Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Sentido y Sensibilidad - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Sentido y Sensibilidad

Электронная книга - «Sentido y Sensibilidad». Краткое содержание книги:

Reglas y emociones. Deberes y devociones. Ubicada en la Inglaterra de principios del siglo XIX, Sentido y sensibilidad presenta las alegrías y sinsabores de las hermanas Dashwood. Desamparadas tras la muerte de su padre y a merced de su medio hermano, Elinor y Marianne deberán enfrentarse a los contrastes del amor y a las exigencias de la sociedad, siempre acompañadas de su madre y su hermana menor. Están ya en edad casadera y sin embargo, ni su carácter ni sus habilidades las ayudan a concretar una relación. El tiempo sigue pasando y todo parece indicar que no lograrán una estabilidad emocional.
Esta novela examina la estructura social de la época donde el papel de la mujer se limitaba al de mera compañía, por no decir objeto decorativo. Para ellas estaba negada la posibilidad de ejercer una profesión o de poseer bienes. Sólo debían de tener y saber lo necesario. En consecuencia, para muchas su mayor ilusión era encontrar a su príncipe azul, aunque éste no siempre viniera acompañado de dicha.
1 ... 49 50 51 52 53 54 55 56 57 ... 90
Перейти на страницу:

– Por supuesto -dijo Elinor-; y con el resp aldo de su generosidad, espero que puedan llegar a vivir en condiciones más holgadas.

– Uno o dos años más pueden contribuir mucho a ello -respondió él gravemente-; no obstante, aún queda mucho por hacer. Todavía no se ha colocado ni una piedra del invernadero de Fanny, y del jardín de flores lo único que hay es el proyecto.

– ¿Dónde estará situado el invernadero?

– En la pequeña loma tras la casa. Hemos echado abajo todos los viejos nogales para hacerle espacio. Será una hermosa vista desde varias partes del parque, y justo en la pendiente frente a él irá el jardín de flores, así que se verá muy lindo. Ya hemos eliminado los viejos espinos que crecían a manchones en la cima.

Elinor se guardó para sí los comentarios y reparos que tenía al respecto, y agradeció que Marianne no hubiera estado presente para compartir su irritación.

Habiendo dicho ya lo suficiente para dejar en claro su pobreza y evitar la necesidad de comprar un par de aretes para cada una de sus hermanas en su siguiente visita a Gra y's, sus pensamientos tomaron un rumbo más alegre y comenzó a felicitar a Elinor por tener una amiga como la señora Jennings.

– En verdad parece una mujer muy valiosa. Su casa, su forma de vida, todo habla de una renta muy buena, y es una relación que no sólo les ha sido de gran utilidad hasta ahora, sino que a la larga puede resultar materialmente provechosa. La invitación que les ha hecho a la ciudad ciertamente las favorece; y, de todas maneras, es una tan buena señal del aprecio en que las tiene, que con toda seguridad no las olvidará a la hora de su muerte. Debe tener bastante que dejar.

– Nada en absoluto, diría yo más bien; lo único que tiene es el usufructo de los bienes de su marido, que pasarán a sus hijos.

– Pero es impensable que viva de acuerdo con su renta. Poca gente medianamente prudente lo hace; y todo lo que ahorre, podrá repartirlo.

– ¿Y no crees más probable que se lo deje a sus hijas antes que a nosotras?

– Sus hijas están muy bien casadas, y entonces no veo la necesidad de que las recuerde más. En cambio, a mi juicio, al tomarlas tan en consideración y tratarlas en la forma en que lo hace, les ha dado a ustedes una especie de derecho en sus planes futuros que una mujer precavida no debiera pasar por alto. Nada hay más bondadoso que su trato hacia ustedes, y difícilmente puede hacerlo sin estar consciente de las expectativas que despierta con ello.

– Pero no despierta ninguna en quienes tienen más parte en esto. En verdad, hermano, tu preocupación por nuestro bienestar y prosperidad está llegando demasiado lejos.

– Vaya, por supuesto -dijo él, aparentando un aire reflexivo-, es muy poco, muy poco lo que la gente puede controlar. Pero, mi querida Elinor, ¿qué le ocurre a Marianne? Tiene muy mal aspecto, está de mal color y ha adelgazado mucho. ¿Acaso está enferma?

– No está bien, durante las últimas semanas ha estado sufriendo de los nervios.

