Reunion in Death Traducido
- Автор: Робертс Нора
- Серия: Eve Dallas and husband Roarke #16
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
– Señor. -Con el rostro enrojecido, sudorosa y jadeando como un perro, Peabody regresó. -Lo lamento. Nunca pude ver ni rastro de ella. Pusimos un red afuera, pero…
– Sí, se esfumó.
– Mejor que te sientes. -Peabody aferró el brazo de Eve cuando se tambaleó. -Voy a llamar a los TM.
– No quiero a los jodidos TM.
– Estás realmente golpeada.
– Te dije que no los quiero. Déjame. -Trató de liberarse, viendo que el rostro preocupado de Peabody se triplicaba. -Ah, mierda. -logró decir, y realmente sintió que sus ojos rodaban hacia atrás en su cabeza antes de desmayarse.
CAPITULO 15
La siguiente cosa que supo fue que estaba acostada en la acera y un par de técnicos médicos estaban inclinados sobre ella.
– Dije que no.
Uno la pasó un sensor sobre la cara. -No se rompió la mandíbula o los pómulos. Suerte. Parece como si la hubieran golpeado en la cara con una bolsa de ladrillos.
– Salgan de aquí.
Ambos la ignoraron, lo que la inquietó mucho. Cuando trató de sentarse, fue enviada de nuevo hacia atrás con indiferencia.
– El hombro esta esguinzado, costillas magulladas. No hay fracturas. Una maldita suerte. Perdió un poco de piel también. Un buen golpe en la cabeza aquí. Cual es tu nombre?
– Dallas, teniente Eve, y si me tocas, te mato.
– Sip, sabe quien es. Como está la visión, teniente?
– Te veo bastante bien, idiota.
– Y mantiene su juvenil y femenino encanto. Sigue la luz. Sólo con los ojos, no muevas la cabeza.
– Dallas. -Peabody se agachó junto a ella. -Estás realmente lastimada. Deja que se ocupen de ti.
– Los llamaste después de que te dije que no lo hicieras. Te voy a levantar en peso por esto.
– Pienso que no dirías eso si pudieras ver lo que pareces.
– Piensa de nuevo.
– La luz, teniente. -El TM la tomó de la mandíbula para mantener su cabeza quieta. -Sigue la luz.
Ella lo maldijo primero, y luego siguió la luz. -Ahora déjame levantarme.
– Si de te dejo levantar, te vas a caer de nuevo. Tienes una conmoción, un hombro fuera de lugar, costillas golpeadas, un corte en la cadera, un surtido de contusiones y laceraciones, agregados a una cara que parece que te hubieras estampado con la parte trasera de un maxibus. Vamos a transportarte al hospital.
– No, no lo harás.
Peabody levantó la vista y soltó un suspiro de alivio. -Yo no apostaría por eso. -comentó y se hizo a un lado cuando Roarke se arrodilló junto a ella.
– Que es ésto? -La irritación se convirtió en pánico. -Peabody, estás cocinada.
– Tranquila. -ordenó Roarke con tan casual confianza que ambos TM lo miraron como si fuese un dios. -Que tan mal está? -demandó.
La descripción de las heridas fue mucho más coherente y profesional, terminando con la recomendación de que la víctima fuera transportada hacia el hospital más próximo para tratamiento y evaluación.
– No voy a ir.
– Irás. -El acarició con sus dedos el maltratado rostro, y un enojo enfermante se instaló en sus estómago. -Necesita algo para el dolor.
– Roarke…
– Crees que no me doy cuenta? -chasqueó, pero se obligó a refrenarse y cambió de táctica. -Sé un soldadito valiente, querida, y deja que estos buenos TM hagan lo que deben. Si eres muy buena, te voy a comprar un helado.
– Te voy a patear el culo por esto.
– Veré que puedas hacerlo.
Ella forcejeó, al ver el destello de una jeringa. -No quiero esa mierda. Me vuelve estúpida. Tomaré una píldora, es todo. Donde está ese chico? Le voy a pisotear toda esa naricita pecosa.
Roarke se inclinó sobre ella hasta que su rostro llenó la visión de ella. -Dejaste que un chico te derribara? -Vió inmediatamente que la pregunta y el tono divertido habían hecho el trabajo. Ella paró de forcejear para mirarlo.
