La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Todo lo anterior lo dijo en el primer interrogatorio. El talm�dico t�o nada vio y nada oy�. En cuanto a testigo, el t�o fue un perfecto in�til. Al parecer, tan pronto se qued� solo se sumergi� en el estudio de un comentario del Mishna, siguiendo la norma de jam�s perder ni un minuto.
La muchacha hablaba en ingl�s con acento extranjero. Era un acento n�rdico, y no franc�s o latino. Los interrogadores dieron al agregado diversos ejemplos de acentos extranjeros, pero el agregado s�lo pudo aseverar que era un acento n�rdico. En primer lugar, la muchacha pregunt� si Elke estaba en casa, aun cuando no la llam� Elke sino Ucki, diminutivo que s�lo empleaban las personas que eran �ntimas de Elke. El agregado laboral dijo que Elke se hab�a ido de vacaciones hac�a solamente dos horas, lo cual era una verdadera l�stima, pero que estaba dispuesto a ayudar a la muchacha en lo que se terciara. La muchacha se mostr� levemente contrariada y dijo que volver�a en otra ocasi�n. Dijo que acababa de llegar de Suecia, y que hab�a prometido a la madre de Elke que entregar�a a �sta una maleta con ropas y discos. Lo de los discos fue un detalle realmente eficaz ya que a Elke le gustaba con locura la m�sica pop. En estos momentos, el agregado cultural ya hab�a pedido insistentemente a la muchacha que entrara en su casa, e incluso, llevado por su inocencia, hab�a cogido la maleta y la hab�a depositado en un rinc�n del vest�bulo, acto del que se arrepentir�a toda su vida. S�, desde luego, hab�a le�do todos los reiterados consejos de no aceptar paquetes que le entregaran intermediarios. S�, sab�a que las maletas pod�an morder. Pero aquella muchacha era Katrin, la simp�tica amiga de Elke, de la misma ciudad que �sta, que hab�a recibido aquella maleta de manos de la madre de Elke aquel mism�simo d�a. La maleta pesaba un poco m�s de lo que el agregado laboral hab�a supuesto, pero lo atribuy� a los discos. Cuando el agregado dijo sol�citamente a la muchacha, Katrin, que seguramente hizo el viaje con exceso de peso, Katrin explic� que la madre de Elke la hab�a llevado en autom�vil hasta el aeropuerto de Estocolmo, con la finalidad de pagar dicho exceso de peso. El agregado cultural advirti� que la maleta era de material duro y que, adem�s de pesada, parec�a ir repleta. No, no not� el menor movimiento en el interior de la maleta. Estaba seguro de ello. De la maleta qued� un fragmento, m�s tarde.
Ofreci� un caf� a la muchacha, pero �sta declin� la oferta, diciendo que no quer�a hacer esperar al conductor del autom�vil. No dijo al taxista, sino al conductor. Esto fue objeto de las m�s exhaustivas interpretaciones por parte de los investigadores. El agregado pregunt� a la muchacha qu� hac�a en Alemania, y �sta contest� que ten�a esperanzas de poder matricularse en la universidad de Bonn, para estudiar teolog�a. Muy excitado, el agregado laboral busc� un bloc y luego un l�piz, e invit� a la muchacha a que escribiera su nombre y se�as, pero la chica, sonriendo dijo que bastar�a con que dijera a Elke que la hab�a intentado visitar �Katrin�. La chica explic� que se alojaba en una residencia luterana para muchachas, pero que se quedar�a all� solamente hasta que encontrara habitaciones independientes (la residencia en cuesti�n realmente existe, en Bonn, lo cual fue otro detalle certero). Dijo que volver�a cuando Elke hubiera regresado de sus vacaciones. La muchacha ten�a la esperanza de poder pasar en compa��a de Elke el cumplea�os de �sta. Si, ten�a muchas ganas de poderlo hacer. El agregado laboral dijo que pod�a organizar una fiesta para Elke y sus amigos, y que quiz� fuera oportuno obsequiarles con una fondue de queso, que �l mismo preparar�a. S�, ya que mi esposa -cual despu�s explic� el agregado con pat�tica reiteraci�n- es una kibbutznik, y no tiene paciencia para preparar guisos complicados.
