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Cincuenta Sombras Liberadas

Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:

La tercera entrega de la exitosa trilogía Cincuenta sombras
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
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– ¿Cuánto tiempo llevas ahí mirándome dormir?

– El suficiente.

– Sigues furioso. -Casi no puedo ni pronunciar las palabras.

Él me mira fijamente, como si estuviera reflexionando sobre qué responderme.

– Furioso… -dice como probando la palabra y sopesando sus matices y su significado-. No, Ana. Estoy mucho, mucho más que furioso.

Oh, madre mía. Intento tragar saliva, pero es muy difícil con la boca seca.

– Mucho más que furioso. Eso no suena bien.

Vuelve a mirarme fijamente, del todo impasible y no responde. Un silencio sepulcral se cierne sobre nosotros. Extiendo la mano para coger mi vaso de agua y le doy un sorbo agradecida, a la vez que intento recuperar el control sobre mi errático corazón.

– Ryan ha cogido a Jack. -Pongo el vaso de nuevo en la mesilla e intento una táctica diferente.

– Lo sé -responde en un tono gélido.

Claro que lo sabe…

– ¿Vas a seguir respondiéndome con monosílabos durante mucho tiempo?

Mueve casi imperceptiblemente las cejas, lo que demuestra su sorpresa; no se esperaba esa pregunta.

– Sí -responde después.

Oh… vale. ¿Qué puedo hacer? Defensa; es la mejor forma de ataque.

– Siento haberme quedado por ahí.

– ¿De verdad?

– No -confieso después de una pausa porque es la verdad.

– ¿Y por qué lo dices, entonces?

– Porque no quiero que estés enfadado conmigo.

Suspira profundamente, como si llevara aguantando toda su tensión durante un millón de horas, y se pasa la mano por el pelo. Está guapísimo. Furioso, pero guapísimo. Absorbo todos sus detalles. ¡Christian ha vuelto! Furioso, pero entero.

– Creo que el detective Clark quiere hablar contigo.

– Seguro que sí.

– Christian, por favor…

– ¿Por favor qué?

– No seas tan frío.

Vuelve a elevar las cejas por la sorpresa.

– Anastasia, frío no es lo que siento ahora mismo. Me estoy consumiendo. Consumiéndome de rabia. No sé cómo gestionar estos…-agita la mano en el aire, buscando la palabra- sentimientos. -Su tono es amargo.

Oh, mierda. Su sinceridad me desarma. Lo único que yo quiero hacer es acurrucarme en su regazo, es todo lo que he querido hacer desde anoche. Qué diablos… Me acerco, cogiéndole por sorpresa y me acomodo torpemente en su regazo. No me aparta, que es lo que temía. Después de un segundo me rodea con los brazos y entierra la nariz en mi pelo. Huele a whisky. ¿Cuánto habrá bebido? También huele a jabón. Y a Christian. Le rodeo el cuello con los brazos y le acaricio la garganta con la nariz y él vuelve a suspirar, esta vez más profundamente.

– Oh, señora Grey, qué voy a hacer con usted… -Me besa en el pelo. Cierro los ojos y saboreo su contacto.

– ¿Cuánto has bebido?

Se pone tenso.

– ¿Por qué?

– Porque normalmente no bebes licores fuertes.

– Es mi segunda copa. He tenido una noche dura, Anastasia. Dame un respiro, ¿vale?

Le sonrío.

– Si insiste, señor Grey. -Aspiro el aroma de su cuello-. Hueles divinamente. He dormido en tu lado de la cama porque tu almohada huele a ti.

Me acaricia el pelo con la nariz.

– ¿Por eso lo has hecho? Me estaba preguntando por qué estabas en mi lado. Sigo furioso contigo, por cierto.

– Lo sé.

Me acaricia rítmicamente la espalda con la mano.

– Y yo también estoy furiosa contigo -le susurro.

Él se detiene.

– ¿Y qué he podido hacer yo para merecer tu ira?

– Ya te lo diré luego, cuando deje de consumirte la rabia -le digo dándole un beso en la garganta. Cierra los ojos y me deja besarle, pero no hace ningún movimiento para devolverme el beso. Me abraza más fuerte, apretándome.

– Cuando pienso en lo que podría haber pasado… -Su voz no es más que un susurro. Quebrada y ronca.

– Estoy bien.

– Oh, Ana… -Sus palabras son casi un sollozo.