– Escucha, as, maldita sea, maldita sea! -Ella corcoveó cuando sintió el pinchazo de la jeringa.
– Relájate y disfrútalo. -sugirió. Sintió que la tensión se aflojaba en la mano que sujetaba. -Esa es la forma.
– Te crees que eres muy listo. -Cuerpo y mente empezaban a flotar. -Pero eres muy guapo. Tan guapo. Dame un beso. Amo esa boca. Me gusta morderla.
El en cambio le besó la mano fláccida. -Ella no va a darles más problemas.
– Apuesto a que volé diez pies. Iujuu- Ella giró la cabeza a un costado y cambió de blanco. -Hey Peabody! No estás de uniforme. No tienes zapatos.
– Los abandoné en la carrera. Vas a estar bien, Dallas.
– Jodidamente bien. Pero no voy a ir a ningún pobre hospital. No, señor. Me voy a casa. Donde está Roarke? Vamos a casa ahora, sí?
– Finalmente.
– Está bien. -dijo decididamente, y luego se durmió antes de que la cargaran en la ambulancia.
– Se va a poner realmente loca cuando se despierte. -dijo Peabody mientras paseaba por la sala de espera de emergencias.
– Oh, si. -Roarke tableteaba los dedos contra la taza de café. Todavía tenía que beberla. -Hiciste lo correcto, Peabody, llamándome a mi y a los TM.
– Tal vez no deberías mencionar eso cuando ella venga luego y ma saque los pulmones por la garganta. En primer, no sé como pudo hacer la persecución. Ese tipo, era grande como un gorila, y la planchó. Probablemente se descolocó el hombro cuando lo golpeó en la entrepierna. Ahí estaba yo, hurgando por mi arma de repuesto en ese estúpido bolsito, y ella ya lo había derribado y esposado. Yo debería haber sido más rápida.
– Yo diría que fuiste bastante rápida. Como están tus pies?
Ella movió los dedos. Se había despojado de las arruinadas medias en el baño de damas. -Nada que un remojo y un masaje no saquen. Muy mal para los zapatos creo. Eran nuevos y totalmente mágicos. Y aún sin ellos no pude mantenerme a la par de Dallas. Ella es como un rayo.
– Piernas largas. -replicó él y pensó en la sangre que había visto manchando los pantalones de ella cuando estaba tumbada en la acera.
– Si, la hubiera alcanzado de no ser por el chico con el aeropatín. No puedes culparla. Ella… -Se cortó, nerviosa, cuando el médido de emergencias apareció.
– Usted es el esposo? -preguntó el doctor con un gesto hacia Roarke.
– Si. Como está?
– Echando pestes, y creo que tiene algunos planes muy ominosos para usted. Y si usted es Peabody, está incluída en ellos.
– Está bien. -Peabody soltó el aire que retenía. -Es genial.
– Tuvo un duro golpe en la cabeza. Está conmocionada, pero eso aparenta ser lo peor. Le hemos tratado el hombro, pero debería evitar levantar pesos con él o cualquier otra actividad agotadora por un par de días, mínimo. Su cadera va a darle algún problema, y también las costillas. Pero un mínimo de bloqueadores deberían evitarle la incomodidad. Le hemos cosido los cortes, pusimos vendas frías en los golpes, los peores están en la cara. Me gustaría internarla aquí una noche para observación. De hecho, me gustaría mantenerla por cuarenta y ocho horas.
– Puedo suponer cual es la opinión de ella ante la idea.
– Mmm. Un herida en la cabeza de esta naturaleza no es una nadería. Sus otras heridas son lo bastante serias para garantizar una internación. Necesita ser internada y monitoreada.
– Y lo será, pero en casa. Le tiene fobia a los hospitales. Le puedo asegurar que se va a recuperar más rápido y fácil de todo lo que tiene, en casa. Tengo un médico que puedo llamar para asegurarme de eso. Luise Dimatto.
– El ángel de la calle Canal. -El médico asintió. -Le voy a dar el alta, pero voy a darle a usted específicas instrucciones para su observación y cuidado, y me gustaría que la Dra. Dimatto le hiciera un seguimiento.