El tercer gemelo
- Автор: Фоллетт Кен
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El tercer gemelo». Краткое содержание книги:
El tercer gemelo habla sobre el tema de la clonación de seres humanos. Una empresa pionera en estas investigaciones decide, allá por los años setenta, lanzar sus pruebas a los seres humanos pero sin advertir a los afectados.
Veintitrés años después de que se llevaran a cabo algo hará que se descubra todo el pastel, gracias a una profesora que trabaja para esa empresa sin saber el fin real de sus estudios.
“Una joven científica está desarrollando una investigación sobre la formación de la personalidad y las diferencias de comportamiento entre gemelos. De pronto, cuando descubre dos gemelos absolutamente idénticos nacidos de madres distintas, se da cuenta de que alguien intenta frenar su investigación al precio que sea.
¿Es posible que se hayan hecho experimentos secretos de clonación en seres humanos sin ser ellos conscientes? ¿Y de qué forma puede estar involucrado un candidato a la presidencia de los Estados Unidos?”
– ¿A qué viene entonces toda esta farsa? -preguntó Steve en tono furioso.
– En este momento su detención no está acogida a ninguna clase de fianza.
– Así pues, ¿por qué me ha hecho todas esas preguntas y ha alimentado mis esperanzas? -alzó Steve la voz-. ¡Pensé que podía salir de aquí!
La mujer se mostró impasible.
– Los datos que me ha proporcionado relativos a su dirección y demás los comprobará un investigador preproceso, el cual informará al tribunal -dijo sosegadamente-. Mañana se presentará su solicitud de fianza y será el juez quien tome la decisión pertinente.
– ¡Me mantienen en una celda con éste! -Steve señaló al dormido Gordinflas.
– Las celdas no están bajo mi responsabilidad…
– ¡EI tipo es un asesino! ¡Si no me ha matado ya es porque no puede mantenerse despierto, esa es la única razón! Ahora me quejo formalmente ante usted, como funcionaria judicial, de que se me está torturando mentalmente y de que mi vida corre peligro.
– Cuando están ocupadas todas las celdas, se han de compartir…
– Todas las celdas no están ocupadas, no tiene usted más que asomarse a la puerta y comprobarlo. La mayoría de ellas están vacías. Me han puesto con él para que me muela a golpes. Y si ese individuo lo hace, emprenderé una acción judicial contra usted, personalmente, comisaria Williams, por permitir que eso suceda.
– Echaré un vistazo. -La comisaria se suavizó un poco-. Ahora le paso estos documentos. -Le entregó el sumario de los cargos la declaración de causa probable y otros varios papeles-. Tenga la bondad de firmar cada uno de ellos y quédese con una copia.
Frustrado y abatido, Steve tomó el bolígrafo que le ofrecía y firmó los documentos. Mientras lo hacía, el carcelero sacudió a Gordinflas hasta despertarlo. Steve devolvió los papeles a la comisaría. Ella los guardó en una carpeta. Luego se encaró con Gordinflas.
– Diga su nombre.
Steve enterró la cabeza entre las manos.
18
Jeannie fijó la mirada en la puerta de la sala de entrevistas, que se abría lentamente.
El hombre que entró era el doble exacto de Steve Logan.
Junto a sí, Jeannie oyó el grito sofocado de Lisa.
Dennis Pinker era físicamente tan idéntico a Steve que Jeannie no hubiera sido capaz de distinguir a uno de otro.
El sistema funcionaba, pensó triunfalmente. Se había reivindicado. Aunque los padres negaran con toda la vehemencia del mundo que cualquiera de aquellos dos jóvenes pudiese tener un hermano gemelo, ambos eran tan iguales como dos gotas de agua.
El rizado pelo rubio peinado del mismo modo: lo llevaban muy corto y con raya. Dennis se arremangaba los puños de la camisa del penal de manera idéntica a como lo hacía Steve con los de su camisa azul de hilo. Dennis cerró la puerta tras de sí con el tacón, tal como lo hiciera Steve cuando entró en el despacho de Jeannie en la Loquería. Al sentarse dedicó a la doctora una sonrisa atractiva y juvenil, exactamente igual a las de Steve. Jeannie a duras penas podía creer que aquel muchacho no fuera Steve.
Miró a Lisa. Ésta contemplaba a Dennis con los ojos desorbitados, redondos como platos, y con una expresión aterrada en su pálido semblante.
– Es el -jadeó.
Dennis miró a Jeannie y aseguró:
– Vas a darme tus braguitas.
