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La torre de cristal [Tower of Glass - es]

Электронная книга - «La torre de cristal [Tower of Glass - es]». Краткое содержание книги:

Simeon Krug, un poderoso industrial que construyó su imperio con la creación y producción en serie de androides, está empleando todos sus recursos en erigir una gigantesca torre de cristal destinada a contestar un mensaje ininteligible proveniente de las estrellas. Los androides, seres humanos concebidos artificialmente, han desarrollado una compleja religión centrada en la figura de su creador, esperando de él la redención que les otorgue los mismos derechos que los seres humanos normales. Pero Simeon Krug no está interesado en las aspiraciones de sus creaciones, y la marea de las fuerzas sociales que se desata resulta incontenible.
Una de las novelas más apasionantes de la época dorada de Robert Silverberg, en “La torre de cristal” se muestran nuevamente las soberbias dotes del autor para la caracterización de sus personajes, entrando sin esfuerzo aparente en lo más recóndito de sus motivaciones.
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El largo discurso de Krug le había dejado sediento. Cogió la copa de vino. Otra vez, la tensión de sus músculos le traicionó. Otra vez, derramó el contenido. Otra vez, un alfa atento, alertado por los ojos ocultos, se apresuró a limpiar el desastre. Detrás del grueso muro de cristal del Club Nemo un pez color rojo oscuro, de un metro de largo, con una boca inmensa llena de dientes y estrecha cola espinosa, empezó a moverse por el banco de crustáceos, devorándolos con terrible apetito.

28

15 de enero de 2219. La torre mide 1.001 metros. Para celebrarlo, Krug ha decretado que mañana todos los trabajadores tengan el día libre. Se calcula que la estructura alcanzará toda su altitud antes de mediados de marzo.

29

—Ayer por la mañana tuve un visitante aquí, Thor —dijo Lilith Meson.

—¿Manuel Krug?

—No. Sigfrido Archivista.

Vigilante se desembarazó del envolvente abrazo del diván de Lilith.

—¿Archivista? ¿Aquí? ¿Por qué?

Lilith se echó a reír.

—¿Es que últimamente estás tan humano que hasta sientes celos, Thor?

—No tiene gracia. ¿Cómo es que te ha visitado?

—Estaba en el despacho —explicó Lilith—. Ya sabes que trabaja para Protección de la Propiedad de Buenos Aires, y vino a discutir una nueva cláusula actuarial muy importante en sus contratos. Después, me preguntó si podía visitarme en mi casa. De acuerdo. Le invité. Parecía inofensivo.

—¿Y?

—Intentó reclutarme para el PIA.

—¿Eso es todo?

—No —respondió Lilith—. Además, quiere que yo te reclute a ti.

Vigilante carraspeó.

—No creo que sea posible.

—Es increíblemente activo, Thor. Dedicado a la causa de la igualdad y la liberación, etcétera, etcétera. Dos minutos después de entrar, empezó a enterrarme bajo argumentos en pro de la acción política inmediata. Le advertí que era religiosa. Dijo que eso no importaba, que podía seguir rezando por la intervención milagrosa de Krug, pero, mientras no llegaba, ¿me importaría firmar esta petición? Le respondí que nunca firmaba cosas. Me dio un montón de cubos de propaganda, toda la gama del PIA. Están en la cocina, por si te interesan. Se quedó aquí más de una hora. —Lilith le dedicó una sonrisa deslumbrante—. No firmé su petición.

—Pero ¿por qué vino a ti?—preguntó Vigilante—. ¿Planeará acercarse a cada alfa del mundo, uno por uno, buscando apoyo?

—Te lo dije. Quiere alistarte a ti. Sabe que te conozco bien, y cree que si consigue convencerme, yo podré convencerte a ti. Dijo eso mismo, pero con muchas más palabras. En cuanto tú estés en su campo, todos los demás te seguirán. —Lilith se puso rígida—. “Si Alfa Vigilante se pone de nuestra parte, Alfa Meson, atraerá a cientos de alfas influyentes. Podría ser esencial para nuestro movimiento. Puede que Alfa Vigilante tenga el futuro de cada androide en sus manos.” ¿Qué te parece, Alfa Vigilante?

—Estoy conmovido, Alfa Meson. No puedo describir la admiración que siento con sólo pensarlo. ¿Cómo conseguiste librarte de él?

—Intentando seducirle.

—¿Qué?

—¿Estoy siendo mala, Thor? Si lo prefieres, no te lo contaré.

—No estoy programado para sentir celos —dijo Vigilante, sobrio—. Esos juegos no te servirán de nada conmigo. Y no estoy de humor para estupideces.

