Estrella brillante [Star Light - es]
- Автор: Клемент Хол
- Серия: Mesklin (es) #2
- Год: 1977
- Язык: испанский
- Год: Edaf
- ISBN: 84-7166-218-3
- Переводчик: Inmaculada de Dios
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Estrella brillante [Star Light - es]». Краткое содержание книги:
Los seres vivientes que mejor se ajustaban a esas exigencias eran los pequeños mesklinitas, dotados de una constitución resistente. Aunque se encontraban en un estadio cultural inferior, los humanos pensaban que no convenía suministrarles una elevada ayuda tecnológica para su cometido. En cambio, deberían controlar la exploración desde su seguro satélite en órbita a seis millones de millas de Dhrawn.
Hasta el momento de descender allí, los tenaces, valientes e inteligentes mesklinitas estaban decididos a no ser contratados y deseosos por sí mismos de aceptar el fantástico desafío que las fuerzas de Dhrawn les presentaban.
Nominado por el premio Hugo en 1971.
Barlennan tenía varios motivos para hacer su observación final. Uno era bastante obvio; quería aprender más sobre Benj Hoffman, especialmente porque este último se servía bien del lenguaje mesklinita, y si Guz estaba en lo cierto, parecía querer hablar con mesklinitas. Quizá fuera, como el otro Hoffman, un nuevo foco de simpatía en la estación. Si era así, sería importante saber cuánta influencia podría tener.
Además, el comandante quería comprobar sin llamar la atención la idea de Guzmeen de que Benj había estado charlando con miembros de la tripulación del Kwembly. Finalmente, hasta Barlennan podía decir que Benj era joven, para ser un ser humano que desempeñaba una tarea importante; su selección de palabras y su estilo narrativo en general lo delataba así. Esto quizá llegara a utilizarse con ventaja si llegaba a establecerse una relación razonablemente íntima.
La respuesta del muchacho, cuando al fin llegó, era indefinida, por una parte, y prometedora, por la otra.
—No sé por qué no te dijeron en su momento lo de Kervenser y la helada —dijo—. Personalmente, yo pensé que te lo habían dicho. He estado hablando bastante con Beetchermarlf; supongo que lo conoces; es uno de los timoneles de Don; ese con el que se puede hablar, y no simplemente escuchar. Cuando supe que había desaparecido, me concentré en lo que podría hacerse. No estuve todo el tiempo en la sala de Comunicaciones; no es mi puesto. Sólo vengo cuando puedo para hablar con Beetch. Admito que alguien debería habértelo dicho antes. Si quieres, intentaré averiguar quién tenía tal misión y por qué no lo hizo. Mi madre y el señor Mersereau.
»No sé cómo explicar mejor mi trabajo aquí. En la Tierra, cuando alguien termina educación básica (lo que todo el mundo debe saber: leer, física, sociología), tiene que trabajar en un puesto no especializado de alguna tarea esencial durante dos o tres años antes de que pueda optar por una educación superior, general o especializada. Nadie lo dice claramente, pero todo el mundo sabe que la gente con la que trabaja es la que más influye en lo que puede hacer después. En teoría, estoy destinado aquí en el laboratorio aeronáutico como una especie de ayudante y recadero; en realidad, en la estación el que grite primero y con más fuerza me tiene allí. Tengo que admitir que no me hacen la vida demasiado difícil. Estos últimos días he podido pasar un montón de tiempo hablando con Beetch.
Sus cincuenta años de experiencia permitieron a Barlennan traducir sin esfuerzo la idea implicada en la utilización de la palabra día por un ser humano.
—Por supuesto —continuó el muchacho—, sirve de algo que conozca vuestro idioma. Mi madre tiene una gran facilidad para los idiomas, y yo la he heredado de ella. Comenzó hace diez años a aprender el vuestro, cuando mi padre tuvo los primeros contactos con el proyecto de Dhrawn. Probablemente trabajaré gran parte del tiempo en Comunicaciones de ahora en adelante, en forma semioficial. Aquí llega el señor Cavanaugh con uno de los astrónomos, cuyo nombre creo que es Tebbetts. Ellos contestarán tu pregunta sobre las luces, y yo intentaré enterarme del otro asunto.
El rostro de Benj fue reemplazado en la pantalla por el del astrónomo, un conjunto de rasgos anchos y oscuros que sorprendió bastante a Barlennan. Nunca había visto a un ser humano con barba, aunque sí estaba acostumbrado a grandes variaciones en el cabello craneal. La de Tebbetts era un pequeño adorno, estilo Van Dyke, completamente compatible con un casco espacial; pero para los ojos de los mesklinitas constituía una drástica diferencia. Barlennan decidió que no sería correcto preguntarle al astrónomo qué era aquello. Quizá fuese mejor obtener la información más tarde, por medio de Benj. No se ganaba nada molestando a alguien.
Para alivio del comandante, la extensión facial no interfería con la dicción de su poseedor. Evidentemente, Tebbetts conocía ya la pregunta. Comenzó a hablar rápidamente, empleando la lengua humana.
—Desde aquí podemos detectar todas las luces artificiales que tenéis, incluyendo las portátiles, aunque podría ser difícil con aquellas que no estén enfocadas en nuestra dirección. Utilizaríamos el equipo regular: mosaicos fotomultiplicadores detrás de un objetivo apropiado; cualquier cosa que necesites puede prepararse dentro de unos cuantos minutos. ¿Qué quieres que hagamos?
La pregunta cogió por sorpresa a Barlennan. En los pocos minutos que habían pasado desde la discusión del asunto con sus científicos, se había ido afianzando más y más en la creencia de que los hombres negarían ser capaces de detectar las luces. Si el comandante hubiese sido un poco más precavido, no habría contestado como lo hizo. De hecho, antes que las palabras llegasen a la estación, estaba lamentando lo que había dicho.
—No creo que tengáis problemas en localizar el Kwembly; ya conocéis su situación mejor que yo, y las luces del puente estarán encendidas. Sus dos helicópteros acaban de desaparecer. Normalmente llevan luces. Me gustaría que escudriñaseis la zona dentro de unos trescientos kilómetros alrededor del Kwembly lo más cuidadosamente que podáis buscando otras luces, y después, que nos digáis a mí y a Dondragmer las posiciones de lo que encontréis. ¿Tardaría eso mucho?
El retraso en el mensaje fue lo suficientemente largo como para que Barlennan comprendiese su error. No podía hacer otra cosa que esperar, aunque esa palabra es una mala traducción de la actitud mesklinita más próxima posible. La respuesta hizo que se animase un poco; quizá el error no había sido demasiado serio, con tal de que los seres humanos no encontrasen cerca del Kwembly más que otras dos luces.
—Me temo que sólo pensaba en detectar luces —dijo Tebbetts—. Situar sus fuentes será más difícil, especialmente desde aquí. Estoy bastante seguro de que podemos resolver tu problema si los helicópteros desaparecidos tienen las luces encendidas. Si creéis que puedan haberse estrellado, no habrá muchas probabilidades de que haya luces; pero me pondré a ello inmediatamente.
—¿Y qué me decís de sus plantas de energía? —preguntó Barlennan, decidido a enterarse de lo peor, ya que había empezado—. ¿No hay otras radiaciones, además de la luz, desprendidas en las reacciones nucleares?
Cuando esta pregunta alcanzó la estación, Tebbetts se había marchado, cumpliendo su promesa; afortunadamente, Benj podía proporcionar una contestación. Era una información básica en el proyecto, y le había sido explicada cuidadosamente después de su llegada.
—Los transformadores de fusión desprenden neutrinos que pueden ser detectados, pero no podemos determinar su origen con exactitud —dijo al comandante—. Para eso están los satélites de sombras reflejadas. Detectan los neutrinos, los cuales prácticamente todos vienen del sol. Las plantas de energía de Dhrawn y las de aquí arriba no cuentan mucho, comparadas con eso, aunque no se trate de un gran sol. Los computadores van siguiendo donde están los satélites, especialmente si el planeta se encuentra entre un satélite dado y el sol, de forma que hay una medida de la absorción de neutrinos a través de las diferentes partes del planeta. En unos cuantos años esperamos tener una radiografía estadística de Dhrawn. Quizá no sea una buena comparación; quiero decir, una buena idea de la densidad y composición del interior del planeta. Ya sabes que todavía se discute si Dhrawn debiera ser considerado un planeta o una estrella, o si el calor extra proviene de la fusión de hidrógeno en su centro o de radioactividad cerca de la superficie.
«Pero estoy tan seguro como es posible de que los helicópteros desaparecidos no pueden ser encontrados a partir de su emisión de neutrinos, aunque sus transformadores estuviesen todavía en funcionamiento.
Barlennan se las arregló para ocultar su alegría ante estas noticias. Simplemente contestó: