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Retorno a la Tierra [Earthfall - es]

Электронная книга - «Retorno a la Tierra [Earthfall - es]». Краткое содержание книги:

El planeta Armonía, colonizado por humanos hace casi cuarenta millones de años atrás, ha estado siempre bajo el cuidado de una inteligencia artificial: el Alma Suprema, el ordenador que todo lo sabe y todo lo protege. Pero el Alma Suprema ha envejecido y está débil. Debe volver a la lejana Tierra para recobrar la ayuda del Guardián.
En Retorno a la Tierra, Nafai y su familia, los elegidos del Alma Suprema, realizan un viaje interestelar de un centenar de años que, pese a la hibernación de la mayoría, no deja de acrecentar el odio entre los partidarios de Nafai y los de su hermano Elemak. Llegados a la Tierra, los expedicionarios se enfrentarán a algunas de las especies que se han desarrollado en los cuarenta millones de años de ausencia de los humanos. En particular a quienes, fruto de la evolución de murciélagos y topos, han devenido en seres voladores y cavadores de túneles, conocidos como “ángeles” y “demonios”. Las religiones, los odios, las rivalidades y las luchas por el liderazgo hacen todavía más ardua una empresa ya de por sí francamente difícil.
Card nos ofrece, como ya hiciera en la premiada serie de Ender, un interesante retrato del ser humano y de sus motivaciones. Unos personajes entrañables, la lucha por el poder, las interacciones entre especies, la compleja explicación biológica de comportamientos, culturas y religiones sorprendentes son algunos de los elementos que mantienen viva la trama de una saga fascinante.
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—Evolución convergente, pues.

—Pero, salvo en el caso de la estructura ósea y la musculatura, la evolución convergente sólo produce órganos con funciones similares. No hay motivo para que estén situados en el mismo lugar.

—A menos que se relacione con la reproducción masculina y el único sitio donde pueda funcionar esté por encima del escroto —dijo Issib.

—Exacto. Eso es lo que necesito que investigues, y lo que yo investigaré aquí: un motivo para que estas dos especies, y sólo estas dos especies, tengan este órgano. Si lo piensas, ¿por qué las dos únicas especies inteligentes de la Tierra tienen esta similitud?

—¿Porque se relaciona con su inteligencia? —preguntó Issib.

—Ésa es la primera idea —respondió Shedemei—. Pero no hemos tenido la oportunidad de estudiar a las hembras. Son inteligentes, también, pero si carecen de esta estructura…

—O de una que cumpla una función similar…

—Entiendes el misterio. Este órgano vino de alguna parte y cumple una función, y existe sólo en las dos especies inteligentes, y tal vez sólo en los machos. Quizá se relacione con la inteligencia. Quizá se relacione con el sexo, dada la posición.

Issib sonrió.

—Tal vez sean más similares a los humanos de lo que creíamos.

Shedemei puso mala cara.

—¿Quieres decir que la inteligencia masculina se relaciona con la testosterona?

—Yo lo diría de una forma más vulgar —dijo Issib.

—Sin duda —concedió Shedemei—, dado que eres varón. Pero, como has dado a entender, los machos humanos piensan a menudo con su apéndice masculino, y no tienen este extraño y pequeño órgano.

—Era sólo una broma, Shedemei, no un enunciado científico.

Shedemei sonrió.

—Lo sé, Issib. Sólo respondía a tu broma. Issib rió. La réplica era un poco forzada.

—Busca una explicación, Issib, es todo lo que pido. Consignaré todas mis observaciones en la base de datos para que podamos compartir información por medio del índice mientras estés allí.

—Si es que voy.

—Como quieras.

Mientras Issib y Shedemei deliberaban frente a una de las pantallas, Chveya detuvo a Luet y la llevó aparte, mientras los demás se iban de la biblioteca y de la nave.

—¿Por qué Padre se ha comportado de una forma tan infantil durante la reunión? —preguntó Chveya—. Es embarazoso.

—¿Infantil? No es para tanto. Él siempre ha sido así.

—Nunca le había visto hacerlo. Y no es gracioso.

—Lo es para él. Y también para mí, dicho sea de paso.

—No lo entiendo —dijo Chveya.

—Claro que no. Es tu padre.

Chveya había llegado a la escalerilla cuando Luet descubrió la verdadera respuesta a la verdadera pregunta de Chveya.

—Veya, querida mía, el motivo por el cual nunca le habías visto hacerlo es bastante simple. Así se comporta cuando se siente feliz.

Chveya enarcó las cejas, cabeceó pensativamente, cogió la escalerilla y bajó deslizándose como una niña.

—¡Ten cuidado! —le gritó Luet—. ¡Recuerda que estás encinta!

