Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El barco de los grandes pesares
El barco de los grandes pesares - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El barco de los grandes pesares

Электронная книга - «El barco de los grandes pesares». Краткое содержание книги:

Vlado Petric, un ex policía en el Sarajevo desgarrado por la guerra, tiene que dejar su tierra para reunirse con su esposa y su hija en Alemania, donde se gana modestamente el sustento como trabajador de la construcción en las obras del nuevo Berlín.
Una tarde, al volver a casa después de la jornada laboral, un enigmático investigador estadounidense le está esperando en el pequeño apartamento familiar. El investigador, Calvin Pine, enviado por el Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra en la ex Yugoslavia, solicita a Petric que viaje a La Haya. Petric acepta sin titubear cuando Pine le dice que están siguiendo a un pez gordo: uno de los hombres a los que consideran responsables de la terrible matanza de Srebrenica.
Lo que Petric no sabe es que lo están utilizando como cebo para descubrir a un asesino de la generación anterior, un hombre cuyas actividades en la Segunda Guerra Mundial hacen que los asesinos de ésta parezcan aficionados.
1 ... 40 41 42 43 44 45 46 47 48 ... 89
Перейти на страницу:

Vlado miró su reloj. Matek llevaba cinco minutos de retraso.

El retraso se prolongó hasta diez minutos. Y después hasta quince.

– No va a venir -dijo Pine.

– Puede que siga el horario bosnio -dijo Vlado, deseoso de creérselo-. O sólo nos está haciendo esperar. Relájate.

– No. No va a venir. Toda la operación ha sido una cagada desde el principio, y éste es el final perfecto. Es un no presentado.

Pasaron diez minutos más, y Vlado supo que Pine tenía razón. Vio que éste lo miraba, y no le gustó la expresión.

– ¿Qué le dijiste? -preguntó Pine, no en tono acusador ni con acritud, pero tampoco de forma amistosa.

– Nada -dijo Vlado, con cierta vehemencia-. ¿Piensas que lo avisé? ¿Que le dije que todo era una gran trampa? ¿Como favor a un viejo amigo de la familia?

– Por supuesto que no. ¿Pero qué le preguntaste sobre tu padre? ¿De qué hablasteis? Algo debió de ponerle sobre aviso. Algo que dijiste o que hiciste. Tu lenguaje corporal. Tu turbación. Joder, ¿qué le dijiste?

Vlado podría haber estado más furioso si no se hubiera estado preguntando lo mismo. Matek pareció estar encantado de verlo, entonces ¿qué coño había fallado?

– No lo sé -dijo Vlado por fin-. No lo sé.

– La hemos jodido. Y fuera hay veinte soldados a los que nos toca darles la noticia. Su oficial al mando lo filtrará a través de la cadena de mando, y en un par de días seremos noticia de primera plana con Andric -negó con la cabeza-. Un buen comienzo para Contreras y la «nueva agresividad». Terminará siendo tan sumiso como cualquiera de ellos ahora, y Dios sabe qué será de nuestro presupuesto.

Decidieron esperar hasta que el retraso de Matek fuera de una hora, pero los dos sabían que era un gesto inútil. A las nueve, Pine fue a los servicios de caballeros para recuperar la 45. Dejaron dinero sobre la mesa y se levantaron para marcharse.

– Vamos -dijo cansinamente-. Averigüemos quién es el oficial al mando. Quién sabe, a lo mejor nos ponen una escolta armada para subir a la montaña donde está el complejo residencial de Matek. Cosas más raras se han visto.

Los soldados holgazaneaban alrededor del Humvee, y algunos daban patadas en el suelo para combatir el frío. Pine se dirigió a un teniente norteamericano alto que llevaba el nombre de Hundley en el uniforme.

– Hay un cambio de planes -comenzó a decir Pine en tono optimista, y explicó que quería una escolta para subir a la montaña.

El oficial pensó lo que le decía.

– Lo que me está diciendo es que la operación ha sido un fracaso. Lo cual significa que nosotros nos retiramos. Nuestras órdenes eran sólo para la ciudad. Nadie dijo nada de subir por una carretera de montaña que no hemos reconocido. Podía seguir estando minada por lo que yo sé.

– Este hombre subió allí ayer mismo -dijo Pine, señalando con la cabeza hacia Vlado-. Él solo. Así que no está minada. Sólo hay un guardia en la puerta. Tal vez dos más en el interior, más un sospechoso de setenta y cinco años. Ahí tiene su reconocimiento.

– Lo siento, señor -dijo el teniente, sin cambiar de entonación-. No vamos a ir. Pero puede usted hablar con mi coronel -ofreció a Pine un auricular de radio.

– Me diría más de lo mismo, ¿no es así?

– No puedo hablar por mi coronel, señor. Pero supongo que así sería. A menos que ofrezca dejarle hablar con su oficial al mando.

