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Noche cerrada en Bergen

Электронная книга - «Noche cerrada en Bergen». Краткое содержание книги:

Durante unas frías navidades, la psicóloga y profiler Inger Johanne Vik se encuentra, junto a su familia, involucrada en la investigación de unos desagradables crímenes. Su marido, el detective Yngvar Stubø, ha sido enviado a Bergen tras el asesinato de la obispo local, Eva Karin Lysgaard. Mientras, en Oslo, se suceden una serie de asesinatos de diversa naturaleza. A pesar de que no hay un vínculo aparente entre ellos, Inger Johanne Vik acabará descubriendo la relación existente.
La cuarta entrega de la serie de Vik/Stubø es una emocionante novela negra que aborda temas actuales. Noche cerrada en Bergen va más allá de la investigación criminal al uso al invitar a la reflexión acerca de temas políticos, religiosos y de derechos humanos. Es, además, una contundente crítica a la intolerancia.
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Aquello hizo que Inger Johanne se acalorase y se sintiese casi avergonzada. Isak quería a su hija más que a nada en el planeta, e Yngvar era el padrastro más cariñoso del mundo. Los abuelos adoraban a Kristiane, y ella estaba tan bien integrada en el ambiente social de la familia Vik Stubø como era posible para una niña como ella. Sucedía de vez en cuando que alguien le dijese que Kristiane era muy afortunada por tener una familia tan buena. Live Smith le había dado la sensación de que disfrutaba de tener a su hija en la escuela.

Pero nadie había dicho nunca que Inger Johanne era afortunada al tener una hija como Kristiane.

– Es cierto -dijo Inger Johanne-. Soy…, somos increíblemente afortunados, los que la tenemos.

Parpadeó con rapidez para evitar que se le saltasen las lágrimas. Karen extendió la mano por encima de la mesa y la apoyó sobre su mejilla. El gesto le pareció extrañamente agradable, pese a los muchos años que habían estado separadas.

– Los niños son el mayor regalo de Dios -dijo Karen-. Son siempre, siempre, una bendición; independientemente de dónde vengan, de a quién le lleguen o de qué manera. They should be treated, loved and respected accordingly.

Una lágrima solitaria se soltó y rodó hacia abajo sobre la mejilla de Inger Johanne.

«Los norteamericanos y sus palabras», pensó. Ellos y su enorme, grandilocuente y bello uso de las palabras. Sonrió brevemente y se secó una lágrima con el dorso de la mano.

– ¿Quieren pedir ya?

El camarero había aparecido nuevamente y las miraba alternativamente.

– Sí -dijo Inger Johanne-. Sería bueno si nos puede comentar el menú en inglés, así me evita tener que traducirlo para mi amiga.

Era el menor problema para el camarero. Durante casi diez minutos, explicó y describió los diferentes platos y respondió a todas las preguntas curiosas de Karen. Cuando finalmente estuvieron de acuerdo en la comida y en el vino, Inger Johanne se dio cuenta de que Karen estaba mucho mejor educada que ella. Hasta el camarero estaba sorprendido.

Comenzaron con las ostras.

Ni siquiera estaban en el menú, y el camarero no las había nombrado en su exhaustiva descripción de lo que el restaurante tenía para ofrecer. Karen había reflexionado cuando él terminó su presentación, había mostrado su sonrisa blanquísima y había concluido que todo chef que se precie tendría una reserva de ostras.

Miró el plato. Las medias conchas descansaban sobre una cama de hielo y olían levemente a resaca. Nadie podría haber dicho que la masa gelatinosa y gris blancuzca era tentadora. Miró a Karen, que utilizando una escudilla vertía una mezcla de vinagre y vino del Rin sobre cada ostra antes de llevarse la primera concha a la boca para absorber su contenido. Con los ojos cerrados, dejó que la ostra rodase en su boca antes de tragarla y exclamó:

– Perfect!

Inger Johanne la imitó.

Las ostras eran lo mejor que había probado en su vida.

– Inger -dijo Karen una vez que las conchas estuvieron vacías-. Cuéntame más. ¡Cuéntamelo todo! Absolutely everything!

Hablaron durante los dos platos siguientes. Sobre sus tiempos de estudiantes y acerca de sus amigos comunes de entonces. De sus familias y de sus padres, de sus alegrías y sus frustraciones. De los hijos. Hablaban interponiéndose, riendo juntas e interrumpiéndose. El pequeño local tenía una acústica lamentable; la risa fuerte de Karen estallaba contra las altas paredes de piedra importunando a los otros comensales. El camarero, de todos modos, se mostraba atento y escanciaba discretamente cada vez que las copas amenazaban con vaciarse.