– Estoy bien. Estamos bien. Un poco impresionados, pero Gail también está bien. Ryan está bien. Y Jack ya no está.

Niega con la cabeza.

– Pero no gracias a ti -murmura.

¿Qué? Me aparto un poco y le miro.

– ¿Qué quieres decir?

– No quiero discutir eso ahora mismo, Ana.

Parpadeo. Bueno, tal vez yo sí… Pero decido que no es el momento. Al menos ya me habla. Vuelvo a apoyarme contra él. Ahora enreda los dedos en mi pelo y empieza a juguetear con él.

– Quiero castigarte -me susurra-. Castigarte de verdad. Azotarte hasta que no lo puedas soportar más.

El corazón se me queda atravesado en la garganta. ¡Joder!

– Lo sé -le digo a la vez que se me eriza el vello.

– Y tal vez lo haga.

– Espero que no.

Vuelve a apretarme en su abrazo.

– Ana, Ana, Ana… Pones a prueba la paciencia de cualquiera, hasta la de un santo.

– Se pueden decir muchas cosas de usted, señor Grey, pero que sea un santo no es una de ellas.

Finalmente me concede una risa reticente.

– Muy cierto, como siempre, señora Grey. -Me da un beso en la frente y se mueve-. Vuelve a la cama. Tú tampoco has dormido mucho. -Se levanta, me coge en brazos y me deposita en la cama.

– ¿Te tumbas conmigo?

– No. Tengo cosas que hacer. -Se agacha y recoge el vaso-. Vuelve a dormir. Te despertaré dentro de un par de horas.

– ¿Todavía estás furioso conmigo?

– Sí.

– Entonces me voy a dormir otra vez.

– Bien. -Tira del edredón para taparme y me da un beso en la frente-. Duérmete.

Y como estoy tan grogui por lo de anoche, tan aliviada de que Christian haya vuelto, y tan fatigada emocionalmente por este encuentro a primera hora de la mañana, no lo dudo ni un momento y hago lo que me dice. Mientras me voy quedando dormida me pregunto por qué no habrá utilizado su mecanismo habitual para gestionar las cosas: lanzarse sobre mí para follarme sin piedad. Aunque, dado el mal sabor que siento en la boca, agradezco que no lo haya hecho.

– Te traigo zumo de naranja -dice Christian y yo abro los ojos otra vez.

Acabo de pasar las dos horas de sueño más profundo y relajante de mi vida y me levanto fresca. Además, ya no me late la cabeza. El zumo de naranja es una visión que agradezco, igual que la de mi marido. Se ha puesto el chándal. Por un momento mi mente vuelve al Heathman Hotel, la primera vez que me desperté a su lado. La sudadera gris está húmeda por el sudor. O ha estado entrenando en el gimnasio del sótano o ha salido a correr. No debería estar tan guapo después de hacer ejercicio.

– Me voy a dar una ducha -murmura y desaparece en el baño.

Frunzo el ceño. Sigue estando distante. O está distraído pensando en todo lo que ha pasado o sigue furioso o… ¿qué? Me siento, cojo el zumo de naranja y me lo bebo demasiado rápido. Está delicioso, frío y mejora mucho la sensación de mi boca. Salgo de la cama, ansiosa por reducir la distancia, real y metafórica, entre mi marido y yo. Echo un vistazo al despertador. Son las ocho. Me quito la camiseta de Christian y le sigo al baño. Está en la ducha, lavándose el pelo, y yo no lo dudo un segundo y me meto con él. Se pone tenso un momento cuando le abrazo desde detrás, pegándome contra su espalda musculosa y mojada. Ignoro su reacción y le aprieto con fuerza apoyando la mejilla contra su piel a la vez que cierro los ojos. Después de un instante se mueve un poco para que los dos quedemos bajo la cascada de agua caliente y sigue lavándose el pelo. Dejo que caiga el agua sobre mí mientras abrazo al hombre que quiero. Pienso en todas las veces que me ha follado y las veces en que me ha hecho el amor aquí. Frunzo el ceño. Nunca ha estado tan callado. Giro la cabeza y empiezo a darle besos en la espalda. Noto que su cuerpo se tensa otra vez.

– Ana… -dice y suena a advertencia.

– Mmm…

Mis manos bajan lentamente por su estómago plano en dirección a su vientre. Él me coge las dos manos con las suyas y me obliga a detenerme mientras niega con la cabeza.

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