—¡Oh, Madre! —respondió Chveya con voz vibrante.

¿Y ella critica al padre por actuar como un niño? Luet sacudió la cabeza, cogió la escalerilla y bajó, peldaño a peldaño.

Poto colgaba cabeza abajo de la rama, las alas pegadas al cuerpo como la ropa que usaban los Antiguos. Escuchó en paciente silencio la arenga de Boboi, la arenga de todos sus partidarios. Había mucha gente, pero nadie había ido a hablar en nombre de Poto. Iguo, la esposa de pTo, lo habría hecho con gusto, pero estaba prohibido que una esposa hablara en esas circunstancias, pues todos sabían lo que diría. Ella colgaba cabeza abajo de la misma rama que Poto, pero guardaba silencio.

Aunque Poto estaba solo, tenía dos cosas a su favor. Primero, todos sabían que uno estaba en deuda con su otro-yo: Boboi podía utilizar todos sus argumentos —pTo sin duda está muerto; los Antiguos ya están furiosos, así que no los provoquemos más; los Antiguos sólo se llevaron el cuerpo de pTo para dárselo de comer a los diablos— pero en el corazón de cada hombre y mujer de la asamblea bullían los profundos y complejos sentimientos que cada cual sentía por su otro-yo. Los sentimientos de Poto eran ambiguos. pTo había ido allá desoyendo los consejos de Poto; y también había desoído los consejos de Poto cuando fue solo a enfrentarse a los Antiguos, a ofrecerse para devolver el grano robado. Pero pTo era su otro-yo, y cuando el irascible gigante barbado quebró el cuerpo de pTo como si fuera una ramita, Poto apenas pudo contenerse para no gritar y volar hacia el Antiguo, aunque eso significaba la muerte segura y estaba estrictamente prohibido. Cuando no puedes salvar a un prisionero, no ofrezcas otro. Poto trató de obedecer las leyes y la sabiduría del pueblo; otros lo alabarían después de haber callado en aquel momento, pero eso era un magro consuelo para él. pTo, tonto, gritó para sí. Y luego: Oh pTo, mi otro-yo, ojalá hubiera podido morir por ti.

¿Pues no indicaba el destino que era Poto quien debía morir? Cuando ambos tenían dos años —-demasiado grandes para que uno solo de sus padres cargara a cada uno— los diablos atacaron y encontraron el escondrijo de la familia. Sin vacilar, ambos padres cogieron los pies de pTo y lo llevaron al refugio alto. Fue un largo vuelo. Poto estaba solo en la rama, y un cavador trepaba rápidamente. Sabiendo que sus padres habían escogido a su otro-yo y no a él, Poto casi se quedó donde estaba. ¿Por qué iba a valorar su vida, si sus padres no la valoraban? Pero la voluntad de vivir era demasiado fuerte. Y también contaba el grito que pTo había dado cuando sus padres se lo llevaban: «¡Vive, alma pequeña!». Para sus padres. Poto no era nada, así que no viviría por ellos. Viviría por pTo.

Se desplazó hacia el extremo de la rama. El diablo se rió y avanzó lentamente. La rama se inclinó bajo su peso. Poto vio que otro diablo aguardaba bajo la rama, dispuesto a capturarlo en cuanto descendiera lo suficiente.

El diablo que estaba abajo saltó y sus zarpas rozaron la cabeza de Poto. En semejantes circunstancias muchos niños se aterraban tanto que intentaban volar, pero con alas tan débiles y pequeñas no podían elevarse y los diablos se divertían persiguiéndolos mientras ellos aleteaban a poca distancia del suelo. Los que intentaban volar siempre eran capturados, siempre eran llevados a los túneles de los diablos, donde los devoraban en festivales bárbaros y sangrientos.

Poto no trató de volar. En cambio, se armó de coraje y se acercó al diablo que estaba en la rama. Esto surtió el efecto de elevarlo por encima de la altura que el diablo de abajo podía alcanzar con sus saltos. Pero lo puso al alcance de la zarpa del diablo de la rama. La zarpa rozó dos veces los pies de Poto. Pero la segunda vez, el diablo se había estirado tanto que su equilibrio era precario. En ese momento Poto brincó. El diablo aulló y se cayó de la rama. Y antes de que pudiera trepar para un segundo intento, los padres de Poto regresaron y lo llevaron al refugio, donde pTo lo saludó con un abrazo y escuchó el relato de su terrible aventura. Desde entonces Poto supo que le habían perdonado la vida para que pudiera cuidar de su otro-yo; todos respetaban y conocían ese razonamiento: si Poto no estuviera destinado a proteger a pTo, los diablos lo habrían capturado ese día.

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