Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]
- Автор: Андерсон Пол Уильям
- Год: 1990
- Язык: испанский
- Год: EDAF
- ISBN: 84-7640-448-4
- Переводчик: Rafael Lassaletta Cano
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]». Краткое содержание книги:
—Pensaba que vuestra religión prohibía las bebidas fuertes.
—Ah, os equivocáis conmigo, sir Rupert. Soy tan cristiano como vos mismo. Cierto que en otro tiempo luché por el paganismo, pero el caballeroso y gentil señor que me venció me ganó también para la auténtica fe. Pero, aunque siguiera siendo un seguidor de Mahoma, no sería tan descortés como para no beber a la salud de vuestra hermosísima dama.
Compartieron la cena amigablemente, charlando de cosas inconsecuentes. Después, Alianora empezó a bostezar y se fue a la cama, pues el aire cerrado le daba sueño. Holger y Carahue siguieron despiertos y se dispusieron a beber seriamente. El danés se recató al principio; no le gustaba que le invitaran a todas las rondas. Pero el sarraceno insistió en hacerlo.
—Gozo de la compañía de personas gentiles que saben recitar una sextina lo mismo que romper una lanza —afirmó—. Y son tan raros en estas fronteras toscas. Os suplico me permitáis expresar mi gratitud.
—Ciertamente que no es éste un buen lugar por el que andar —contestó Holger. Y a modo de tentativa añadió—: Algún importante propósito debe haberos traído hasta aquí.
—Cierto, busco a un hombre —los ojos de Carahue se estrecharon por encima del borde de su copa—. Quizá hayáis oído hablar de él. Es un hombre grande, de vuestro tamaño, pero de cabellos amarillos. Debe cabalgar probablemente sobre un semental negro y lleva armas de un águila, sable o plata, tres corazones sanguíneos y tres leones dorados.
—Uhmm —exclamó Holger, frotándose la barbilla y tratando de parecer calmado—. Algo creo haber oído, pero no recuerdo muy bien. ¿Cuál dijisteis que era su nombre?
—No lo dije —respondió Carahue—. Dejemos estar su nombre, si me permitís tal capricho. La verdad es que tiene muchos enemigos poderosos que caerían rápidamente sobre él si ese conocimiento llegara al exterior.
—¿Entonces sois amigo suyo, sir?
—Quizá sea mejor que mis razones queden también ocultas. No es que desconfíe de vos, sir Rupert, pero hay oídos en todos los lugares y algunos no son humanos. Además, soy un extranjero, no sólo en esta parte del mundo, sino también en este tiempo.
—¿Cómo decís?
Carahue se quedó mirando fijamente a Holger, como para captar cualquier reacción, y contestó:
—Eso me atrevo a relatarlo. Conocí hace siglos al hombre que busco. Pero desapareció en las esferas de lo desconocido. Me he enterado de que él regresó cuando le beau pays de France estaba en peligro, y rechazó a los paganos invasores, para desaparecer luego de nuevo. Pero eso fue después de mi época. Pues cuando él se había ido, salía al mar en su búsqueda. Una gran tormenta me llevó a las orillas de Huy Braseal, en donde fue recibido en su castillo encantado por una hermosísima dama —en ese momento suspiró soñadoramente—. El tiempo fluía extrañamente en esa esfera, como se dice que sucede en Avalon o en la Colina del Elfo. Me pareció que sólo un año había estado con ella; pero cientos de años pasaron en las tierras de los hombres. Cuando al final escuché rumores de que se reunían las huestes en todo el Mundo Medio, robé el uso de las artes mágicas de mi amada y aprendí que el torbellino irrumpiría primero en estas tierras orientales. También me enteré de que O… el caballero al que tenía que encontrar de nuevo, se vería atraído por la fuerza de la tormenta que se estaba preparando desde las esferas extrañas a las que había sido exilado. Por eso tomé una nave encantada, que en una noche me llevó desde Huy Braseal hacia la costa sur de esta esfera. Conseguí allí un caballo y me dirigí hacia el norte en su busca. Pero Dios no ha querido que hasta ahora lo consiga.
