Domada por Amor
- Автор: Лоуренс Стефания
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
Y después de supervisar las últimas fases de la reconstrucción de las agrietadas paredes del pozo y su vencido techo, y después de tomar parte activamente en el montaje y el correcto funcionamiento del mecanismo para sacar agua de las profundidades del pozo, necesitaba un baño.
Los aldeanos se habían tomado el día libre del trabajo en sus campos y se habían reunido para reparar el viejo pozo, una necesidad antes del invierno; cuando él y Minerva habían llegado, ya llevaban las reparaciones de los muros bien avanzadas. Sus ideas para apuntalar el techo, sin embargo, eran una receta para el desastre; se había abierto paso y había usado su incuestionable autoridad para rediseñar y dirigir la construcción de una estructura que tenía algunas esperanzas de soportar el peso de la nieve que comúnmente experimentaban en aquellos lares.
Lejos de sentirse molestos por su interferencia, los hombres, y las mujeres, también, se habían sentido aliviados y sinceramente agradecidos. Habían almorzado todos juntos (sidra, gruesas cuñas de queso y pan de centeno recién horneado que él y Minerva habían aceptado gentilmente), y había sido mucho más increíble cuando, después de observar cómo los hombres se rascaban las cabezas y murmuraban sobre el mecanismo que habían desmontado, Royce se quitó la chaqueta, se subió las mangas, y se puso a trabajar con ellos, ordenando las distintas partes y ayudándolos a montarlas de nuevo, a alinearlas, y a colocar el mecanismo (él era más alto y fuerte que todos los demás que había allí), y al final consiguieron un pozo rejuvenecido y totalmente funcional.
Se produjeron ovaciones y aplausos a su alrededor cuando una de las mujeres sacó el primer cubo lleno.
El duque y Minerva se marcharon con una cacofonía de gracias resonando en sus oídos, pero no había escapado a su atención lo sorprendidos e intrigados que habían estado los aldeanos por él. Evidentemente, su modo de tratar con ellos era bastante distinto de lo que había sido el de su padre.
Minerva le había dicho que no tenía que ser como su padre; parecía que estaba demostrando que ella estaba en lo correcto. Debería sentirse satisfecha… y lo estaba. Sus excursiones le habían asegurado la victoria del día… Ella había triunfado en aquella batalla en la que ambos estaban luchando.
Para él, el resultado era una conclusión predecible; no tenía ninguna duda de que ella terminaría en su cama. Permanecía siendo un misterio por qué se estaba resistiendo tan enérgicamente… Un misterio, y un desafío.
Se quitó las botas, se levantó y se quitó los pantalones y las medias. Desnudo, entró en el baño, y se quedó mirando el vapor que emergía de la superficie del agua.
Su ama de llaves era la primera mujer por la que había tenido que luchar. A pesar de las molestias, de las frecuentes irritaciones, del constante fastidio del rechazo sexual, no podía negar que encontraba el desafío (la cacería) intrigante.
Miró abajo. Era igualmente imposible negar que su desafío, y ella misma, le resultaban excitantes.
Entró en la bañera, se sumergió, se echó hacia atrás y cerró los ojos. Quizá el día había sido de ella, pero la noche sería suya.
Caminó hasta el salón sintiéndose como un lobo anticipándose a su próxima comida. Localizó a su ama de llaves, de pie ante la chimenea con su vestido negro de escote modesto, y corrigió el pensamiento: un hambriento lobo babeando por la expectación.
Se dirigió a ella. Cuando estaba a menos de dos pasos de distancia, se dio cuenta de que se estaba tramando algo; sus hermanas, sus primos y el resto de invitados que aún quedaban en el castillo estaban ruidosos y nerviosos, y la agitación de sus conversaciones era un zumbido a su alrededor.
Habían comenzado a formarse una sospecha antes de llegar junto a Minerva. Margaret estaba a su lado; su hermana mayor se giró mientras él se acercaba, con el rostro iluminado de un modo que había olvidado que podía presentar.
– Royce… Minerva nos ha hecho la sugerencia más maravillosa.
Incluso mientras Margaret parloteaba, supo que no iba a compartir su impresión.
