La Reina de la Oscuridad
- Автор: Уэйс Маргарет, Хикмэн Трэйси
- Серия: Cronicas de la Dragonlance #3
- Язык: испанский
- Переводчик: Tere Casanovas
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Reina de la Oscuridad». Краткое содержание книги:
Les queda por librar la más grande de las batallas: cada uno consigo mismo.
Y al final, serán héroes.
Gakhan titubeó, mientras estudiaba cauteloso a Bakaris con sus ojos reptilianos. Kitiara le había advertido de que algo anormal podía suceder, y al instante comprendió lo que se proponía el oficiaclass="underline" perpetrar su propia venganza. Podía detenerle sin dificultad, pero existía la posibilidad de que durante el molesto forcejeo uno de los prisioneros escapase y corriese en busca de ayuda. Estaban demasiado cerca de la muralla de la ciudad para actuar libremente. ¡Maldito Bakaris! Gakhan emitió un gruñido, pues sabía que no tenía más alternativa que obedecer y esperar que Kitiara hubiera previsto esta contingencia. Encogiéndose de hombros, el draconiano se reconfortó a sí mismo con la idea de qué destino aguardaba al oficial cuando se presentase ante la Dama Oscura.
—Como quieras, comandante —susurró en actitud sumisa y, tras inclinarse en una reverencia, se desvaneció en las sombras. El grupo vio cómo su ágil figura se deslizaba entre los árboles en dirección a Kalaman. El semblante de Bakaris se tiñó de una ansiedad desconocida, a la vez que las marcadas líneas que rodeaban su barbuda boca crecían en crueldad.
—Vamos, general—instó a Laurana, empujándola hacia las salamandras aladas.
No obstante, en lugar de avanzar la muchacha elfa dio media vuelta para enfrentarse al siniestro individuo.
—Responde sólo a una pregunta —dijo a través de sus níveos labios—. ¿Es cierto que Tanis está con Kitiara? Según el mensaje fue herido en el alcázar de Vingaard y ahora... agoniza.
Al ver la angustia que reflejaban sus ojos, no por su propia suerte sino por la del semielfo, Bakaris sonrió. Nunca había pensado que la venganza proporcionase tanta satisfacción.
—¿Cómo voy a saberlo? He pasado todo este tiempo confinado en tus hediondos calabozos. Pero se me hace difícil creer que le hayan herido, pues Kitiara nunca permitió que interviniera en la liza. Las únicas batallas que ha librado son las del amor...
Laurana ladeó la cabeza. El oficial se apresuró a apoyar la mano en su brazo en un gesto de fingida compasión, pero la Princesa se desembarazó indignada y dio media vuelta para mantener el rostro oculto.
—¡Mientes! —espetó Flint a Bakaris—. Tanis nunca permitiría a Kitiara que le tratase como a una simple marioneta...
—Tienes razón, enano —rectificó el oficial, comprendiendo que no debía extralimitarse en sus embustes si no quería ser descubierto—. Lo cierto es que él nada sabe de todo esto. La Dama Oscura lo envió a Neraka hace varias semanas para preparar nuestra audiencia con la soberana.
—Tanis siempre había sentido un gran afecto por Kitiara —declaró Tas solemnemente dirigiéndose a Flint—. ¿Recuerdas aquella fiesta en «El Último Hogar»? Se celebraba la mayoría de edad de Tanis, que se había convertido en un adulto según las leyes de los elfos... ¡Vaya, aquélla sí que resultó una juerga divertida! Caramon recibió una jarra de cerveza en plena cabeza cuando agarró a Tika, y Raistlin por culpa del exceso de vino, conjuró mal su hechizo de fuego y quemó el mandil de Otik. Mientras Kit y Tanis permanecían abrazados en un rincón, junto al hogar...
Bakaris lanzó al kender una mirada de disgusto. Le molestaba evocar el apego que sintiera su amante por el semielfo incluso en un época remota.
—Ordena a tu subordinado que guarde silencio, general —rugió Bakaris—, o lanzare contra él a una de las salamandras. La Dama Oscura se sentirá tan satisfecha con dos rehenes como con tres.
—De modo que hemos caído en una trampa —balbuceó Laurana contemplando aturdida su entorno—. Tanis no esta moribundo, ni siquiera se halla en el lugar al que nos llevas. ¡He sido una necia!
—No te acompañaremos —declaro Flint. Había plantado firmemente los pies en el suelo.
