Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– Veo que te las arreglas con los golpes, ¿eh? ¡Lo has tirado al suelo! Pero ¿de verdad es tu marido?
– Pues sí, por desgracia. Debería haberle pegado mucho antes. Venga, hagamos un poco de calentamiento… -Vuelve al centro de la sala-. A fin de cuentas, Davide volverá ahora, ¿no? -Empieza a hacer varios ejercicios de estiramiento. La chica la imita.
Una vez fuera del gimnasio, Pietro se suelta de Davide.
– ¿Seguro que está bien?
– No, pero llegaré al despacho sin dificultad.
– Hay que reconocer que su esposa es fuerte.
Pietro se vuelve de golpe y lo fulmina con la mirada.
– ¿Otra vez? Pero ¿usted qué sabe? ¿Qué pretende? No la conoce. Y, además, ¿qué quiere decir con eso de que es fuerte?
– Es verdad, no la conozco… Sólo digo que es fuerte. Lo ha tirado al suelo, ¿no? Y no hace mucho que se entrena… Tiene aptitudes.
Pietro se contiene. Lo mira. Decide no insistir. En parte porque el
físico del joven es imponente y no quiere acabar en el suelo por segunda vez.
– De acuerdo, me voy.
Davide se encoge de hombros y se despide de él. Luego entra en el gimnasio. Pietro se dirige a su coche, que ha aparcado a cierta distancia, casi en doble fila y en diagonal. Se aproxima y la ve. Por un instante desea que sea un folleto publicitario. Pero el color es inconfundible. Una multa de aparcamiento de color rosa. Lo sabía. Debería haberme quedado en el despacho.
Cuarenta y tres
Stu-tump. Un ruido sordo, imprevisto, el tren de aterrizaje se despliega bajo la panza del avión, las luces interiores se encienden y el comandante se dirige a los pasajeros. Alex se despierta de golpe, mira alrededor confundido, pero ve a Niki que le sonríe y se tranquiliza de inmediato. Se desentumece un poco.
– Mmm… Yo también he dormido…
– ¡Pues sí! ¡Un poco!
Se incorpora ligeramente y luego se arrellana en el asiento.
– ¿Dónde estamos?
– Casi hemos llegado…
– ¡Entonces he dormido un montón!
Las azafatas se precipitan por el pasillo comprobando que todo esté en su sitio, que los pasajeros hayan cerrado las mesitas y colocado sus asientos en posición vertical. Aún tienen que hacer varias indicaciones.
– Perdone, debería cerrarlo. Gracias.
Alex se quita el reloj de la muñeca.
– Tenemos que cambiar la hora, son las cinco y media… -Mueve la manecilla y se lo vuelve a poner. Niki lo imita.
– Bien… -Alex sonríe-. Llegamos puntuales… Así podremos cumplir con el programa.
– ¿Qué programa?
– He organizado varias cosas… ¡Espero que te gusten!
– Dime sólo una… ¿Has dejado tiempo para hacer algunas compras? Vete tú a saber cuándo volveremos a Nueva York, ¡no puedo perderme esta ocasión!
– ¡Mañana por la mañana, visita guiada, y por la tarde compras! Gap, Brooks Brothers…, donde me gustaría comprar camisas con botones en las solapas del cuello. Luego quiero llevarte a Macy's, un sitio fantástico, Century 21, Bloomingdale's…
– Estupendo, ¿podemos ir también a Sephora? Venden maquillajes de todo tipo.
– Pero si en Roma hay uno, en via del Corso…
– ¿De verdad? ¡Nunca lo he visto!
– ¡Acaban de abrir! Viajar hasta Nueva York para comprar algo que venden debajo de tu casa… ¡Ja, ja!
– No me tomes el pelo. -Niki se abalanza sobre él.
– ¡Ay, otra vez!
– Además, no sabía que íbamos a Nueva York. Debemos comprar algo para ponernos si queremos salir por la noche. Yo no he traído nada… Lástima. ¡En casa tengo algunos vestidos muy monos!
– Haremos como en esa película. Saldremos a comprar ropa…, ¡como en Pretty Womanl
– Dejando al margen que la película estaba ambientada en Los Ángeles…, no me gustan esa clase de bromas. -Niki le pega, pero siguen tomándose el pelo.
