Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:

Regresa el fenómeno, regresa Moccia. La esperada nueva novela del best-seller italiano, Carolina se enamora, desembarca en nuestro país con un sólo objetivo: volver a arrasar. Con A tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti, Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo, Moccia ha superado ya la cifra de 1.000.000 ejemplares vendidos en nuestro país, seduciendo tanto a jóvenes como a no tan jóvenes con sus relatos de amor adolescente.
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 119
Перейти на страницу:

– No pueden abrir cada vez que alguien se lo pide; de lo contrario, ¿para qué servirían las paradas?

Me mira como si me dijese «¿cómo es posible que no lo entiendas?». Me gustaría responderle: «Con respecto a las paradas, tal vez esté de acuerdo, pero ¿para qué sirven, en cambio, los plastas como usted? ¡Pero si ya lo sabía! A qué viene su comentario, ¿eh? ¿Acaso aporta algo?»

Sin embargo, en ese mismo instante, el autobús se detiene, me pego a las puertas y, en cuanto éstas se abren, salto apresuradamente y echo a correr como un rayo en dirección a casa.

Llamo al interfono.

– ¿Quién es?

– Yo.

Subo corriendo la escalera. Llamo a la puerta, me abre Ale.

– Hola. -Después recorro a toda prisa el pasillo-. Ya he vuelto, mamá,

Pero ¿qué pasa aquí? En la cocina no hay nadie. Las puertas de cristal del salón están cerradas. Ale pasa por mi lado.

– Están allí… Creo que tienen para un buen rato… Yo voy a comer.

Y se encamina hacia la cocina. Quizá me reúna con ella, pero primero quiero saber lo que está pasando. Soy demasiado curiosa. De modo que me acerco. Oigo la voz de mi madre.

– Pero tal vez cambie de idea.

Mi padre grita como de costumbre.

– Ya está, es por eso… ¡La culpa es tuya por defenderlo siempre!

Veo la escena a través de un resquicio. Están los dos y, entre ellos, mi hermano Rusty James.

– ¿Se puede saber por qué discutís? ¿Por qué gritas, papá? ¿Por qué te enfadas siempre con mamá? Ella no tiene la culpa. La decisión es mía. Tengo casi veinte años…, puedo tomar mis decisiones, ya sean más o menos acertadas, ¿no?

– ¡No! ¿De acuerdo? ¡No, porque son equivocadas! -Mi padre vuelve a alzar la voz-. Siempre son equivocadas… ¿Está claro? ¡Dejas la universidad! ¿Qué puede haber de bueno en eso?

– Que no me gusta estudiar medicina.

– Ah, claro, tú quieres pasión. Quieres ser escenógrafo.

– Guionista.

Mi hermano sacude la cabeza y se sienta en el brazo del sillón. Mi padre vuelve a la carga.

– Ah, claro… ¿Y todo el dinero que me he gastado para que pudieses estudiar, para que te licenciases en medicina, para ofrecerte un puesto el día de mañana? ¿Adónde ha ido a parar? Perdido, todo el dinero echado a perder. Pero ¿a ti qué más te da, verdad?

Mi hermano exhala un suspiro.

– Te lo devolveré, ¿de acuerdo? Te restituiré todo lo que te has gastado conmigo. Así saldaremos nuestras deudas.

Veo que papá se aparta de la mesa, se acerca a él, aferra su cazadora, tira de la manga y casi lo hace caer del sillón cuando lo sacude con rabia.

– Oye, no seas arrogante conmigo…

Rusty James casi se resbala. Vuelve a levantarse y se planta delante de él. Mi padre es más bajo, pero acaban de todas formas uno frente al otro y le agarra la pechera.

– ¿Lo has entendido, eh? ¿Lo has entendido? -grita cada vez más fuerte, con la boca desmesuradamente abierta, sujetándolo por el cuello de la cazadora y con su cara a un milímetro de la de Rusty. Sus gritos son cada vez más fuertes-, ¿Lo entiendes o no?

Espero que no suceda nada malo. Parece una de esas escenas de una película en que al final uno tiene un cuchillo o una pistola, o en que entra un tipo diciendo «manos arriba» y, de todas formas, dispara y al final siempre hay alguien que acaba muerto en el suelo. Pero eso pasa en las películas. Mientras que aquí… Papá y Rusty están cada vez más cerca, papá lo sujeta por el cuello de la cazadora. Rusty permanece inmóvil, duro, después empieza a empujarlo con el pecho para que retroceda. También mi padre empuja, sus pies resbalan en el parquet del salón, en la alfombra, que está muy desgastada. Mi padre da unos pasos hacia atrás, Rusty lo empuja y él se resiste en vano. Mi hermano sonríe. Mi padre alza una mano de la pechera, se la pone en la mejilla y Rusty James gira la cara hacia el otro lado como un caballo que patea, que escapa de su dueño, rebelde, rabioso, encabritado, falta poco para que se enzarcen.

