Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
"Me gusta usted exactamente como es," dijo Belle, con franqueza.
"Qué dulce de su parte, querida. Bien, me marcho. El cochero ha prometido llevarme de paseo por todo Londres, y quiero estar segura de que hemos salido de todas las zonas peligrosas antes del anochecer."
Considerando que no era aún mediodía, Belle sólo podía preguntarse por la extensión de la ruta que Persephone tenía en mente, pero no dijo una palabra cuando la anciana señora salió revoloteando por la puerta principal.
"No es exactamente la más severa de las acompañantes," comentó John.
"No.
"¿Podemos retiramos a alguna habitación? Estoy desesperado por besarte, y prefiero no hacerlo en el vestíbulo."
Belle se sonrojó, pero le precedió de camino a una salita cercana.
John cerró la puerta de una patada y la estrecho en sus brazos. "Una chaperona que se marcha para todo el día," murmuró entre besos. "¿Ha sido alguna vez un hombre tan afortunado?"
"¿Ha sido alguna vez una mujer tan afortunada?" le respondió Belle.
"Creo que no. Ven al sofá y así podré asediarte con bombones y flores." La tomó de la mano y la estrechó contra si mientras cruzaba el cuarto.
Belle rió suavemente mientras lo dejaba llevarla al sofá. Nunca lo había visto tan feliz y tan despreocupado. Aún persistía un delgado velo de tristeza y duda en sus ojos, pero no era nada comparado con la mirada atormentada que ella había vislumbrado cuando estaban en Oxfordshire. "La única persona a la que asedias con esos bombones es a ti mismo. Ya te has comido tres."
John se sentó y la tumbó a su lado. "No hay ninguna razón para traer a una dama un regalo comestible a menos que a uno le guste también. Venga, toma uno. Están bastante buenos." Cogió un bombón y lo sostuvo delante de su boca.
Belle sonrió y le dio un bocado, lamiéndose los labios con gesto deliberadamente seductor mientras masticaba. "Es exquisito," murmuró.
"Sí, lo es." Él no hablaba del chocolate.
Belle se inclinó hacia delante otra vez e introdujo en su boca el resto del bombón, lamiendo audazmente sus dedos al hacerlo. "Tenías los dedos manchados de chocolate," dijo inocentemente.
"Tu también te has manchado." El se le acercó y lamió la comisura de su boca, enviando temblores de deseo desde la cabeza hasta la punta de sus pies. Inclinándose una vez más, John pasó lentamente su lengua a lo largo del suave contorno de su labio superior. "Me había dejado un poquito aquí," murmuró él. "Y aquí." Se ocupó de su labio inferior, con el que jugueteó entre sus dientes.
A estas alturas Belle había olvidado incluso cómo respirar. "Me parece que me gusta ser cortejada," susurró ella.
"¿Nunca lo has sido antes?" John le dio un pequeño mordisco en el lóbulo.
"No de esta forma."
"Bien." Sonrió posesivamente.
Belle arqueó el cuello cuando él deslizó sus labios a lo largo de la sensible piel de su garganta. "Espero que no hayas llevado adelante ningún otro cortejo con este particular modo de, er, persuasión."
"Nunca," le prometió él.
"Bien." La sonrisa de Belle fue igualmente posesiva. "Pero ya sabes," dijo, tomando aire entrecortadamente cuando su mano abandonó su espalda y se ahuecó sobre su pecho. "El cortejo es algo más que flores y bombones."
"Mmm-hmm. También están los besos." El acunó su seno en su mano a través del vestido, haciendo gemir a Belle con la maravillosa sensación.
"Por supuesto," suspiró Belle. "No me había olvidado de eso."
"Haré todo lo posible porque no se aparte de tu mente." John estaba ocupado tratando de encontrar el mejor modo de liberar uno de los pequeños y perfectos senos del ella de los límites de su corpiño.
"Me parece bien. Pero debes recordar que no voy a dejarte olvidar que me debes un poema."
"Eres una moza obstinada, ¿no? " John finalmente decidió que el mejor curso de acción sería limitarse a bajas el vestido y dar gracias a Dios de que la moda diurna no requiriera interminables filas de botones.
"No demasiado." Belle rió suavemente. "Pero sigo queriendo ese poema."
