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Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone llegó a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<¡Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumpleaños. Y, aunque no tenía idea de la fiesta que le habían organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entregó una copa de champán. Y un sorbo del burbujeante líquido después… Walter estaba muerto.
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
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– Hacía un tiempo que no golpeaba tanto. -Flexionó los dedos. -Sólo unos arañazos. Nada roto.

– Deberías haber sido más listo y ponerte guantes.

– Pero pienso que no hubiera sido catártico.

– Nop, no hay nada como golpear algo hasta hacerlo pulpa con tus manos desnudas para la relajación. -Se volvió, enfrentándolo. -Nosotros venimos de gente violenta. Lo llevamos dentro. La diferencia es que no lo dejamos suelto cada vez que sentimos eso, con cualquiera que esté a mano. Hay algo que nos detiene, y eso nos hace decentes.

– Algunos de nosotros son más decentes que otros.

– Respóndeme ésto. Alguna vez has golpeado a un niño?

– Por supuesto que no. Cristo.

– Alguna vez has golpeado o violado a una mujer?

El se sentó, por lo que ella se vió forzada a envolverle le cintura con las piernas. -Estuve pensando en darte un golpe rápido alguna que otra vez. -El cerró su puño, y la tocó gentilmente con sus nudillos lastimados en la barbilla. -Entiendo lo que quieres decir, y tienes razón. Nosotros no somos como ellos. Lo que sea que hayan hecho con nosotros, no pudieron lograr hacernos como ellos.

– Nos hicimos nosotros mismos. Ahora, supongo, nos hacemos el uno al otro.

– El le sonrió. -Eso estuvo bien dicho.

– No me pusieron un nombre. -Soltó un suave suspiro. -Cuando lo recordé, allá atrás, me dolió. Me hizo sentir pequeña e indefensa. Pero ahora me alegra que no lo hicieran. No me pusieron su marca. Y, Roarke, ahora mismo me alegro de haber venido aquí. Me alegro de haber hecho esto. Pero lo que quiero hacer ahora es darle le información a los locales e irme. No quiero quedarme aquí más de lo que deba. Quiero irme a casa esta noche.

El se inclinó hacia ella. -Entonces vamos a casa.

Regresaron a New York lo suficientemente temprano para que ella pudiera decir que necesitaba ir a la Central y hacer que sonara plausible. No pensó que Roarke lo compraría, pero él lo dejó pasar.

Tal vez el comprendía que ella necesitaba el espacio, necesitaba el trabajo. Necesitaba la atmósfera que le recordara quien y que era en el fondo.

Esquivó el cubo de Peabody, se deslizó silenciosamente en su oficina y cerró la puerta. Puso el cerrojo, lo que raramente hacía.

Se sentó en su escritorio y se sintió absurdamente reconfortada por la forma en que el gastado asiento se acomodaba a la forma de su trasero. Un tributo, pensó, a todas las horas que pasaba sentada ahí, haciendo el trabajo, el seguimiento, el papeleo, las transmisiones, los formularios de datos que eran parte del trabajo.

Ese era su lugar.

Se levantó y fue hasta la ventana. Sabía lo que vería, que calles, cuales edificios, incluso el usual atasco de tráfico que formaba parte de ese momento del día.

La parte de ella que todavía temblaba, la parte de ella en la que cada onza quería ir a esconderse junto a Roarke, se calmó un poco más.

Ella estaba donde quería estar, haciendo lo que quería hacer.

Todo lo que había pasado antes, todos los horrores, los miedos, todo eso no la había dirigido hacia aquí? Quien podía decir si ella estaría aquí sin ellos. Tal vez, de algún modo, estaba más dispuesta a vivir por las víctimas porque había sido una.

Si bien eso había funcionado, ella tenía trabajo que hacer. Se volvió, regresó a su escritorio, y trabajó.

Pidió y obtuvo un rápido encuentro con Mira. Saliendo tan silenciosamente como había llegado, fue a la oficina de Mira.

– Pensé que te habías ido por hoy.

Mira hizo gestos hacia uno de sus cómodos sillones inclinados. -Casi. Un té?

– Realmente, esto no va me va a tomar mucho. -Pero Mira ya estaba programando el AutoChef. Eve se resignó a beber el líquido con gusto a flores con el que Mira estaba tan encariñada.

