Enamorado de Gracie
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
Gracie se acercó al, sofá y abrazó a su madre.
– No importa…
– Claro que importa. Te perdí y todo es culpa mía. Lo siento mucho.
– Yo también lo siento -susurró Gracie sin dejar de abrazarla-. No quería avergonzarte.
– Eso sólo fue culpa mía, no tuya. Tú no eras más que una niña que estaba sufriendo mucho. Debería haberme dado cuenta.
Gracie suponía que su madre estaba en lo cierto, pero no quería seguir hablando del tema.
– Recuérdame que nunca me vuelva a enamorar.
– Creo que ya has superado esa etapa -replicó su madre, riendo.
– Eso no era lo que me decías hace un par de semanas.
– Es cierto, pero ahora sé que no era así. Si Riley Whitefield te hace feliz, deberías seguir viéndolo.
– ¿De verdad?
Su madre asintió.
– No quiero volver a perderte, Gracie. Sé que no podemos recuperar lo que hemos perdido, pero quiero que volvamos a estar unidas de nuevo. Estoy dispuesta a ser paciente y a ganarme tu confianza.
– Oh, mamá… -susurró Gracie, sintiendo que la alegría la embargaba. Las dos volvieron a abrazarse-. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?
– Alexis y Vivían estuvieron en casa la otra noche y yo me di cuenta de que parte de nuestra familia estaba ausente. Me sentí muy triste. No podía dejar de llorar. Quería que volviéramos a estar juntas. Espero que tú también lo desees.
Gracie asintió. Tal vez tardara -un tiempo en cambiar su modo de pensar, pero estaba dispuesta a hacer el esfuerzo.
– Muy bien -dijo su madre, dándole un último abrazo-. Ahora que te he contado todos mis problemas ¿cómo estas tú? ¿Cómo van tus pasteles?
– He tenido algunos problemas.
– ¿Como cuáles?
Gracie dudó durante un segundo. No estaba segura de si quería decir algo. Entonces, respiró profundamente.
– Hace unos días tuve una entrevista con una periodista que trabaja para una revista de novias.
– Eso es genial.
– No exactamente.
Gracie le contó todo lo que había ocurrido. Cuando terminó, su madre parecía estar completamente aturdida:
– ¿Quién demonios pudo haber colocado esas dichosas cajas?
– No tengo ni idea. En realidad, no había mucha gente que supiera lo de la entrevista. Sólo Riley, Jill, Pam y yo.
– Pam es una zorra. ¿Cómo es que has hablado con ella?
– Mamá, no haces más que decir tacos -comentó Gracie, riendo. Su madre despreció el comentario con un rápido movimiento de la mano.
– Jamás me ha gustado esa Pam. Ni a mí ni a nadie. Sólo busca su propio interés. Sin embargo, ¿por qué querría tenderte una trampa?
– Esa es la pregunta del millón.
– Preguntaré a ver qué me dicen. Tal vez alguien haya oído algo. Es una pena que Vivian no vaya a celebrar la boda en su hotel. Me encantaría estar cancelando constantemente y estropeándole así sus planes.
– Sobre la boda…
– No es problema tuyo y, a excepción de realizar las llamadas, tampoco lo es mío. Estoy cansada de los caprichos de Viv. Necesita crecer y aceptar las consecuencias de sus actos.
– ¿De verdad?
– Sí. ¿Tienes un trozo de pastel?
– Por supuesto. Vamos a la cocina.
Riley volvió a leer el informe del detective. Nada. No había pruebas de un periodista misterioso ni de que el alcalde estuviera tramando algo. Riley incluso le había pedido que siguiera a Pam durante unos días y, hasta aquel momento, era una ciudadana modelo.
Mientras conducía por Los Lobos, Riley decidió que todo resultaba muy frustrante. No sabía nada. Estaba igual que al principio.
Como no podía solucionar aquel problema, decidió enfrentarse al otro. Aparcó delante de la oficina de seguros de Zeke y entró.
– ¿Está Zeke? -le preguntó a la recepcionista.
– Sí. ¿Puedo preguntar quién…? Oh, señor Whitefield. Le diré que está usted aquí.
– No es necesario. Iré yo mismo a verle.
Riley avanzó por el pasillo y abrió la puerta del despacho de Zeke sin llamar.
– Eh, jefe -dijo Zeke, al verlo-. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Teníamos alguna reunión de la que no me he percatado?
– No. ¿Sabías que cuando me marché de Los Lobos me dirigí hacia el norte?
– No. ¿Debería saberlo?
– En realidad, no. Estuve pescando en Alaska. Un trabajo muy duro. Yo era un niño de una pequeña ciudad. No sabía nada del mundo. Sin embargo, aprendí muy rápido. Me metí en muchas peleas y aprendí a defenderme.
– No creo que podamos utilizar eso en la campaña.
– Sin embargo, es muy interesante. Las plataformas de petróleo son aún peores. Poco espacio, muchos hombres. Cuando las peleas empiezan allí, pueden durar horas.
– ¿Quieres darle una paliza al alcalde?
– No. Estaba pensando más bien en tomarla contigo.
Zeke se quedó atónito y se puso de pie.
– ¿Yo? ¿Qué he hecho?
– Tienes muchos secretos y tengo que decirte que no me gusta. Disgustan a tu esposa, lo que no me importa, pero ella se lo dice a Gracie y Gracie se disgusta. Gracie sí que me importa. Todo este asunto de las fotografías empezó por ti. No puedo resolver el resto de los problemas de la vida de Gracie, pero sí puedo resolver éste. Quiero que me digas adónde vas por las noches y qué es lo que haces.
Capítulo 17
Gracie estaba de pie delante de su horario y se preguntó cuánto tiempo faltaría hasta que todo saltara por los aires. Aunque quería creer que Neda Jackson no divulgaría las noticias, sabía que su suerte no podía ser tan buena. Si no escribía su artículo perdería mucho dinero. Como los tabloides eran los que más pagaban, a Gracie le daba la sensación de que allí seria precisamente donde Neda se dirigiría.
No importaba el tiempo que tardara en hacerlo. Además, aún tenía pasteles que preparar y decorar. Desde lo ocurrido el día de la entrevista con Neda, no había vuelto al hotel de Pam. En cierto modo, no se podía deshacer de la sensación de que había sido ella la culpable de todo aquello. Hasta que Gracie supiera cómo demostrarlo, no quería verla. Un coche se detuvo delante de la casa. Desde que se reconcilió con su madre, Gracie se sentía mucho menos preocupada por los visitantes. Se dirigió corriendo hasta la puerta principal y sonrió cuando vio un Mercedes aparcado junto a su coche y un hombre muy guapo dirigiéndose hacia ella.
– ¿No tienes un banco del que ocuparte? -preguntó, tratando de no prestar atención al aleteo que sentía en el corazón.
– Tengo empleados -contestó él; tras darle un beso-. Es una de las ventajas de ser jefe.
– ¿A qué se debe tu visita? -1e preguntó Gracie, mientras lo acompañaba a la cocina.
– Tengo buenas noticias sobre Zeke. No tiene ninguna aventura, ni nada que se le parezca.
– ¿Cómo? ¿Has hablado, con él? ¿Qué es lo que hace en las noches en las que desaparece?
– Prepárate. Está actuando.
– ¿Cómo dices?
– Eso mismo fue lo que dije yo. Aparentemente, Zeke siempre ha querido ser humorista. Entonces, conoció a Alexis y se enamoró. Dejó la idea, pero, últimamente, le ha estado preocupando de nuevo. No quiere vivir el resto de su vida arrepentido de lo que ha hecho con ella, por lo que está tratando de abrirse camino.
– ¡Vaya! Zeke jamás me pareció tan divertido… ¿Y por qué no se lo dijo a Alexis?
– No lo comprendo. En parte es porque están pensando en empezar una familia y a él no le pareció que el hecho de que él dejara su trabajo hiciera que Alexis se sintiera muy segura. Ha estado yendo a clubes en Santa Bárbara y Los Ángeles para trabajar con su número. Hace un par de semanas, unos tipos del programa televisivo de Jay Leno lo vieran y ha estado esperando una llamada.
– Jamás me lo habría imaginado. ¿Se lo va a decir a Alexis?