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Estrella brillante [Star Light - es]

Электронная книга - «Estrella brillante [Star Light - es]». Краткое содержание книги:

Dhrawn era un planeta que, entre otros inconvenientes, tenía una gravedad aplastante, cuarenta veces superior a la terrestre. Era evidentemente imposible para los terrícolas explorarlo. Por lo tanto, para llevarlo a cabo necesitarían colocar sobre aquella superficie a alguien dotado de inteligencia e iniciativa, pero psicológicamente más apropiado que los humanos.
Los seres vivientes que mejor se ajustaban a esas exigencias eran los pequeños mesklinitas, dotados de una constitución resistente. Aunque se encontraban en un estadio cultural inferior, los humanos pensaban que no convenía suministrarles una elevada ayuda tecnológica para su cometido. En cambio, deberían controlar la exploración desde su seguro satélite en órbita a seis millones de millas de Dhrawn.
Hasta el momento de descender allí, los tenaces, valientes e inteligentes mesklinitas estaban decididos a no ser contratados y deseosos por sí mismos de aceptar el fantástico desafío que las fuerzas de Dhrawn les presentaban.

Nominado por el premio Hugo en 1971.
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«Ahora se ve mejor. Sí, algo se mueve. Viene hacia nosotros, sólo un punto negro en la niebla. No lleva ninguna luz. Si mi suposición de la distancia es correcta —que probablemente no lo sea—, es del mismo tamaño de los mesklinitas. Quizá sea Kervenser o Reffel.

»Sí. Casi estoy seguro que es un mesklinita, pero todavía se encuentra demasiado lejos para que yo lo reconozca. De todas formas, no puedo afirmar que reconocería a esos dos. Está cruzando esa línea; debe ser un arroyo; algo de líquido ha pasado durante medio segundo por el camino de la luz; ahora está solo a unos cuantos metros, y los otros se reúnen con él. Están hablando, pero no lo bastante alto para que yo lo entienda. El grupo le rodea, y no puedo reconocer a nadie. Si viniesen un poco más cerca, les preguntaría quién es; pero supongo que de todas formas informarán muy pronto, y no puedo hacer que me oigan a través de los trajes, a menos que estén justo al lado del aparato. Ahora vienen todos hacia aquí. El grupo se divide; dos de ellos están justo delante del aparato; supongo que son Stakendee y el que acaba…

Fue interrumpido por una voz a su lado. Alcanzó no sólo su oído, sino tres micrófonos abiertos y, a través de ellos, tres diferentes receptores de Dhrawn, donde provocó tres reacciones muy diferentes.

—¡Kabremm! ¿Dónde has estado todos estos meses? —preguntó Easy.

XI. JUGANDO CON CABLES

En realidad, no fue por completo culpa de Kabremm, aunque Barlennan tardó mucho en perdonarle. El transmisor había estado lejos de las luces. Cuando el recién llegado encontró al grupo de Stakendee, no había podido verlo; después no lo había advertido; no lo reconoció hasta que estuvo a menos de un metro. Incluso entonces no se preocupó demasiado; todos los seres humanos le parecían iguales. Supuso que su propia gente parecería por lo menos tan indistinguible a los ojos de los humanos, y aunque deliberadamente no se hubiese puesto a la vista, una retirada repentina o cualquier intento de ocultarse hubiese sido mucho más sospechoso que permanecer tranquilamente donde estaba.

Cuando la voz de Easy salió del micrófono con su nombre, era sesenta y cuatro segundos demasiado tarde para hacer nada. Stakendee, cuya respuesta refleja ante el sonido fue avanzar hacia el obturador sobre el equipo visual, comprendió a tiempo que esto sólo empeoraría las cosas. Lo que tendrían que hacer no estaba claro para ninguno de ellos. Ninguno era un experto en intrigas, aunque Mesklin no era más inocente en cuestión de supercherías políticas que en variedad comercial. Ninguno resultaba particularmente rápido de mente. Al contrario de Dondragmer, ambos apoyaban con entusiasmo el engaño sobre el Esket, comprendiendo que cualquier cosa que hiciesen o dejasen de hacer, en relación a este error, probablemente chocaría con lo que pudiesen efectuar Barlennan o Dondragmer. La coordinación era imposible.