– Tú prefieres café. -dijo Mira por sobre el hombre, -Pero me consientes, lo que yo aprecio. Siempre puedes surtirte de cafeína después.

– Como haces… Estaba pensando como te mantienes andando con esta cosa de hierbas?

– Todo es cuestión de que tu sistema se acostumbre, no? Encuentro que esto me calma la mente, y cuando mi mente está en calma, tengo más energía. O imagino que la tengo, lo cual es casi la misma cosa. -Regresó, ofreciendo a Eve una de las delicadas tazas.

– Enn otras palabras, te mientes a ti misma pensando que estás cargada, cuando no lo estás.

– Es una forma de verlo.

– Una forma interesante. De todas formas, tengo más datos de Julianna Dunne, y quiero dejártelos ahora. No creo que tengamos mucho tiempo antes de que se mueva otra vez. Entrevisté a su padrastro…

– Estuviste en Dallas?

– Acabo de regresar hace una hora. Quiero hacer esto ahora. -dijo Eve tan firmemente que hizo que Mira arqueara las cejas. -Okay?

– De acuerdo.

Relató el contenido de la entrevista, citando solo los hechos dados, trasladándose luego a su discusión con Chuck Springer.

– El primer hombre con el que estuvo sexualmente, era alguien de su misma edad. -comentó Mira- y de clase trabajadora. Y él fue el primero que la rechazó. El último, de acuerdo a lo que sabemos, con el que se permitió dejarse llevar por la lujuria. Ella no olvidará eso.

– Todavía no tuvo objetivos del tipo de Springer. Buscó después tipos como su padrastro.

– Porque estaba segura de poder controlarlos. Ellos le dieron confianza y sus cuentas de banco. Pero está castigando a Springer cada vez que está con otro hombre. Mira esto, mira lo que puedo tener. No te necesito. A lo largo del camino, Springer llegó a ser menos una afrenta personal y más un símbolo. Los hombres son inútiles, mentirosos, charlatanes, débiles y manejables con el sexo.

– Y no sería irritante para ella saber que en el fondo, es la que se maneja con eso.

Mira levantó las cejas, asintiendo en aprobación. -Sí, exactamente. Tú la comprendes muy bien. Springer dijo que habían tenido sexo después que rompiera con ella, después que lo atacara físicamente. Eso solo le muestró que el sexo era la llave, y en su mente, el hombre es una caída fatal. Dejó de enfurecerse, y volvió al negocio usando esa debilidad para su propia satisfacción.

– Eso me cierra. Pero no puedo imaginarme quien va a ser el próximo. Corrí probabilidades con Parker, con Springer y con Roarke. Parker y Springer están cabeza a cabeza, con Roarke más del veinte por ciento detrás de ellos. Confío en tu opinión más que en las computadoras.

– No debe ser Springer. Todavía no. Tal vez juegue con él un poco más, pero pienso que lo va a reservar. Como un gato juega con el ratón antes de matarlo. Su padrastro? Es posible, pero creo que va a esperar por él también. Fue su primera victoria real, un especie de herramienta de práctica. Lo va a reservar a él también.

Mira puso su té a un lado. -Yo creo, a despecho de los resultados de las probabilidades, que debe ser Roarke, o algún otro completamente distinto. Ella no terminó aquí todavía. No terminó contigo.

– Esa es la forma en que lo pensé también. Voy a mantenerlo cubierto, y eso lo va a joder. Pero puede soportarlo. Okay, gracias. Lamento haberte retenido.

– Tú estás bien?

– Un poco sacudida, tal vez, pero en general bien. Pasé a través de eso y recordé algunas cosas.

– Quieres contármelo?

Era una tontería negar, para ambas, que ella estaba ahí más por razones personales que por las profesionales. -Recordé lo que sentí cuando lo maté. Recordé que lo hice por odio primario y furia. Sé que eso está en mí, y se que puedo controlarlo. Sé que matarlo, para mi, en ese momento, era la única forma de sobrevivir. Puedo vivir con eso.

Se puso de pie. -Y si estás pensando que necesitas pasarme por Pruebas para estar segura de que soy sólida, no estoy de acuerdo. No voy a hacerlo.

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