– Lamento saberlo. A su edad, ¡cualquier enfermedad destruye la lozanía para siempre! ¡Y la suya ha sido tan breve! En septiembre era una muchacha tan bonita como la mejor que yo haya visto, muy atractiva para los hombres. Su tipo de belleza tenía algo muy especialmente seductor. Recuerdo que Fanny solía decir que se iba casar antes y mejor que tú; no es que ella no te tenga a ti un enorme cariño, pero eso es lo que le parecía. Sin embargo, se equivocaba. Dudo que Marianne vaya a casarse ahora con un hombre que valga a lo más quinientas o seiscientas libras al año, y me engañaría mucho si no lo haces mejor. ¡Dorsetshire! Conozco muy poco Dorsetshire, pero, mi querida Elinor, me encantará saber mas; y pienso que puedo prometerte que Fanny y yo estaremos entre tus primeros y más complacidos visitantes.

Elinor puso gran esmero en intentar convencer a su hermano de que no había ninguna posibilidad de un matrimonio entre ella y el coronel Brandon; pero la expectativa lo alegraba demasiado como para renunciar a ella, y estaba decidido a lograr una relación más cercana con ese caballero y alentar el matrimonio a través de todas las atenciones posibles. Su remordimiento por no haber hecho nada personalmente por sus hermanas creaba en él un enorme afán por que todos los demás hicieran mucho por ellas; y una proposición del coronel Brandon o un legado de la señora Jennings eran los caminos más fáciles para compensar su propio descuido.

Tuvieron la suerte de encontrar a lady Middleton en casa, y sir John llegó antes de que pusieran término a su visita. Las cortesías abundaron de lado y lado. Sir John siempre estaba presto a que le agradara todo el mundo, y aunque el señor Dashwood no parecía saber mucho de caballos, pronto lo tuvo por un buen hombre; lady Middleton, en tanto, viendo en su aspecto suficientes elementos a la moda, consideró que valía la pena relacionarse con él; y el señor Dashwood se marchó encantado con ambos.

– Tendré cosas muy agradables que contarle a Fanny -le dijo a su hermana mientras iban de regreso-. ¡Lady Middleton es de verdad una mujer muy elegante! Es el tipo de mujer que a Fanny le encantará conocer. Y la señora Jennings también, una mujer de excelente trato, aunque no tan elegante como su hija. Tu hermana, mi esposa, no tiene por qué tener reparos en visitarla, lo que, a decir la verdad, ha sido un poco el caso, y muy entendiblemente, pues todo lo que sabíamos era que la señora Jennings era la viuda de un hombre que había obtenido todo su dinero por bajos medios; y Fanny y la señora Ferrars habían decidido de antemano que ni la señora Jennings ni sus hijas eran el tipo de mujeres con las que Fanny querría relacionarse. Pero ahora puedo llevarles las más satisfactorias referencias sobre ambas.

CAPITULO XXXIV

La señora de John Dashwood confiaba tanto en el criterio de su esposo, que al día siguiente mismo acudió a visitar a la señora Jennings y a su hija; y la recompensa de tal confianza fue encontrar que incluso la primera, incluso la mujer con quienes se estaban quedando sus cuñadas, no era en absoluto indigna de su atención; y en cuanto a lady Middleton, ¡la encontró una de las mujeres más encantadoras del mundo!

También a lady Middleton le agradó sobremanera la señora Dashwood. Había en ambas una especie de frío egoísmo que las hizo sentirse mutuamente atraídas; y simpatizaron entre sí en un insípido trato circunspecto y una total falta de entendimiento.

Los mismos modales, sin embargo, que hicieron a la señora de John Dashwood merecedora de la buena opinión de lady Middleton no satisficieron a la señora Jennings, a quien no le pareció más que una mujercita de aire arrogante y trato poco cordial, que no mostró ningún afecto por las hermanas de su esposo y parecía no tener casi nada que decirles; durante el cuarto de hora que concedió a Berkeley Street, pasó por lo menos siete minutos y medio en silencio.

A Elinor le habría gustado saber, aunque prefirió no preguntar, si Edward estaba en la ciudad; pero por nada del mundo Fanny habría mencionado voluntariamente su nombre delante de ella hasta no poder decirle que el matrimonio con la señorita Morton estaba resuelto, o hasta que las expectativas de su esposo respecto del coronel Brandon se hubieran ratificado; y ello porque creía que todavía estaban tan apegados el uno al otro, que nunca era demasiado el cuidado que se debía poner en mantenerlos separados de palabra y obra. Sin embargo, el informe que ella se negaba a dar, muy pronto llegó desde otra fuente. No transcurrió mucho tiempo antes de que Lucy recla mara de Elinor su compasión por no haber podido ver todavía a Edward, aunque él había llegado a la ciudad con el señor y la señora Dashwood. No se atrevía a ir a Bartlett's Buildings por miedo a ser descubierto, y aunque era indecible la impaciencia de ambos por verse, por el momento lo único que podían hacer era escribirse.

1 ... 49 50 51 52 53 54 55 56 57 ... 90
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)