– Karen, debo preguntarte acerca de algo.

Inger Johanne miró el cuarto plato cuando se lo colocaron delante, una codorniz sobre un lecho de puré de alcachofas. Pequeñas tiras de jamón de Parma circundaban al ave menuda, junto a algún que otro tomate macerado.

– Cuéntame cosas de APLC -pidió.

– ¿Cómo sabes que trabajo ahí?

Karen se llevó a la boca la enorme servilleta de tela antes de retomar los cubiertos.

– Te busqué en Google -contestó Inger Johanne-. Justo ahora estoy ocupada con un proyecto en el que…

Karen se rio haciendo tintinear las copas.

– ¡Hemos estado aquí sentadas durante más de dos horas y aún no nos hemos contado ni dónde trabajamos ni qué es lo que hacemos! ¡Cuéntame!

E Inger Johanne se lo contó. Habló de su trabajo en el Instituto de Criminología; del doctorado que había cursado en el año 2000, de cuánto le gustaba la investigación, y de cómo no podía escapar a los compromisos docentes que acompañaban a su trabajo, y de las alegrías y frustraciones que resultaban de combinar su carrera con las necesidades de dos niñas exigentes. Finalmente llegó al proyecto que la ocupaba entonces. Cuando terminó, las codornices se habían convertido en dos osamentas minúsculas y los platos estaban casi vacíos.

– Tienes que visitarnos -dijo Karen con decisión-. Las cuestiones de que nos ocupamos son sumamente importantes para tu investigación.

– Y ahora es tu turno -dijo Inger Johanne-. A ver.

Le pidió al camarero que hiciese una pequeña pausa antes del plato siguiente. Sentía que había bebido un poquito de más, pero no importaba. No podía recordar cuándo fue la última vez que había comido en un restaurante, y ciertamente tampoco cuándo se había sentido tan bien. Cuando el camarero llenó la copa, se lo agradeció con una sonrisa.

– La empresa se estableció en 1971 -empezó Karen, y sostuvo la copa de vino tinto contra la luz para evaluar el color-, y está en Montgomery, Alabama. Los dos fundadores, que incidentalmente son blancos, estaban en el movimiento de derechos civiles. En principio, empezaron con la oficina para luchar contra el racismo. Una empresa claramente deficitaria, por supuesto.

Se interrumpió, como buscando la manera de contar una larga historia en el menor tiempo posible.

– Al comienzo, bien podría decirse que funcionábamos como una oficina de apoyo legal gratuito. ¡Tampoco es que yo estuviese ahí en aquel tiempo!

La risa resonó otra vez entre las paredes, y una pareja mayor sentada dos mesas más allá las miró con enojo.

– En ese entonces yo no había acabado ni siquiera la elementary school. En 1981, la oficina abrió un departamento de información. Sencillamente para estar en mejores condiciones de alcanzar nuestra única meta reaclass="underline" unos Estados Unidos que funcionen de acuerdo con su otrora tan revolucionaria constitución. En los primeros años, la lucha fue principalmente contra los white supremacy groups.

– Ku Klux Klan -dijo despacio Inger Johanne.

– También ellos. Hemos ganado una serie de casos contra miembros del Klan. Un par de veces hasta llegamos a conseguir que cerraran campos de entrenamiento y también les destruimos células bastante importantes. El problema es, por supuesto… -Aspiró aire y tomó un pequeño trago-. Los del KKK no son los únicos en esta lucha. Tenemos a los Imperial Klans of America, Aryan Nations, Church of the Creator…, you name it! Con los años, nuestro servicio de información se ha vuelto bastante completo, y hoy por hoy sabemos de 926 grupos de odio distintos, distribuidos por todos los Estados Unidos. Algunos son «muy» activos.

– ¿No todos están dirigidos contra los afroamericanos, entiendo?

– No. ¡Tenemos, por ejemplo, movimientos separatistas negros que quieren echarnos a todos los demás! De la misma manera, los judíos tienen enemigos por todos lados. También entre nosotros.

De pronto Karen le pareció más vieja. Las arrugas en torno a los ojos no eran arrugas de sonrisa, como Inger Johanne había creído. Cuando estaba seria, eran más profundas.

– Institute for Historical Review, Noontide Press…, demasiados. Por su parte, los judíos tienen la Jewish Defense League, que definitivamente es una organización de odio. En todo caso: There is hate enough to go around in this world. Tenemos grupos contra los sudamericanos, contra los native Americans, a favor de los native Americans, en contra de todos los inmigrantes, con fundamentos más generales y menos prejuiciosos.

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