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Retorno a la Tierra [Earthfall - es]

Электронная книга - «Retorno a la Tierra [Earthfall - es]». Краткое содержание книги:

El planeta Armonía, colonizado por humanos hace casi cuarenta millones de años atrás, ha estado siempre bajo el cuidado de una inteligencia artificial: el Alma Suprema, el ordenador que todo lo sabe y todo lo protege. Pero el Alma Suprema ha envejecido y está débil. Debe volver a la lejana Tierra para recobrar la ayuda del Guardián.
En Retorno a la Tierra, Nafai y su familia, los elegidos del Alma Suprema, realizan un viaje interestelar de un centenar de años que, pese a la hibernación de la mayoría, no deja de acrecentar el odio entre los partidarios de Nafai y los de su hermano Elemak. Llegados a la Tierra, los expedicionarios se enfrentarán a algunas de las especies que se han desarrollado en los cuarenta millones de años de ausencia de los humanos. En particular a quienes, fruto de la evolución de murciélagos y topos, han devenido en seres voladores y cavadores de túneles, conocidos como “ángeles” y “demonios”. Las religiones, los odios, las rivalidades y las luchas por el liderazgo hacen todavía más ardua una empresa ya de por sí francamente difícil.
Card nos ofrece, como ya hiciera en la premiada serie de Ender, un interesante retrato del ser humano y de sus motivaciones. Unos personajes entrañables, la lucha por el poder, las interacciones entre especies, la compleja explicación biológica de comportamientos, culturas y religiones sorprendentes son algunos de los elementos que mantienen viva la trama de una saga fascinante.
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—De todos modos, no habrá una sola persona trabajando con los cavadores. Debemos tener la mayor cantidad posible de puntos de vista, al tiempo que cosechamos para obtener comida y almacenamos semillas para la estación seca. Pero todo esto no es más que un preámbulo. Esta reunión es cosa de Shedemei. Supongo que tendrá algún informe sobre la biología de los cavadores y los ángeles, y ese punto de partida es tan bueno como cualquiera.

—En realidad no es un informe —dijo Shedemei—. Es más bien una lista de preguntas. El análisis inicial revela que los cavadores y los ángeles, como todos los animales y plantas que hemos examinado desde que llegamos, muestran los cambios evolutivos normales respecto de sus antepasados de hace cuarenta millones de años. Los cavadores provienen de una especie de rata campestre común del sur de México, y los ángeles de una especie de murciélago común. En ambos casos la variación genética es del orden de sólo el cinco por ciento respecto del original. Pasará mucho tiempo antes de que podamos examinar las pruebas fósiles, pero aquí vemos que el cuerpo de los cavadores ha cambiado para poder sostener una cabeza más pesada y que sus manos han evolucionado para coger herramientas grandes sin perder la capacidad para cavar, trepar y matar sin herramientas.

Pasó de los esqueletos de rata y cavador que presentaba en la pantalla del ordenador a los esqueletos de ángel y murciélago.

—Los ángeles realizaron un trabajo más complejo… para seguir volando, sostener un cerebro más pesado y desarrollar la fuerza manual necesaria para empuñar herramientas. La solución consiste en mantener el uso de los pies como manos fuertes. Si se sostienen sobre un pie, estas articulaciones de las caderas les permiten la rotación suficiente para blandir un hacha de mano. Pero los brazos, que en los murciélagos tienen sólo vestigios de manos, han vuelto a convertirse en buenos instrumentos. No pueden aguantar mucho peso y, como hemos aprendido a través de un desdichado incidente, los brazos se rompen con facilidad. Así que las manos no se usan para actividades físicas pesadas, sino para tareas muy delicadas.

Shedemei se sentó y los miró fijamente. Luet al fin comprendió la sugerencia.

—¿Quieres decir que las estatuas de la ciudad de los cavadores fueron creadas por los ángeles?

—Las manos de los cavadores no tienen capacidad para realizar el exquisito trabajo que me habéis descrito —respondió Shedemei—. He analizado a los cavadores cuando estaban semiconscientes. Sólo pueden realizar tareas que requieran fuerza. Cuando se esculpe en arcilla blanda, se necesita mucha contención, no se puede apretar demasiado. Los cavadores son incapaces de eso. Transformarían la arcilla en pulpa.

—Tal vez sólo hayas examinado a soldados y obreros —sugirió Issib.

—¿Notasteis algún dimorfismo allí abajo? —preguntó Shedemei a Nafai y Oykib.

—Ninguno —dijo Nafai.

—Y ellos admitieron que no hacían las esculturas —añadió Oykib.

—Pero son sus dioses —dijo Chveya—. Dioses a los que adoran ofrendándoles huesos de bebés de ángel muertos. Resulta incongruente.

—En efecto —dijo Shedemei—. Y eso nos lleva a las preguntas más importantes. La primera es por qué dos especies inteligentes se desarrollaron paralelamente, de esta manera, sin destruirse. Según los archivos de la biblioteca, varias especies inteligentes evolucionaron junto con los humanos a partir de un mismo origen. Los llamaron robustos y heidelbergs.

