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Estrella brillante [Star Light - es]

Электронная книга - «Estrella brillante [Star Light - es]». Краткое содержание книги:

Dhrawn era un planeta que, entre otros inconvenientes, tenía una gravedad aplastante, cuarenta veces superior a la terrestre. Era evidentemente imposible para los terrícolas explorarlo. Por lo tanto, para llevarlo a cabo necesitarían colocar sobre aquella superficie a alguien dotado de inteligencia e iniciativa, pero psicológicamente más apropiado que los humanos.
Los seres vivientes que mejor se ajustaban a esas exigencias eran los pequeños mesklinitas, dotados de una constitución resistente. Aunque se encontraban en un estadio cultural inferior, los humanos pensaban que no convenía suministrarles una elevada ayuda tecnológica para su cometido. En cambio, deberían controlar la exploración desde su seguro satélite en órbita a seis millones de millas de Dhrawn.
Hasta el momento de descender allí, los tenaces, valientes e inteligentes mesklinitas estaban decididos a no ser contratados y deseosos por sí mismos de aceptar el fantástico desafío que las fuerzas de Dhrawn les presentaban.

Nominado por el premio Hugo en 1971.
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Las estrellas y la estación se esfumaron cuando el trío entró en la sala de Comunicaciones, brillantemente iluminada. Guzmeen vio a Barlennan, e inmediatamente informó.

—No hay más noticias de ninguno de los helicópteros.

—¿Qué informes ha enviado Dondragmer entre el momento en que el Kwembly tocó fondo y ahora durante las últimas ciento treinta horas? ¿Sabes cuánto tiempo hace que ha desaparecido el primer oficial de Don?

—Sólo en términos generales, señor. Se informó del incidente, pero no se dijo nada específico sobre si había sucedido recientemente. Yo di por supuesto que acababa de ocurrir, pero no lo pregunté. Las dos desapariciones fueron comunicadas con bastante proximidad: menos de una hora de diferencia.

—Y cuando llegó la segunda, ¿no te preguntaste por qué supimos las dos casi simultáneamente, aunque tienen que haber ocurrido con un intervalo?

—Sí, señor. Comencé a preguntármelo un cuarto de hora antes que usted, cuando llegó el último mensaje. No tengo ninguna explicación, pero pensé que usted se encargaría de pedir una a los humanos, si lo creía necesario.

Bendivence intervino:

—¿Supone que Don no informó sobre la primera desaparición porque era consecuencia de un error y esperaba poder minimizarlo al informar al mismo tiempo de la desaparición y del encuentro, como si fuesen incidentes de poca importancia?

Barlennan le miró especulativamente, pero no perdió el tiempo en contestar.

—No, no lo creo. Dondragmer y yo no estamos de acuerdo en todo, pero hay algunas cosas que ninguno de nosotros haría.

—¿Incluso si un informe inmediato no significase realmente nada? Después de todo, ni nosotros ni los seres humanos podemos ayudarle, aun conociendo la noticia.

—Incluso así.

—No comprendo por qué.

—Yo sí. Acepta mi palabra; no tengo tiempo para una explicación detallada, y dudo que de todas formas pudiese componer una. Si Dondragmer no informó inicialmente, tuvo una buena razón. Personalmente dudo mucho que el fallo haya sido suyo. Guz, ¿qué humanos retransmitieron los informes? ¿Era siempre el mismo?

—No, señor. No reconocí todas sus voces, y a menudo no se molestan en identificarse. De todas formas, la mitad de las veces los informes llegan en lengua humana. La mayor parte del resto proviene de los humanos Hoffman. Hay otros que hablan nuestra lengua, pero esos dos parecen los únicos que lo hacen con comodidad. Particularmente con el joven tengo la impresión de que ha estado hablando mucho con el Kwembly, y supuse que si se estaban dando charlas sin importancia, nada muy serio podía estar sucediendo.

—De acuerdo. Yo probablemente habría hecho lo mismo. Usaré el equipo. Tengo un par de preguntas que hacer a los humanos.

Barlennan ocupó su lugar delante del receptor, mientras el ayudante de guardia le dejaba su sitio sin serle ordenado. La pantalla estaba en blanco. El capitán oprimió el control de «atención» y esperó pacientemente que pasara un minuto. Podría haber comenzado a hablar en aquel momento, puesto que podía apostarse con seguridad que quienquiera que se encontrase al otro extremo no perdería el tiempo preparando su receptor; pero Barlennan quería ver quién estaba allí. Si el retraso causaba sospechas, tendría que afrontarlo.