—Muy bien. Siento habértelo dicho.

—Sigue. Intentaste seducirle. ¿Lo conseguiste?

—No —dijo Lilith—. Fue una cosa espontánea. Me dije a mí misma: Archivista es tan aburrido que esto hará que huya gritando. Y si en vez de eso, muerde el anzuelo…, bueno, puede ser divertido. Así que me desnudé, y luego…, ¿cuál es la antigua expresión?, empecé con los preliminares. Vamos, le dije, pasaremos un buen rato juntos, Sigi, Sigi. Le puse las manos encima. Yo estaba muy libidinosa. Me reía y jugaba. Trabajé mucho, Thor, incluso más de lo que tuve que trabajar para seducirte a ti. Él no se excitaba. Me pidió que parase.

—Claro —señaló Vigilante—. Es lo que intentaba explicarte. Los varones alfa no sienten demasiado interés por el sexo. Es irrelevante en su vida.

—No seas tan presuntuoso. Archivista me deseaba. Estaba pálido. Temblaba.

—Entonces, ¿por qué no se acostó contigo? ¿Tenía miedo de comprometerse políticamente?

—No —respondió Lilith—. Es porque aún guarda luto.

—¿Luto?

—Por su esposa. Casandra Núcleo. Su esposa, Thor. El PIA defiende el matrimonio entre androides. Se casó con Alfa Núcleo hace tres años. Guarda un período de luto de seis meses, durante el cual no piensa permitir que jóvenes alfas caprichosas le arrastren a sus brazos. Me lo explicó, y luego se fue rápidamente. Como si tuviera miedo de rendirse si se quedaba.

—Su esposa —murmuró Vigilante.

—El PIA piensa añadir una cláusula sobre matrimonio androide en su petición al Congreso. Archivista dijo que si tú y yo queremos casarnos, Thor, podría prepararlo para el día en que nos uniéramos al partido.

Vigilante dejó escapar una carcajada.

—¡Habla como un chiquillo! ¿De qué sirve el matrimonio? ¿Tenemos hijos que necesitan hogares legalmente constituidos? Si yo quisiera vivir contigo, lo haría, Lilith. O tú conmigo. ¿Es que alguien tiene que pronunciar unas palabras antes? ¿O darnos un trozo de papel?

—Ésa es la idea, Thor. Una unión permanente entre hombre y mujer, como hacen los humanos. Es conmovedor. Él la quería de verdad.

—Estoy seguro. Le vi llorando cuando Spaulding la mató. Pero ¿la amaba más por el hecho de que estuvieran casados? Si el matrimonio es tan maravilloso, ¿por qué viene aquí Manuel Krug cada semana? ¿No debería estar en su casa, teniendo una unión permanente con la señora Krug?

—Hay matrimonios buenos y matrimonios malos —respondió Lilith—. Y la persona con quien te acuestes no determina necesariamente la calidad de tu matrimonio. En cualquier caso, el matrimonio de Archivista era bueno, y no veo qué daño podría hacernos adoptar la costumbre, si de verdad creemos en nuestra igualdad.

—Muy bien —le espetó Vigilante—. ¿Quieres casarte conmigo?

—Hablaba de adoptar la costumbre en términos generales.

—No tenemos que unirnos al PIA para casarnos. Me pondré en contacto con Alfa Constructor y con Alfa Expedidor, escribiremos una ceremonia de matrimonio para la comunión, y nos casaremos en la capilla esta noche. ¿De acuerdo?

—No bromees, Thor.

—¡No bromeo!

—Estás enfadado y no sabes lo que dices. Hace dos minutos, pensabas que el matrimonio entre androides era absurdo. Ahora quieres incluirlo en la comunión. No puedes hablar en serio, Thor.

—¿No quieres casarte conmigo? No te preocupes, no me entrometeré en tu asunto con Manuel. Tampoco estoy programado para ser posesivo. Pero podríamos vivir juntos, podríamos…

—Basta ya, Thor.

—¿Por qué?

—Lo que hay entre nosotros puede existir sin matrimonio. Tú lo sabes. Yo lo sé. No te estaba pidiendo que te declarases. Sólo intentaba explicarte algo sobre Sigfrido Archivista, la naturaleza de sus emociones, la complejidad de sus pensamientos hacia Alfa Núcleo, así como la postura del PIA sobre…

—Basta. Basta. —Vigilante se tapó los oídos con las manos y cerró los ojos—. Fin de la conversación. Me asombra que no pudieras seducir a Sig Archivista, me deja atónito que el PIA defienda el matrimonio, y eso es todo. ¿De acuerdo?

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