Bakaris lo observó unos instantes con frialdad antes de decir:
—¿Has visto alguna vez cómo estos animales hunden su aguijón en la carne de sus victimas hasta matarlas?
—No —respondió Tas interesado—, pero he presenciado el ataque de un escorpión. Supongo que es algo parecido, aunque por supuesto no siento el menor deseo de comprobarlo —añadió al advertir el endurecimientoque se operaba en las facciones de Bakaris.
—Cabe la posibilidad de que oigan vuestros alaridos los centinelas de las murallas, pero para entonces será demasiado tarde —comentó Bakaris a Laurana, quien le miró como si le hablara en una lengua incomprensible.
—He sido un necia —repitió la muchacha, absorta en sus propios pensamientos.
—¡Procuncia una solo palabra, Laurana y pelearemos! —ofreció Flint testarudo.
—No —respondió ella con un hilo de voz que le asemejaba a un niño asustado—. No arriesgaré vuestras vidas. Ha sido mi estupidez la que nos ha colocado en esta situación, y debo pagar yo por ella. Bakaris, llévame contigo y deja libres a mis amigos.
—¡Ya basta! —espetó el oficial impaciente—. ¡No soltaré a ninguno de los tres! —Trepando a la grupa de una de las salamandras, tendió su mano a Laurana—. Sólo hay dos animales, de modo que viajaremos por parejas.
Desprovisto su rostro de toda expresión, la muchacha aceptó la ayuda de Bakaris y se encaramo a la montura. El oficial rodeo su talle con el brazo sano, esbozando una siniestra sonrisa mientras la apretaba.
Al sentir su contacto la faz de Laurana recupero el color perdido. Enfurecida, trato de desprenderse de su abrazo.
—Asi estarás más segura, general —le susurró el adyecto oficial al oído—. No quiero que te caigas.
La muchacha se mordió el labio y fijó la vista en lontananza, en un denodado esfuerzo para contener las lágrimas.
—¿Siempre huelen tan mal estas criaturas? —inquirió Tas, escudriñando a la salamandra con repugnancia mientras ayudaba a montar a Flint—. Creo que deberíais persuadirlas de que se bañen...
—Cuidado con la cola —les advirtió Bakaris—. Las salamandras no suelen matar a menos que reciban una orden concreta, pero son muy picajosas y se enfurecen por tonterías.
—C-comprendo —balbuceó Tas—. No era mi intención insultarlas. Estoy seguro de que pasado el primer efecto se acostumbra uno a sus efluvios.
Obedientes a la señal de Bakaris los animales desplegaron sus correosas alas y levantaron el vuelo, aunque despacio bajo tan inusitada carga. Flint se agarró al kender sin cesar de observar a Laurana que, junto al oficial, había tomado la delantera. El enano vio impotente cómo en diversas ocasiones aquel ser repugnante se inclinaba hacia la Princesa y ella le rechazaba con brusquedad. Su semblante se tomó ceñudo ante tan desagradable espectáculo.
—¡Ese Bakaris proyecta alguna felonía! —farfulló el enano.
—¿Qué decías? —preguntó Tas girando la cabeza.
—¡Que debemos desconfiar de Bakaris! Estoy convencido de que actúa por cuenta propia en lugar de seguir órdenes. Al otro individuo, Gakhan, no le gustó en absoluto que le mandara alejarse.
—¿Cómo? ¡El viento me impide oírte!
—¡No importa, olvídalo!—De pronto el enano se sintió mareado, apenas podía respirar. Tratando de desechar todo pensamiento sobre su estado contempló las copas de los árboles que, a sus pies, emergían de las sombras iluminadas por el sol naciente.
Tras una hora de vuelo en línea recta Bakaris hizo un gesto con la mano y las salamandras empezaron a trazar lentos círculos, en busca de un lugar despejado donde aterrizar sobre la boscosa ladera. El oficial atisbó al fin un lugar despejado, aunque apenas visible, entre la arboleda procedió a dar instrucciones a su animal. Una vez en el suelo, el jinete saltó de su montura.
Flint estudió el paraje presa de un vago temor. No habla vestigios de fortaleza alguna, ni tampoco de vida. Se hallaban en un pequeño claro, rodeado de altos pinos cuyas vetustas y gruesas ramas se entremezclaban en una maraña tal que impedían el paso de la luz solar. A su alrededor la espesura vibraba con los movimientos de inefables sombras, mientras que en un extremo del claro Flint distinguió la boca de una cueva cavada en la rocosa pared del risco.