– Las obras… las obras de Shakespeare. Los que hemos decidido quedarnos somos más que suficientes para realizar una representación cada noche… para entretenernos hasta la feria. Aurelia y yo creemos que, ya que ha pasado una semana desde el funeral, y dado que esto será una fiesta privada, nadie pondrá objeciones en los terrenos de la propiedad -Margaret lo miró, con sus oscuros ojos llenos de vida. -¿Qué te parece?
La idea de su ama de llaves había sido tremendamente inteligente. La miró; ella le devolvió la mirada, sin un ápice de regodeo en su expresión.
Sobre todo Margaret y Aurelia, aunque Susannah también, eran adictas a las representaciones teatrales de aficionados; mientras vivieron en el sur de Eton, y después en Oxford, habían tenido que soportar muchos largos inviernos atrapadas en el castillo… de ahí su pasión. Lo había olvidado, pero su ama de llaves no.
Su respeto por ella como oponente creció.
Miró a Margaret de nuevo.
– No veo ninguna objeción.
No veía ninguna alternativa; si objetaba y vetaba las obras, sus hermanas se enfurruñarían y lo acosarían hasta que cambiara de idea. Con expresión afable, arqueó una ceja.
– ¿Con qué obra vais a comenzar?
Margaret se iluminó.
– Romeo y Julieta. Aún tenemos todos los guiones abreviados y los disfraces de cuando solíamos hacer esto hace tanto tiempo -Posó una mano sobre el brazo de Royce, agradecida, y después lo liberó. -Voy a decírselo a Susannah… ella será Julieta.
Royce la observó mientras se alejaba; por las preguntas que le hacían, y las expresiones que provocaban sus respuestas, todo el mundo estaba dispuesto y ansioso por deleitarse con aquel entretenimiento.
Minerva había permanecido, como su leal ama de llaves, a su lado.
– Supongo -dijo -que vamos a ser obsequiados con Romeo y Julieta esta noche.
– Eso es lo que han planeado.
– ¿Dónde?
– En la sala de música. Es donde siempre tienen lugar las obras. El escenario, e incluso el telón, están aún allí.
– Y -La cuestión más importante, -¿cuándo les hiciste esta brillante sugerencia?
Minerva dudó un momento, notando el subyacente disgusto de su voz.
– Esta mañana, en el desayuno. Estaban quejándose de lo aburridos que estaban.
Royce dejó que pasara un minuto, y después murmuró.
– Si puedo hacerte una sugerencia, la próxima ver que consideres lo aburridos que pueden estar, deberías primero considerar lo aburrido que yo puedo estar.
Se giró y la miró a los ojos, solo para verla sonreír.
– Hoy no te has aburrido.
No tenía sentido mentir.
– Quizá no, pero voy a estar tremendamente aburrido esta noche.
Su sonrisa se amplió mientras miraba hacia la puerta.
– No puedes tenerlo todo.
Retford los llamó para la cena. Con irresistible deliberación, Royce la tomó del brazo. Notó el súbito salto de su pulso. Bajó la cabeza para murmurar mientras la guiaba hacia la puerta.
– Pero tengo intención de tenerlo todo de ti. Todo, y más.
De nuevo la situó a su lado en la cena, y se vengó como pudo, pasando la mano por su cintura mientras la conducía hasta su silla, y acariciando su mano con los dedos mientras la dejaba.
Minerva capeó esos momentos con toda la fortaleza que pudo reunir; los nervios crispados y los sentidos agitados eran un precio que estaba dispuesta a pagar si así evitaba su cama ducal.
Era frustrante, pero nadie (ni siquiera Margaret) parecía pensar que el hecho de que Royce monopolizara su compañía fuera extraño. Además, debido a que estaba reclinado hacia atrás en su enorme silla, haciendo que ella tuviera que girarse para mirarlo, su conversación permanecía en privado; los demás, presumiblemente, pensaban que estaban discutiendo asuntos del ducado. En lugar de eso…
– Supongo que Romeo y Julieta no ha sido tu elección -Se echó hacia atrás, girando su copa de vino entre los dedos.