Cartas Para Claudia
- Автор: Bucay Jorge
- Язык: испанский
- Жанр: Психология
Электронная книга - «Cartas Para Claudia». Краткое содержание книги:
Soy un privilegiado porque no hace mucho tiempo me ”encontré” con mi hermano mayor y decidimos juntos no separarnos más.
Soy un privilegiado porque trabajo en lo que más me gusta y me pagan por hacer lo que amo hacer.
Soy un privilegiado porque, en mis treinta y seis años, he cosechado millones de afectos y he vivido intensamente mis relaciones con los otros.
Soy un privilegiado porque he llegado a tener casi todo lo que quise en la vida, sin esforzarme jamás por conseguirlo. Soy un privilegiado porque soy aún capaz de enamorarme.
Soy un privilegiado porque amo y soy amado.
Soy un privilegiado porque, aunque no hago todo lo que quiero, jamás hago lo que no quiero.
Y sobre todo… soy un privilegiado porque soy el padre de mis dos hijos.
Yo soy yo.
¡Un privilegiado!
CARTA 44
Claudia:
No sé.
¿Cómo describirte una experiencia tan personal como es un laboratorio?
Quizás lo más que pueda decirte es que es un episodio vivencial. Desde una descripción más fría, es una experiencia grupaclass="underline" diez a treinta personas reunidas con dos o más terapeutas (en general tres ó cuatro), dispuestos a trabajar juntos, durante un fin de semana, en la exploración del ”sí mismo” y en la vivencia vincular con los otros.
¿Qué se hace? ¿Cómo se hace?
Cada laboratorio es una situación única y por lo tanto, la mejor cosa que yo puedo decirte es: hacé una.
Durante el laboratorio guestáltico se trabaja desde la palabra hasta el gesto. Desde lo concreto y desde el ensueño. Desde lo real y desde lo teatralizado.
El objetivo: aumentar la capacidad de darse cuenta (sentir, vivenciar, intuir, imaginar).
Hace más o menos un año, Patricia, ahora psicóloga, pasó por la experiencia y luego la describió en la tesis que presentó para su graduación.
Quizás más que mis palabras, pueda transcribirte las de ella, relatando su laboratorio:
Preparé mi bolso, recordé las instrucciones de Jorge: ropa cómoda, un almohadón y una manta. Me parecía estar por emprender un viaje. El laboratorio era en casa de Jorge, mi terapeuta, un chalet en Haedo.
Cuando entré, ya habían llegado todos (o eso me imaginé) y estaban sentados en el suelo sobre sus almohadones o mantas. El recuerdo que tengo ahora, es el impacto de cientos de colores y formas y caras y ojos y un clima muy cálido que me invadía y competía con mi ansiedad. Cuando me senté, la lucha dentro de mí, cesó y sentí paz. Me sentía inundada de un espíritu casi místico. Después, la música subió de volumen y se nos dio la primera consigna:
Mírense y déjense mirar. Era tan sencillo…
Sin embargo, a medida que nos recorríamos con los ojos, todo parecía menos sencillo. Algunas veces, mis ojos se enganchaban con alguna mirada, otras experimentaban la sensación de una carrera en pos de ojos que se escurrían y huían de los míos. ¿Estaría yo también huyendo de otros?
La segunda consigna era presentarse:
– Dejen afuera los datos que correspondan a una ficha de archivo. No nos importa cómo se ganan la vida, qué edad tienen, qué estado civil ni cuánto dinero hay en sus cuentas bancarias. Queremos saber quiénes son.
Para presentarse, cada uno lo haría desde el centro de la rueda. No había ningún orden preestablecido, las ganas de cada uno determinaban su turno.
Noté que no me animaba. (Pánico de escena’, como decía Perls). Llegué a pensar que no podría hacerlo, aparecía toda aquella timidez que a veces trato de esconder. De pronto me sorprendí, casi sin haberlo querido, levantándome y caminando hacia el centro de la sala. Pude. Mis propias palabras me tranquilizaban: