Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El tercer gemelo
El tercer gemelo - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El tercer gemelo

Электронная книга - «El tercer gemelo». Краткое содержание книги:

Ayer acabé otra novela de Ken Follet de las que tengo por casa pendientes.
El tercer gemelo habla sobre el tema de la clonación de seres humanos. Una empresa pionera en estas investigaciones decide, allá por los años setenta, lanzar sus pruebas a los seres humanos pero sin advertir a los afectados.
Veintitrés años después de que se llevaran a cabo algo hará que se descubra todo el pastel, gracias a una profesora que trabaja para esa empresa sin saber el fin real de sus estudios.
“Una joven científica está desarrollando una investigación sobre la formación de la personalidad y las diferencias de comportamiento entre gemelos. De pronto, cuando descubre dos gemelos absolutamente idénticos nacidos de madres distintas, se da cuenta de que alguien intenta frenar su investigación al precio que sea.
¿Es posible que se hayan hecho experimentos secretos de clonación en seres humanos sin ser ellos conscientes? ¿Y de qué forma puede estar involucrado un candidato a la presidencia de los Estados Unidos?”
1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 123
Перейти на страницу:

– ¿Y?…

– No hay duda. Es tu vivo retrato.

– Tal vez fue él quien violó a Lisa Hoxton.

Jeannie movió la cabeza negativamente.

– Si se hubiese fugado de la cárcel el fin de semana, probablemente. Pero todavía está allí.

– ¿No crees que pueda haber escapado y vuelto? Para hacerse con una coartada.

– Demasiado fantástico. Si Dennis se hubiera visto fuera de la cárcel, nada le habría inducido a volver.

– Me parece que tienes razón -concedió Steve, sombrío.

– He de hacerte un par de preguntas.

– Dispara.

– Primero, necesito confirmar tu fecha de nacimiento.

– Veinticinco de agosto.

Esa era la que Jeannie había anotado. Quizá tenía equivocada la de Dennis.

– ¿Sabes por casualidad dónde naciste?

– Sí. En aquellos días, papá estaba destinado en Fort Lee, Virginia, y yo nací en el hospital militar de allí.

– ¿Estás seguro?

– Segurísimo. Mamá habló de ello en su libro Tener un Hijo. -Entornó los párpados para mirarla de una manera que a Jeannie le pareció familiar. Significaba que intentaba adivinarle el pensamiento-. ¿Dónde nació Dennis?

– Aún no lo sé.

– ¿Pero nacimos a la vez?

– Por desgracia, la fecha de nacimiento que dio es el siete de septiembre. Pero puede que se trate de un error. Voy a confirmarlo. En cuanto vaya a mi despacho telefonearé a su madre. ¿Hablaste ya con tus padres?

– No.

– ¿Prefieres que los llame yo?

– ¡No! No quiero que sepan nada de esto hasta que el asunto se haya aclarado.

Jeannie arrugó el entrecejo.

– A juzgar por todas las noticias que tengo de ellos, parecen pertenecer a la clase de personas que te apoyarían.

– Claro que sí. Pero no quiero que pasen por toda esta angustia.

– Desde luego, sería bastante penoso para ellos. Pero tal vez prefiriesen estar enterados y así poder ayudarte.

– No, por favor, no les digas nada.

Jeannie se encogió de hombros. Allí había algo oculto que no le confesaba. Pero era una decisión de Steve.

– Jeannie… ¿cómo es?

– ¿Dennis? A primera vista, igual que tú.

– ¿Lleva el pelo largo o corto? ¿Tiene bigote, uñas mugrientas, acné, cojea?…

– Lleva el pelo corto como tú, es barbilampiño, tiene las manos limpias, su piel es clara. Podría haber sido tú.

– ¡Vaya! -Steve pareció profundamente incómodo.

– La gran diferencia está en su comportamiento. Está incapacitado para relacionarse con el resto de la raza humana. No sabe.

– Es muy extraño.

– A mí no me lo parece. En realidad, confirma mi teoría. Ambos sois lo que yo llamo «pequeños salvajes». Tomé la expresión de una película francesa. La empleo para aplicarla a los chicos intrépidos, incontrolables, hiperactivos. Tales chicos son muy difíciles de integrar en la sociedad. Charlotte Pinker y su marido fracasaron con Dennis. Tus padres lo consiguieron contigo.

Eso no le tranquilizó.

– Pero interiormente, Dennis y yo somos iguales.

– Ambos habéis nacido salvajes.

– Pero yo tengo un tenue barniz de civilización.

Jeannie se dio cuenta de que estaba profundamente preocupado.

– ¿Por qué te inquieta tanto?

– Quiero pensar que soy un ser humano, no un gorila domesticado.

La muchacha se echó a reír, pese a la expresión solemne de Steve. -Los gorilas también tienen que aprender a ser sociables. Así lo hacen todos los animales que viven en grupo. De ahí es de donde procede el crimen.

Steve parecía interesado.

– ¿De la vida en grupo?

– Claro. El delito es la ruptura de una regla social importante. Los animales solitarios no tienen reglas. Un oso invadirá la cueva de otro oso, robará su alimento y matará a sus oseznos. Los lobos no hacen esas cosas; si las hicieran, no vivirían en manadas. Los lobos son monógamos, unos cuidan los cachorros de los otros y respetan el espacio particular ajeno. Si un individuo quebranta las reglas, lo castigan; si reincide, lo expulsan de la manada o lo condenan a muerte.

– ¿Y si viola normas sociales poco importantes?

– ¿Cómo soltar una ventosidad en un ascensor? Eso lo llamamos faltas de educación. El único castigo es el reproche de los demás. Es asombroso lo efectivo que resulta.

– ¿Por qué te interesan tanto las personas que violan las reglas?

Jeannie pensó en su padre. Ignoraba si ella llevaba o no sus genes criminales. Quizás ayudara a Steve saber que también a ella le preocupaba su herencia genética. Pero llevaba tanto tiempo mintiendo acerca de su padre que no le resultó fácil hablar de él ahora.

– Es un gran problema -dijo evasivamente-. A todo el mundo le interesa el crimen.

A su espalda se abrió la puerta y la joven funcionaria de policía miró al interior del cuarto.

– Se ha acabado el tiempo, doctora Ferrami.

– Muy bien -repuso Jeannie por encima del hombro-. Steve, ¿sabías que Lisa Hoxton es la mejor amiga que tengo en Baltimore?

– No, no lo sabía.

– Trabajamos juntas; es una experta.

– ¿Cómo es?

– No es la clase de persona que formularía una acusación al buen tuntún.

Steve asintió con la cabeza.

– Pese a todo, quiero que sepas que no creo que lo hicieras tú.

Durante unos segundos Jeannie pensó que iban a saltársele las lágrimas a Steve.

– Gracias -articuló el muchacho bruscamente-. No tengo palabras para decirte lo mucho que eso significa para mí.

– Llámame cuando salgas. -Le dio su número de teléfono-. ¿Te acordarás?

– No hay problema.

A Jeannie le costaba trabajo retirarse. Dedicó a Steve lo que confió fuese una sonrisa de ánimo.

– Buena suerte.

– Gracias, aquí dentro la necesito.

Jeannie dio media vuelta y abandono el minúsculo locutorio.

La mujer policía la acompañó hasta el vestíbulo. Caía la noche cuando Jeannie regresaba al garaje donde tenía el coche aparcado. Al desembocar en la autopista Jones Falls encendió los faros del viejo Mercedes. Aceleró rumbo al norte, deseosa de llegar cuanto antes a la universidad. Siempre conducía demasiado deprisa. Era hábil al volante, pero un tanto imprudente. Aunque se daba cuenta de ello, carecía de paciencia para ir sólo a noventa por hora.

El Honda Accord de Lisa ya estaba aparcado delante de la Loquería. Jeannie estacionó su vehículo junto a él y entró en el edificio. Lisa encendía en aquel momento las luces del laboratorio. El estuche frigorífico que contenía la muestra de sangre de Dennis Pinker estaba encima del banco.

El despacho de Jeannie se abría justo enfrente, al otro lado del pasillo. Abrió la puerta por el procedimiento de pasar su tarjeta por la ranura del lector de identificaciones y entró. Sentada ante el escritorio, llamó al domicilio de los Pinker, en Richmond.

– ¡Por fin! -exclamó al oír la señal de tono al otro extremo de la línea.

Contestó Charlotte. -¿Cómo está mi hijo? -quiso saber.

– De salud, muy bien -repuso Jeannie. Pensó que a duras penas le hubiera parecido un psicópata, hasta que sacó el cuchillo y me robó las bragas. Hizo un esfuerzo para pensar algo positivo y dijo-: Se mostró dispuesto a colaborar.

– Siempre ha tenido unos modales exquisitos -repuso Charlotte con el deje sureño que usaba en sus manifestaciones mas ofensivas.

– Señora Pinker, ¿puede usted confirmarme la fecha de nacimiento de Dennis?

– Nació el día siete de septiembre -lo dijo como si debiera ser una fiesta nacional.

No era la respuesta que le hubiera gustado a Jeannie.

– ¿En qué hospital?

– En aquella época estábamos en Fort Bragg, Carolina del Norte.

Jeannie contuvo una decepcionada maldición.

– El comandante estaba entrenando reclutas para Vietnam -declaró Charlotte orgullosamente-. La Comandancia Médica Militar tiene un hospital en Bragg. En el vino Dennis al mundo.

1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 123
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)