Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Espí­a de Dios
Espí­a de Dios - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Espí­a de Dios

Электронная книга - «Espí­a de Dios». Краткое содержание книги:

Roma, 2 de abril de 2005. El Papa Juan Pablo II acaba de morir y la plaza de San Pedro se llena de fieles dispuestos a darle el último adiós. Al mismo tiempo, se inician los preparativos para el cónclave del que ha de salir el nombre del nuevo Sumo Pontifice. Pero justo entonces los dos cardenales mejor situados del ala liberal de la Iglesia, Enrico Portini y Emilio Robayra, aparecen asesinados siguiendo un mismo y macabro ritual que incluye la mutilación de miembros y mensajes escritos con simbología religiosa. Un asesino en serie anda suelto por las calles de Roma, y la encargada de perseguirlo será la inspectora y psiquiatra criminalista Paola Dicanti. Durante la investigación, la joven detective se adentrará en los más oscuros secretos del Vaticano, aquellos que hablan de conspiraciones nada decorosas y de la existencia de un centro donde se rehabilita a sacerdotes católicos con historial de abusos sexuales. A la cruel astucia del psicópata se unen las trabas que los servicios de seguridad del Vaticano ponen a la investigación: oficialmente las muertes de los cardenales no están ocurriendo y el cónclave debe celebrarse con normalidad. La aparición del padre Fowler, un ex militar norteamericano, supondrá un nuevo desafío para Dicanti, reacia a confiar en el misterioso sacerdote. Pero Fowler conoce el nombre del asesino y guarda un secreto aún más temible: su propio pasado.
1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 71
Перейти на страницу:

—¿Podemos pasar a ver al cardenal?

La hermana Helena negó con la cabeza, enérgicamente.

—Imposible, dottora. Está... como se dice... zdenerwowany. En estado de nervios.

—Sólo será un momento —dijo Dante.

La monja se puso aún más seria.

— Zaden. No y no.

Parecía que prefería refugiarse en su idioma natal para dar la negativa. Ya estaba cerrando la puerta cuando Fowler puso un pie en el marco, impidiendo que se cerrara del todo. Y le dijo con voz vacilante y masticando las palabras

— Sprawia przyjemno, potrzebujemy eby widzie kardynalny Shaw, siostra Helena.

La monja abrió los ojos como platos.

— Wasz jzyk polski nie jest dobry[29].

—Lo se. Debería visitar más a menudo su bello país. Pero no he estado allí desde los tiempos en que nació Solidaridad[30].

La religiosa meneó la cabeza, ceñuda, pero era evidente que el sacerdote se había ganado su confianza. A regañadientes abrió la puerta del todo, haciéndose a un lado.

—¿Desde cuando sabe usted polaco? —le susurró Paola, mientras entraban.

—Solo tengo ligeras nociones, dottora. Viajar ensancha la mente, ya sabe.

Dicanti se permitió mirarle asombrada un segundo antes de dedicar toda su atención al hombre que estaba tendido en la cama. La habitación quedaba en penumbra ya que la persiana estaba casi echada. El cardenal Shaw tenía un pañuelo o quizá una toalla mojada sobre la frente, con tan poca luz no se distinguía bien. Cuando se acercaron a los pies de la cama el purpurado se incorporó sobre un codo, resoplando, y la toalla le resbaló por la cara. Era un hombre de rasgos firmes, de constitución más bien gruesa. El pelo, completamente blanco, estaba apelmazado en la frente, donde la toalla lo había mojado.

—Perdonen, yo...

Dante se inclinó para besar el anillo cardenalicio, pero el cardenal le detuvo.

—No, por favor. Ahora no.

El inspector dio un paso atrás, algo extrañado. Tuvo que carraspear antes de tomar la palabra.

—Cardenal Shaw, lamentamos la intromisión pero necesitamos hacerle unas preguntas, ¿se siente con fuerzas de respondernos?

—Claro, hijos míos, claro. Sólo estaba descansando un momento. Ha sido una terrible impresión el verme asaltado así en éste lugar santo. De hecho tengo una cita para resolver unos asuntos dentro de pocos minutos. Sean breves, por favor.

Dante miró a la hermana Helena y luego a Shaw. Éste comprendió. Sin testigos.

—Hermana Helena, por favor, avise al cardenal Pauljic de que me retrasaré un poco, si es tan amable.

La monja salió de la estancia, refunfuñando maldiciones a buen seguro poco propias de una religiosa.

—¿Cómo ocurrió todo? —preguntó Dante.

—Había subido a mi habitación a recoger mi breviario cuando escuché un grito terrible. Me quedé paralizado unos segundos, supongo que intentando averiguar si había sido producto de mi imaginación. Creí oír ruido de gente subiendo la escalera a toda prisa y después un crujido. Salí al pasillo, extrañado. En la puerta del ascensor había un fraile carmelita, que se ocultaba en el pequeño recodo que forma la pared. Le miré, y él se dio la vuelta y también me miró. Había mucho odio en sus ojos, Santa Madre de Dios. En ese momento sonó otro crujido y el carmelita me embistió. Yo caí al suelo y grité. El resto ya lo saben ustedes.

—¿Pudo verle bien la cara? —intervino Paola.

—Estaba casi toda tapada por una tupida barba. No recuerdo gran cosa.

—¿Podría describirnos su rostro y su complexión física?

