Enamorado de Gracie
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
– Lo sé.
– Esa mujer tiene mis moldes.
– Ya me lo habías dicho.
– ¿Por qué ha tenido que llevarse mis moldes?
– Ni idea.
– ¿Para hacer sus propios pasteles? ¿Por qué? Si estaba pensando robarme el negocio, debería haberme hecho más preguntas… ¿Crees que se trata de eso? ¿Me va a robar el negocio?
– ¿Y por qué iba a querer hacerlo? Parece tener bastante dinero.
– Tienes razón. O eso o alguien le está pagando sus carísimas ropas -comentó Gracie-. Además, está el hotel. Eso le debe de estar costando mucho dinero. Me siento completamente confusa. ¿Qué está haciendo?
Estuvieron dos horas entre los arbustos tratando de descubrirlo, pero lo único que averiguaron fue que a Pam no se le daba muy bien hacer pasteles, lo que complació profundamente a Gracie.
– Es un completo desastre -comentó Gracie, mientras se dirigían al coche-. Mi primer pastel me quedó mucho mejor que ése. Supongo que no tengo que preocuparme de que me vaya a robar clientes…
Se interrumpió al darse cuenta de que no tenía ya ningún cliente.
– Ya lo averiguaremos -dijo Riley, rodeándola con un brazo-. La vigilaremos durante las noches que sea necesario paré averiguarlo
Las dos noches siguientes produjeron resultados similares. Pam hacía pasteles. Muy mal, para satisfacción de Gracie. Pam tampoco cuidaba muy bien los moldes, que estaban ya bastante chamuscados y arañados.
Sin embargo, en la tercera noche, no había un molde por ninguna parte. Pam casi no entró en la cocina y, cuando lo hizo, sólo fue para preparar unos aperitivos y sacar una botella de vino blanco del frigorífico.
– Tiene compañía -dijo Riley con satisfacción-. Veamos con quién se junta Pam hoy en día. Tal vez así consigamos respuestas.
– La única persona posiblemente interesante para ella podría ser el alcalde -susurró Gracie-. Y no puede ser él. A Pam le parece tan desagradable como a todo el mundo.
– ¿Estás segura? -le preguntó Riley. Gracie se dio cuenta de que ya no estaba segura de nada-. Vamos al jardín lateral -añadió-. Así podremos ver quién viene a verla.
Gracie lo siguió. Cuando se hubieron colocado, ella se sacó la cámara. En aquel momento, un coche entró en la calle. Gracie se levantó para apoyarse contra un pequeño árbol. Se colocó la cámara en la cara y miró a través del visor. El coche fue acercándose. No supo qué fue lo que ocurrió después. Tal vez fue la hierba u hojas húmedas. Justo cuando estaba preparándose para tomar una fotografía, se resbaló y se cayó. Instintivamente, extendió la mano para agarrarse a algo y apretó el botón a la vez. El flash explotó en medio de la oscuridad. La cámara produjo su foto y fuera quien fuera quien estaba dentro del coche, aceleró y se marchó.
– Vamos.
Riley la agarró con fuerza de la mano y la empujó hacia su propio coche. Las luces se encendieron en la casa de Pam y la puerta principal se abrió.
– ¿Quién está ahí? -gritó Pam-. ¿Qué está pasando?
Gracie se arrojó al interior del coche de Riley y se escondió debajo del salpicadero.
– ¡Vamos! ¡Vamos!
Riley arrancó el motor y realizó un cambio de sentido. No encendió las focos hasta que hubieron recorrido un par de manzanas. Entonces, Gracie se incorporó.
– Lo siento -dijo-. No lo he hecho a propósito -añadió, temiendo que Riley estuviera furioso con ella.
El extraño sonido que él produjo la hizo tensarse. ¿Se estaba riendo?
¿Qué es tan divertido? -le preguntó, completamente incrédula.
– Tú. Sé que no lo hiciste a propósito. Te caíste como un dibujo animado o algo así. Al principio, muy lentamente y luego cada vez más rápido. Tengo que admitir que no resulta aburrido estar contigo.
– Genial. Puedes ponerlo en mi epitafio. Mientras tanto, seguimos sin saber lo que Pam está tramando o con quién se está viendo. ¿Viste el coche?
