Al Amparo De La Noche
- Автор: Ховард Линда
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Al Amparo De La Noche». Краткое содержание книги:
…Los llevará a una arriesgada aventura. Calvin Harris es un hombre solitario que realiza tareas de mantenimiento en el hostal de Cate Nightingale. Secretamente enamorado de la protagonista, la ayuda en todo lo que puede para que ella y sus hijos puedan vivir sin apuros económicos. Sin embargo, el destino lo obligará a demostrar su callada valentía para salvar a sus vecinos de un horrible fin. Escapa con Cate bajo el amparo de la noche, para obtener la ayuda que necesitan y así deshacerse de los invasores. Y quizá a través de esta verdadera odisea para contactar con el pueblo más cercano, la mujer a la que ama descubra el verdadero héroe que hay en él.
– Puede que deduzcan que había más personas implicadas, pero me he asegurado de que no me vieran con esos dos, y no hay nada escrito, ningún registro telefónico que tenga que preocuparnos. Si están muertos, no pueden implicarnos. Nos pagarán en efectivo. Si no metemos la pata y dejamos que nos identifiquen, somos libres.
Billy se quedó pensativo y acabó asintiendo.
– Eso lo entiendo pero… ¿A quién coño se le ocurrió todo esto?
– A Toxtel. Goss y él se presentaron allí creyéndose los más duros del mundo y descubrieron que no era así. Toxtel tiene entre ceja y ceja a alguien del pueblo que lo apuntó con una escopeta. Supongo que nunca había estado en el lado perdedor hasta ahora, porque tiene un ego enorme que no le permite ver más allá de su nariz.
Billy gruñó. Ellos ya habían visto el lado malo de las cosas, y en nueve de cada diez casos, la situación acababa en desastre. Si Teague no hubiera visto una posibilidad de que él y sus chicos salieran airosos de aquello, no los habría implicado.
– ¿Cuánto crees que durará?
– Me imagino que, al menos, cuatro o cinco días -respondió Teague. Quizá Toxtel creyera que los habitantes del pueblo se rendirían enseguida y lanzarían a Cate Nightingale a los lobos, pero Teague sabía que no. Esta gente era tozuda y cerraría filas alrededor de ella. Sin embargo, en algún momento, pesaría el precio de la resistencia y la propia señora Nightingale cedería y les daría a esos dos lo que querían.
La única posibilidad de un desenlace más rápido era que ella cediera enseguida pero, por experiencia, sabía que la gente que intentaba engañar a otro no tenían demasiado sentido del deber cívico, que digamos. No, si esa mujer estaba intentando hacer algo deshonesto, no cedería tan deprisa. Mentiría, lo negaría, intentaría ganar tiempo… hasta que viera que había ido demasiado lejos sin que sus vecinos se le echaran encima, y entonces empezaría a poner excusas, a intentar explicarse y a ofrecer una imagen lo más positiva posible, hasta que al final cedería.
Aunque Teague esperaba que se resistiera un poco, lo suficiente para recuperarse y poder encargarse del cabrón de Creed.
Ese desgraciado se arrepentiría de haber apretado el gatillo esta noche. La venganza es un plato que se sirve frío.
Capítulo 22
Cate abrió los ojos muy despacio y descubrió que tenía la nuca de Cal delante. No hubo ningún segundo de confusión; inmediatamente supo dónde estaba y quién estaba estirado a su lado. La invadió una oleada de emociones confusas, impresiones, sentimientos y pensamientos, todo tan deprisa que no tuvo tiempo de filtrarlos. Los acontecimientos la estaban arrastrando, y no le daban tiempo a analizar o a reflexionar sobre sus decisiones; la consiguiente sensación de perder el control era, al mismo tiempo, aterradora y emocionante. Entre Cal y ella estaba pasando algo cuando ella no estaba preparada para que pasara nada, con nadie, pero ahora que el cambio había empezado, era como una bola de nieve que iba ganando velocidad a medida que descendía por la montaña.
Le parecía que Cal no se había movido ni un centímetro desde que se había dormido, y aquella demostración de lo cansado que estaba la llenó de ternura y de instinto de protección. Quería apoyar la cabeza en su espalda, pero recordó los cortes de los brazos y no quería hacerle daño. Le miró el pelo despeinado y le apeteció acariciarlo con las manos, pero sabía que el pobre necesitaba todas las horas de sueño que pudiera aprovechar y no quería despertarlo. Quería deslizar la mano por la cintura de los vaqueros que Maureen le había prestado y explorar el bulto que había visto mientras se cambiaba de ropa, y la repentina fuerza de su deseo sexual fue devastadora.
No había querido hacer el amor con nadie desde la muerte de Derek. Sí que había necesitado «liberar tensiones», pero no con nadie… y durante mucho tiempo ni siquiera quiso hacer eso. El dolor y la sorpresa habían matado su sexualidad, y ella estaba tan insensible, tan concentrada en la tarea hercúlea de seguir adelante cada día que ni siquiera había guardado luto por esa parte de su ser. Sin embargo, al cabo de un año, aproximadamente, sus necesidades físicas empezaron a asomar lentamente, silenciosas y ocasionales, pero al menos existían. No obstante, no recuperó las ganas de hacer el amor, la realidad de tocar y que la tocaran. Y ahora, querer… necesitar la sensación de la penetración la hacía sentir como si le estuviera siendo infiel a Derek, como si lo hubiera olvidado por completo.
Quizá lo había hecho. Quizá el tiempo la había alejado de él de forma tan gradual que no recordaba el momento en que lo había perdido de vista. Aunque no en su corazón; siempre lo querría, pero ahora ese amor era estático, los detalles congelados e imperturbables para siempre. La vida no era estática; avanzaba, cambiaba y lo que una vez había sido tan inmediato se convertía en un precioso recuerdo que formaba parte del tejido que formaba su ser. Era la persona que era porque había querido a Derek. Y esa nueva mujer estaba al borde de algo que la asustaba y la emocionaba y que, seguramente, le cambiaría la vida. No sabía qué pasaría pero, al menos, estaba impaciente por descubrirlo.
Siempre que Cal y ella sobrevivieran, claro. Durante unos somnolientos segundos, mientras disfrutaba de la resurrección de la emoción y la necesidad y la deliciosa incógnita de una posible nueva relación, se había olvidado de la extraña y horrible situación que estaban viviendo. La realidad volvió a pesar en su mente pero, al mismo tiempo, toda la noche había sido algo surrealista. Esas cosas no pasaban. Estaba tan lejos de su experiencia que no tenía puntos de referencia, no tenía ni idea de lo que debería hacer o de lo que podía pasar a continuación.
Escuchó atentamente; no podía saber si ya había amanecido. Todos estaban dormidos o, al menos, intentándolo. Varios ronquidos rompían el silencio y, de vez en cuando, oía cómo alguien cambiaba de posición. Una vez oyó un suave murmullo que le pareció que era de Neenah, que estaba cuidando a Joshua Creed.
Cal alargó la mano por debajo de la manta y la apoyó en la cadera de Cate, acercándola más a él en silencio.
A ella se le llenaron los ojos de lágrimas cuando se acerco a él, lo más cerca que pudo. Esto… Esto era lo que más había echado de menos, la silenciosa compañía por la noche, el saber que no estaba sola. Todavía no se habían besado pero, de alguna forma, a algún nivel, ya estaban unidos. Lo sabía con la misma certeza que sabía cuándo los niños estaban bien o cuándo se estaban metiendo en líos. No tenía que verlos; no tenía que oírlos; lo sabía.
– Duérmete -le susurró Cal-. Necesitarás todo el descanso que puedas acumular.
Quería que la abrazara, quería sentir sus brazos alrededor. Cuando las abrazó a Neenah y a ella después del espeluznante episodio con Mellor en el desván, por primera vez en mucho tiempo, Cate se había sentido… segura. Y no sólo porque Cal las hubiera protegido, aunque la desconcertó tener que reconocer que parte de la respuesta era por eso; era evidente que algunas reacciones primitivas no habían desaparecido. No obstante, aquella sensación se explicaba en gran parte porque, de repente, descubrió que no estaba sola.
Tenía las palabras para pedirle que la abrazara en la punta de la lengua, pero se contuvo. Si la abrazaba y la tocaba con las manos, sospechaba que irían más allá de un simple abrazo. Era un hombre, y la quería. Un escalofrío de emoción la recorrió entera cuando fue consciente de aquello. Puede que fuera tímido… No, ni siquiera estaba segura de eso, porque alguien tímido no se habría cambiado delante de todo el mundo como había hecho él. Era un hombre considerado, como quedaba demostrado por el hecho de que no hubiera intentado darse la vuelta en toda la noche. Estaban rodeados de gente y, aunque las cajas y las cortinas les daban algo de privacidad, lógicamente no era suficiente para disfrutar de la más mínima intimidad sexual. Los pies asomaban por el final de la cama y, si Cal se daba la vuelta, sabía la especulación que se generaría. Había más personas despiertas en el sótano, atentas a los ruidos y los susurros.