Stakendee pensó, después de algunos segundos, en intentar dirigirse a Kabremm como si fuese uno de los desaparecidos Reffel o Kervenser, pero dudaba que pudiese conseguirlo. La señora Hoffman debía de haberlo reconocido con bastante seguridad para haber hablado tan enfáticamente como lo había hecho, y la respuesta de Kabremm no era probable que sirviese de nada. Seguramente no conocía el status de ninguno de los hombres desaparecidos.

El ser humano no había dicho más después de la pregunta; debía estar esperando una contestación. ¡Qué habría visto entre el momento que terminó de hablar y aquel retraso!

Barlennan también había oído el grito de Easy, y se encontraba exactamente en el mismo conflicto. Sólo podía hacer suposiciones sobre la presencia de Kabremm en un lugar cerca del Kwembly, aunque el incidente del corte de comunicaciones de Reffel le había preparado para algo semejante. Únicamente uno de los tres dirigibles era utilizado en el vuelo regular entre el emplazamiento del Esket y la colonia; los otros estaban bajo el control de Destigmet, generalmente explorando. Sin embargo, Dhrawn era lo bastante grande como para que la presencia de uno de ellos en los alrededores del Kwembly fuese una gran sorpresa.

Sin embargo, parecía haber sucedido. Era simplemente mala suerte, resumió Barlennan, aumentada por el hecho de que el único ser humano en todo el universo que posiblemente podía reconocer a Kabremm de vista se había encontrado en un puesto donde podía verle cuando ocurrió el desliz. Por tanto, los seres humanos sabían ahora que la tripulación del Esket no había sido suprimida. No se había pensado nada, en caso de un descubrimiento semejante. No existía ninguna historia planeada y ensayada que Barlennan pudiese suponer que Kabremm utilizaría. Quizá Dondragmer haría algo; podía suponerse que haría todo lo que pudiese, sin tener en cuenta lo que pensaba de todo el asunto, pero era difícil ver qué podía hacer. El problema estaba en que el propio Barlennan no tendría idea de lo que Dondragmer habría dicho y no sabría qué decir cuando las preguntas se dirigiesen a la colonia, como sucedería con seguridad. Probablemente la práctica más segura era afirmar una completa ignorancia y pedir honradamente un informe de Dondragmer tan completo como fuese posible. Al menos, el capitán evitaría que Kabremm, quien se había estado haciendo el desentendido, estropease todo el tinglado.

Fue afortunado para la paz de mente de Barlennan que no comprendiese dónde había sido visto Kabremm. Unos cuantos segundos antes de su grito de reconocimiento, Easy le había dicho que Benj estaba informando de algo desde una pantalla del Kwembly, o habría supuesto que Kabremm había penetrado inadvertidamente dentro del campo visual de un comunicador del Esket. No conocía detalles sobre el grupo de búsqueda de Stakendee, por lo cual supuso que el incidente había ocurrido en el Kwembly, y no ocho kilómetros más lejos. Teniendo en cuenta las circunstancias, ocho kilómetros eran tan malos como ocho mil; la comunicación entre los mesklinitas que no estuviesen en un radio capaz de permitir oírse a gritos, tenía que pasar por los humanos; Dondragmer no se encontraba en mejor posición de cubrir el error de lo que estaba el propio Barlennan. Sin embargo, el capitán del Kwembly se las arregló para hacerlo de forma completamente casual.

El también había oído la exclamación de Easy mejor que Barlennan, en vista de la posición de la mujer entre los micrófonos. Sin embargo, para él resultaba poco más que una distracción, porque su mente estaba completamente absorta con unas palabras que Benj había pronunciado unos cuantos segundos antes. De hecho, se sintió muy molesto; por ello hizo algo que todo el mundo con cierta experiencia en la comunicación Dhrawn-satélite había aprendido a no hacer hacía tiempo. Había interrumpido, enviando una llamada urgente a la estación mientras Benj todavía hablaba.

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