El rostro que apareció no le era familiar. Incluso cincuenta años terrestres de trato con los seres humanos no habían sido suficientes para educarle en asuntos tales como parecidos familiares, aunque ningún ser humano hubiese dejado de adivinar que Benj era el hijo de Easy. En realidad, los cincuenta años no habían proporcionado mucha gente diferente para establecer comparaciones; menos de dos veintenas de hombres y ninguna mujer habían aterrizado en Mesklin. Guzmeen reconoció al muchacho, pero el propio Benj le ahorró la necesidad de decírselo a Barlennan.

—Aquí Benj Hoffman —habló la imagen—. No ha llegado nada del Kwembly desde que mi madre llamó hace unos veinte minutos, y no hay ni ingenieros ni científicos en la habitación en este momento. Si tienes preguntas que necesiten respuestas técnicas, dímelo para que pueda llamar al hombre que se necesite. Si sólo es asunto de detallar lo que ha venido sucediendo, yo he estado aquí en la sala de Comunicaciones la mayor parte de estas últimas siete horas, y probablemente puedo decirlo. Espero.

—Tengo dos preguntas —respondió Barlennan—. Puedes contestar probablemente una de ellas. La primera tiene que ver con la segunda desaparición. Me pregunto a qué distancia del Kwembly se encontraba el segundo helicóptero cuando dejó de comunicar. Si no conoces la distancia, quizá puedas decirme por cuánto tiempo había estado buscando su piloto. La segunda depende de una parte de vuestra tecnología que no conozco, pero tú quizá sí. ¿Hay alguna posibilidad de que desde donde estáis veáis luces semejantes a las de los helicópteros? Supongo que vuestros ojos, sin ayuda, no pueden verlas mejor que lo harían los míos, pero tenéis muchos ingenios ópticos sobre los que conozco poco, probablemente alguno del que nunca he oído hablar. Espero.

En la pantalla la imagen de Benj elevó un dedo y asintió justo cuando Barlennan terminaba de hablar, pero el muchacho esperó la otra pregunta antes de comenzar.

—Puedo contestar tu primera pregunta. El señor Cavanaugh ha ido a buscar a alguien que pueda responder a la segunda —fueron sus palabras iniciales—. Kervenser emprendió su vuelo de exploración hace unas once horas. No se comprendió que tenía problemas hasta unas ocho horas más tarde, cuando todo saltó al mismo tiempo; Kervenser y su helicóptero desaparecidos, el Kwembly congelado y Beetchermarlf y Takoorch en algún lugar bajo el hielo; nadie sabe que están allí, pero se encontraban trabajando bajo el casco, y nadie puede pensar en otro sitio donde puedan encontrarse; Reffel, uno de los marineros, cogió el otro vehículo con un equipo visual para buscar a Kervenser, y lo hizo muy cerca de donde estaba el Kwembly durante un rato. Después nosotros le sugerimos que llegase hasta un punto donde un accidente no habría sido ni visto ni oído desde el vehículo, lo que hizo; por supuesto, Dondragmer desde el puente le perdió de vista. Entonces iniciamos una discusión con el capitán; todo el mundo aquí arriba se sintió interesado, y resultó que durante varios minutos nadie estuvo vigilando la pantalla de Reffel. Entonces alguien advirtió que la pantalla estaba completamente en blanco; no un vacío de no-señal, sino el negro de la falta de luz; eso fue todo.

Barlennan miró a Guzmeen y a los científicos. Ninguno de ellos habló, pero no era necesario. ¡Nadie estaba mirando la pantalla cuando Reffel empleó el obturador! No era la suerte con la que se contaba normalmente.

Benj continuaba hablando.

—Por supuesto, el sonido no estaba conectado, ya que nadie había hablado con Reffel ni se tiene idea de lo que sucedió. Esto fue justo antes de que mi madre llamase hace menos de media hora. Eso significaría algo así como dos horas y media entre las dos desapariciones. Tendremos que esperar para contestar la otra pregunta, puesto que el señor Cavanaugh todavía no ha vuelto.

Barlennan estaba un poco perplejo por la aritmética, puesto que el muchacho había empleado las palabras mesklinitas que designaban los números con el significado de éstos en términos humanos. Después de unos cuantos segundos, lo comprendió.

—No me estoy lamentando —dijo—, pero por lo que dices, infiero que pasaron más de dos horas entre la desaparición de Kervenser y la detención del Kwembly y el momento en que se nos dijo. ¿Sabes a qué podría ser debido? Por supuesto, comprendo que no hubiese logrado hacer nada, pero existía un cierto entendimiento de que se me informaría de lo que ocurriese a los vehículos. No sé cuál es tu trabajo en la estación; quizá no tengas esa información; pero el responsable de mis comunicaciones me dice que has hablado largo tiempo con el Kwembly; así que quizá puedas ayudarme. Espero.

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