Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El barco de los grandes pesares
El barco de los grandes pesares - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El barco de los grandes pesares

Электронная книга - «El barco de los grandes pesares». Краткое содержание книги:

Vlado Petric, un ex policía en el Sarajevo desgarrado por la guerra, tiene que dejar su tierra para reunirse con su esposa y su hija en Alemania, donde se gana modestamente el sustento como trabajador de la construcción en las obras del nuevo Berlín.
Una tarde, al volver a casa después de la jornada laboral, un enigmático investigador estadounidense le está esperando en el pequeño apartamento familiar. El investigador, Calvin Pine, enviado por el Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra en la ex Yugoslavia, solicita a Petric que viaje a La Haya. Petric acepta sin titubear cuando Pine le dice que están siguiendo a un pez gordo: uno de los hombres a los que consideran responsables de la terrible matanza de Srebrenica.
Lo que Petric no sabe es que lo están utilizando como cebo para descubrir a un asesino de la generación anterior, un hombre cuyas actividades en la Segunda Guerra Mundial hacen que los asesinos de ésta parezcan aficionados.
1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 89
Перейти на страницу:

Después meneó la cabeza a la manera de un perro mojado, intentando aclarar las ideas. Las lágrimas serpenteaban entre el polvo de sus mejillas. Se dejó caer hasta quedar en cuclillas, sin atreverse todavía a probar su peso sobre aquel revoltijo pero sintiéndose cansado hasta los huesos. Miró las piernas de Benny. El bravucón grande y simple, un hombre generoso, tan celoso de su trabajo. Vlado apenas lo conocía pero le cayó bien enseguida, y ahora estaba muerto. Así, sin más. Jasmina tenía razón al preocuparse. Se acabó la «operación infalible», como Spratt la había calificado con tanta displicencia mientras hacía sonar el hielo de su cóctel. Ahora le parecía que la noche de los trajes y los candelabros en La Haya había sucedido hacía un año, y lo cierto era que quedaba a un mundo de distancia de allí.

– De acuerdo -dijo Pine, más tranquilo-. Vamos a empezar a movernos, pero ten cuidado por dónde pisas. No abras cajones, armarios, puertas ni nada. Puede que haya algún teléfono que funcione todavía en otra habitación. Tiene que venir un equipo de remoción de minas de la ONU antes de que intentemos siquiera salir del edificio. De lo contrario, esto es una ruleta rusa. -Hizo una pausa-. Después tendré que llamar a Spratt. Esto lo cambiará todo. Dios mío, Benny. Dios mío -meneó la cabeza-. Supongo que lo mejor será que también suba una ambulancia hasta aquí. Para llevarse el cadáver.

El teléfono sonó en el despacho de Azudin. Durante un momento Vlado y Pine se limitaron a mirar en esa dirección, como si Matek en persona llamara para inducirles a cometer otra metedura de pata fatal. Al cuarto timbrazo Pine se serenó y comenzó a saltar lentamente entre el revoltijo como un hombre que caminase por un témpano de hielo, buscando lugares donde pisar.

– Tal vez sea Janet -musitó con voz ronca.

Incluso entonces dudó antes de descolgar el auricular. Ahora cada objeto parecía envenenado, una bomba trampa en potencia.

– ¿Diga?

Vlado se acercó al teléfono, y sin esperar que se lo indicase, Pine orientó el auricular hacia fuera para que pudiera escuchar. La torpeza y el hermetismo que les había hecho guardar las distancias había desaparecido. Para bien o para mal, se habían convertido en un equipo, unidos por el momento por su dolor y su tenso recelo hacia todos y todo.

– Bueno. Aquí se ha armado la de Dios -dijo Janet en tono jovial.

– Benny ha muerto -contestó Pine sin rodeos, poniendo fin a todo-. Estaba con nosotros, y le ha matado la explosión de una mina. Era una bomba trampa. Matek había minado su despacho.

Janet no dijo nada por un momento. Oyeron el chirrido de su silla, con el fondo de sonidos de la oficina. La conexión era sorprendentemente clara. Vlado miró hacia el otro lado de la puerta y pudo ver los zapatos negros de Benny, cubiertos de polvo.

Pine puso al corriente a Janet sobre los detalles de la mañana y sus planes para después.

– Estábamos registrando la casa -dijo-. Pero creo que ahora lo mejor es que no toquemos nada.

– ¿Vlado está bien?

– Estoy bien -contestó Vlado.

– Tu mujer ha llamado esta mañana. Estaba preocupada. Le dije que estabas vivo y bien. Me alegro de no tener que llamarla para corregir lo dicho. Señor mío. No puedo creer que sea Benny. ¿Pero qué coño estabais haciendo para llamarlo?

