi amada conmocionada. -Se deslizó junto a ella, y le hizo apoyar la cabeza gentilmente en su hombro. -Duele?

– Un pequeño dolor, tal vez. Nada mayor. Hey, recuerdas? Me golpearon en la cara justo antes de nuestra boda. Ahora es como una tradición.

– Y únicamente nuestra. Quédate quieta ahora, y duerme.

Ella cerró los ojos. -Roarke?

– Hmm?

– Ya casi la tenía.

La siguyiente vez que despertó, la habitación estaba oscura. Perdió los primeros veinte segundos preocupándose por si esta vez se había quedado ciega, luego se imaginó que él había bajado las pantallas de sol en todas las ventanas, incluyendo la claraboya sobre la cama.

Okay, entonces su mente no estaba muy aguda todavía. Se quedó acostada e hizo un inventario mental de los dolores y molestias. No estaba tan mal considerandolo, decidió, y cuando se sentó cautelosamente se alegró no tener violentas palpitaciones o desorientadores mareos.

Se movió pulgada a pulgada hacia el borde de la cama, plantando los pies en el piso. Después de tomar aliento, se puso de pie. La habitación se meció un poco, pero se detuvo rápidamente. Sentía la cabeza como si se la hubieran apretado en un torno, pero al final nadie estaba apretando los tornillos.

Estaba desnuda, por lo que frunció el ceño al mirar hacia abajo, al moretón del tamaño del Arena Ball de sus costillas, la despellejada y maltratada área en su cadera. Ambos moretones eran de miserablemente desteñido gris y amarillo, y eso era un buen signo. Bien por el equipo de sanadores, decidió, y luego testeó su hombro.

Rígido, pero no dolorido. Volvió la cabeza para examinar también el impresionante moretón en esa área.

Roarke salió del elevador. -No tenías que levantarte sin autorización.

– Quien dijo?

– El sentido común, pero cuando has escuchado tú a ese individuo en particular?

– Quiero una ducha.

– Tan pronto como Louise te vea. Va a subir en un minuto. Estaba desayunando.

– Tengo una conferencia a las ocho.

– Reprogramada para las nueve. -El tomó una bata del armario de ella. -Tentativamente.

Ella le arrebató la bata y hubiera pasado los brazos por ella si su hombro hubiera colaborado. En cambio se envolvió en ella. Pero cuando intentó pasarlo, él giró para bloquearla.

– Adonde vas?

– A orinar -chasqueó ella. -Está permitido?

– Incluso recomendado. -Divertido, él vagó hacia el AutoChef mientras ella marchaba hacia el baño adjunto. Contó los segundos, y pensó que podía llegar hasta ocho.

– Santa mierda!

– Siete. -murmuró él. Ella se había movido más rápido de lo que esperaba. -Deberías haberte visto hace unas pocas horas atrás. -Entró detrás de ella y se detuvo mientras se miraba su rostro en el espejo.

La misma deprimente combinación de gris y amarillo con un toque de verde como la que había encontrado en su cadera y costillas, florecía sobre todo el costado derecho de su rostro. Había un estampado jaspeado, un poco endurecido, a lo largo del borde del pómulo y alrededor del ojo donde su piel se había deshinchado y se había aflojado como un balón desinflado. El cabello brincaba en desprolijas puntas, formadas por sudor y sangre, se imaginó.

Su labio inferior parecía sensible, y cuando puso un dedo sobre él, encontró que se sentía en la misma forma.

– Hombre, él realmente me acertó.

– Debe ser porque tenía una mano como un tren bala.

– Era un tipo enorme. -recordó, volviendo la cabeza un poco para estudiarse el perfil. No era mejor que la vista completa. -Odio que me golpeen en la cara. La gente siempre se te queda mirando y haciendo comentarios cretinos: Oh, corriste contra un muro? Wow, diablos, eso duele?

El tuvo que reir. -Sólo tú podrías estar más enojada por eso que por el golpe.

– Era un imbécil. No sabía lo que estaba haciendo. La puta me lo mandó, y luego no tuvo las pelotas para enfrentarme.

– Como tú esperabas.

Sus ojos se encontraron en el espejo. -Cuando la agarre, va a pagar por esto. -Eve tocó levemente con los dedos sobre su mandíbula. -Y no se va ver tan jodidamente bonita cuando la meta en una celda.

– Pelea de chicas? Puedo mirar.

– Pervertido. -Ella fue hacia la ducha, y ordenó los chorros a full a temperatura hirviente.

Porque estaba consciente de que ella podía marearse y caer, y porque lo disfrutaba, Roarke apoyó una cadera en el lavabo y observó la ondulante silueta detrás del vidrio.

Volvió la cabeza cuando Louise entró. -Tu paciente está levantada y rondando.

– Ya lo veo. -Apoyando su bolsa en el mostrador, Louise caminó alrededor de la ducha. -Como te sientes esta mañana?

Eve soltó un gemido, girando con su cabello mojado goteando. En defensa, cruzó un brazo sobre sus pechos. -Jesus, vamos.

– Déjame apuntarte que soy un médico, ya te había visto desnuda, y soy además un miembro de la especie que tiene el mismo equipamiento que tú. Sientes algún dolor?

– No. Estoy tratando de tomar una ducha.

– Sigue entonces. Te duele la cabeza?

Eve siseó, luego metió la cabeza bajo el burbujeante rocío. -No.

– Si te sientes mareada, siéntate. Siéntate donde sea que estés. Es mejor que caerse. Problemas de movimiento en el hombro?

Eve lo demostró levantando los brazos y refregando el champú en su cabello.

– Cadera?

Eve meneo el trasero e hizo reir a Louise. -Me alegra ver que te sientes juguetona.

– Eso no es juguetear. Te lo estaba mostrando, lo que se supone es insultante.

– Pero es que tienes un lindo culito.

– Es lo que yo siempre digo. -agregó Roarke.

– Jesús, todavía estás ahí? Vete, váyanse todos. -Se echó el pelo hacia atrás, volviéndose, y lanzó un gritito cuando Peabody entró.

– Hey! Como te sientes?

– Desnuda. Me siento desnuda e invadida.

– La cara no se ve ni la mitad de mal. -Peabody miró alrededor. -Está aquí, McNab, está mucho mejor.

– El entra aquí, -dijo Eve ominosamente- y alguien va a morir.

– Los baños pueden ser verdaderas trampas mortales, -agregó Roarke. -Porque no llevo a Peabody y McNab, y Feeney, -agregó cuando escuchó la voz del capitán de DDE junto a la de McNab, -arriba a tu oficina. Louise puede quedarse hasta que esté satisfecha de que capaz de regresar al trabajo.

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