– Podría pasarme todo el día ascendiendo por la cadena de mando. ¿Cree que cuando se ponga el sol podría haber llegado al Despacho Oval?

Aquello arrancó por fin una sonrisa de Hundley, pero nada más.

– Sí. Ya sé -dijo Pine-. Sólo cumplen órdenes. Que tenga un buen día, teniente.

– Que así sea, señor -dijo el oficial de forma inexpresiva-. Nos retiramos, muchachos.

Y con un estruendo de motores y un remolino invernal de polvo, los soldados desaparecieron, dejando varados a Pine y Vlado en el bordillo como anfitriones de una cena frustrada.

Después de cuatro tazas de café del Skorpio, Vlado estaba irritado y con los nervios a flor de piel. Casi estaba por montar en el Volvo blanco y subir a la colina para averiguar por sí mismo qué había ocurrido. Puede que Matek los estuviera poniendo a prueba, haciéndose el interesante. Pero lo dudaba.

– Lo que necesitamos es apoyo -dijo Pine-, al menos lo suficiente para ir a echar un vistazo. ¿No dijo Benny que estaría en Vitez?

– Durante el resto de la semana.

– Entonces vale la pena intentarlo. Está a sólo treinta kilómetros. Y si alguien disfruta metiéndose con quien ha huido de la SFOR, ése es Benny.

Pine marcó un número y esperó.

– ¿Benny? Calvin Pine. Acaba de pasarnos una gran cagada, y si andas cerca de Travnik desde luego que nos vendría bien un poco de ayuda. ¿Sí? Perfecto.

Pine le puso al corriente de los hechos de la mañana, y Vlado pudo oír prácticamente cada palabra de la obligada diatriba de Benny sobre la impotencia de la SFOR. Tenía que terminar una entrevista y después se reuniría con ellos en el hotel al cabo de una hora.

– Es el único que tiene huevos para algo así -dijo Pine.

La otra ventaja de Benny era que solía llevar pistola. Aquello iba en contra de la política del Tribunal -la 45 prestada de Pine había sido aprobada sólo para la detención y ya había sido devuelta a la SFOR-, pero todos los que estaban por debajo de Spratt en La Haya sabían que el intérprete local de Benny guardaba una pistola Beretta para él, escondida en su sótano.

– ¿Crees que es suficiente con un arma? -preguntó Vlado.

Para él la operación estaba degenerando de chapucera a descabellada.

– No vamos a tomar por asalto la casa. Sólo quiero un pico en la puerta principal.

– Nos verá mientras nos acercamos.

– Por eso quiero que esté allí Benny. Tiene mentalidad de policía callejero de Brooklyn.

– Del Bronx.

– Lo que sea. Podemos enterarnos de qué terreno pisamos, ver si Matek recibe visitas. Puede que hasta tengamos suerte y nos tropecemos con él mientras baja por la colina.

– Si es que sigue por allí.

– Sí. -Pine frunció el ceño-. También existe esa posibilidad.

Benny llegó tan impaciente y exaltado como cuando estaba en su escritorio, lo que hizo recelar a Vlado. Nervioso todavía por la cafeína, se imaginó que subían disparados por la montaña para encontrarse con una falange de guardaespaldas con órdenes de disparar contra cualquier vehículo de la Unión Europea. Una pistola no sería gran cosa contra unos cuantos Kalashnikov.

– ¿La has usado alguna vez? -preguntó Vlado.

– Sólo una. La esgrimí en un asqueroso control hace unos años. Croatas borrachos que querían un «peaje» y tal vez mi coche. Se quedaron como una malva al instante, en cuanto vieron el cañón. Intentaron actuar como si todo hubiera sido una gran broma. Pero de eso hace años, inmediatamente después de Dayton. Lo cierto es que ahora no se necesita ir armado a menos que se vaya detrás de alguien como Andric. Que se escapó esta mañana, por cierto. Lo dicen a todas horas por la radio. Pero supongo que vosotros ya lo sabíais, ¿eh?

Pine asintió con la cabeza.

– ¿Así que en realidad era un dos por uno, entonces?

– Pero ahora es un cero por dos. A no ser que tengamos suerte.

– Franceses de mierda. -Benny negó con la cabeza-. Me pregunto quién se habrá ido de la lengua en este caso. ¿Leblanc, tal vez? Nunca pensé que este trato saldría bien desde el momento en que supe de su existencia.

– No tenías por qué saber nada en absoluto.

– Los nombres circulaban el día antes de que apareciera Vlado.

– Estupendo.

– ¿Qué esperas cuando dejas que sean Harkness y Leblanc quienes lleven las riendas? El que con perros se acuesta, con pulgas se levanta.

Pine explicó el tinglado que los esperaba en la montaña. Acordaron pecar de cautelosos, jurando dar marcha atrás a la primera señal de recibimiento hostil.

1 ... 40 41 42 43 44 45 46 47 48 ... 89
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)