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Estrella brillante [Star Light - es]

Электронная книга - «Estrella brillante [Star Light - es]». Краткое содержание книги:

Dhrawn era un planeta que, entre otros inconvenientes, tenía una gravedad aplastante, cuarenta veces superior a la terrestre. Era evidentemente imposible para los terrícolas explorarlo. Por lo tanto, para llevarlo a cabo necesitarían colocar sobre aquella superficie a alguien dotado de inteligencia e iniciativa, pero psicológicamente más apropiado que los humanos.
Los seres vivientes que mejor se ajustaban a esas exigencias eran los pequeños mesklinitas, dotados de una constitución resistente. Aunque se encontraban en un estadio cultural inferior, los humanos pensaban que no convenía suministrarles una elevada ayuda tecnológica para su cometido. En cambio, deberían controlar la exploración desde su seguro satélite en órbita a seis millones de millas de Dhrawn.
Hasta el momento de descender allí, los tenaces, valientes e inteligentes mesklinitas estaban decididos a no ser contratados y deseosos por sí mismos de aceptar el fantástico desafío que las fuerzas de Dhrawn les presentaban.

Nominado por el premio Hugo en 1971.
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La idea de que la presencia de Easy hacía que la situación fuese especial era la única sobre el incidente que Barlennan y Aucoin hubiesen tenido en común. Por supuesto, este último no sabía todavía nada del nuevo incidente en el Esket; ni siquiera Mersereau había pensado en ello. Todavía estaba ocupado en otras cosas.

—¡Easy! —Boyd se apartó de su micrófono y gritó en la dirección del nuevo puesto de Easy—. Parece que hemos convencido a Don. Va a enviar un equipo visual con una brigada de búsqueda de seis hombres. Quiere comprobar su propia estimación de la distancia a la que Reffel se ha desvanecido. Cree que podemos localizar dónde estaba su transmisor. Quizá lo supiésemos en el momento, pero no estoy seguro de que fuera grabado. ¿Quieres vigilar esto mientras lo compruebo con los cartógrafos, o prefieres ir tú misma?

—Quiero observar aquí un poco más. Benj puede subir, si puede soportar abandonar un minuto las pantallas.

Miró hacia el muchacho con una media pregunta; éste asintió y desapareció en un momento. Tardó mucho más de lo que había esperado, y volvió algo cariacontecido.

—Dicen que me darían de buena gana el mapa grabado de la primera parte del vuelo de Reffel, antes de que yo le dijese que siguiese adelante hasta que pudiese ver el Kwembly. Todo lo que saben sobre dónde desapareció es que ha debido ser fuera de ese mapa; éste cubre el valle a lo largo de un kilómetro al oeste del vehículo.

Mersereau gruñó disgustado.

—Me había olvidado de eso.

Se volvió hacia su micrófono para transmitir a Dondragmer dicha información, que no servía de mucho.

El capitán no se sintió particularmente sorprendido ni molesto. Ya había discutido su propio cálculo de la distancia y la dirección con Stakendee, quien guiaba el grupo de exploradores.

—Supongo que los seres humanos tenían razón en cuanto a dejarte llevar el comunicador —había observado el capitán—. Será molesto llevarlo, y no me gustaría perderlo; pero tenerlo reducirá el riesgo de perderos a vosotros. Todavía me preocupa una repetición de la riada que nos trajo aquí, y la gente de allá arriba no puede darnos una predicción definida. Están de acuerdo en que tiene que haber pronto una riada estacional. Con el transmisor podrán avisarte directamente si consiguen una información segura, comunicándote conmigo a través de ellos si encuentras algo.

—No estoy seguro de qué sería mejor si llegase una riada —dijo Stakendee—. Si estamos cerca del Kwembly, haremos lo que podamos para regresar a bordo; supongo que si estuviésemos lejos, nos dirigiríamos hacia el norte del valle, que parece estar más cerca. Sin embargo, en caso intermedio, no estoy seguro de qué sería mejor; sobrevivir a la riada no nos serviría de mucho si el vehículo fuese arrastrado corriente abajo a un año de camino.

—Yo también he estado pensando en eso —replicó el capitán—, y todavía no tengo una respuesta. Si somos arrastrados otra vez, hay muchas probabilidades de que el vehículo quede inutilizado. No puedo decidir si deberíamos sacar el equipo de soporte vital y llevarlo al borde del valle antes de que empecemos a intentar derretir el hielo. Lo que afirmas está bien; quizá debiera llevar allí ese equipo en vuestro beneficio, además del nuestro. Bien, lo resolveré. Salid. Cuanto antes terminemos la búsqueda, menos tendremos que preocuparnos sobre riadas.

