Tres Metros Sobre El Cielo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Tres Metros Sobre El Cielo». Краткое содержание книги:
Bellos y vestidos de jeans, mejor que una publicidad en vivo. Sobre la moto azul oscura como la noche, se confunden en la ciudad, riendo. Hablando de todo y de nada a la vez, sonriéndose en los espejos doblados hacia adentro. Ella apoyada sobre su hombro, se deja llevar así, rozada por el viento y de esa nueva emoción. Avenida Cuatro Fuentes. Plaza Santa Maria Mayor. Esquina a la derecha. Un pequeño club. Un tipo ingles en la puerta reconoce a Step. Lo deja pasar. Babi sonríe. Con el se entra a todos lados. Es su ticket. El ticket para la felicidad. Esta tan feliz que no se acuerda de ordenar una cerveza oscura, ella que odia las claras, al final divide feliz con el un plato de pasta olvidándose la pesadilla de la dieta. Como un río sigue hablándole de todo, se no tener secretos. Le parece inteligente y fuerte, bello y dulce. Y ella que no había dado cuenta antes, estupida y ciega, ella que lo ofendió, áspera y mala. Pero después se disculpa. Solo tenía miedo. Juegan a dardos. Ella alza el tiro al blanco y lo aguanta cerca de su corazón. Si voltea hacia el. ‘Seria un buen resultado, no?’ El le sonríe. Hace seña de si. Babi lanza divertida otro dardo, pero sus ojos no se dan cuenta que ya había logrado hacer un centro.
De nuevo secuestrada. Vía Cavour. La pirámide. A toda velocidad, saboreando el viento fresco de esa noche a finales de abril. Step mete la tercera y después la cuarta. El semáforo en el cruce se muestra amarillo. Step lo atraviesa. De repente siente un chirrido de frenos. Cauchos que se queman sobre el asfalto. Un Jaguar Sovereign viene de la izquierda a toda velocidad, trata de frenar. Step, agarrado de sorpresa, frena manteniéndose en el medio del cruce. La moto se apaga. Babi lo abraza fuerte. En sus ojos asustados se ven los potentes faros del carro se avecina.
El conductor de la pantera salvaje se revela al freno violento. El carro se detiene. Babi cierra los ojos. Siente el rugido del motor frenando, el perfecto ABS controlar las ruedas, los cauchos presionados por los frenos. Después nada más. Abre los ojos. El Jaguar esta ahí, a pocos centímetros de la moto, inmóvil. Babi da un suspiro de relajo y libera la chaqueta de Step de su apretón asustado.
Step, impasible, mira el conductor del carro.
‘No deberías correr, pendejo!’ El tipo, un hombre por sus treinta y cinco años, con los cabellos de corte perfecto, baja la ventanilla eléctrica.
‘Que has dicho, disculpa muchachito?’ Step le sonríe bajándose de la moto. Conoce esos tipos. Debe tener a la mujer al lado y no quiere quedar mal. Se acerca al carro. De hecho, a través del vidrio ve las piernas femeninas cerca de el. Bellas manos cruzadas sobre una cartera negra y un vestido elegante. Trata de ver a la mujer en la cara, pero la luz de un poste se refleja sobre el vidrio escondiéndola. Muchachito. Ya veras quien será el muchachito. Step abre la puerta al tipo con educación.
‘Venga afuera idiota, así escuchas mejor.’ El hombre de los treinta y cinco años hace por bajar. Step lo agarra por la chaqueta y lo lleva directamente afuera. Lo lanza contra el Jaguar. El puño de Step se alza en el aire listo a golpearlo.
‘Step, No!’ Es Babi. La ve de pies cerca de la moto. Su mirada disgustada y preocupada. Los brazos abandonados por la cadera. ‘No lo hagas!’ Step libera un poco la presión. El tipo se aprovecha rápido. Libre y villano, lo golpea con un puño en la cara. Step va hacia atrás con la cabeza. Pero es un momento. Sorprendido, se lleva la mano a la boca. Su labio sangra. ‘Horrible hijo de…’ Step se lanza encima de el. El tipo lleva sus brazos al frente, baja la cabeza intentando cubrirse, asustado. Step lo agarra por sus cabellos rizos, le lleva la cabeza hacia abajo listo para darle un rodillazo, cuando de repente viene golpeado de nuevo.
