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Los coleccionistas [The Collectors - es]

Электронная книга - «Los coleccionistas [The Collectors - es]». Краткое содержание книги:

l Camel Club entra de nuevo en acción. Son cuatro ciudadanos peculiares con una misma meta: buscar la verdad, algo difícil en Washington. Esta vez el asesinato del presidente de la Cámara de Representantes sacude Estados Unidos. Y el Camel Club encuentra una sorprendente conexión con otra muerte: la del director del departamento de Libros Raros y Especiales de la Biblioteca del Congreso. Los miembros del club se precipitarán en un mundo de espionaje, códigos cifrados y coleccionistas.
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– Supongo que eso es un cumplido -dijo Caleb forzadamente.

Stone se aclaró la garganta y abrió uno de los diarios que había traído consigo.

– Creo que he averiguado, en parte, a qué nos enfrentamos.

Todos lo escucharon con atención. Antes de empezar a dar explicaciones, Stone encendió la radio portátil y sintonizó una emisora de música clásica.

– Por si han puesto micrófonos en la casa -dijo. Se aclaró la garganta de nuevo y les contó lo de la visita a la casa destruida de Bradley-. Se lo cargaron y luego volaron la casa por los aires. Al principio pensé que era para seguir recurriendo al subterfugio del grupo terrorista. Ahora creo que podría existir otro motivo: pese a su reputación de hombre honrado, Bob Bradley era un político corrupto. Y las pruebas de esa corrupción desaparecieron con la explosión.

– Imposible -dijo Caleb-. El criminal no era Bradley, sino su predecesor. A Bradley lo ascendieron a lo más alto para que hiciera una buena limpieza.

Stone meneó la cabeza.

– Por lo que he visto en Washington, el cargo de presidente no se consigue gracias a un programa basado en la anticorrupción, sino ganándose el respaldo de poderosos y cultivando alianzas con el paso de los años. De todos modos, el ascenso de Bradley fue inusual. Si el dirigente de la mayoría no hubiera sido acusado junto con el ex presidente, el cargo habría sido suyo. Pero la reputación de la dirección estaba tan manchada que Bradley tuvo que desempeñar el papel del sheriff recién llegado que viene a limpiar la ciudad. Y no me refiero a esa clase de corrupción.

»El cargo de presidente de Bradley -prosiguió-dejaba en un segundo plano su otro puesto importante, el de presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara. A Bradley se le habría informado de cualquier operación secreta llevada a cabo por las agencias de inteligencia estadounidenses, incluidas la CIA, la ASN y el Pentágono. Su gabinete y él habrían estado al tanto de secretos y documentos clasificados por los que nuestros enemigos matarían. -Stone pasó las páginas del diario-. Durante los últimos años ha habido numerosos casos de espionaje contra las agencias de inteligencia estadounidenses, algunos de los cuales han supuesto la muerte de agentes secretos, cuatro en el ejemplo más reciente, que la prensa identificó como enlaces del Departamento de Estado. Según las fuentes de Reuben, la realidad es mucho peor de lo que informan los medios.

– ¿Estás diciendo que Bradley era un espía? -preguntó Milton.

– Es una posibilidad.

– Pero, si Bradley cooperaba con los enemigos de Norteamérica, ¿por qué iban a querer matarlo? -preguntó Caleb.

– Hay dos posibilidades -respondió Stone-. Tal vez pidió más dinero a cambio de la información que proporcionaba y decidieron matarlo. O…

– O lo matamos nosotros.

Stone la miró y asintió. Los demás parecían perplejos.

– ¿Nosotros? ¡¿Nuestro Gobierno?! -exclamó Caleb.

– ¿Por qué matarlo? ¿Por qué no llevarlo a los tribunales? -quiso saber Milton.

– Porque habría que revelar todos los secretos -respondió Stone.

– Y tal vez la CIA y el Pentágono no quieran que la gente sepa que los malos les ganaron -añadió Reuben.

– La CIA no es famosa por su compasión -dijo Stone lacónicamente-. Ni siquiera el presidente de la Cámara se salvaría de su lista de objetivos.

– Pero, si nuestro Gobierno es responsable, ¿quiénes te secuestraron y torturaron, Oliver? -preguntó Milton.

Annabelle lo miró de hito en hito.

– ¿Te torturaron?

– Varias personas muy curtidas me interrogaron a fondo.

– ¿Te interrogaron a fondo? Trataron de ahogarte -le espetó Caleb-echándote agua.

