Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es]
Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es]

Электронная книга - «Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es]». Краткое содержание книги:

Siglo XXI. Un mundo en ruinas gobernado por un viejo y astuto tirano, Genghis II Mao IV Khan. La vida del Khan se mantiene gracias a la habilidad de Sadrac Mordecai, un brillante cirujano negro cuya misión es reemplazar los órganos deteriorados del presidente.
Los más modernos aparatos se utilizan para tres proyectos de gran envergadura, uno de ellos, el proyecto Avatar, tiene por objeto lograr la inmortalidad del viejo líder transfiriendo la mente y la personalidad del Khan a un cuerpo más joven.
Sadrac descubre que ha sido elegido para ese macabro proyecto, pero logra idear con increíble serenidad un peligroso plan para cambiar la faz de la Tierra.

Nombrado para el premio Nebula a la mejor novela en 1976.
Nombrado para el premio Hugo a la mejor novela en 1977.
1 ... 30 31 32 33 34 35 36 37 38 ... 76
Перейти на страницу:

—¿Fatales?

—Indefectiblemente fatales. Primero se siente un dolor muy intenso y luego, la muerte.

—¡Ah! ¡Ah! Entiendo.

—Y eso puede ocurrir prácticamente en cualquier momento.

—¡Ah!

—Sin preaviso.

—Entiendo.

—Una vez que el aneurisma explote, no podremos hacer nada. No habrá forma de salvarlo, señor.

—Ah. Entiendo.

Pero, ¿entiende realmente? Sí, claro que entiende. Imágenes de aneurismas en erupción inundan la mirada mortífera de Genghis Mao. Las mejillas curtidas y enjutas se contraen en profunda reflexión; el gesto sombrío dibuja surcos en la frente de bronce. El Khan está preocupado: no esperaba enfrentarse con la muerte, la muerte en potencia, desde luego. Ahora, como siempre, la idea de que Genghis II Mao IV Khan partirá para siempre, lo aterra. La Revolución Permanente que ha transformado a este mundo deplorable necesita un Líder Permanente. A pesar de que Genghis Mao dijo más de una vez, repitiendo las palabras de Mao I, que cuando un hombre participa en una revolución adquiere una inmortalidad revolucionaria, trasciende la muerte física viviendo indefinidamente en el fermento de la revolución que él ha ayudado a crear, es obvio que el presidente prefiere, en su caso, una especie de inmortalidad menos metafórica. Frunce el ceño y suspira. Finalmente, da su consentimiento para esta nueva interrupción quirúrgica de su labor revolucionaria.

Convocan al cirujano. Se lleva a cabo una reunión, se reorganizan los planes, y Sadrac y Warhaftig le explican al Khan todos los detalles de la operación: será necesario empalmar los vasos sanguíneos que rodean el aneurisma para bloquear la circulación temporariamente, mientras Warhaftig extrae el tumor y coloca una prótesis de dacrón o teflón.

—No —dice el Khan—. Una prótesis, no. Pueden hacer un injerto de tejidos, ¿no es así? No hay mayores problemas de rechazo con el tejido arterial. Es como unir un tubo de goma.

—Pero el dacrón y el teflón han dado buenos resultados —dice Warhaftig.

—No. Ya basta de plástico. Quiero una arteria de verdad. Los depósitos de órganos están sobrecargados de material. Quiero una aorta de algunos de los conspiradores que acabamos de arrestar —dice Genghis Mao con ojos resplandecientes.

Warhaftig lo mira a Sadrac Mordecai, que se encoge de hombros.

—Como usted guste —dice el cirujano.

Al mediodía, Sadrac almuerza con Katya, y después de comer, van a caminar a la plaza Sukhe Bator. Desde la noche que fueron juntos a Karakorum, se ven con más frecuencia que antes, aunque no volvieron a hacer el amor desde aquella vez. Sadrac la nota más amable, menos agresiva, pero no sabe si es él que ha cambiado su actitud hacia ella o si es Katya que se comporta de manera diferente. Si bien es cierto que desde que la vio llorar la mira con otros ojos, también es cierto que Katya se muestra más cálida y afectuosa, tanto que Sadrac sospecha y teme que se esté enamorando de él. Sin embargo, hay algo oculto en la intimidad de Katya, algo que se resiste a revelar, una zona de silencio que se declara enemiga del amor. Sadrac nunca ha observado una actitud semejante en Nikki Crowfoot en las épocas en que su relación con ella marchaba sin problemas.

El sol del mediodía brilla en el aire suave y cálido. Flores doradas iluminan los arbustos en las vasijas de terracota que adornan la plaza. Katya y Sadrac caminan uno al lado del otro, pero los cuerpos no alcanzan a tocarse. Katya ya se enteró de que el Khan será sometido a una nueva operación: como siempre las noticias no tardan en difundirse en la Gran Torre del Khan, y sobre todo aquellas que se refieren a la salud de Genghis Mao.