John dejo de prestarle atención un momento mientras llevaba a cabo su plan. Sonrió y gimió de puro placer masculino mientras contemplaba su oscuro pezón, fruncido por el deseo. Se humedeció los labios.
"¿John… no irás a…? "
Él asintió y lo hizo.
Belle sintió que el cuerpo se le volvía gelatina, y se derritió contra el sofá, tirando de John junto con ella. Él rindió adoración a su seno durante todo un minuto y luego pasó al otro. Belle estaba indefensa ante su sensual ataque y no podía controlar los suaves gemidos de deseo que se escapaban de sus labios. "Di algo," gimió ella, finalmente.
“¿Qué debo compararte a un día de verano?” recitó él. “ Tu eres…” [13]
"Oh, por favor, John," dijo Belle, levantándole la cabeza de su pecho de modo que pudiera escudriñar sus risueños ojos negros. "Si vas a hacer un plagio, ten al menos la sensatez de no elegir algo tan famoso."
“Si no te callas ahora mismo, Belle, me veré obligado a tomar medidas drásticas.”
“¿Medidas drásticas? Eso suena interesante.” Ella acercó su boca a la de él y lo besó con entusiasmo.
En ese mismo momento escucharon una voz agónicamente familiar proveniente del vestíbulo.
"Qué tonta, se me ha olvidado coger un par de guantes," decía Persephone. "Hace tanto frío afuera."
Belle y John se apartaron instantáneamente de un salto el uno del otro. A ver que Belle no se daba la suficiente prisa en arreglar su aspecto, John tomó el control de la situación y le subió de un tirón el corpiño del vestido, prácticamente hasta la barbilla. Mientras frenéticamente trataban de arreglar su apariencia, oyeron el suave murmullo de otra voz, probablemente la del criado con quien Persephone había estado hablando.
"Qué amabilidad por su parte" dijo Persephone. "Esperaré en la salita con Belle y su amigo mientras me los trae."
Belle apenas había tenido tiempo de lanzarse sobre una silla frente al sofá cuando su dama de compañía entró en el salón. "Persephone, qué sorpresa."
Persephone lanzó una mirada bastante aguda en su dirección. Pese a todo su despistado revoloteo, no era ningúna cabeza hueca. "Estoy segura."
John se había puesto cortésmente de pie cuando Persephone había entrado. “¿Le apetece un bombón? " le preguntó, ofreciéndole la caja.
"De hecho, si."
Belle luchó contra el rubor al recordar lo que había sucedido cuando John le había ofrecido un bombón a ella. Por suerte, Persephone estaba demasiado ocupada eligiendo para notarlo.
"Me gustan los bombones con locura," dijo ella, decidiéndose por uno al fin.
"¿Hace mucho frío en la calle?" le preguntó Belle. "La he oído decir que necesitaba unos guantes."
"Bien, menos que ayer. Aunque debo añadir que aquí dentro se está muy caliente."
Belle esbozó una tensa sonrisa. Cuando miró a John de soslayo notó que él había empezado a toser.
"Sus guantes, señora."
"Excelente." Persephone se levantó y se acercó al lacayo que acababa de entrar en el cuarto. "Me pondré en camino, entonces."
"Qué se lo pase bien," le dijo Belle en voz alta.
"Oh, lo haré querida. Ciertamente lo haré." Persephone salió del cuarto y comenzó a cerrar la puerta tras de ella. "De hecho," dijo, sonrojándose ligeramente, "creo que dejaré esta puerta, er, abierta, si no les importa. Para que circule mejor el aire, ya saben."
"Por supuesto," dijo John. Y en cuanto Persephone desapareció de su vista, se inclinó hacia Belle y susurró, "Voy a cerrar esa puerta tan pronto como salga por la puerta principal."
"Silencio," le reprendió Belle.
En el instante en que oyeron cerrarse la puerta de la calle, John se levantó de un salto y cerró la puerta del salón. "Esto es ridículo," refunfuñó. "Estoy cerca de los treinta. Tengo mejores cosas que hacer que intentar burlar la vigilancia de una dama de compañía."
[13] Soneto XVIII de William Shakespeare (1564-1616). Poeta británico (N. T.)