Carahue se dejó caer hacia atrás y bebió sediento. Holger frunció el ceño. Estaba totalmente dispuesto a creer ese relato. El mismo había experimentado peores hechos. Aunque el sarraceno podía estar mintiendo… no, Holger tenía la idea de que estaba diciendo la verdad. El rostro delgado y tostado le resultaba familiar. En algún lugar, en algún tiempo, debía haber conocido realmente a Carahue. ¿Pero como amigo o enemigo? El otro había evitado cuidadosamente comprometerse sobre ese punto, y Holger pensaba que no sería prudente preguntarle. Cierto que el moro había hablado bien del hombre al que buscaba, pero nada probaba eso. Según el código fantástico de la caballería, los hombres podían cantar las alabanzas de otros mientras les sacaban el hígado.
Aquella parte sobre un conocimiento producido hacía cientos de años no perturbaba a Holger. No podía sentirse ya más solo ni nostálgico. Y la idea explicaba algunas cosas. El, Holger, el de los tres corazones y los tres leones, había sido un caballero al que Morgana se llevó a su isla intemporal de Avalon. Regresó una vez, cuando Francia le necesitaba. Ella le había dejado hacerlo, probablemente sin preocuparse de quién ganara esa guerra, y había regresado al terminar. Y otra vez… Pero en esta ocasión retornaba desde un lugar más lejano, y Morgana se oponía a él con todos sus oscuros poderes.
—No quisiera ser demasiado entrometido, sir Rupert —dijo Carahue cortésmente—. Pero me parece extraño que también busquéis algo a solas en estas inquietas tierras. Os ruego que me lo digáis. ¿Dónde se encuentra vuestro Graustark?
—Oh, algo hacia el sur —murmuró Holger—. Hice un… un voto. La doncella-cisne aceptó amablemente ayudarme a cumplirlo.
Carahue enarcó las cejas. Era evidente que no creía una sola palabra de todo aquello. Pero simplemente sonrió.
—Venid, ¿os parece que os complazcamos con una o dos canciones? Quizá conozcáis una balada, villanilla o sirvienta que caigan dulcemente en unos oídos demasiado tiempo acostumbrados al aullido de los lobos y los vientos lluviosos.
—Podemos intentarlo —respondió Holger, que se alegraba de cambiar de tema.
Estuvieron cantando durante algunas horas. Para eso necesitaban mucho vino con el que humedecer la garganta y lubricar el cerebro. Carahue quedó muy complacido con una tosca traducción de Auld Lang Syne. El y Holger despertaron a toda la casa cantándola cuando, con paso ya algo inestable, se ayudaban el uno al otro a subir las escaleras para irse a la cama.
17
Al día siguiente, cuando se dirigía a la tienda de Martinus, a Holger le dolía la cabeza y Alianora, consideradamente, guardó silencio. Dejaron a Hugi en la taberna con los caballos, pues el tabernero los había mirado codiciosamente. Probablemente tenía experiencia con huéspedes de mucha nobleza y escaso dinero. El brujo sonrió alegremente al verles.
—Ah, pienso que habéis mirado demasiadas veces, el cuenco líquido, mi joven amigo —se burló de manera ofensiva—. Bueno, bueno, los chicos siempre serán chicos, ¿verdad joven mía? —dijo, cogiendo una botella—. Sucede que tengo aquí un específico muy bueno y de precio razonable para los tumores biliosos, juanetes, reumas, lepra, fiebres, peste y resacas. Basta con tragarse este vasito. Eso es, no estaba mal, ¿verdad?
El brebaje quitó ciertamente las punzadas de Holger en un instante. Pensó que si pudiera conseguir la fórmula y despertar en su universo, su fortuna estaba hecha. Pero Martinus había vuelto a ponerse grave. El hombrecillo recorría la tienda con las manos a la espalda, se detuvo mirando al suelo, y dijo en voz baja:
—No he podido conocer vuestra identidad, sir Holger. Una prohibición ha sido impuesta a todo ser que pudiera habérmelo dicho, lo que sugiere que sois ciertamente alguien de importancia. Sin embargo, el enemigo no pensó en todo. Invoqué a los espíritus pasajeros del aire, llamé incluso a Ariel como ayudante, y fueron capaces de descubrir dónde yace enterrada Cortana. El lugar no está alejado de aquí. Pero no es un viaje que a mí me gustara hacer.