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La torre de cristal [Tower of Glass - es]

Электронная книга - «La torre de cristal [Tower of Glass - es]». Краткое содержание книги:

Simeon Krug, un poderoso industrial que construyó su imperio con la creación y producción en serie de androides, está empleando todos sus recursos en erigir una gigantesca torre de cristal destinada a contestar un mensaje ininteligible proveniente de las estrellas. Los androides, seres humanos concebidos artificialmente, han desarrollado una compleja religión centrada en la figura de su creador, esperando de él la redención que les otorgue los mismos derechos que los seres humanos normales. Pero Simeon Krug no está interesado en las aspiraciones de sus creaciones, y la marea de las fuerzas sociales que se desata resulta incontenible.
Una de las novelas más apasionantes de la época dorada de Robert Silverberg, en “La torre de cristal” se muestran nuevamente las soberbias dotes del autor para la caracterización de sus personajes, entrando sin esfuerzo aparente en lo más recóndito de sus motivaciones.
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Lilith se echó a reír.

“Se llama Bendición de la Cuba —dijo—. Es un signo de paz y una señal de adiós. Lo hacemos sobre una persona muerta, en la última plegaria, y también cuando nos despedimos de alguien en una situación tensa. Es uno de los signos más sagrados. Y no lo has hecho demasiado bien. Verás, se basa en la doble hélice del ácido nucleico en la molécula… genética, ¿entiendes? Así es como están enlazadas las moléculas. Intentamos reproducirlo con nuestros cuerpos. Así.”

Lo hizo. La imité, y se rió.

“Lo siento —dije—. Es que mi cuerpo no parece capaz de curvarse así.”

“Hace falta práctica. Pero no tendrás que hacerlo. Quédate con el Alabado-sea-Krug y Krug-nos-guarde, con eso te bastará. Ahora, vámonos.”

Me llevó a una parte pobre de la ciudad, me pareció que había sido la zona comercial en el pasado. No era tan chillona como Ciudad Gamma, ni tenía el elegante aspecto antiguo de la parte donde vivían los alfas. Era, sencillamente, pobre.

“La capilla está ahí”, me dijo.

Vi la parte delantera de un almacén, con las ventanas tapadas. Había un par de betas en la puerta, sin hacer nada concreto. Empezamos a cruzar la calle. Estaba nervioso. ¿Y si me descubrían? ¿Qué me harían? ¿Y a Lilith?

“Soy Alfa Levítico Saltador.”

Los betas se apartaron a un lado, haciendo la señal de Alabado-sea-Krug, mientras nos acercábamos a ellos. Ojos fijos en el suelo, aire de respeto. Las distancias sociales. Lilith lo habría tenido mucho más difícil si yo no tuviera una constitución esbelta de alfa. Mi confianza creció. Incluso hice la señal de Alabado-sea-Krug a uno de los betas.

Entramos en la capilla.

Era una gran habitación circular, sin asientos. Una gruesa alfombra de suave pseudovida, obviamente muchas rodillas la habían gastado. Luces matizadas. Me acuerdo de hacer el signo de Alabado-sea-Krug al entrar. Uno-dos-tres.

Un pequeño vestíbulo. Dos pasos más adelante, vi el altar por primera vez. Lilith dobló la rodilla, sumisión a la Voluntad. Yo casi no necesité arrodillarme. Casi me caí de asombro.

El altar: una gran masa cuadrada de lo que parecía carne viviente, asentada sobre una bañera de plástico muy ornamentada. Un fluido púrpura en la bañera, girando y bañando ocasionalmente el bloque de carne rosada, que medía al menos tres metros de largo y dos de ancho por uno de alto.

Detrás del altar: un holograma de mi padre. Un parecido perfecto. Una réplica a tamaño natural, que nos miraba de frente, con expresión severa, ojos brillantes, labios fruncidos. No era exactamente un dios de amor. Fuerte. Hombre de acero. Era un holograma, de manera que los ojos te seguían. Estés donde estés en la capilla, Krug te vigila.

Me arrodillo. Extiendo los brazos. Palmas hacia arriba.

¡Sumisión a la Voluntad de Krug!

Me trastorna. Aunque ya venía preparado, sigo conmocionado. “¿Es así en todo el mundo?—pregunto—. ¿Androides haciendo reverencias a mi padre?” Un susurro apenas audible. “Sí —me dice—, sí.” Le reverenciamos. Alabado-sea-Krug.

Este hombre al que he conocido toda mi vida. Este constructor de torres, este inventor de androides. ¿Un dios? Casi me río. ¿Soy el hijo de Dios? No encajo en el papel. Obviamente, aquí nadie me adora. Soy una ocurrencia de última hora. Estoy al margen de la teología.

