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Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
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«Los niños creen que nada les puede hacer daño —le susurraron al oído sus temores—. Los adultos saben que sí.»

La puerta era de madera gris con tachonaduras de hierro, y Theon se encontró con que estaba atrancada desde dentro. La golpeó con el puño, y soltó una maldición cuando una astilla le perforó el tejido del guante. La madera estaba húmeda y enmohecida, y los tachones de hierro oxidados.

Pasó un momento antes de que abriera la puerta un guardia con coraza de hierro y un yelmo del mismo metal que le cubría todo el rostro.

—¿Eres el hijo?

—Apártate de mi camino o verás quién soy.

El hombre se hizo a un lado. Theon subió por los peldaños serpenteantes que llevaban a las habitaciones privadas de su padre. Lo encontró sentado ante un brasero, bajo un manto de pieles enmohecidas de foca que lo cubrían de la barbilla hasta los pies. Al oír el sonido de sus botas contra la piedra, el señor de las Islas del Hierro alzó la vista para mirar a su único hijo superviviente. Era más menudo de lo que Theon recordaba, y estaba tan demacrado… Balon Greyjoy siempre había sido delgado, pero en aquel momento parecía como si los dioses lo hubieran metido en un caldero y lo hubieran hervido hasta fundir cada gramo de carne, de manera que sólo quedaran el cabello y la piel. Estaba flaco como un hueso, y a la vez duro como el mismo hueso, con un rostro que daba la sensación de estar tallado en pedernal. Sus ojos eran también como el pedernal, negros y duros, pero los años y los vientos marinos habían dado a su cabello el color gris del mar en invierno, salpicado de gaviotas blancas. Si se lo soltara le llegaría por debajo de la cintura.

—Han pasado nueve años, ¿no? —dijo por fin Lord Balon.

—Diez —replicó Theon al tiempo que se quitaba los guantes rotos.

—Se llevaron a un niño —dijo su padre—. ¿Qué eres ahora?

—Un hombre —respondió Theon—. Tu sangre y tu heredero.

—Ya lo veremos —gruñó Lord Balon.

—Lo verás —le prometió Theon.

—Diez años, dices. Stark te tuvo tanto tiempo como yo. Y ahora vienes como enviado suyo.

—Suyo no. Lord Eddard está muerto, la reina Lannister lo decapitó.

—Los dos están muertos. Stark y Robert, que derribó mis muros con sus piedras. Juré que viviría lo suficiente para verlos a los dos en sus tumbas, y lo he logrado. —Hizo una mueca—. Pero el frío y la humedad siguen haciendo que me duelan las articulaciones, igual que cuando estaban vivos. De modo que, ¿de qué ha servido?

—De mucho. —Theon se acercó—. Traigo una carta…

—¿Ned Stark te vestía así? —lo interrumpió su padre, mirándolo desde abajo con los ojos entrecerrados—. ¿Se divertía poniéndote terciopelos y sedas, para convertirte en su querida hijita?

—No soy la hijita de nadie. —Theon sintió que la sangre se le acumulaba en las mejillas—. Si no te gustan mis ropas, me las cambiaré.

—Desde luego. —Lord Balon echó las pieles a un lado y se levantó. No era tan alto como Theon recordaba—. Esa baratija que llevas al cuello, ¿la pagaste con oro o con hierro?

Theon se tocó la cadena de oro. Lo había olvidado. «Ha pasado tanto tiempo…» Según las antiguas costumbres, las mujeres podían adornarse con joyas pagadas con oro, pero un guerrero sólo podía usar las que arrancara de los cadáveres de enemigos muertos por su mano. Aquello se denominaba «pagar el precio del hierro».

—Te ruborizas como una doncella, Theon. Te he hecho una pregunta. ¿Pagaste el precio del oro, o el del hierro?

—El del oro —reconoció Theon.

Su padre metió los dedos bajo el collar y le dio un tirón tan fuerte que le habría arrancado la cabeza a Theon si la cadena no hubiera cedido antes.

—Mi hija tiene como amante un hacha de guerra —dijo Lord Balon—. No permitiré que mi hijo se engalane como una prostituta. —Tiró la cadena al brasero, donde se deslizó entre los carbones—. Justo lo que me temía. Las tierras verdes te han hecho blando, y los Stark te han hecho suyo.

—Te equivocas. Ned Stark era mi carcelero, pero mi sangre sigue siendo de sal y de hierro.

—Pero el mocoso Stark te envía a mí como un cuervo bien enseñado —dijo Lord Balon mientras se volvía para calentarse las manos huesudas sobre el brasero—, con su mensaje insignificante entre las garras.

—La carta que te traigo no es insignificante —dijo Theon—. Y la oferta que te hace es la que yo le sugerí.

—Así que el rey lobo escucha cuando le das consejo, ¿eh? —Por lo visto la sola idea parecía divertir mucho a Lord Balon.

—Sí, me hace caso. He cazado con él, me he entrenado con él, he compartido con él la carne y el aguamiel. Me he ganado su confianza. Me ve como a un hermano mayor, me…

—No. —Su padre le agitó un dedo ante la cara—. Aquí no, en Pyke no, no cuando yo esté presente. Jamás lo llames hermano, es el hijo del hombre que pasó por la espada a tus verdaderos hermanos. ¿O te has olvidado de Rodrik y Maron, que eran sangre de tu sangre?

—No he olvidado nada. —En realidad, Ned Stark no había asesinado a ninguno de sus hermanos. A Rodrik lo mató Lord Jason Mallister en Varamar, y Maron murió aplastado en el derrumbamiento de la antigua torre sur… pero Stark los habría liquidado sin problemas si las circunstancias de la batalla los hubieran enfrentado a él—. Recuerdo muy bien a mis hermanos —insistió Theon. Recordaba sobre todo las bofetadas ebrias de Rodrik, y las bromas crueles de Maron y sus mentiras sin fin—. También me acuerdo de cuando mi padre era rey. —Sacó la carta de Robb y se la tendió—. Leed esto… Alteza.

Lord Balon rompió el sello y desdobló el pergamino. Lo recorrió una y otra vez con sus ojos negros.

—Así que el chico me dará una corona —dijo—. Sólo tengo que acabar con sus enemigos. —Sus labios delgados se fruncieron en una sonrisa.

—A estas alturas Robb debe de estar ya en el Colmillo Dorado —dijo Theon—. Cuando el Colmillo caiga, sólo tardará un día en cruzar las colinas. Las huestes de Lord Tywin están en Harrenhal, aisladas por el oeste. El Matarreyes se encuentra prisionero en Aguasdulces. Para enfrentarse a Robb en el oeste sólo queda Ser Stafford Lannister, con la leva de críos que ha estado reclutando. Ser Stafford se situará entre el ejército de Robb y Lannisport, lo que significa que la ciudad estará sin defensas cuando caigamos sobre ella por mar. Si los dioses nos acompañan, la mismísima Roca Casterly podría caer antes de que los Lannister se dieran cuenta de que estamos interviniendo.

—Roca Casterly jamás ha caído —gruñó Lord Balon.

—Hasta ahora —sonrió Theon.

«Y será un momento tan, tan dulce…»

Su padre no le devolvió la sonrisa.

—¿Y por eso Robb Stark te envía de vuelta a mí después de tantos años? ¿Para que consigas que dé mi aprobación a su plan?

—El plan es mío, no de Robb —dijo Theon con orgullo. «Mío, igual que será mía la victoria, y con el tiempo la corona»—. Yo dirigiré la ofensiva, con tu beneplácito. Como recompensa quiero Roca Casterly como asentamiento cuando se la arrebatemos a los Lannister. —Una vez en posesión de la Roca, tendría también Lannisport y las tierras doradas del oeste. Riquezas y poder como la Casa Greyjoy no había conocido jamás.

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