En estos momentos, m�s o menos, el autom�vil o taxi, en la calle, comenz� a tocar la bocina. En do, y con varios toques cortos, unos tres toques. El agregado laboral y la muchacha se estrecharon la mano, y aqu�l observ� que la chica llevaba blancos guantes de algod�n, pero no le sorprendi� porque era una chica as�, de las que llevan guantes, y, adem�s, el d�a era h�medo, por lo que llevar una maleta resultaba molesto, por lo pegajosa que pod�a ponerse el asa. En resumen, la muchacha nada escribi� en el bloc, y tampoco dej� sus huellas en el papel, ni en el asa de la maleta. El pobre hombre calcul� que la visita de la muchacha dur� unos cinco minutos. Y no dur� m�s por culpa del taxi. El agregado laboral contempl� c�mo la muchacha se alejaba por el sendero en el jard�n -caminaba de una forma agradable, atractiva, s�, pero no deliberadamente provocativa-. Cerr� la puerta, puso la cadena precavidamente, cogi� la maleta y la llev� al dormitorio de Elke, que se hallaba en la planta baja, y la dej� sobre la cama, en la parte de los pies. Pensando consideradamente que con ello favorecer�a las ropas y los discos, dej� la maleta plana. Y sobre la maleta puso la llave. La esposa del agregado laboral, que se hallaba en el jard�n trabajando implacablemente la dura tierra con una azada, nada oy�, y cuando entr� en la casa, donde se hallaban los dos hombres, su marido se olvid� de notificarle la visita.
En este punto se produjo una peque�a pero muy humana revisi�n de la declaraci�n del agregado laboral.
Incr�dulamente, los miembros del equipo israelita de investigaci�n preguntaron: ��Se olvid�?� �C�mo pudo olvidar una novedad dom�stica tal como la visita de la amiga sueca de Elke? �La maleta sobre la cama?
El agregado laboral volvi� a dar muestras de culpabilidad, y reconoci� que no se hab�a olvidado. No, no pod�a decir, exactamente que fue un olvido.
�Pues qu� fue?, le preguntaron.
Bueno, pues al parecer, se debi� a que decidi�, en su soledad, dentro de su fuero interno, que� bueno que, en fin, que los aspectos sociales de la vida hab�an dejado de interesar a su esposa. Que �sta s�lo deseaba regresar a su kibbutz y tratar de t� a t� a la gente, sin diplom�ticas finuras. Dicho de otra manera, la muchacha era tan atractiva, s�, que quiz� lo m�s prudente fuera guardarse lo de la chica. En cuanto a la maleta, mi esposa nunca entra en el dormitorio de Elke, mejor dicho, nunca entraba, ya que Elke cuida de arreglar su propia habitaci�n.
�Y el especialista en estudios talm�dicos, el t�o de la esposa? El agregado laboral tampoco le habl� de la visita. Lo cual fue confirmado por el propio interesado.
Sin comentarios, los investigadores escribieron: guardarse lo de la chica.
En este punto, cual un misterioso tren que de repente se aparta de la v�a, los acontecimientos dejaron de ocurrir. La muchacha, Elke, con Wolf acompa��ndola galantemente, fue transportada a Bonn, y all� dijo que no conoc�a a ninguna Katrin. Se iniciaron investigaciones centradas en la vida social de Elke, pero esto era algo que requer�a tiempo. La madre de Elke no le hab�a mandado maleta alguna, y jam�s tuvo la menor intenci�n de hacerlo, ya que los vulgares gustos musicales de su hija la molestaban, seg�n dijo a la polic�a sueca, y no estaba en modo alguno dispuesta a fomentarlos. Wolf regres� desconsolado a su unidad, y fue objeto de fatigosos pero vagos interrogatorios por parte de los servicios de seguridad militar. No apareci� conductor alguno, fuera de autom�vil privado, fuera de taxi, a pesar de que la polic�a y la prensa, a lo largo y ancho de Alemania, se esforzaron en encontrarlo, y de que se le ofrecieron, in absentia, fuertes sumas de dinero, a cambio de sus declaraciones. No se encontr� pasajera de avi�n alguna que se pareciera a la muchacha de la maleta, procedente de Suecia o de cualquier otro punto, en las listas de pasajeros, en las m�quinas ordenadoras, ni en los sistemas de registro autom�tico de los aeropuertos de Alemania, incluido desde luego el aeropuerto de Colonia. Las fotograf�as de varias mujeres terroristas, conocidas y desconocidas, incluido el registro �ntegro de las �medio-ilegales�, no suscitaron recuerdo alguno en la memoria del agregado laboral, a pesar de que estaba medio enloquecido de dolor, y estaba dispuesto a ayudar en lo que fuera a quien fuera, con tal de sentirse un poco �til. No recordaba la clase de zapatos que la muchacha calzaba, tampoco recordaba si la chica usaba l�piz de labios, o perfume, o sombra en los ojos, o si su cabello parec�a te�ido, o si pod�a quiz� ser una peluca. El agregado laboral vino a decir que �l era un hombre con formaci�n de economista, un hombre humilde, amante de la vida familiar, afectuoso, cuya �nica devoci�n, adem�s de Israel y su familia, era la m�sica de Brahms, por lo que muy poco pod�a saber acerca de tintes de cabello femenino.