Nos ponemos de pie. Con un leve gesto de la cabeza, Lilith me guía hacia un lugar al fondo de la capilla, donde nos arrodillamos. La oscuridad me reconforta. Debe de haber diez o doce androides en la capilla, todos betas, a excepción de un varón alfa arrodillado ante el altar, de espaldas a nosotros. Me siento menos llamativo con el alfa allí. Entran unos cuantos betas más, haciendo los gestos apropiados. Nadie nos presta atención. Las distancias sociales.

Todo el mundo parece rezar para sus adentros.

“¿Esto es el servicio, Lilith?”

“No, aún no. Hemos llegado un poco pronto. Ya lo verás.”

Los ojos de Krug me taladran. Ahí arriba, casi tiene aspecto de dios. Le devuelvo la mirada. ¿Qué diría él si lo supiera? Se reiría. Golpearía su escritorio. Se alegraría. ¡Krug el dios! ¡Jehová Krug! ¡Simeon Alá! ¡Por Cristo, ésa sí que es buena! ¿Por qué demonios no iban a adorarme? Yo los creé, ¿no?

Cuando mis ojos se acostumbran a la semioscuridad, examino más detenidamente el dibujo de la pared. No es, como pensé en un principio, un diseño ornamental abstracto. No: ahora veo las letras del alfabeto, repetidas una y otra vez, cubriendo hasta el último centímetro del muro. No todas las letras. Repaso las líneas, y sólo encuentro la A, la U, la G y la C en diversas combinaciones como:

AUA AUG AUC AUU GAA GAG GAC GAU GGA GGG GGC GGU

GCA GCG GCC GCU GUA GUG GUC GUU CAA CAG CAC CAU

Una y otra vez. “¿Qué es eso, Lilith? Las letras.”

“El código genético —dice—. Los tripletes del ARN”

“Ah, sí. —De pronto, recuerdo Ciudad Gamma, la adicta al ralentizador exclamando letras, G A A G A G G A C. Ahora las veo en la pared—. ¿Una plegaria?”

“El idioma sagrado. Como el latín para los católicos.”

“Ya entiendo ”

En realidad no lo entiendo. Me limito a aceptarlo.

“¿Y de qué está hecho el altar?”, pregunto.

“Carne. Carne sintética.”

“¿Viva?”

“Por supuesto. Salida de la cuba, como tú y como yo. Perdona, como tú, no. Como yo. Un montón de carne androide viva.

“¿Qué la mantiene viva? No tiene órganos, ni nada así.”

“Absorbe nutrientes del tanque. E inyecciones de algo desde debajo. Pero vive. Crece. De vez en cuando, hay que recortarla. Simboliza nuestro origen. No el tuyo. El nuestro. Hay un altar en cada capilla. Sacados a escondidas de las fábricas.”

“Como los productos defectuosos.”

“Como los productos defectuosos, sí.”

“Y yo que pensaba que las medidas de seguridad eran muy estrictas en las plantas de androides”, digo.

Lilith me guiña un ojo. Empiezo a sentirme como un miembro de alguna conspiración.

Ahora entran tres androides por la parte de atrás de la capilla. Dos betas y un alfa, con estolas bordadas en las que está inscritas las letras del código genético. Tienen un aspecto sacerdotal. El servicio está a punto de comenzar. Cuando los tres se arrodillan junto al altar, todo el mundo hace el Alabado-sea-Krug, y el Krug-nos-guarde. Les imito.

“¿Son sacerdotes?”

“Son celebrantes —dice Lilith—. No tenemos lo que se dice una clase sacerdotal. Hay varias castas que desempeñan papeles en ceremonias diferentes, según la estructura y la textura del ritual. El alfa es un Preservador. Entra en un trance que le pone en comunión directa con Krug. Los dos betas son proyectores. Ellos amplifican su estado emocional. En otros momentos se necesitan Absorbedores o Protectores, que cuentan con la ayuda de Entregadores, Sacrificadores o Respondedores.”

“¿A qué casta perteneces tú?”

“¿A la de los Respondedores.”

“¿Y Thor Vigilante?”

“A la de los Preservadores.”

El alfa junto al altar comienza un cántico: CAU, UUC, UCA, CGA, CCG, GCC, GAG, AUC.

“¿Es que todo va a ser en clave?”

“No. Esto es sólo para establecer la textura.”

“¿Qué dice?”

Dos betas, situados un poco más adelante, se vuelven para mirarnos. Sisean pidiendo silencio. Al ver que somos alfas, se muerden los labios.

Lilith susurra, más bajo que antes. Está diciendo: “Krug trae al mundo, y a Krug volvemos”.

GGC GUU, UUC, GAG.

“Krug es nuestro creador, nuestro protector y nuestro libertador.”

UUC, CUG, CUC, UAC.

“Krug, te rogamos que nos guíes hacia la luz.”

No comprendo el código. Los símbolos no están relacionados con el sentido. ¿Qué símbolo representa a Krug? ¿Cómo funciona esta gramática? No puedo preguntárselo a Lilith mientras estemos aquí. Otros androides se vuelven para mirarnos. Esos alfas charlatanes de atrás. ¿Es que no tienen ningún respeto?

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