Esta vez de una forma diferente, más fuerte, directamente en su corazón.
Un golpe seco. Una simple palabra. Su nombre.
‘Stefano…’
La mujer se bajo del carro. La cartera apoyada en el asiento y ella cerca, de pie. Step la mira. Mira la cartera, no la conoce. Quien sabe quien se la habrá regalado. Que pensamiento más extraño. Lentamente abre la mano. El tipo rizado y afortunado se consigue libre. Step se queda mirándola en silencio. Esta bella como siempre. Un débil ‘Hola’ sale de sus labios. El tipo lo empuja de lado. Step va hacia atrás dejándose llevar. El tipo se monta en su Jaguar y la apura.
‘Larguemonos, rápido.’
Step y la mujer se miran por un último instante. Entre esos ojos similares, una extraña magia, una larga historia de amor y tristeza, sufrimiento y pasado. Después ella se monta en el carro, bella y elegante, igual como apareció. Lo deja ahí, en la calle, con el labio sangriento y el corazón en pedazos. Babi se le acerca. Preocupada por esa única herida que puede ver, le toca ligeramente el labio con la mano. Step se aleja y se monta en silencio en la moto. Espera que ella este detrás para partir con rabia. Corre al frente, acelera bastante. La moto se desliza en la calle, sube rápido por la avenida Lungotevere.
Step, sin hablar, comienza a correr. Y deja detrás los recuerdos lejanos, acelerando. Ciento treinta, ciento cuarenta. Siempre más fuerte. El aire frío le golpea la cara, y ese fresco sufrimiento le da alivio. Ciento cincuenta, ciento sesenta. Aun más fuerte. Pasa rápido entre dos carros cercanos. Casi los toca mientras sus ojos entrecerrados miran alrededor. Imágenes felices de esa mujer le llena su mente confundida. Ciento setenta, ciento ochenta, una dulce cuneta y la moto casi vuela a través de un cruce. Un semáforo da rojo rápidamente. Los carros a su izquierda suenan, frenando apenas partidas. Sumisos a esa moto prepotente, a ese bólido nocturno débilmente iluminado, peligroso y veloz como un proyectil cromado de azul. Ciento ochenta, doscientos. El viento sopla. La calle, borrosa a los bordes, se une en el centro. Otro cruce. Una luz lejana. El verde desaparece. El amarillo que llega. Step se agarra al pequeño botón de la izquierda. Su bocina se alza en la noche. Como el grito de un animal herido que esta yendo al encuentro de la muerte, como la sirena de una ambulancia, chillón como el grito de la herida que lleva adentro. El semáforo cambia de nuevo. Rojo.
Babi comienza a golpearlo en la espalda con los puños. ‘Parate, párame.’ En el cruce, los carros parten. Un muro de metal de maquinas costosas y coloridas se alzan sonoras frente a ellos. ‘Parate!’
Ese ultimo grito, aquel reclamo a la vida. Step parece despertarse de repente. El manubrio del acelerador, libre, regresa a cero. El motor se mantiene debajo de sus pies prepotente. Cuarta, tercera, segunda. Step aprieta fuerte el freno de acero, doblándolo casi. La moto tiembla frenando, mientras la pasajera baja veloz. Las ruedas dejan dos marcas derechas y profundas en el asfalto. Un olor de quemado sale de los pistones humeantes. Los carros desfilan tranquilos a pocos centímetros de la rueda delantera de la moto. No se dieron cuenta de nada. Solo Step se acuerda de ella, de Babi. Se asusto. La ve ahí, apoyada a un muro en el borde de la calle.
Sollozos cortos le salen del pecho, no contenidos como las pequeñas lágrimas que riegan su pálida cara. Step no sabe que haces. Parado de pie, frente a ella, con los brazos abiertos, miedoso de tocarla, asustado por la idea que esos pequeños nerviosos sollozos solo con su simple toque se transformen en un llanto desenfrenado. Decide intentar de igual forma. Pero la reacción es inesperada. Babi le aleja con fuerza la mano, sus palabras salen casi gritando, cortadas por el llanto.