—No lo creo, tan sólo le vi un segundo y mi vista ya no es lo que era. No obstante recuerdo que tenía el pelo blanco grisáceo. Pero supe enseguida que no era un fraile.

—¿Qué le indujo a pensar eso, Eminencia? —inquirió Fowler.

—Su manera de actuar, por supuesto. Allí pegado a la puerta del ascensor no parecía un siervo de Dios en absoluto.

La hermana Helena regresó en ese momento, carraspeando nerviosa.

—Cardenal Shaw, el cardenal Pauljic dice que en cuanto sea posible le espera la Comisión para comenzar a preparar las misas de novendiales. Les he preparado la sala de reuniones del primer piso.

—Gracias, hermana. Adelántese usted con Antun, porque necesitaré algunas cosas. Dígales que en cinco minutos estaré con ustedes.

Dante se dio por enterado de que Shaw daba por terminada la reunión.

—Gracias por todo, Eminencia. Hemos de retirarnos ya.

—No saben cuanto lo lamento. Las misas de novendiales se dirán en todas las iglesias de Roma y en miles por todo el mundo, rogando por el alma de nuestro Santo Padre. Es un trabajo ímprobo, y no lo voy a retrasar por un simple empujón.

Paola iba a decir algo, pero Fowler le apretó discretamente el codo y la criminalista se tragó la pregunta. Con un gesto se despidió también del purpurado. Cuando estaban a punto de salir de la habitación, el cardenal les hizo una pregunta de lo más comprometida.

—¿Tiene ese hombre algo que ver con las desapariciones?

Dante se giró muy despacio y respondió con palabras que destilaban almíbar en todas sus vocales y consonantes.

—De ningún modo, Eminencia, se trata tan solo de un provocador. Probablemente uno de esos jóvenes antiglobalización. Suelen disfrazarse para llamar la atención, ya lo sabe.

El cardenal se incorporó un poco más, hasta sentarse en la cama. Se dirigió a la monja.

—Corre el rumor entre algunos de mis hermanos cardenales de que dos de las figuras más preeminentes de la Curia no van a asistir al Cónclave. Espero que ambos se encuentren bien.

—¿Dónde ha oído eso su Eminencia? —Paola se sorprendió. En su vida había escuchado una voz tan suave, dulce y humilde como aquella con la que Dante había formulado su última pregunta.

—Ay, hijos míos, a mi edad uno olvida muchas cosas. Como quién susurro qué entre el café y el postre. Pero puedo asegurarles que no soy el único que lo sabe.

—Eminencia, seguramente se trate tan solo de un rumor sin fundamento. Si usted nos disculpa, hemos de ocuparnos de buscar al alborotador.

—Espero que le encuentren pronto. Está habiendo demasiados disturbios en el Vaticano, y tal vez sea hora de un cambio de rumbo en nuestra política de Seguridad.

La velada amenaza de Shaw, tan recubierta de azúcar glaseado como la pregunta de Dante, no pasó desapercibida a ninguno de los tres. Incluso a Paola el tono le heló la sangre en las venas, y eso que detestaba a todos los miembros de la Vigilanza que conocía.

La hermana Helena salió de la habitación con ellos y siguió pasillo adelante. En la escalera le aguardaba un cardenal un tanto grueso, seguramente Pauljic, con el que la hermana Helena descendió las escaleras.

Tan pronto Paola vio como la espalda de la hermana Helena desaparecía escaleras abajo, Paola se giró hacia Dante con una amarga mueca en el rostro.

—Parece que su control de daños no funciona tan bien como usted creía, superintendente.

—Le juro que no lo comprendo —Dante llevaba el pesar pintado en el rostro—. Al menos esperemos que no conozcan la verdadera razón. Desde luego no parece posible. Y tal y como están las cosas, incluso Shaw podría ser el próximo que calce las Sandalias Rojas.

—Como mínimo los purpurados saben que algo raro está ocurriendo —dijo la criminalista—. Sinceramente, me encantaría que la maldita cosa les estallara en las narices para que pudiéramos trabajar como el caso requiere.

Dante iba a replicar airado cuando alguien apareció en la escalinata de mármol. Carlo Boi había decidido enviar al que consideraba el mejor y más discreto técnico de la UACV.

вернуться

[29] El padre Fowler le pide, por favor, permiso para ver al cardenal Shaw, y la monja le responde que su polaco está un poco oxidado.

вернуться

[30] Solidaridad es el nombre del sindicato polaco que creó en 1980 el electricista Lech Walesa, premio Nobel de la Paz. La relación entre Walesa y Juan Pablo II fue siempre muy estrecha, y hay indicios de que el dinero para la creación de Solidaridad salió en parte del Vaticano.

~ 42 ~ Предыдущая страница Следующая страница var width = window.innerWidth || document.documentElement.clientWidth || document.body.clientWidth; if (width > 768) { (function(w, d, n, s, t) { w[n] = w[n] || []; w[n].push(function() { Ya.Context.AdvManager.render({ blockId: "R-A-430869-4", renderTo: "yandex_rtb_R-A-430869-4", async: true }); }); t = d.getElementsByTagName("script")[0]; s = d.createElement("script"); s.type = "text/javascript"; s.src = "//an.yandex.ru/system/context.js"; s.async = true; t.parentNode.insertBefore(s, t); })(this, this.document, "yandexContextAsyncCallbacks"); } var width = window.innerWidth || document.documentElement.clientWidth || document.body.clientWidth; if (width
1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 71
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)