Reuben le dio una fuerte palmada en la pierna.

– ¡Echándole agua! Por Dios, Caleb, eso es lo que hacen a los payasos en el circo. A Oliver lo sumergieron inmovilizado en el agua, y te aseguro que no es lo mismo.

– Respecto a tu pregunta, Milton, no sé cuál es el papel de mis secuestradores en todo esto. Si nuestro Gobierno asesinó a Bradley, no tiene sentido que les interesara saber qué habíamos averiguado. Ya lo sabían.

– Tendría sentido si la agencia que mató a Bradley lo hubiera hecho por su cuenta, y otra agencia tratara de estar al día -sugirió Annabelle-. Tal vez haya dos agencias enfrentadas.

Stone la miró con respeto.

– Interesante teoría; aunque, ahora mismo, no sabemos cómo nos afecta.

– ¿Todavía crees que tiene que ver con la muerte de Jonathan? -preguntó Annabelle.

– Cornelius Behan ha sido el denominador común desde el principio -dijo Stone-. La visita a la biblioteca y el interés en el sistema antiincendios consolida nuestras sospechas. Ese es el vínculo con Jonathan. Cornelius Behan. Y, para llegar al fondo del asunto, tenemos que averiguar cómo murió Jonathan.

– O sea, que tenemos que entrar de forma subrepticia en la Biblioteca del Congreso -se lamentó Caleb.

Stone le puso la mano en el hombro.

– Por si te sirve de consuelo, no sería la primera vez que allano un edificio gubernamental.

Capítulo 36

Caleb logró que Reuben y Stone pasaran el control de seguridad gracias a sus credenciales y a la mentira de que eran unos visitantes importantes que venían a ver una exposición más tarde de lo normal; aunque Caleb mintió de mala gana y, por lo tanto, con poco arte.

Cuando bajaban al sótano en el ascensor, Caleb se quejó:

– ¡Pues no me siento distinto después de haber cometido un delito!

– Oh, falta poco para el delito, Caleb -le dijo, mostrándole las llaves especiales-. Lo que acabas de hacer no es más que una mera falta. -Caleb lo fulminó con la mirada.

Encontraron la sala, que contaba con unas enormes puertas dobles. Stone dio rápidamente con la llave que encajaba en la cerradura. Al cabo de unos instantes, estaban dentro de la sala espaciosa. El equipo antiincendios se hallaba en una de las paredes.

– Ahora entiendo lo de las puertas grandes -comentó Stone.

Las bombonas eran gigantescas, seguramente pesaban cerca de una tonelada, y no habrían pasado por una puerta de tamaño normal. Había varias bombonas conectadas a las tuberías que discurrían hasta el techo y seguían más allá.

En la etiqueta de las bombonas ponía HALÓN 1301.

– Fire Control, Inc. -dijo Stone, leyendo el nombre de la empresa instaladora del equipo, que también estaba impreso en las bombonas. A continuación, observó la disposición de las tuberías-. Hay un interruptor para accionar el gas manualmente. Las tuberías deben de llegar a varias salas aparte de la cámara, pero no queda claro cuál de las bombonas va hasta tu sala, Caleb.

Reuben miró por encima de los hombros de Stone.

– Y no puede saberse si se han usado o no.

Stone se dirigió al conducto de ventilación y sacó el dibujo de Milton. Observó un tramo del conducto que ascendía hasta el techo.

– ¿Por qué te interesa tanto la ventilación, Oliver? -preguntó Reuben.

– Si usaron gas para matar a Jonathan, el asesino tendría que haber sabido que Jonathan estaría en un lugar exacto antes de saber cuándo abrirle al gas aquí abajo.

– Exacto, no se me había ocurrido -dijo Caleb-. Puesto que el gas no lo activó ningún incendio, tuvo que ser descargado manualmente. Pero habría que estar aquí para hacer eso. ¿Y cómo sabía el asesino que Jonathan estaría en esa parte de la cámara?

– Creo que conocía la rutina diaria de Jonathan. Siempre era el primero en llegar a la cámara y solía repasar varias zonas una vez dentro, incluyendo el lugar donde murió.

Reuben negó con la cabeza.

– Vale, pero según lo que Caleb nos contó, encontró el cadáver de DeHaven a unos seis metros de las boquillas, lo cual significa que estaba en el lugar idóneo para que el gas lo matara. ¿Cómo lo iba a saber el asesino si estaba aquí abajo?

Stone observó el dibujo de Milton y luego señaló el conducto de ventilación.

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