Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » La torre de cristal [Tower of Glass - es]
La torre de cristal [Tower of Glass - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La torre de cristal [Tower of Glass - es]

Электронная книга - «La torre de cristal [Tower of Glass - es]». Краткое содержание книги:

Simeon Krug, un poderoso industrial que construyó su imperio con la creación y producción en serie de androides, está empleando todos sus recursos en erigir una gigantesca torre de cristal destinada a contestar un mensaje ininteligible proveniente de las estrellas. Los androides, seres humanos concebidos artificialmente, han desarrollado una compleja religión centrada en la figura de su creador, esperando de él la redención que les otorgue los mismos derechos que los seres humanos normales. Pero Simeon Krug no está interesado en las aspiraciones de sus creaciones, y la marea de las fuerzas sociales que se desata resulta incontenible.
Una de las novelas más apasionantes de la época dorada de Robert Silverberg, en “La torre de cristal” se muestran nuevamente las soberbias dotes del autor para la caracterización de sus personajes, entrando sin esfuerzo aparente en lo más recóndito de sus motivaciones.
1 ... 39 40 41 42 43 44 45 46 47 ... 56
Перейти на страницу:

—Hoy estás de mal humor, Thor.

—Sí.

—¿Por qué? ¿Puedo ayudarte en algo?

—Leon Spaulding me ha contado algo hoy, Lilith. Dice que cuando la delegación del PIA consiga una oportunidad de dirigirse al Congreso, Krug hará una declaración a todo el movimiento de igualdad androide, asegurando que él nunca nos habría creado si hubiera sabido que llegaríamos a exigir derechos civiles.

Lilith se quedó sin aliento. Tenía lágrimas en los ojos, e hizo cuatro veces seguidas el signo de Krug-nos-guarde.

—No es posible —susurró.

—Spaulding dice que Krug habló de esto hace una semana, en el Club Nemo, delante del portavoz Salah al-Din, el senador Fearon y un par de personas más. Supongo que te das cuenta de que Leon me lo estaba comentado de pasada, claro. Una charla amistosa entre androide y ectógeno. Sabe que yo soy anti PIA. Pensó que me haría gracia. ¡El muy hijo de puta!

—¿Puede ser cierto?

—Claro que sí. Krug nunca ha hecho ninguna declaración sobre el papel que según él deberían desempeñar los androides. No tengo ni idea de cuál es su postura al respecto. Siempre había pensado que simpatizaría con nuestros ideales, pero quizá sólo estaba proyectando mis propias esperanzas. La cuestión no es si puede ser cierto, sino que es cierto.

—¿Te atreves a preguntárselo?

—No —respondió Thor—. Creo que toda esta historia ha salido de la mente maliciosa de Leon Spaulding, que Krug no piensa violar su norma de abstención política, y que, si alguna vez hace una declaración, será la que todos esperamos y rogamos. Pero me da miedo pensar que puedo estar equivocado. Estoy aterrado, Lilith. Una declaración antiigualdad por parte de Krug minaría todas nuestras creencias. Nos dejaria en la oscuridad. ¿Comprendes lo que he estado pasando todo el día?

—¿Tienes que creer en lo que contó Spaulding? ¿No puedes consultar con el senador Fearon, o con el portavoz, para averiguar qué se dijo en realidad?

—¿Quieres que les pida detalles confidenciales sobre una conversación privada de Krug? Le informarán al instante.

—Entonces, ¿qué piensas hacer?

—Forzar la mano de Krug —respondió Vigilante—. Quiero que lleves a Manuel a una capilla.

—¿Cuándo?

—En cuanto puedas. No le ocultes nada. Deja que lo comprenda todo. Trabaja en su conciencia. Luego, haz que vaya a su padre, antes de que Krug haga ninguna declaración al Congreso. Si es que Krug piensa hacer una declaración.

—Lo haré —dijo Lilith.

Vigilante asintió. Bajó la vista, moviendo perezosamente los pies sobre los dibujos del suelo. Tenia un cosquilleo en el cerebro y una bola de algodón en la garganta. Detestaba las maniobras en las que se veía inmerso, estos planes y contraplanes, aquella dependencia de la débil voluntad de Manuel Krug, la suposición de que Krug —¡Krug!— podía ser manipulado tan fácilmente con intrigas. Todo aquello parecía contradecir una fe sincera. Era una especie de regateo cínico con el destino, que dejaba a Vigilante preguntándose si su fe había sido sincera alguna vez. Entonces, ¿todo era una fachada: arrodillarse en la capilla, murmurar los trios, la inmersión en la Krugidad, la entrega, las plegarias? ¿Sólo una manera de pasar el tiempo hasta que llegara el momento de tomar el control de los acontecimientos? Vigilante rechazó la idea. Pero eso le dejaba sin nada. Deseaba no haber empezado nunca con aquello. Anhelaba estar de vuelta en la torre, conectado con la computadora, manejando con habilidad el flujo de datos. ¿En esto consiste ser humano? ¿Estas decisiones, estas dudas, estos temores? Entonces, ¿por qué no seguir siendo un androide? Aceptar el plan divino. Servir, y no desear nada más. Alejarse de las conspiraciones, de las emociones confusas, de las redes de la pasión. Se descubrió a sí mismo envidiando a los gammas, que no aspiraban a nada. Pero él no podía ser un gamma. Krug le había dado esta mente. Krug le había creado para que dudara y sufriese. ¡Bendita fuera la Voluntad de Krug!