—Dime, ¿qué es un aneurisma? —pregunta Katya. Sadrac, entonces, le da una explicación complicada y describe la oración que llevarán a cabo. Están de pie cerca del lugar donde cayó Mangú. Cuando termina, Sadrac mira pacta arriba y trata de imaginarse a dos o tres criminales que, después de asesinar a Mangú, se lanzan en el vacío, mientras los cómplices salen de su escondite para recoger los cuerpos desmenuzados y escapar con ellos. No tiene sentido, prensa Sadrac. Cuesta creer que haya sido el gobernador del mundo quien elaboró con suma seriedad y cautela esa teoría tan ridícula. No tiene sentido. No tiene sentido.

—Han arrestado a casi trescientas personas hasta ahora, de las cuales noventa y siete fueron enviadas al depósito de órganos. Pensar que la semana pasada Buckmaster estaba vivo, dueño y señor de su cuerpo como cualquiera de nosotros… y ahora… Tal vez mañana utilicemos parte de su cuerpo para la operación de Genghis Mao. Y los arrestos continúan.

—Sí, eso es lo que escuché. Los hombres de Avogadro pasan día y noche arrestando gente. ¿Cuándo darán la orden de parar?

—Cuando Genghis Mao decida que han arrestado a todos los conspiradores, supongo.

—¡Conspiradores! —dice Katya con voz áspera y severa: Por un momento su rostro retoma aquel aspecto aterrador e intenso—. ¿Qué conspiradores? ¿Qué conspiración? Todo esto es una locura. Mangú se suicidó.

—Entonces, tú también crees que Mangú se suicidó.

—¿Si lo creo? Estoy segura —dice en voz baja, ocultando el rostro como si temiera que las cámaras de la Gran Torre le leyeran los labios.

—Hablas como si hubieras estado con él cuando se tiró.

—No seas tonto.

—¿Cómo puedes saber que se suicidó, entonces?

—Lo sé. Lo sé.

—¿Acaso estabas con él cuando…?

—Desde luego que no —dice Katya.

—¿Entonces, cómo estás tan segura de lo que dices?

—Tengo mis motivos. Motivos suficientes.

Tú sabes algo que la gente de seguridad no sabe. ¿No es así?

—Sí —responde Katya.

—¿Por qué no lo dices, entonces, antes de que Avogadro arreste al mundo entero?

Katya permanece en silencio por un momento.

—No —dice por fin—. No puedo. Si lo hago me destruiría.

—No entiendo.

—Me entenderías si te contara la historia —Katya lo observa con detenimiento—. ¿Prometes no decir nada si te lo cuento?

—Si eso es lo que quieres.

—Siento que debo contárselo a alguien. Me gustaría contártelo a tí, porque te tengo confianza, Sadrac. Sin embargo, tengo miedo.

—Si prefieres no…

—No. No. Te lo contaré. Ven, crucemos la plaza. Mantengámonos de espaldas a la torre.

—Pero si es lo mismo: las cámaras están distribuidas por todas partes y, de todos modos, no creo que puedan captar todo.

Atraviesan la plaza. Katya levanta el brazo y, tapándose la cara con el puño, como si se frotara la nariz, dice:

—Estuve con Mangú la noche antes de su muerte. Hablamos del Proyecto Avatar y le dije que él iba a ser el donante.

—¡No, mentira!

Katya frunce el ceño en un gesto de afirmación.

—No podía seguir callando, Sadrac. Fue un lunes a la noche. Creo que al día siguiente operaban a Genghis Mao, ¿no es así? Si. Esa noche Mangú había preparado un discurso, algo acerca de la distribución mundial del Antídoto. Luego salimos a tomar algo juntos y él me dijo que tenía miedo de que el Khan muriera durante la operación y que él tuviera que quedarse a cargo de todo—. No estoy preparado, decía, no estoy preparado. Después la conversación se desvió al tema de los tres proyectos y él hablaba mucho del Proyecto Avatar: cuál sería su función en el gobierno si transplantaban lamente de Genghis a otro cuerpo; si después de la transición, seguiría siendo el virrey del Khan, y cosas así. Te aseguro Sadrac, que era tristísimo, patético, verlo tan preocupado, tratando de imaginarse cuál sería su futuro, elaborando toda clase de hipótesis y posibilidades. AL final, no pude soportar más y le dije que depara de preocuparse, que estaba perdiendo el tiempo, que después de la transición ya no iba a existir, que Genghis Mao lo utilizaría a él como cuerpo donante.

1 ... 30 31 32 33 34 35 36 37 38 ... 76
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)