– ¡Quietos, quietos! -Mi madre se interpone entre ellos. Antes de que sea demasiado tarde, antes de que acaben en los periódicos, antes de que ese estúpido juego se convierta en otra cosa-. ¡Quietos! -Menos mal…, si no, habría tenido que entrar yo en el salón… Bueno, seguramente lo habría hecho-. Basta…, no riñáis, no hagáis eso…

Rusty James se aparta. Respira profundamente. Jamás lo he visto así. También mi padre respira, pero lo hace entrecortadamente. Como si le faltase el aliento, como si se hubiese esforzado demasiado en ese extraño juego, se mire como se mire violento, de empujarse. Luego recupera el habla, se peina los cuatro pelos que se le han movido del sitio, y se sacude cuando empieza a hablar.

– Yo no le pago la comida y la cama para que luego no haga nada en esta vida -dice a continuación, casi jadeando-. Yo me levanto todas las mañanas al amanecer y voy a trabajar al hospital para abrirle camino, para que él pueda acabar la universidad y llegar a ser médico. ¿Y él, mientras tanto, qué hace? El muy arrogante escupe en el dinero que le he dado, en la comida, en nuestra casa…

– Yo jamás he escupido…

– ¡Lo estás haciendo ahora! ¡Deberías tener más respeto! ¡Deberías tener al menos el valor de reconocerlo! ¿Que no va contigo? En ese caso, no aceptes comer y vivir aquí para después hacer lo que te viene en gana… Deberías tener el valor de marcharte… -Mi padre lo mira sonriendo, casi desafiándolo. Después se deja caer sobre una de las viejas sillas del salón. Y sigue mirándolo y sonriendo, con una expresión socarrona, poco menos que desdeñosa, con malicia, como sólo mi padre puede hacerlo-. Claro…, qué tonto…, te falta valor…

Y entonces Rusty James hace algo inesperado. De repente se lleva la mano derecha atrás, al bolsillo de sus vaqueros. Dios mío, ahora sacará un cuchillo o, peor, una pistola, como decía antes. Pero no.

Extrae un sobre. Es una carta. Hago un esfuerzo por ver de qué se trata. En ella puede leerse «Para mamá». De hecho, se la da.

– Ten, es para ti – Y, mientras se la tiende, mira por última vez a mi padre-. ¿Lo ves? Sabía de antemano lo que ibas a decir. Eres muy previsible.

Y esta vez es él el que se ríe mientras se marcha. Sólo que su risa transmite tristeza, amargura, decepción, no auténtica alegría. Apenas me da tiempo a esconderme. Me precipito hacia la otra habitación mientras él sale a toda prisa, cruza el pasillo y se dirige a la puerta de entrada. Oigo el portazo. Después vuelvo de inmediato a mi sitio, al escondite desde el que he presenciado hasta ese momento toda la escena. Mi madre ha abierto el sobre, ha sacado la carta y la está desdoblando. Me acerco aún más a la puerta. Así está mejor. Mi madre empieza a leer con ojos temerosos, de arriba abajo, rápidamente, a derecha e izquierda, devorando las palabras como si estuviese buscando algo, algo que sabe de antemano. Y mi padre la mira, quizá molesto, entorna los ojos, en cierto modo denotado por el hecho de que Rusty James se lo haya imaginado todo. A continuación, da un manotazo a la mesa.

– ¡Digo yo que me la podrías leer!- Así quizá tenga la impresión de que pinto algo en esta casa, ¿eh?

Mi madre exhala un hondo suspiro y empieza a leer: «Mamá, no te enfades, pero si te he dado esta carta es porque las cosas han ido como pensaba. Creo que eres una persona estupenda…, que trabajas duramente todos los días, que te levantas a primera hora de la mañana…»

– ¡Claro, y yo me paso todo el día durmiendo a pierna suelta, no doy un palo al agua, yo no trabajo, ¿verdad?! -Mi madre se detiene un momento. Lo mira. Mi padre alza la mano en dirección a ella-. ¡Sí, sí, sigue, sigue!

1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 119
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)