Vigilante se levantó y caminó lentamente por la habitación. Conectó el holovisor para evadirse. La imagen de la torre de Krug floreció en la pantalla: inmensa, brillante, hermosa, deslumbrante en la luz de enero. Una cámara planeadora recorría lentamente toda su longitud, mientras el comentarista hablaba de la consecución de los 1.000 metros, y hacía comparaciones favorables para la torre con las pirámides, la Gran Muralla China, el Faro de Alejandria o el Coloso de Rodas. Un logro magnifico, que abría el camino hacia la comunicación con otras razas de estrellas lejanas. Algo de belleza propia, esbelta y deslumbrante. La cámara subia y bajaba por las paredes de cristal. Su ojo escudriñaba por el agujero de la cima. Gammas sonrientes agitaban las manos. Vigilante se vio a si mismo un momento, inmerso en problemas, sin saber que le estaban holovisando. Y también estaba Krug, resplandeciente de orgullo, señalando los rasgos de la torre a una multitud de senadores e industriales. El frío de la tundra parecía emanar de la pantalla. La cámara captó las trenzas de refrigeración, situadas en el permafrost. Una niebla se alzaba de ellas. A menos que se mantenga congelado el suelo, explicaba el comentarista, no se podrá garantizar la estabilidad de la torre. Una hazaña de la ingeniería medioambiental. Un milagro. Un monumento a la visión y la decisión del hombre. Si. Sí. Increíble. Con repentina ferocidad, Vigilante desconectó la pantalla. La brillante torre desapareció como un sueño interrumpido. Se quedó de pie cerca de la pared, dando la espalda a Lilith, intentando comprender cómo se le había vuelto tan complicada la vida. Quería ser humano. Sí. ¿No había rezado a Krug para que él y los suyos tuvieran todos los privilegios de los nacidos del Vientre? Sí. Sí. Y con los privilegios, llegaban las responsabilidades. Sí. Y con las responsabilidades, la confusión. La rivalidad. El sexo. El amor. Los planes. Quizá no estaba preparado para todo esto, pensó Vigilante. Quizá debí seguir siendo un buen trabajador alfa, en vez de alzarme para desafiar a la Voluntad de Krug. Quizá. Quizá. Hizo los rituales de tranquilidad, pero sin éxito. “Ahora eres más humano de lo que quisieras, Alfa Vigilante”, se dijo. [LACUNA] que Lilith estaba detrás de él, muy cerca. La punta de sus pechos le rozaba la espalda. Cuando se acercó aún más, sintió grandes globos aplastándose contra él.

—Pobre Thor —murmuró ella—. Tan tenso. Tan preocupado ¿Quieres hacer el amor?

¿Acaso podía negarse? Fingió entusiasmo. La abrazó. Cuerpo tenso se deslizó contra cuerpo. Ella se abrió a él, y él la penetró. Esta vez fue más hábil. Pero seguía sintiendo un vacío, un oe de la carne, un éxtasis extraño. No encontró placer para sí mismo, aunque había un placer indirecto viendo a Lilith palpitar, y gemir y arquear la espalda cuando ella lo sintió gracias a [LACUNA]. “Pese a todo, no soy suficientemente humano”, se dijo, y ella es demasiado humana. Sí. Sí. Se movió más de prisa. Ahora sentía un cosquilleo. Krug había diseñado bien a Sus hijos, con todas las conexiones neurales apropiadas, por muy bloqueadas que estuvieran a veces a causa de un condicionamiento autoimpuesto. Cuando se acercó el clímax, Vigilante experimentó unos momentos de pasión genuina: gimió, agarró las nalgas de Lilith con dedos de acero, embistió. Luego llegó la ráfaga de la culminación e, inmediatamente después, como antes, la tristeza, la sensación de vacio. Le parecía estar en una vasta tumba subterránea, cientos de metros de larga y muchos de ancha, sin nada a la vista excepto polvo y fragmentos de coronas de flores secas. Se obligó a seguir abrazado a Lilith, aunque lo único que deseaba era darse media vuelta y quedar solo. Abrió los ojos. Ela lloraba. Ella sonreia. Ella estaba arrebolada, sudorosa y deslumbrante.

1 ... 39 40 41 42 43 44 45 46 47 ... 56
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)