La fría seguridad con que lo dijo dejó a Jeannie helada, pero también intelectualmente excitada. Steve jamás hubiera pronunciado una cosa así. Allí estaba, el mismo material genético transformado en dos individuos radicalmente distintos: uno convertido en un encantador universitario, el otro, en un psicópata. Pero ¿la diferencia era sólo superficial?
Robinson, el guardia, advirtió en tono suave:
– Vamos, Pinker, repórtate y se buen chico, si no quieres verte en un apuro muy serio.
Dennis repitió su sonrisa juvenil, pero sus palabras tenían una inflexión escalofriante.
– Robinson ni siquiera sabrá que ocurrió, pero tu sí -dijo a Jeannie-. Cuando salgas de aquí, sentirás el aire sobre tu culito desnudo.
Jeannie se tranquilizó. Aquello era pura fanfarronada. Ella era inteligente y dura: a Dennis no le resultaría nada fácil atacarla, incluso aunque se encontrara sola. Con un alto y robusto guardia de prisiones cerca, provisto de porra y arma de fuego, estaba perfectamente a salvo.
– ¿Te encuentras bien? -le murmuró a Lisa.
Lisa estaba blanca como el papel, pero sus labios apretados trazaban una línea de determinación.
– Me encuentro estupendamente -dijo, torva la voz.
Al igual que sus padres, Dennis había rellenado previamente varios impresos. Lisa empezó ahora con unos cuestionarios más complicados, que no podían cumplimentarse marcando simplemente con una cruz las casillas. Durante la operación, Jeannie pasaba revista a los resultados y comparaba a Dennis con Steve. Las semejanzas eran asombrosas: perfil psicológico, intereses, aficiones y pasatiempos, gustos, habilidades físicas… todo era idéntico. Dennis tenía incluso el mismo cociente intelectual, sorprendentemente alto, del que estaba dotado Steve.
Que despilfarro, pensó Jeannie. Este joven podría llegar a ser un científico, un cirujano, un ingeniero, un diseñador de programas informáticos. Y en cambio está aquí, vegetando.
La gran diferencia entre Dennis y Steve estribaba en su mundología. Steve era un hombre maduro, cuya capacidad para alternar con la gente superaba el nivel medio, sabía comportarse cuando le presentaban a alguien desconocido, estaba preparado para aceptar a la autoridad legítima, se sentía a gusto entre amigos, le encantaba formar parte de un equipo. Dennis tenía las aptitudes interpersonales de un chiquillo de tres años. Se apoderaba de lo que quería, le costaba trabajo compartir algo con los demás, temía a los desconocidos y cuando no lograba salirse con la suya perdía los estribos y se tornaba violento.
Jeannie se acordaba de cuando tenía tres años. Era su recuerdo más antiguo. Se veía a sí misma asomándose por el borde de la cuna en la que dormía su hermana recién nacida. Patty llevaba un pijamita rosa con flores de color azul claro bordadas en el cuello. Jeannie aún tenía presente la inquina que le había embargado mientras miraba aquel rostro diminuto. Patty le había robado a mamá y a papá. Jeannie deseó con toda el alma matar a aquella intrusa que le arrebató gran parte del cariño y de las atenciones reservadas hasta entonces en exclusiva para Jeannie. Tía Rosa le había dicho: «Quieres mucho a tu hermanita, ¿verdad?», y Jeannie replicó: «La odio, me gustaría que se muriese» Tía Rosa la había abofeteado y Jeannie se sintió doblemente maltratada.
Jeannie creció, lo mismo que lo hizo Steve, pero Dennis no había madurado. ¿Por qué era Steve distinto a Dennis? ¿Le salvó su educación? ¿O la diferencia era sólo aparente? La sociabilidad de Steve, sus aptitudes para alternar con el prójimo ¿no eran más que una máscara que ocultaba al psicópata que había debajo?
Mientras observaba y escuchaba, Jeannie percibió otra diferencia. A ella, Dennis le asustaba. No podía poner el dedo sobre la causa precisa, pero alrededor de Dennis flotaba un aire de amenaza. La doctora tuvo la sensación de que Dennis era capaz de hacer cualquier cosa que se le antojase, sin tener en cuenta para nada las consecuencias de su acto. En ningún momento le transmitió Steve esa sensación.
Jeannie fotografió a Dennis y le tomó primeros planos de ambas orejas. En los gemelos idénticos estas tienen normalmente altura similar, sobre todo en la unión del lóbulo.
Cuando la sesión fotográfica estaba a punto de concluir, Lisa tomó una muestra de la sangre de Dennis, algo para lo que la habían formado. Jeannie apenas podía esperar a ver la confrontación del ADN. Estaba segura de que Steve y Dennis tenían los mismos genes. Lo que demostraría sin el menor género de duda que eran gemelos univitelinos.