Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Muerte Entre Poetas». Краткое содержание книги:

Ágil y sutil pero profunda, brillante y divertida, Muerte entre poetas es un auténtico logro narrativo que encandilará a los lectores. Una historia deliciosa que hace un guiño a las viejas novelas de Agatha Christie y a las guerras literarias de Pío Baroja.
Lo que debía ser un encuentro ritual entre prestigiosos miembros de las letras nacionales se convierte en algo turbador al aparecer asesinado de una puñalada en el corazón uno de los poetas participantes. Nacho Arán, poeta y meteorólogo, llega al congreso poco después de que se haya producido el crimen, por lo que está libre de sospecha y podrá dedicarse a husmear entre el resto de los asistentes. Pronto descubrirá que casi todos ellos tienen algo contra el muerto, y se dará cuenta de que el refinamiento intelectual y la supuesta sofisticación de la cultura no sirven como vacuna contra el mal y las pasiones violentas, contra el odio y el deseo de venganza…
1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 70
Перейти на страницу:

– Bueno, quizás yo pueda ayudarte en eso. He estado curioseando por ahí. -El alborozo de la tía Pau se escapó como un arrullo entre sus dientes de canicas perladas en una estupenda clínica dental-. He estado navegando por la red, y me he acercado también a la Biblioteca Nacional. Por cierto, qué horror tener que ir a la capital. Está lejísimos de casa. Cada vez que voy a Madrid tengo la sensación de que he de atravesar dos husos horarios hasta que llego a mi destino.

– ¿Fuiste en taxi?

– No, en monopatín. ¿Tú qué crees?

– Bueno, bueno…

La tía Pau no sabía conducir, y Nacho sólo quería asegurarse de que no había ido en autobús. A su edad… Aunque, por otra parte, la mujer estaba sana y lustrosa. Tampoco le ocurriría nada por usar los transportes públicos. Así se ganaría una buena dosis de contacto humano, que falta le hacía.

– Ya que has sacado el tema de Mauricio Blanc, te diré que quizás su animadversión por Fabio Arjona se deba a que este último lo bautizó con el mote por el que todo el mundo lo conoce: el Verso Cojo.

– Yo creía que le llamaban así por su ligera y elegante cojera de héroe de la guerra contra las tropas francesas de ocupación, como tú decías antes.

– Nah. No tiene nada que ver -aseveró la tía Pau-. En una revista literaria de hace veinte años, Nuevas Letras, se cuenta con pelos y señales cómo en un café literario, donde al parecer se reunía la flor y nata de la intelectualidad del momento, muchos de los cuales siguen siendo flores y natas de la intelectualidad de hoy, Fabio Arjona avergonzó a Mauricio Blanc delante de todo el mundo.

– Sí, por lo que voy viendo era especialista en vilezas. O al menos, eso me están contando. Supongo que ya leíste la… pieza que te mandé por correo electrónico, escrita por su ex mujer.

– En efecto, la leí. Pobre mujer, se nota que está muy resentida. Le vendría bien pasar página; aunque las páginas de su historia, por lo que cuenta, deben de estar pegadas por culpa de las lágrimas y moqueos que les ha derramado encima. Bueno, espero que se recupere algún día. Bien, a lo que iba, pues Mauricio Blanc lleva gran parte de su vida, si no toda ella, labrándose una reputación de erudito a prueba de bombas. Y de erratas, y de posibles humillaciones. Es miembro de la Real Academia de la Lengua Española, y lo era ya por entonces, hace veinte años.

– Ingresó relativamente joven, ¿no? Un tierno cincuentón. Tengo entendido que eso no es nada fácil.

– No, no lo es. Y cuando entró aún no era ni siquiera cincuentón. Lo de la Academia depende mucho de los tiempos, y de los sillones que queden libres; del viento de cada época, no sólo literario, sino también político. De las camarillas, ya sabes… Pero, en fin, con eso no le quiero restar méritos, porque los tiene de sobra en lo suyo.

– No lo dudo, tía Pau.

– Ha sido varias veces premio Nacional de Traducción. Y es miembro de la Accademia Nazionale dei Lincei, una de las academias más ilustres y antiguas de Italia, y de toda Europa. Tiene su sede en el Palazzo Corsini de Roma. Su nombre, literalmente traducido, quiere decir Academia Nacional de los Linces. Y en verdad que está llena de ellos, de auténticos linces, tanto en ciencias experimentales y naturales como históricas, morales y filológicas. Mauricio es uno de sus miembros extranjeros. Cuenta con cien, de todo el mundo. Nunca ha dado clases en la universidad, supongo que porque puede permitirse no hacerlo y ganar su prestigio de erudito dedicándose a sus investigaciones tranquilamente, sin ser esclavo del sistema de enseñanza.

– Claro, es rico.

– Riquísimo. Tres veces rico, porque ha enviudado tres veces de otras tantas señoras ri-quí-si-mas… -La tía Pau volvió a inspirar con tanto anhelo que el teléfono le envió a Nacho una especie de repiqueteo rumoroso hasta la oreja.

– ¿No me digas que te gusta? Desde luego, es un buen partido. Te doy mi aprobación, tía. Adelante, yo…

– No digas tonterías.

– Bueno, por si acaso.

– Él es tan aficionado al matrimonio como yo a la soltería. Y, además, tiene una inquietante tendencia a quedarse viudo. No creo que me convenga, amiguito.

– Como tú veas.

– Hace veinte años, cuando tuvo lugar ese episodio irritante con Fabio Arjona del que hasta dan cuenta las crónicas, Mauricio Blanc ya era lo que es hoy día. Quiero decir que no ha progresado en su reputación, que desde luego era mucha en aquella época. Y, aunque tampoco ha perdido crédito, la verdad es que se me antoja que podría haber conquistado más si no fuese porque se quedó trabado con aquello. Como si hubiera perdido pie y ya nunca hubiese sido capaz de recobrar el equilibrio. -Un silencio respetuoso-. He dicho lo del pie sin intención de hacer burla de su cojera. Faltaría más.

– ¿Qué ocurrió exactamente?

– Todo él, todo su mundo, toda su nombradía y sus merecimientos se mantienen hoy día, y se asentaban entonces, en que es un erudito, capici?

– Por ahora, sí.

– He dicho que me da la sensación de que aquello supuso un punto de inflexión en su vida de intelectual porque, repasando concienzudamente su biobibliografía, me he dado cuenta de que desde entonces no ha hecho grandes avances. Sus libros importantes son de hace más de veinte años. Sus honores y reconocimientos, también. Excepto su vida matrimonial, todo lo demás se paralizó para él en esas fechas, y no ha vuelto a despegar.

– Cuando tengas a bien contarme lo que pasó…

– A eso voy. Fue algo que para ti o para mí seguramente no tendría demasiada importancia, excepto por la momentánea sensación de ridículo, que además sólo entenderían unos cuantos, con lo que el bochorno sería razonablemente llevadero. Pero tengo la sensación de que para Mauricio Blanc fue determinante.

– ¡Tía…

– Ya voy, ya voy… Te leo, espera que encuentre mis gafas.

Nacho soltó un gruñido de impaciencia.

– ¿Ves? Aquí lo tengo. Hice una fotocopia. Estamos hablando de julio de 1987, aunque como la revista era mensual, se supone que lo que se relata ocurrió durante el mes anterior, es decir, en junio. El artículo…, déjame ver, sí, incluso está fechado. Efectivamente, junio de 1987. Dice así: «… y allí estábamos cuando el todavía joven y brioso Fabio Arjona, de quien se dice que pronto será nombrado subsecretario de Estado para la Cultura, fulgurante carrera la suya, si tenemos en cuenta que se trata de un ayudante de universidad cuyo nombre no sonaba demasiado en los cenáculos…», bla, bla, bla. Bueno, esto no es. A ver, demonios, ¿dónde está? Sí. Aquí. Continúa: «… se levantó de su asiento en el café Gijón y, puesto en pie como un pregonero del viejo Imperio romano…» Se refiere a Arjona, claro, «… puesto en pie… Arjona le reprochó a Mauricio Blanc que su estudio sobre Las Pónticas, de Ovidio, y la consiguiente traducción que acababa de ser publicada por la editorial Gredos, parecía escrito y versionado, respectivamente, por un bachiller en artes, porque cometía varios errores de traducción propios de un escolar que no supiera distinguir inminutio y corruptio, y que además, en una revista muy reputada, había leído Arjona un artículo de Blanc que le hizo partirse de risa, porque llorar no le apetecía, cuando descubrió, por arte y gracia de la pluma de Mauricio Blanc, que Arnobio era discípulo de Lactancio, cuando hasta un niño de pecho analfabeto sabía que era al revés. La concurrencia prorrumpió en una sonora carcajada. Camilo José Cela, allí presente, murmuró un "¡increíble, increíble este Mauricio, menudo atrevimiento, el tío, porque la ignorancia siempre es un atrevimiento!". Rafael Alberti, que daba un sorbo tembloroso a su café frío, agitó su majestuosa melena como un león embestido por un ataque de hilaridad selvática, y…», bla, bla, bla. Luego sigue: «Aunque Mauricio Blanc aseguró, pálido como cera en casa de beata, que aquello no eran más que errores de imprenta, que fácilmente subsanaría en un futuro no muy lejano, Arjona le espetó con gracia: "Que no, Mauricio, que el lince está cojo. ¿No vas tú dándotelas de lince italiano? Pues parece más bien que seas un verso, y tan cojo como el lince que eres." El jolgorio fue indescriptible, pues todos los presentes estaban de acuerdo en que no hay nada más grotesco que un erudito adventicio y fingido que acaba cometiendo tales yerros de rusticidad, y que un académico como Blanc, que escribe libros en los que las notas a pie de página son más voluminosas que el propio texto "porque le encanta dar por saco con todo lo que sabe", como apuntó Cela, debería cuidar su…»

1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 70
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)