– ¡Ay! No insinuaba nada… ¡Ay! Basta, Niki… Prácticamente te has pasado el viaje zurrándome. ¡No han sido las turbulencias, sino «Niki el ciclón»!
La azafata se detiene a su lado.
– Abróchense los cinturones, por favor -y se aleja sacudiendo la cabeza, pensando en la suerte que tienen, en la alegría y la felicidad que les da el amor que comparten, en que no están a bordo del avión para trabajar, como ella, sino para seguir soñando. Y se sienta de cara a los pasajeros, se abrocha el cinturón y apoya las manos sobre las piernas, elegante y tranquila, habituada a esa rutina y, sobre todo, a no tener a su hombre junto a ella.
Poco a poco, el avión va perdiendo altura y al final casi parece rozar el puente de Brooklyn y los primeros rascacielos hasta que, por
fin aterriza con un ligero salto, casi un rebote, seguido de un poderoso frenazo. En el interior de la cabina se produce un amago de aplauso que concluye casi de inmediato mientras el aparato sigue circulando por la pista de aterrizaje acompañado de los suspiros de los pasajeros más temerosos.
Alex y Niki son casi los primeros en bajar por la escalerilla central v tras superar la larga fila del control de seguridad, se unen a los restantes pasajeros que se precipitan hacia las cintas de equipaje para recoger sus maletas.
Niki mira a su alrededor.
– Tenemos que coger un taxi…
Alex sonríe.
– Creo que hay… -en ese preciso momento ve un cartel entre las personas que están delante de la salida: «Alex y Niki»- ¡alguien que nos espera!
– ¿Cómo, cariño? Esto no es propio de ti… ¡Todo está organizado a pedir de boca!
– ¿Por qué dices eso? No confías en mí… Siempre me subestimas.
Se reúnen con la persona que los está esperando, que habla perfectamente italiano.
– ¿Han tenido ustedes un buen viaje? Me llamo Fred.
– ¡Estupendo, gracias!
Alex y Niki se presentan y después lo siguen hasta la salida. Niki se inclina hacia Alex sigilosamente.
– ¿Lo conocías ya? ¿Cómo lo has encontrado?
– A través de un amigo, un famoso diseñador gráfico que se llama Mouse, Ratón, lleva algo de tiempo viviendo aquí. Él es quien me ha echado una mano…, ¡dado que, según tú, soy un desastre! -sonríe Para animarla.
Niki no sabe aún cuántas sorpresas le esperan.
– Aguarden aquí un momento… Vuelvo en seguida. -Fred desaparece por un instante y regresa conduciendo una limusina americana.
– Caray… -Niki lo mira arqueando las cejas-. ¿Se puede saber qué
está pasando aquí? ¿Debería preocuparme? ¿Qué has organizado, Alex. ¿Me debes una disculpa por algo?
– En absoluto… -Le abre la puerta antes de que Fred se apee de vehículo-. Todavía no has entendido hasta qué punto fue bien la campaña de LaLuna…
Niki sube a la limusina.
– ¡Pero si de eso hace ya casi dos años!
– De ahí el nuevo refrán… ¡más vale festejar tarde que nunca
Rodea el coche hasta llegar a la puerta que Fred le sostiene abierta. Éste vuelve después a su sitio frente al volante.
– ¿Los llevo al hotel?
– Por supuesto.
Fred conduce seguro por las calles neoyorquinas. Niki viaja pega da a la ventanilla. Embelesada. La ciudad pasa por delante de sus ojos y ella contempla en silencio esa película, su película. Al cabo de un rato sale de su ensimismamiento.
– No me lo puedo creer… Es magnífico… Demasiado bonito…
– Sí… Uno tiene la impresión de conocer ya todos los rincones de esta ciudad.
Niki se vuelve risueña.
– No, mucho más… Te parece estar viviendo una película… La nuestra… -En esta ocasión no le pega, sino que se abalanza sobre él y lo besa. Luego se separa y sonríe maliciosa-. Según dicen, los vips a veces hacen el amor en esta clase de coches… Los que tienen los cristales tintados, son muy largos… ¿Y espaciosos?
– Pues sí…
Niki vuelve a acercarse a Alex, provocativa, lo besa risueña.