Cincuenta Sombras Liberadas
- Автор: Джеймс Эрика Леонард
- Серия: Cincuenta Sombras #3
- Год: 2012
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
– No -confieso y vuelvo a ruborizarme.
– Oh, Ana, qué irritante…
Suspiro. Como siempre, Kate ha dado justo en el clavo con el estilo directo como un mazazo que la caracteriza.
– ¿Y sabes por qué? -Si Christian no me lo va a contar, tal vez Kate sí.
– Elliot dice que tiene algo que ver con la información que había en el ordenador de Jack Hyde cuando trabajaba en Seattle Independent Publishing.
Madre mía…
– Tienes que estar de broma. -Siento una oleada de furia que me inunda el cuerpo. ¿Cómo puede saberlo Kate y yo no?
Levanto la vista y veo a Sawyer observándome por el retrovisor. El semáforo se pone en verde y él vuelve a mirar hacia delante, concentrado en la carretera. Me pongo el dedo sobre los labios y Kate asiente. Estoy segura de que Sawyer también lo sabe, aunque yo no.
– ¿Cómo está Elliot? -le pregunto para cambiar de tema.
Kate sonríe tontamente y eso me dice todo lo que necesito saber.
Sawyer aparca a la entrada del pasaje que lleva al Zig Zag Café y Prescott me abre la puerta. Salgo y Kate lo hace también detrás de mí. Nos cogemos del brazo y cruzamos el pasaje seguidas de Prescott, que luce una expresión de malas pulgas. ¡Oh, por favor, es solo una copa! Sawyer se va para aparcar el coche.
– ¿Y de qué conoce Elliot a Gia? -le pregunto dándole un sorbo a mi segundo mojito de fresa. El bar es íntimo y acogedor y no quiero irme. Kate y yo no hemos dejado de hablar. Se me había olvidado cuánto me gusta salir con ella. Es liberador salir, relajarse y disfrutar de la compañía de Kate. Se me ocurre que podría mandarle un mensaje a Christian, pero pronto rechazo la idea. Se pondría furioso y me haría volver a casa como a una niña díscola.
– ¡No me hables de esa zorra! -exclama Kate.
Su reacción me hace reír.
– ¿Qué te divierte tanto, Steele? -me suelta fingiendo irritación.
– Que tengo la misma opinión de ella.
– ¿Ah, sí?
– Sí. No dejaba en paz a Christian.
– Creo que tuvo algo con Elliot. -Kate vuelve a hacer lo del mohín.
– ¡No!
Asiente, aprieta los labios y pone el patentado ceño de Katherine Kavanagh.
– Fue algo breve. El año pasado, creo. Es una trepa. No me extraña que haya puesto los ojos en Christian.
– Pues Christian está pillado. Le dije que le dejara en paz o la despedía.
Kate vuelve a mirarme con la boca abierta una vez más, asombrada. Asiente orgullosa y levanta su copa en un brindis, impresionada y sonriente.
– ¡Por la señora Anastasia Grey! ¡Cuidado con ella! -Y entrechocamos las copas.
– ¿Elliot tiene algún arma?
– No. Está totalmente en contra de las armas -dice Kate revolviendo su tercera copa.
– Christian también. Creo que ha sido influencia de Grace y Carrick -le digo. Empiezo a notarme un poco achispada.
– Carrick es un buen hombre -dice Kate asintiendo.
– Quería que firmara un acuerdo prematrimonial -murmuro con cierta tristeza.
– Oh, Ana. -Estira el brazo sobre la mesa y me coge la mano-. Solo estaba preocupándose por su hijo. Las dos somos conscientes de que siempre vas a llevar el título de cazafortunas tatuado en la frente. -Me sonríe. Yo le saco la lengua y después me río también-. Madure, señora Grey. -Ahora suena como Christian-. Tú harás lo mismo por tu hijo algún día.
– ¿Mi hijo? -No se me había ocurrido que mis hijos también van a ser ricos. Demonios. No les va a faltar de nada. Y con nada quiero decir… nada. Tengo que darle unas cuantas vueltas a eso… pero ahora mismo no. Miro a Prescott y a Sawyer, que están sentados cerca y nos observan a nosotras y al resto de gente del bar con un vaso de agua mineral con gas cada uno.
– ¿No crees que deberíamos comer algo? -le pregunto.
– No. Deberíamos seguir bebiendo -responde Kate.
– ¿Por qué tienes tantas ganas de beber?