– No. Estaba demasiado oscuro para distinguir de qué marca era.
Gracie reveló la fotografía y la miró. En ella, se veía un trozo del tejado de Pam y una sección oscura que, seguramente, era el cielo.
– Si no consigo recuperar mi carrera como pastelera, estoy segura de que jamás conseguiré hacerlo como fotógrafa:
– Por supuesto que recuperarás tu negocio de pastelería.
– ¿Cómo lo sabes?
– Porque vamos a resolver este misterio y entonces, quien haya hecho esto, tendrá que pagar.
– Gracias. ¿Quieres quedarte a dormir? -le preguntó ella.
– Por supuesto.
A Gracie le gustó que Riley ni siquiera tuviera que pensarlo.
– Eres un buen hombre, Riley Whitefield.
– Soy un canalla, pero tú no puedes verlo.
– No lo creo.
Por supuesto que Riley tenía sus faltas. ¿Y quién no? Lo importante es que la había estado apoyando desde el principio a pesar del pasado tan extraño que habían compartido. Se mostraba protector, cariñoso y divertido con ella y, cuando hacían el amor, Gracie había alcanzado una nueva dimensión gracias a él. Riley le hacía sentirse segura. Le hacía ver chispas.
Regresaron a casa de Gracie. Después de aparcar el coche, Riley se inclinó sobre ella y la besó. Mientras Gracie lo abrazaba con fuerza, se preguntó si sería posible que tal vez hubiera escogido al hombre de sus sueños a la tierna edad de catorce años.
Capítulo 18
Riley se despertó en una soleada habitación y en una cama vacía. Se imaginó que Gracie tendría que estar en algún lugar de la casa y que terminaría por presentarse. Entonces, la agarraría, la tumbaría en la cama y le haría gozar. Otra vez.
Cerró los ojos y sonrió. Le gustaba tenerla en su cama. Le gustaba su aspecto, su olor y cómo ella le hacía sentir. Gracie era buena para él, algo que no podía decir de muchas personas de las que conocía.
– ¿Por qué estás sonriendo?
Abrió los ojos y vio que ella se acercaba. Llevaba una larga camiseta y, por el modo en el que se le movían los senos, poco más.
– Por ti.
– ¿Sí? ¿Estabas pensando en lo de anoche? Estuviste fantástico.
– Tú tampoco estuviste mal -dijo-. Creo que me mordiste.
– Sé que te mordí.
– Me has dejado señales.
– ¿Te quejas?
– Sólo lo haré si no me lo vuelves a hacer.
Gracie se echó a reír. Entonces, se inclinó para besarlo.
– Estás olvidándote de las reglas de usar y tirar y pronto va a venir la policía para meterte en la cárcel por haberlas infringido. La buena noticia es que no tendrás que preocuparte por ser padre mientras estés entre rejas -dijo, mostrándole algo parecido a un bolígrafo de plástico-. No estoy embarazada.
– ¿Estás segura? -preguntó Riley. Se le había olvidado que había llegado el momento de hacer la prueba.
– Sí. No sólo por eso. He estado teniendo los mismos síntomas de siempre cuando me va a venir la regla. Supongo que voy un poco retrasada por el estrés de los últimos días. Eso ocurre.
– ¿Estás contenta?
– Claro. Y tú también debes estarlo. Esto es lo que queríamos, ¿no?
– Por supuesto -afirmó él. Un embarazo no formaba parte de su plan.
– Bueno, he preparado café y, si te apetece tengo huevos. Si quieres, hasta te los puedo cocinar.
Riley se sentó en la cama y le tomó la mano.
– Yo sólo como pastel.
– Así me gusta -dijo ella, riendo-. ¿Quieres darte primero una ducha?
– Gracias.
Riley se marchó treinta minutos después a su casa para cambiarse de ropa antes de ir al banco. Antes de irse, prometió llamarla para que pudieran definir la estrategia que iban a seguir sobre Pam. También tenía una reunión con Zeke sobre la campaña y un montón de responsabilidades.
Sin embargo, no podía dejar de pensar en Gracie y en el hecho de que no estaba embarazada. Se dijo que era lo mejor. Entonces, ¿por qué no estaba más contento? ¿Acaso había esperado que ella estuviera encinta?