– Dejemos las culpas y las cagadas para después, ¿vale? Ahora mismo tenemos un cadáver y no tenemos misión. Estamos fuera de juego, como puedes suponer. Alguna pista sobre quien esté al mando podría ser bienvenida.

– Volveré a llamar. Quedaos ahí.

– Créeme, no nos vamos a mover.

Pine telefoneó después a la oficina de la ONU encargada de la remoción de minas en la zona, una ironía que se les escapó a los dos. La Rolodex de Matek, en el caso de que tuviera una, había desaparecido, y ahora parecía que lo más probable era que los archivadores de la parte trasera -Pine sólo había tenido tiempo de abrir uno- estuvieran conectados para la destrucción.

Vlado volvió a subir a la planta alta, buscando con cuidado cables trampa, aunque sólo fuera para echar un vistazo rápido y tener algo que hacer. Sus sospechas sobre la decoración resultaron acertadas. La planta alta era todo cromo y cuero. Fríos pisos de mármol con brillantes alfombras de modernos diseños geométricos. Tan de mal gusto como la planta baja a su modo, pero con un moderno sabor mediterráneo. Matek consideraba que su propia cultura era indigna de él y se había decantado por una chabacana imitación de la italiana. ¿Y por qué no? Si Vlado había pasado toda una guerra intentando borrar una parte importante de esa cultura, también él podía haber intentado de alguna manera mudar de piel en sentido figurado. Pero si eso era así, ¿qué había hecho su padre durante todos aquellos años, volviendo a casa simplemente para reanudar la vida de un campesino balcánico, actuando como si siguiera siendo un ingenuo e inocente obrero que fabricaba herramientas en las postrimerías del siglo xx?

El teléfono sonó en la planta baja. Pine esperó a que Vlado regresara antes de contestar, y de nuevo compartieron el auricular. Era Spratt, y los dos se prepararon para una reprimenda. Pero Spratt se tragó su instinto agresivo.

– Lo primero que tenéis que hacer es largaros de ahí -dijo-. Que una unidad de remoción de minas haga el resto.

– Ya he avisado a una -dijo Pine.

– Volved a Sarajevo y esperad nuevas instrucciones. Pero esto va a depender de cómo reaccione Contreras. Mi recomendación sería abandonarlo todo por completo. Dejar que los agentes internacionales se hagan cargo de la persecución y quitarse de en medio. Pero por lo que he visto de él hasta ahora, es probable que se lo tome como algo personal.

– Para mí desde luego lo es -dijo Pine.

– No digo que no debas tomártelo así. Yo también. Pero operativamente conoces nuestros límites. La otra noticia, lamentablemente, es que nuestros patrocinadores siguen queriendo una reunión, y están esperando en el Holiday Inn.

Vlado tardó un instante en caer en la cuenta de que Spratt estaba hablando de Harkness y Leblanc, las últimas personas a las que deseaba ver en ese momento. Lo único que quería era subir a un avión y volver a casa.

– ¿Por qué? -preguntó Pine.

– Ellos también intentan componer las piezas. -Vlado se estremeció ante las palabras escogidas-. Esto era su criatura, y tendrán algo que decir sobre los pasos siguientes.

– Precisamente lo que necesitamos. ¿Cuándo nos reunimos?

– Los he distraído hasta esta tarde. A las siete. Así tendréis tiempo para recobrar la calma.

– ¿Que hay que hacer con Benny? ¿Repatriar el cadáver?

– Dejad que me preocupe yo de eso. Vosotros volved a Sarajevo. Voy a enviar refuerzos para la reunión.

– ¿Refuerzos?

– Janet Ecker. Va a coger un avión a las dos. Es la única que ha visto el expediente completo. Dependiendo de lo que se decida mientras tanto, tal vez necesitéis saber algo más. En cualquier caso, ella puede ayudar a esquivar los golpes de Harkness y Leblanc.

– ¿Qué te hace pensar que tendremos que esquivarlos?

– La experiencia previa. Además de la manera en que se ha desarrollado toda esta operación. ¿Por qué iban a ser más fáciles las cosas?

– Está bien.

– Por ahora, bajad de esa montaña sin percances. Una baja es más que suficiente, bien lo sabe Dios.

Pero después de colgar fueron incapaces por un momento de marcharse. Ninguno dijo una palabra, ninguno de los dos estaba simplemente dispuesto a largarse mientras el cuerpo de Benny siguiera en la habitación de al lado.

– No parece correcto, ¿verdad? -dijo Pine.

Vlado negó con la cabeza.

1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 89
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)