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Электронная книга - «Al Amparo De La Noche». Краткое содержание книги:

El comienzo de una tragedia… Cate Nightingale vive con sus gemelos de 4 años en el pueblo de Trail Stop. A pesar de que ha enviudado siendo muy joven, saca adelante a sus niños gracias a su trabajo en un hostal en el que recibe pocos visitantes. La ayuda de Calvin Harris, muy hábil para la carpintería o la fontanería, es fundamental para que su negocio subsista. Pero Cate ni siquiera se imagina qué tan importante será este hombre en su vida, hasta que la desaparición de uno de sus huéspedes desencadena la tragedia. Y cuando Calvin la rescata de una situación muy peligrosa, Cate comienza a mirar con otros ojos a este ex marine que sólo desea entrar en su corazón
…Los llevará a una arriesgada aventura. Calvin Harris es un hombre solitario que realiza tareas de mantenimiento en el hostal de Cate Nightingale. Secretamente enamorado de la protagonista, la ayuda en todo lo que puede para que ella y sus hijos puedan vivir sin apuros económicos. Sin embargo, el destino lo obligará a demostrar su callada valentía para salvar a sus vecinos de un horrible fin. Escapa con Cate bajo el amparo de la noche, para obtener la ayuda que necesitan y así deshacerse de los invasores. Y quizá a través de esta verdadera odisea para contactar con el pueblo más cercano, la mujer a la que ama descubra el verdadero héroe que hay en él.
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Había algo acerca de las posiciones de fuego que le preocupaba, pero ahora no recordaba que era. Ya se acordaría más adelante. Ahora tenía que olvidarse de eso y concentrarse en encontrar el rifle.

Movió la mano izquierda a tientas por el suelo, pero no encontró nada. Tendría que utilizar la linterna. No le gustaba tener que hacerlo, no quería delatar su posición al cabrón que le había disparado… vale, el cabrón ese ya sabía dónde estaba por que si no, ¿cómo había podido dispararle? Buena pregunta: ¿Cómo lo había descubierto?

Teague dejó de buscar el rifle para concentrarse en esa pregunta porque parecía de vital importancia darle respuesta. No había encendido la interna para desplazarse de posición. ¿El tirador tenía prismáticos de visión nocturna? No eran difíciles de encontrar pero, ¿qué posibilidades había de que alguien de Trail Stop tuviera un par? Puede que Creed; imaginaba que Creed tendría todo tipo de aparatos de caza. Pero Creed no le había disparado porque estaba ayudando a una mujer a cubrirse…

Mierda. La respuesta le vino de repente a la cabeza. El que salía de casa con esa mujer no era Creed. Él ya había salido y se había puesto en posición para cubrir a los otros dos. Cuando Teague había apretado el gatillo, la explosión de la bala había delatado su posición y Creed había disparado. Tan sencillo como eso. No había necesitado ningún prismático de visión nocturna.

Creed podía seguir ahí fuera, esperando que alguien cometiera otro error.

Pero estaría al otro lado del riachuelo, porque cruzarlo en esta zona era imposible. La pendiente por la que bajaba el agua era muy pronunciada, así que lo hacía con fuerza, la suficiente para arrastrar incluso al hombre más fuerte y lanzarlo contra las piedras del fondo. De hecho, «riachuelo» era un nombre poco apropiado en este caso, porque esa palabra normalmente evocaba un agua tranquila y lenta, algo que aquí brillaba por su ausencia. Esto era como un río de pequeñas dimensiones… pero un río de los malos. Encima, el agua estaba fría porque se alimentaba de las nieves de las montañas.

Teague analizó la situación. Estaba escondido detrás de algo sólido, rodeado de rocas y la cabeza no le sobresalía por ningún sitio. Tenía que arriesgarse a encender la linterna para localizar el rifle. Podía minimizar el riesgo tapando el foco de la linterna con la mano.

Con cuidado, y utilizando la mano izquierda, cogió la linterna que llevaba colgada de una anilla en el cinturón y colocó dos dedos delante del foco. Luego tuvo que quitar la mano derecha de la herida para encender la linterna y, como vio que no salía sangre fresca de la herida, no volvió a aplicar presión.

Había poca luz, apenas la suficiente para quedarse tranquilo y comprobar que veía cosas, que los ojos todavía le funcionaban. Lo primero que vio fue la cantidad de rojo que había a su alrededor: hilos de sangre que resbalaban por la roca que tenía delante, en la roca donde estaba sentado, en el musgo y las hojas del suelo. Tenía la ropa húmeda y empapada en sangre. Aquella zona estaba llena de ADN suyo, pero ahora ya no podía recuperarlo y volverlo a insertar en su cuerpo.

Aquello empeoraba la situación. No podía permitir dejar rastros que lo señalaran como culpable porque, si lo hacía, estaba perdido. Después de esto, tendría que desaparecer un tiempo y eso lo jodía mucho.

Ese cabrón de Creed. Había salido victorioso de su primer encuentro, pero no volvería a hacerlo.

La poca luz de la linterna al final localizó algo metálico y Teague la enfocó unos segundos más, sólo para verificar que había encontrado el rifle; luego apagó la linterna. Cuando le habían dado, el rifle había salido volando hacia atrás y había aterrizado a escasos metros de él. Para cogerlo, tendría que abandonar su posición a cubierto, pero no tenía otra opción. Y tampoco podía moverse demasiado deprisa. Se quedó pensando unos segundos y al final se dijo: «Al diablo», y fue a por el rifle.

Moverse hasta allí era como recibir martillazos en la cabeza. Estaba ardiendo. El dolor le estalló en la cabeza; vomitó justo antes de llegar hasta el arma, pero se obligó a seguir porque esperar unos minutos más no mejoraría nada. En cuanto tuvo el rifle en la mano, se dejó caer contra las rocas, con la respiración entrecortada.

Nadie le había disparado, aunque en esos momentos que alguien lo liberara de aquella agonía no parecía tan mala idea, así que no sabía si estar triste o contento.

Al cabo de unos minutos, se incorporó. Había llegado el momento de dejar esas rocas atrás, costara lo que costara. Se levantó apoyándose en una roca y se tambaleó, inestable; luego, dio un paso adelante. El dolor no era tan intenso como cuando había ido a coger el rifle, pero persistía.

Podía hacerlo. Y antes de que aquello terminara, haría que Creed pagara. Vaya si lo haría.

Capítulo 21

Cuando Teague estaba cerca de la carretera, cogió la radio y dijo:

– Milano, aquí halcón -Milano era Billy. Había designado a cada uno el nombre de un ave rapaz, porque era lo primero que se le había ocurrido. Él era Halcón, Billy era Milano, Troy era Águila y Blake era Búho. Ahora que lo pensaba, esperaba que a Blake no le hubiera sentado mal ser el Búho, porque estos animales tenían la mejor visión de todos… Joder, si estaba preocupado por esas estupideces es que estaba realmente mal.

– Adelante Halcón.

– El tiro de una escopeta impactó en una roca delante mío y tengo la cara llena de cortes. Necesito ayuda. Nos vemos en el puente -Billy era quien estaba más cerca y del que podían prescindir ahora mismo. Las dos posiciones más lejanas eran las más críticas porque vigilaban la principal vía de escape. Teague no tenía ninguna duda de que alguien, o más de una persona, intentaría escaparse para rodearlos. Puede que esta noche no, pero muy pronto.

– Diez-cuatro -respondió Billy y Teague devolvió la radio a su sitio. Dios, estaba casi inconsciente sobre sus pies, pero tenía que seguir andando durante, al menos, unos minutos más. Tenía que llegar hasta donde Toxtel y Goss pudieran verlo, y eso significaba que tenía que aguantar. No les había dado radios porque no confiaba tanto en ellos y porque no quería que escucharan todo lo que los chicos y él se decían. Se acercaría a ellos sin avisarles.

Lo malo era que, incluso después de dejarlos atrás, no podría estirarse a descansar hasta que se encontrara mejor; lo mejor que podría hacer era tomarse una aspirina y esperar a que el dolor de amainara.

Justo antes de salir del bosque, susurró:

– Hombre avisa -para que sintieran que estaban en una operación militar. Penoso. En sus tiempos, se había visto metido en operaciones complicadas, pero ninguna tan descabellada como aquella.

Toxtel y Goss habían tomado posiciones con apenas cinco metros de distancia entre ellos, otra estupidez, pero como Teague sospechaba que no habría demasiada actividad en el puente, no les dijo nada y dejó que hicieran lo que quisieran, que creyeran que seguían al mando.

Cuando se acercó, ninguno de los dos se volvió; todavía estaban con la adrenalina a tope y los músculos tensos mientras esperaban apareciera alguien al otro lado del riachuelo. No podía echarles la culpa, aunque alguien más experimentado sabría que en algún momento tenían que relajarse.

– ¿Le has dado a alguien? -le preguntó Goss-. He oído un disparo.

Aquello confirmaba las sospechas de Teague de que los dos disparos habían sido tan seguidos que habían resultado casi simultáneos.

– Puede que le haya dado a alguien, pero alguien me ha dado a mí.

Goss miró por encima del hombro e, incluso en la oscuridad, supo que lo que cubría la cara de Teague era sangre.

– ¡Joder! -se levantó de un salto y se volvió, asustando a Toxtel-. ¿Te han disparado en la cabeza?

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