Stakendee hizo un gesto de asentimiento, y cinco minutos más tarde Dondragmer veía cómo él y su grupo salían por la compuerta principal. El comunicador proporcionaba al grupo una apariencia grotesca; el bloque de plástico, de diez centímetros de alto y ancho y de treinta de longitud, era transportado como si fuera una litera por dos de los exploradores. Las antenas de un metro de altura estaban separadas únicamente cinco centímetros, apoyándose sobre armaduras en el punto medio de los cuarenta y cinco centímetros del cuerpo de los portadores. Las antenas y las armaduras habían sido construidas con las reservas del vehículo, el equivalente mesklinita de la madera. En el compartimiento del almacén había toneladas de aquel material, otra de las incongruencias que aparecían con profusión en el vehículo movido por energía nuclear.

El grupo de exploración bordeó la proa del Kwembly, que daba al noroeste, y se dirigió directamente al oeste. Durante unos minutos Dondragmer observó sus luces que desaparecían y reaparecían sobre las rocas, pero tuvo que ocuparse de otros asuntos mucho antes de que estuviesen fuera del alcance de la vista.

Figuras alargadas hormigueaban sobre el casco, soltando la barra del radiador. A Dondragmer no le había gustado ordenar una actividad tan destructiva; pero había pesado lo mejor que podía los riesgos relativos de hacerlo o no; habiendo alcanzado una decisión, no formaba parte de su naturaleza continuar preocupándose de si era correcta. Igual que la mayoría de los seres humanos pensaban que los drommians eran típicamente paranoicos, la mayor parte de los mesklinitas que los conocían consideraban a los seres humanos como típicamente vacilantes. Dondragmer, tomada la decisión y dada la orden, simplemente vigiló para asegurarse de que el casco sufría el menor daño posible. Desde el puente no podía ver por encima de su curva el punto lejano donde convergían los conductores; tendría que salir al exterior más adelante para supervisar aquella parte del trabajo. Quizá sería todavía mejor sacar un comunicador visual y dejar que los humanos lo supervisasen. Por supuesto, con el retraso en la comunicación sería difícil para ellos detener a tiempo un error serio.

De momento, podía dejarse el trabajo a cargo de Proffen. El problema que el capitán había mencionado a Stakendee necesitaba de una mayor reflexión. El material de soporte vital era fácil de desmontar. Podía ordenar su transporte sin retrasar demasiado la retirada del hielo; pero si llegaba una riada mientras estaba fuera y el Kwembly resultaba arrastrado a larga distancia, las cosas podían complicarse mucho. El sistema era de ciclo cerrado, utilizando plantas mesklinitas, dependiendo para su energía original de los transformadores de fusión. Debido a su naturaleza, tenía la cantidad justa de vegetación necesitada por la tripulación. ¡Si hubiese habido mucha más, no habría suficientes mesklinitas para cuidar las plantas! Sería posible llevar parte del sistema y dejar el resto, y después aumentar cada parte hasta ser capaz de soportar a toda la tripulación si las circunstancias impusiesen una decisión entre el vehículo y el terreno sólido. Resultaría bastante fácil construir más cisternas, pero obtener algún cultivo lo bastante grande como para suministrar hidrógeno a toda la tripulación, quizá llevara más tiempo del que disponían.

En realidad, era mala suerte que toda la comunicación pasase por la estación humana. Una de las tareas primordiales y más importantes de la tripulación del Esket consistía en modificar el antiguo sistema vital o producir uno nuevo capaz de soportar una población mayor. Por todo lo que Dondragmer conocía, quizá esto ya hubiese sido alcanzado hacía meses.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el comunicador.

—¡Capitán! Aquí Benj Hoffman. ¿Sería demasiada molestia colocar uno de los visores de forma que pudiésemos observar cómo trabajan vuestros hombres en el proyecto del deshielo? Acaso el del puente sirva si se coloca pegado a estribor y enfocado hacia atrás.

—Eso será bastante fácil —replicó el capitán—. Pensaba que tal vez estaría bien que alguno de vosotros vigilase el trabajo.

Puesto que el aparato pesaba menos de doscientos kilos en la gravedad de Dhrawn, fueron sus incómodas dimensiones las que le proporcionaron molestias; su problema fue parecido al de un hombre que intenta mover el embalaje vacío de una nevera. En unos cuantos segundos lo colocó en una posición adecuada, empujándolo por la cubierta, en lugar de intentar levantarlo. A su debido tiempo llegó el enterado del muchacho.

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