– Porque no te veo todo lo que yo quisiera. No imaginé que te daría tan fuerte y te casarías con el primer tipo que te pusiera la cabeza patas arriba. -Repite el mohín-. Te casaste con tanta prisa que creí que estabas embarazada.
Suelto una risita.
– Todo el mundo pensó lo mismo. Pero no resucitemos esa conversación, por favor. Y además tengo que ir al baño.
Prescott me acompaña. No dice nada, pero tampoco hace falta que lo haga. La desaprobación irradia de su cuerpo como un isótopo letal.
– No he salido sola desde que me casé -digo para mí, mirando la puerta cerrada del baño. Hago una mueca sabiendo que ella está de pie al otro lado de la puerta, esperando a que termine de hacer pis. ¿Y qué iba a hacer Hyde en un bar? Christian está reaccionando exageradamente, como siempre.
– Kate, es tarde. Deberíamos irnos.
Son las diez y cuarto y acabo de terminarme mi cuarto mojito. Ya estoy empezando a sentir los efectos del alcohoclass="underline" tengo calor y la vista borrosa. Christian estará bien. Cuando se le pase…
– Claro, Ana. Me he alegrado mucho de verte. Se te ve tan, no sé… segura. El matrimonio te sienta bien, sin duda.
Me sonrojo. Viniendo de Katherine Kavanagh eso es más que un cumplido.
– Sí, es cierto -murmuro y como he bebido demasiado, los ojos se me llenan de lágrimas.
¿Podría ser más feliz? A pesar de todo el equipaje que trae, de su naturaleza y de sus sombras, he conocido y me he casado con el hombre de mis sueños. Cambio rápidamente de tema para alejar esos pensamientos tan sentimentales, porque si no sé que voy a acabar llorando.
– Me lo he pasado muy bien. -Le cojo la mano-. ¡Gracias por obligarme a venir!
Nos abrazamos. Cuando me suelta, asiento en dirección a Sawyer y él le pasa las llaves del coche a Prescott.
– Estoy segura de que la señorita te-miro-por-encima-del-hombro Prescott le ha dicho a Christian que no estamos en el piso. Y él se habrá puesto furioso -le digo a Kate. Y tal vez se le haya ocurrido alguna forma deliciosa de castigarme… Ojala…
– ¿Por qué sonríes como una tonta, Ana? ¿Es que te gusta poner furioso a Christian?
– No. La verdad es que no. Pero es tan fácil… Es muy controlador a veces. -Más bien casi todo el tiempo…
– Ya lo he notado -dice Kate lacónicamente.
Aparcamos delante del apartamento de Kate y ella me da un abrazo fuerte.
– No te conviertas en una extraña -me susurra y me da un beso en la mejilla. Después sale del coche.
La despido con la mano y de repente siento una extraña nostalgia. Echaba de menos la charla de chicas. Es divertida y relajante y me recuerda que todavía soy joven. Tengo que esforzarme más en encontrar tiempo para ver a Kate, pero lo cierto es que me encanta estar en la burbuja con Christian. Anoche fuimos a la cena de una organización de caridad. Había muchos hombres con trajes y mujeres elegantes y arregladas hablando de los precios de las propiedades inmobiliarias, de la caída de la economía y de los mercados emergentes. Algo aburrido, aburridísimo. Es refrescante soltarme el pelo con alguien de mi edad.
Me ruge el estómago. Todavía no he cenado. ¡Mierda! ¡Christian! Rebusco en el bolso y saco la BlackBerry. Oh, madre mía… Cinco llamadas perdidas. Y un mensaje:
*¿DÓNDE DEMONIOS ESTÁS?*
Y un correo:
De: Christian Grey
Fecha: 26 de agosto de 2011 00:42
Para: Anastasia Grey
Asunto: Furioso. Más furioso de lo que me has visto nunca
Anastasia:
Sawyer me ha dicho que estás bebiendo cócteles en un bar, algo que me has dicho que no ibas a hacer.
¿Te haces una idea de lo furioso que estoy en este momento?
Hablaremos de esto mañana.
Christian Grey
Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.
Se me cae el alma a los pies. ¡Oh, mierda! Ahora sí que la he hecho buena. Mi subconsciente me mira enfadada, después se encoje de hombros y pone la expresión de «tú te lo has buscado». Pero ¿qué esperaba? Pienso en llamarle, pero es muy tarde y probablemente estará durmiendo… O caminando arriba y abajo. Decido que un mensaje rápido será suficiente.