Pero los erectos exterminaron a los robustos, y los modernos liquidaron a los heidelbergs.

—Puede que los absorbieran —corrigió Issib.

—Sea como fuere, allí donde fueron los modernos no quedaron más robustos, heidelbergs ni erectos —dijo Shedemei—. ¿Por qué sobreviven los ángeles junto a los cavadores?

—¿Porque no compiten por los recursos? —preguntó Chveya.

—Mi buena alumna —sonrió Shedemei—. Pero lo cierto es que los cavadores devoran a los vástagos de los ángeles. Y adoran las estatuas que ellos hacen. Así que no es el mismo caso que, por ejemplo, el de los pulpos y las águilas, que no compiten en ningún sentido. Los ángeles son presa de los cavadores. Y sin embargo sobreviven.

—Amantes del arte —dijo Nafai.

Parecía otra broma, y Luet se dispuso a pellizcarlo, pero Shedemei respondió como si fuera un comentario seno.

—Creo que tienes razón, Nafai. Creo que se trata de algo biológico, y las esculturas forman parte de ello. ¿No dijiste, Oykib, que has sabido que en su culto las estatuas se asocian con la cópula y la reproducción?

Oykib se sonrojó y miró furtivamente a su esposa y a Nafai.

—No seas tímido, Okya —lo animó Volemak—. Nafai creyó prudente revelar a los demás tus facultades. No a todos, sólo a los que estamos aquí. No tiene sentido que los demás se vuelvan paranoicos con sus plegarias.

Issib sonrió con malicia.

—Nosotros, en cambio, somos tan perfectos que no nos molesta que nos espíes.

—Issya quiere decir —continuó Volemak— que aceptamos que entre nosotros hay quienes tienen la capacidad de enterarse de cosas que otros preferirían mantener en secreto. Pero tú has demostrado una discreción tan notable en tu infancia y tu madurez que no te tememos.

—Yo sí —le dijo Chveya—. Sólo por eso permití que me embarazaras.

—Veya —la reprendió Luet—, ¿tienes que ser tan grosera?

—Bien, Oykib, ¿es eso cierto? —dijo Shedemei.

—Sí. Algunos de los pensamientos relacionados con el culto… son lisa y llanamente pornográficos. Se trata de las estatuas. Hemos visto que la mayoría están desgastadas y algunas son simples terrones. Los cavadores demuestran su reverencia frotándose contra las estatuas.

—Eso es de gran ayuda —dijo Shedemei—. No he observado esa conducta en las ratas ni en otros roedores. ¿Habéis encontrado algo sobre ello en vuestros estudios?

—Tú eres la bióloga, Shedya —le respondió Hushidh—. Si tú no lo has encontrado, puedes dar por descontado que nosotros no.

—Ya que estamos con el tema de quién sabe qué —dijo Luet—, me gustaría saber por qué estoy aquí. Es decir, el esposo de Shedya no está aquí, y la tía Rasa no está aquí, así que no es que estemos haciendo esto en pareja ni nada por el estilo. Shuya y Veya son necesarias para entender a los cavadores y los ángeles porque ven cosas que no pueden comunicarse por medio del lenguaje. El método de Oykib es diferente, pero su resultado es el mismo. Nafai posee el manto, y hay una escultura de su rostro en la ciudad de los cavadores. Issib no puede trabajar en los campos y es bueno con el lenguaje, y nadie maneja el índice mejor que él, así que será vital para la investigación y el diálogo. ¿Por qué estoy yo aquí?

—¿Te sientes insegura, mi amor? —se burló Nafai solícito.

—Estás aquí —le respondió Volemak— porque eres tú. No todos necesitan una especialización para lo que tengo en mente. Y te comunicas mejor que nadie con el Alma Suprema.

—No cuando tú usas el índice —precisó Luet—. Yo no debería estar aquí.

—Cállate, Lutya —dijo jovialmente Hushidh—. Con tus dudas nos haces perder tiempo.

—Ten paciencia —recomendó Volemak—. Ya me explicaré, y ya lo entenderás. —Borró las ilustraciones de Shedemei de la pantalla y las reemplazó por un mapa de las inmediaciones—. Aquí estamos nosotros, y aquí están los cavadores. Y aquí arriba están los ángeles. Tratemos de imaginar qué cultura llegaremos a entender mejor.

—Especialmente si les da por secuestrar a alguien de nuevo —dijo Issib.

—Creo que esto puede tener un resultado desafortunado —comentó Volemak—. Primero, nos acercaríamos más a la especie que conocemos mejor, y eso podría ser un grave error. Segundo, y más importante, los ángeles interpretarían que somos aliados de los cavadores, y en consecuencia recelarían de todo lo que hiciéramos. Podrían volverse hostiles. ¿Veis el problema?

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